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Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte (1989)
FORMACION, PRODUCCION Y PRACTICAS ESQUIZOANALITICAS
Clínica. Covisión. Clínica de obra esquizoanalítica &  Seminario/talleres 
 
 
 



 


Una cosa rara llamada esquizoanálisis. Notas para afectarse.

by detari Saturday September 04, 2004 at 06:15 PM

Viejo articulo. 2002. Las primeras fases de investigación-experimentación esquizoanálitica. ultimos procesos de autoformación del grupo de psicologia crítica versus y los grupos de estudio y debate antiedipo y mil mesetas..
Una cosa rara llamada esquizoanálisis. Notas para afectarse.

Una introducción general

Para Deleuze y Guattari hablar de esquizoanálisis es lo mismo que decir, rizomática, pragmática existenciaria, estratoanálisis o micropolítica del deseo.
El esquizoanálisis es una articulación transdisciplinaria; es decir que recorre, atraviesa y deconstruye las distancia, las aporías entre las disciplinas creando relaciones que hacen componer encuentros sorprendentes entre todo tipo de campos; ya sea de conocimiento o de expresión. Ni el deseo obvia el arte o la economía, ni el leguaje puede pensarse sin ver la historia o el deseo, lo mismo que la subjetividad no podemos encerrarla sobre la conciencia o la persona.
Desde una perspectiva general el esquizoanálisis o la rizomática serían una red conceptual abierta y polívoca creada expresamente por el genial filósofo G. Deleuze y el polifacético militante y psiquiatra F. Guattari. Se trataría de establecer un puente conceptual entre universos heterogéneos sin modos estrechos de categorización. Esto no quiere decir que lo que han creado sea un sistema filosofíco cerrado o que pudiera funcionar como una especie de cosmovisión o programa ideológico para todo. Tampoco quiere decir que el esquizoanálisis no se alimente o se genere por , entre otras comunidades o fuerzas del pensamiento y la expresión que no sean ellos mismo, sino todo lo contrario. El esquizoanálisis es algo que se crece como una mala hierba en todos los lugares, en el resquicio donde esta el deseo en búsqueda de otras salidas no comprometidas con los valores dominantes, ya sea en la música, el arte o la psicología. Un virus-deseante que crece sin nombre en todos los campos de conocimiento, creación, y expresión dedicado a pervertir el estado de cosas.
Podemos decir que en los libros de Deleuze y Guattari encontramos de todo; intensidades filosóficas , políticas, geográficas , literarias, etc. que se entremezclan buscando la complejidad que rompa con cualquier posibilidad de atomismo totalizante y reductor. Deleuze y Guattari se han sumergido en los debates más complejos e interesantes que aparecían en cada una de las disciplinas y en la combinación de muchas de ellas para plantear, nuevos problemas, nuevas posibilidades, nuevas combinaciones que sacan al pensamiento de su imagen dogmática y lo conviertan en un aire de vida, en una revolución de la forma. Ya que no basta con describir el ejercicio de otro pensamiento, sino que hay que ejercerlo efectivamente de otra forma. El esquizoanálisis como tal sólo puede existir en su práctica ,ya que si no te atraviesa no sirve. No se puede aprender desafectadamente, porque es él quien te atraviesa, el es el que maquina contigo. Es toda una apuesta por experimentar la multiplicidad, la diferencia y la complejidad. Por lo que podríamos decir que el esquizoanálisis no es un modelo, sino más bien una metodología o articulación sin metodología.
La rizomática es un desafío de nuestro tiempo, llevar al pensamiento al limite de lo pensable, es la necesidad de vivir el caos y la complejidad huyendo de las escuelas, de las teorías cerradas y totalizadoras. El esquizoanálisis es un intento de componer el deseo que vive en la multitud para subvertir el estado de las cosas, pretende una transvaloración de la vida, una revolución molecular. El objetivo último de la metamodelización nómada del esquizoanálisis es que la máquina revolucionaria, la maquina artística, la maquina analítica se conviertan en piezas y/o engranajes unas de otras. Construyan partes de una misma máquina de guerra.

Como se compone el esquizoanálisis en la clínica; en que consiste la micropolítica del deseo.
Como ya he dicho antes el esquizoanálisis es una red que te atraviesa, que puede servir para muchas cosas. Conocemos gente que utilizan sus conceptos para hacer análisis literarios, cartografías militantes, o para componer nuevos espacios musicales. Para mi el esquizoanálisis (me) sirve como disposición vital, para hacer una nueva ética de la alegría y brújula del nomadismo que nos permita fugarnos de las capturas del sistema imperial. Que nos permita, como dice Foucault hacer de nuestra vida una obra de arte guiada y compuesta por la potencia del deseo. Algunos locos por la vida llena de intensidad y rebeldía, utilizamos también los elementos que se abren desde aquí para hacer una clínica política, experimental y deseante.
Podríamos decir que el esquizoanálisis en el ámbito clínico es una ruptura política y epistemológica con el psicoanálisis que podemos encontrar fundamentalmente, pero no sólo en el ‘antiedipo’. En el Antiedipo hay todo un intento de redefinición del psicoanálisis desde una perspectiva radicalmente enfrentada al ambiente clinico-burocratico de las sociedades de psicoanálisis, como hay un intento de redefinición de la actividad política al margen de las estructuras jerárquicas de las organizaciones clásicas de izquierda. Deleuze y Guattari pretenden rescatar al marxismo de su ignorancia del deseo y del inconsciente y al psicoanálisis de su reducto edípico y burgués, sacarlo de su ignorancia de la política.
En la teorización del esquizoanálisis hay reelaboración fundamental de ciertas nociones psicoanalíticas como deseo, inconsciente y subjetividad que rompen de manera clara y diferenciadora con el psicoanálisis . Hay también una incorporación masiva de conceptos tomados y elaborados (molar-molecular, socius, sintesis del deseo, devenir-identificación, minoritario-mayoritario, cuerpo sin órganos, plano de inmanencia, estratos, etc.) que van en la búsqueda de poder componer una psiquiatría materialista y revolucionaria. Esta elaboración teórica permite plantear mejor, en nuestra manera de ver, problemas claves para cualquiera que este interesado por eso , sea lo que sea, de la salud mental; como la reconcpetualización de la salud y la cura fuera de criterios normativos o biologicistas, como la relación entre el capitalismo y la esquizofrenia, o sobre la relación entre la libertad y la cura, sobre los nuevos mecanismos de dominación, sobre la relación entre sujeto y colectividad.
El esquizoanálista quiere co-construir con el sujeto un mapa de realidad donde los enunciados no puedan ser reducidos, como hace el psicoanálisis, a ningún sistema prefijado. Cartografiar y mapear las situaciones de dominio y captura (de cualquier tipo) que una subjetividad rechaza en una situación dada, en una sociedad dada para posibilitar las líneas de fuga. Introducir la diferencia para acabar con la esclavitud de la repetición, de lo dado. Esto es todo una política. Ya que lo que hacemos es ver como la represión social; todos los acontecimientos y experiencias que han ido inscribiendo al sujeto en una sistema social (que significa, subjetiva, corporiza, etc.) van produciendo al sujeto como un resultado de ese proceso. La subjetividad que para nosotros esta siempre abierta e inacabada y no se puede cerrar ni sobre el sujeto, ni sobre la conciencia, si sobre un inconsciente representativo se va formando en la combinatoria de elementos y eventos vitales que van haciendo propios ciertos elementos constituyentes (reprimentes o no). Es decir la subjetividad es efecto del malestar y del bienestar del sistema social general y concreto en que vivimos. Por tanto tenemos la represión social es el limite externo o sea es la banda de libertad o posibilidades materiales que un sistema social y una situación concreta permiten. Por otro lado el efecto de la represión social nos va haciendo sujetos (sujetados) construyéndonos creando el limite interno que también podemos llamar autorepresión. Esta autorepresión es un dispositivo que frena (antes de que la represión social lo tenga que hacer) la potencia y el devenir de la vida, ya que esta queda envenenada, despotenciada. Reproducimos inconscientemente el orden de dominio ya que estamos identificados afectivamente a él. Estamos tan llenos de miedos, angustias, dobles vínculos, ‘traumas’, identificaciones parentales y formas edípicas que el limite interno nos contiene sin que el limite externo se vea cuestionado.
En lo clínico la labor micropolítica de pragmática existenciaria pretende destrabar al inconsciente de todas las representaciones reprimientes que se le incrustan (justificaciones afectivas de la servidumbre voluntaria), limpiar el deseo de represión, molecularizando y produciendo un inconsciente para que el deseo, la producción deseante, altere el estado de las cosas. Esto es especialmente importante ya que el control, la regulación de los flujos sociales se hace fundamentalmente por la construcción y producción de deseo de represión, la interiorización de las pasiones tristes que diría spinoza, necesarias para que la gente no sólo acepte la explotación sino que la desee en momentos determinados.
El encuentro esquizoanalítico tiene que ser un taller de la fábrica del deseo. El esquizoanálista es un experto en motores, quita piezas, engrasa otras. Todo sin saber qué modelo de coche quiere de ante mano, sólo sabe que la máquina debe funcionar, debe estar a punto para el desafío de vivir en el Imperio. Podemos decir que el esquizoanálisis pretende construir una micropolítica de la subjetividad, que valla deconstuyéndonos a la medida que también va montándonos de nuevo. No pretende rescatar ninguna esencia del ser humano, solo pretende extirpar nuestras pequeñas enfermedades constrictoras, neurotizantes que nos impiden el despegue y la vuelta a tierra para seguir viviendo (desterritorialización y reterritorialización sin fin) y produciendo continuamente nuevos sentidos. Sabemos que hay que mantener ciertos estratos de subjetivación, porque sin organización el caos es insoportable, el sistema tiene más facilidades para reprimirnos, para atraparnos. Sin estratos no hay libertad posible. Los estratos que nos organizan (el lenguaje, la organización del cuerpo, el punto de vista de cada cual, etc.) hay que deshacerlos poco a poco, a la vez que los estratos son necesarios y hay que mantenerlos en cierta manera. Las estratos atrapan, regulan las partículas que quieren fluir. Hay que ser prudente en la experimentación, deshacerse de uno mismo con pasión y prudencia y construirse con ligereza y consistencia.
Es esquizoanálisis clínico se asemeja a una sesión de improvisación de jazz donde hay conjugar los elementos sin saber de antemano como va ir la cosa; por eso es difícil decir en lo concreto como se hace una sesión de micropolítica del deseo, solo hay una larga preparación para poder mezclarse con cada nota que sale de la boca del sujeto que se analiza y experimenta.
Nuestro trabajo clínico no ignora la situación de las personas con las que trabajamos, no desoye las situaciones sociales (situación laboral, económica, social, pareja, etc.) que viven la gente con la que trabajamos, que se pueda ser falsamente neutro, no creemos que las cosas se resuelvan en sesión, que trate solo de resignificar o construir un discurso alternativo del sujeto que se analiza, ni que tengamos que reforzar el yo frente al mundo exterior o al inconsciente, ni que tengamos que recuperar ninguna bondad natural del ser humano, ni modificar conductas a base inundaciones o sistemas reforzantes-castigantes, ni que el problema este predeterminado en el pasado, ni en la sexualidad aunque estas tengan importancia, pero sobre todo nos negamos ha hacer uso de morales o formas disciplinarias de adaptación normativa.
Al esquizoanálisis le gustan las partes, solo hay partes de partes, pero todo se solda de tal manera que las parte dejan de ser flexibles. Además hay algunas partes, pedazos que nos adosan, incrustan o interiorizamos que joden el funcionamiento de nuestra máquina. Hacer un limpiado, un rasqueteo del inconsciente para que la cosa funcione. A todos nos construyen con el dispositivo edípico de serie (con su narcisismo, la falta, la carencia, el superyo, la culpa) que el psicoanálisis nos vende como un mal irremediable ante el que sólo nos queda resignarnos. Una de las tareas ( la negativa) del esquizoanálisis clínico es destruir el dispositivo edípico; reductor de posibilidades de vida, acomodador del deseo de represión que nos hace sumisos a una vida gris llena de miseria. Otra de las tareas es saber , encontrar o producir qué – cuáles son las máquinas deseantes de un sujeto (sus deseos) y encontrar las líneas de fuga de (para) un sujeto y (de) para un campo social y combinarlas en un plan de consistencia que permita vivir al sujeto entorno a sus deseos. El deseo es el proceso inmanente y molecular revolucionario ya que el deseo siempre quiere más conexiones , más agenciamientos, no soporta ni las estratificaciones, ni la represión. El deseo no es algo naturalista, ni es querer cosas, ni es el placer, es la intensidad que conecta las cosas, que nos arrastra, que genera lo que nos mueve, lo que nos afecta y da sentido, es la búsqueda que huye y que hace huir a lo social de la captura que sufre.
La parte propiamente esquizoanálitica de la clínica es construir la esquizofrenia como proceso, producir siempre nuevos sentidos, nuevas afectaciones , nuevos incrementos de la potencia de actuar y sentir. Construir el nómada inteligente y rápido que no se deja atrapar por el espacio de captura. Esquizofrenia como proceso de búsqueda continuo y minoritario que no quiere parar de experimentar nuevas posibilidades de vida, que no quiere oir hablar del tedioso papá-mamá , ni quiere identificarse con el Poder. Pero no esquizofrenia como entidad, como fin , como línea de abolición que lleva al sujeto a su propia destrucción. Buscar desde las maquinas deseantes de cada cual (desde la inmanencia) pero con la suficiente prudencia para no ser capturado, reprimido o marginado en estos tiempos de crisis en que vivimos. No hay Morales, Modelos trascendentes (ya sean revolucionaria o religiosos) que nos sirvan.

La esquizofrenia de la que hablamos no debe ser confundida por la entidad clínica , no hay que confundir el proceso con su interrupción, ni la línea de fuga con la línea de abolición en la que se sumerge el esquizofrénico entidad, el loco psiquiatrizado. Esquizofrenia como el ensamblaje rizomatico de las maquinas deseantes, podríamos asimilarlo al proceso primario freudiano, en el que la energía no esta ligada a objetos completos, a personas definidas, a determinadas personas globales con funciones asignables. Es la libido en estado puro; un campo poblado por singularidades impersonales, pre-subjetivas y preindividuales. Una libre circulación de la energía deseante que no tiene la centralización, la primacía de las zonas genitales. Por eso el deseo no es siempre sexual (reduccionismo freudiano). Entendemos un deseo entonces no definido por la ley, la carencia, la falta o la culpa , sino por ser un proceso de conexión, de expresión inmanente que genera su propia potencia autopoyetica, es decir que se autoproduce. El deseo como producción, como positividad. Cierto es que con la construcción del sujeto se le van introyectando un uso del inconsciente representativo, pero esto no hace que ambos procesos coexistan. ahí esta el trabajo del esquizoanálisis en desligar la energía para hacerla más productiva y nómada, para no poder ser capturada. EL inconsciente produce, es fabrica, no teatro porque no representa. El deseo como energía libre y no-ligada se inviste con las categorías de la intensidad diferentes a 0 que recorren el cuerpo sin órganos. EL proceso de procesamiento de esta energía libidinal – deseante como ejercicio disjunto y multiforme de las facultades el es llamado proceso universal de la esquizofrenia como producción deseante. Un deseo heredero del conatus deseo spinozista que no distingue consciente e inconsciente y de la voluntad nietzcheana. La imagen del deseo impuesta por el psicoanálisis sería el deseo como imagen invertida, el deseo de represión , la carencia.

toret, 2002

 

 

 

 

 


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