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 Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte. Esquizoanalisis. Rosario. Argentina (1989)
FORMACION, PRODUCCION Y PRACTICAS CLINICAS ESQUIZOANALITICAS
Clínica. Covisión. Clínica de obra &  Seminario/ laboratorio/ performance de escritura y lectura
Una cuestión de identidad de producción:  poetizar, habitar y anticipar la salud performáticamente 
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Nietzsche Friedrich. De Así habló Zaratustra. Ed. Alianza. 2003. 

A mediodía

Y Zaratustra corrió y corrió y ya no volvió a encontrar a nadie y estuvo solo y se encontró continuamente a sí mismo y disfrutó y saboreó su soledad y pensó en cosas buenas, - durante horas. Mas hacia la hora del mediodía, cuando el sol se hallaba exactamente encima de su cabeza, Zaratustra pasó al lado de un viejo árbol, torcido y nudoso, el cual estaba abrazado y envuelto por el gran amor de una viña, quedando oculto a sí mismo: de
él pendían, ofreciéndose al viajero, racimos amarillos en gran número. Entonces se le antojó calmar una pequeña sed y cortar un racimo; pero cuando ya extendía el brazo para hacerlo se le antojó todavía otra cosa, a saber: echarse junto al árbol, a la hora del pleno
mediodía, y dormir.
Esto hizo Zaratustra; y tan pronto como estuvo tendido en el suelo, en medio del silencio y de los secretos de la hierba multicolor, olvidó su pequeña sed y se durmió. Pues, como dice el proverbio de Zaratustra: una cosa es más necesaria que la otra. Ahora bien, sus ojos permanecían abiertos: - no se cansaban, en efecto, de ver y de alabar el árbol y el amor de la viña. Y mientras se dormía, Zaratustra habló así a su corazón.
¡Silencio! ¡Silencio! ¿No se ha vuelto perfecto el mundo en este instante? ¿Qué es lo que me ocurre?
Así como un viento delicioso, no visto, danza sobre artesonado mar, baila ligero, ligero cual una pluma: así - baila el sueño sobre mí.
No me cierra los ojos, me deja despierta el alma. Ligero es, ¡en verdad!, ligero cual una pluma.
Me persuade no sé cómo, toca ligeramente mi interior con mano zalamera, me fuerza.
Sí, me fuerza a que mi alma se estire: - - ¡cómo se me vuelve larga y cansada mi extraña alma! ¿Le ha llegado el atardecer de
un séptimo día justamente al mediodía?509 ¿Ha caminado ya durante demasiado tiempo, bienaventurada, entre cosas buenas y maduras?
Mi alma se estira alargándose, alargándose - ¡cada vez más!, yace callada, mi extraña alma. Demasiadas cosas buenas ha saboreado ya, esa áurea tristeza la oprime, ella tuerce la boca.
- Como un barco que ha entrado en su bahía más tranquila: - y entonces se adosa a la tierra, cansado de los largos viajes y de los inseguros mares. ¿No es más fiel la tierra? Como un barco de ésos se adosa, se estrecha a la tierra: - basta entonces que una araña teja sus hilos desde la tierra hasta él. No se necesita aquí cable más fuerte.
Como uno de esos barcos cansados, en la más tranquila de todas las bahías: así descanso yo también ahora, cerca de la tierra, fiel, confiado, aguardando, atado a ella con los hilos más tenues.
¡Oh felicidad! ¡Oh felicidad! ¿Quieres acaso cantar, alma mía? Yaces en la hierba.
Pero ésta es la hora secreta, solemne, en que ningún pastor toca su flauta.
¡Ten cuidado! Un ardiente mediodía duerme sobre los campos. ¡No cantes! ¡Silencio!
El mundo es perfecto.
¡No cantes, ave de los prados, oh alma mía! ¡No susurres siquiera! Mira - ¡silencio!, el viejo mediodía duerme, mueve la boca: ¿no bebe en este momento una gota de felicidad -
- una vieja, dorada gota de áurea felicidad, de áureo vino? Algo se desliza sobre él, su felicidad ríe. Así - ríe un Dios. ¡Silencio! -
- «Para ser feliz, con qué poco basta para ser feliz!» Así dije yo en otro tiempo, y me creí sabio. Pero era una blasfemia: esto lo he aprendido ahora. Los necios inteligentes hablan mejor.
Justamente la menor cosa, la más tenue, la más ligera, el crujido de un lagarto, un soplo, un roce, un pestañeo - lo poco constituye la especie de la mejor felicidad. ¡Silencio!
- Qué me ha sucedido: ¡escucha! ¿Es que el tiempo ha huido volando? ¿No estoy cayendo? ¿No he caído - ¡escucha! - en el pozo de la eternidad?
- ¿Qué me sucede? ¡Silencio! ¿Me han punzado - ay - en el corazón? ¡El corazón! ¡Oh, hazte pedazos, hazte pedazos, corazón, después de tal felicidad, después de tal punzada!
- ¿Cómo? ¿No se había vuelto perfecto el mundo hace un instante? ¿Redondo y maduro? Oh áureo y redondo aro - ¿adónde se escapa volando? ¡Sígale yo a la carrera! ¡Sus! Silencio - - (y aquí Zaratustra se estiró y sintió que dormía).
¡Arriba!, se dijo a sí mismo, ¡tú dormilón!, ¡tú dormilón en pleno mediodía! ¡Vamos, arriba, viejas piernas! Es tiempo y más que tiempo, aún os queda una buena parte del camino -
Ahora habéis dormido bastante, ¿cuánto tiempo? ¡Media eternidad! ¡Vamos, arriba ahora, viejo corazón mío! ¿Cuánto tiempo necesitarás después de tal sueño - para despertarte?
(Pero entonces se adormeció de nuevo, y su alma habló contra él y se defendió y se acostó de nuevo.) - «¡Déjame! ¡Silencio! ¿No se había vuelto perfecto el mundo en este instante? ¡Oh áurea y redonda bola!» -
«¡Levántate, dijo Zaratustra, pequeña ladrona, perezosa! ¿Cómo? ¿Seguir extendida, bostezando, suspirando, cayendo dentro de pozos profundos?
¡Quién eres tú! ¡Oh alma mía!» (y entonces Zaratustra se asustó, pues un rayo de sol cayó del cielo sobre su rostro).
«Oh cielo por encima de mí, dijo suspirando y se sentó derecho, ¿tú me contemplas?
¿Tú escuchas a mi extraña alma?
¿Cuándo vas a beber esta gota de rocío que cayó sobre todas las cosas de la tierra, -
cuándo vas a beber esta extraña alma - - cuándo, ¡pozo de la eternidad!, ¡sereno y horrible abismo del mediodía!, cuándo vas a
beber, reincorporándola así a ti, mi alma?»
Así habló Zaratustra, y se levantó de su lecho junto al árbol como si saliese de una extraña borrachera: y he aquí que el sol aún continuaba estando encima exactamente de su cabeza. De esto podría alguien deducir con razón que Zaratustra, entonces, no estuvo dormido mucho tiempo.

507 Reminiscencia del Evangelio de Lucas, 10, 42: «Sólo una cosa es necesaria.»
508 En la primera parte, De viejecillas y jovencillas, dice Zaratustra que la mujer piensa así «cuando obedece desde la plenitud del amor».
509 Alusión a Génesis, 2, 2-3, donde se dice que Dios descansó de la creación el séptimo día.
510 A que el alma de Zaratustra debe «cantar» se ha aludido ya antes en varias ocasiones; véase, en la tercera
parte, El convaleciente, 2, Del gran anhelo, y Los siete sellos, 7.

 

 

 


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