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El camina unos pasos. Retrocede.
Saca del bolso la cámara fotográfica.
Apunta y dispara.
Un pájaro vuela.
El fotógrafo camina.
Esta vez el estallido pega en pleno rostro de un niño.
El niño camina.
El fotógrafo sigue al niño.
El niño corre por la calle.
El fotógrafo dispara a la calle.
La calle ya sin niño.
Guarda la cámara en su bolsa.
Entra al estudio fotográfico.
Revela las fotos.
Las extiende sobre un panel.
Maniquí horizontal blanquecino.
De traje brumoso.
El fotógrafo lo viste de fotos sin formas definidas.
Pasión inútil fotografiar los cuerpos del sonido.
Ella pregunta: -¿ Terminaste de trabajar?
- Si, ¿no te parecen perfectas?
- Me da miedo
- ¿Qué, la muerte?
- No, la perfección.
El fotógrafo y la mujer abandonan el estudio.
Ella lleva en su mano una máquina fotográfica.
Caminan. Dejan de caminar.
Se paran uno cerca del otro.
Giran sus cuerpos al unísono.
Apuntan y disparan.
El ojo de la cámara congela los cuerpos muertos.
Quedan impresos en el negativo.
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