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Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte (1989)
FORMACION, PRODUCCION Y PRACTICAS ESQUIZOANALITICAS
Clínica. Covisión. Clínica de obra esquizoanalítica &  Seminario/talleres 
 
 
 



 
 Deleuze Gilles

DIFERENCIA Y REPETICION

(Madrid, Ediciones Júcar Universidad, 1988. Traducción Alberto Cardin.
Lo consignado entre paréntesis son acotaciones del "fichador".

Prefacio
Temas que componen el clima de la época, en la filosofía, en lo psíquico, en el lenguaje y en el arte. (podría agregarse en la cotidianidad social).
Toman del lugar de lo idéntico y lo negativo, de la identidad y la contradicción.
El primado de la identidad, define el mundo de la representación. Pero, el pensamiento moderno nace del fracaso de la representación, pérdida de identidades, y descubrimiento de las fuerzas que actúan bajo la representación de lo idéntico.
Mundo de los simulacros.
Objetivo: pensar la diferencia en sí misma, y la relación de lo diferente con lo diferente, independientes de las formas de representación que los conducen a lo Mismo y los hacen pasar por lo negativo.
Las repeticiones mecánicas, estereotipadas, desnudas, dentro o fuera de nosotros, no impiden extraer diferencias, variantes y modificaciones.
Tarea de la vida: hacer coexistir las repeticiones en un espacio en el que se distribuye la diferencia.
Dos líneas del texto: 1. Diferencia sin negación. 2. Concepto de repetición, tal que las repeticiones físicas, mecánicas y desnudas (repetición de lo Mismo), hallarían su razón de ser en estructuras más profundas, donde se camoufla y se encuentra desplazado un diferencial. (32).
Peligros de la invocación de las diferencias puras, liberadas de lo idéntico, independientes de lo negativo. Uno de ellos: el alma bella. Pero la afirmación de la diferencia libera un potencial que agrede y destruye el alma bella (no hay buena voluntad que valga).
Lo problemático y lo diferencial determinan luchas y destrucciones en relación a las cuales las de lo negativo no son más que apariencias (ver luego relación y diferencia entre problemático y problema).
El simulacro no es copia, invierte toda copia, e invierte los modelos: el pensamiento se convierte en agresión.
Ref. al empirismo como enloquecida creación de conceptos. (33)
El empirismo dice: los conceptos son las cosas mismas, pero en estado libre y salvaje. Hacemos, deshacemos y rehacemos nuestros conceptos a partir de un horizonte móvil, de un centro siempre descentrado, de una periferia siempre desplazada que los repite y los diferencia.
Nietzsche: lo intempestivo como algo más profundo que el tiempo y que la eternidad. La filosofía, es intempestividad, contra el tiempo y a favor de un tiempo por venir.
Pensar, escribir. Sólo se escribe en el límite del propio saber, en ese límite extremo que separa nuestro saber de nuestra ignorancia, y que conduce de uno a otra. Colmar la ignorancia, es relegar la escritura para el mañana, o hacerla imposible. (35)









Introducción

REPETICION Y DIFERENCIA

Primera distinción: La Repetición no es la generalidad. Se distingue de ella.
Diferencia entre repetición  y semejanza.
Generalidad: dos grandes órdenes, el cualitativo (semejanzas)  y el cuantitativo (equivalencias).
Los términos son intercambiables entre sí y mutuamente sustituíbles.
En cambio la repetición como conducta y como punto de vista afecta a una singularidad no intercambiable, insustituible. 37. El robo y el don son los criterios de la repetición.
Contraposición: la generalidad como generalidad de lo particular, y repetición como universalidad de lo singular. Su órgano amoroso es el corazón.

Repetición y Ley.
La generalidad pertenece al orden de las leyes. 38
La ley hace que la repetición sea imposible para los sujetos puros de la ley: los particulares.
La ley constriñe a los sujetos a no ilustrarla sino al precio de sus propios cambios.
La repetición por sí misma es contraria a la ley: contraria a la forma verosímil y al contenido equivalente de la ley.
La repetición, incluso en la naturaleza, se produce por un poder que se alza contra la ley, que trabaja por debajo de las leyes y que es quizás superior a las leyes. 39.
La repetición expresa una singularidad contra lo general, una universalidad contra lo particular, una relevancia contra lo ordinario, una instantaneidad contra la variación y una eternidad contra la permanencia. En todo sentido, la repetición es transgresión, porque pone en cuestión la ley, al denunciar su carácter nominal o general, en beneficio de una realidad más profunda y más artística.

Ley y naturaleza.
Repetición y ley tendrían relación desde el punto de vista de la experimentación científica.
Pero ésta configura medios cerrados, con pequeño número de factores seleccionados. Y lo que trata es de sustituir un orden general por otro: un orden de igualdad por un orden de semejanzas.
La repetición no aparece en este caso sino en la transición de un orden de generalidad a otro. 40.
Pero, la repetición remite a una potencia singular que difiere por naturaleza de la generalidad.

Segunda Distinción: Ley moral.
La ley moral sirve para santificar la reiteración y dar un poder legislativo del que nos ha excluido la ley natural.
Forma maniquea del moralista: si repetimos según la naturaleza (repetición de un placer, de un pasado, de una pasión) caemos en lo demoníaco.
Si repetimos según la ley moral, el bien, lo hacemos según una ley no natural, del orden del deber. 41.
Punto de vista del derecho.
Ambigüedad de la conciencia. Piensa la ley moral como exterior, superior e indiferente a la ley natural, pero en su aplicación, la restaura.
La ley moral no implica repetición, sino generalidad. Generalidad del hábito, como naturaleza segunda. En dicho todo o generalidad del hábito encontramos dos órdenes: el de las semejanzas y el de las equivalencias. No es verdadera repetición. (salvo como componente de una repetición desnuda). 42.
La repetición aparece y lo hace contra la ley moral y contra la ley natural. Sobre todo  en el descenso a lo concreto de sus consecuencias. 
La primera forma de trastocar la ley es de tipo irónico: arte de los principios y del trastocamiento de los mismos. La segunda es del orden del humor.
Si la repetición pertenece al humor y la ironía, es por naturaleza transgresión, excepción, manifestación constante de lo singular contra lo particular sometido a la ley, una universalidad opuesta a las generalizaciones que constituyen la ley. (Repetición como re-petición, insistencia del deseo, y su articulación en los planos de inmanencia y consistencia. Vuelve siempre desde ese lugar impensado que, desde la lógica del pensamiento organizado, aparece como locura o subversión, incluídos la ironía y el humor).

Programa de una filosofía de la repetición.
Kierkegaard – Niezsche – Péguy. Pastor (Job-Abraham), anticristo (Dionisos-Zaratustra), católico Juana de Arco-Clío).
Hicieron de la repetición una filosofía del porvenir.
Les corresponde una concepción del teatro en el cual aparece un personaje eminente como héroe de la repetición. Job-Abraham.... 43.
Si bien son diferentes, los tres por igual oponen la repetición a toda forma de generalidad.
Coincidencias.
1º. Repetición como algo nuevo, objeto supremo de la voluntad y de la libertad. Para Kant: tarea de la libertad .
N: liberar la voluntad de todo lo que la encadena, haciendo de la repetición el objeto mismo del querer. Pero, si bien la repetición encadena en un sentido, ella salva y cura, ante todo de otra repetición. En ella se da el juego de la pérdida y la salvación.
2º. Oponer la repetición a las leyes de   la naturaleza. 44.
Nietzsche descubre la repetición en la Fisis misma , descubre en ella algo superior al reino de las leyes. Un interior telúrico que se opone a las leyes de la superficie. Repetición del eterno retorno como Ser, opuesto a toda forma legal, al ser-semejante, al ser-legal.
3º. Oponer la repetición a la ley moral, suspensión de la ética, el pensamiento que está más allá del bien y del mal.
Repetición como logos (razón) del solitario, del singular, del pensador privado. Oposición al profesor público, doctor de la ley: discurso de segunda mano, mediación, moralización en la generalidad de los conceptos. 45.
Kant, la repetición como correlato trascendental común a la contestación y a la resignación en tanto que intenciones psíquicas. En Nietzsche, el odio a la ley y el amor fati (amor del Hado, amor al destino), la agresividad y el consentimiento.
Aparece la repetición como la sola forma de una ley que supera la ley moral.
La forma de la R en el eterno retorno es la forma brutal de lo inmediato, la de lo universal y lo singular reunidos, que destrona toda ley general, las mediaciones y a los particulares sometidos a la ley. Un más allá y un más acá de la ley, que se unen en el eterno retorno como la ironía y el humor negro en Zaratustra.
4º Oponer la repetición a las generalidades del hábito y a las particularidades de la memoria.
La repetición aparece como pensamiento del futuro: opuesta a la categoría de reminiscencia y a la de habitus. 
Es en la repetición y por la repetición, como el olvido se convierte en potencia positiva, y el inconsciente, en inconsciente superior y positivo (acción que produce goce a partir del olvido). 46.
Todo se resume en el poder.
Nietzsche: el eterno retorno como expresión de la voluntad de poder, que no es “querer el poder”, sino, que cualquier cosa que se quiera se vea elevada a la enésima potencia, extraer de ella la forma superior.
Forma superior de todo lo existente, tal es la identidad del eterno retorno y del superhombre.
(Voluntad de poder como voluntad de poder hacer, confianza en la propia potencia para hacer.) 47.
Movimiento, teatro, representación.
Lo que Kant y Nietzsche quieren es poner la metafísica en movimiento, en actividad, hacerla pasar al acto.
Se trata de producir en su obra un movimiento capaz de conmover el espíritu más allá de toda representación. Hacer del movimiento una obra, un inmediato. Inventar, vibraciones, rotaciones, giros, danzas o saltos que alcancen el espíritu. 
Ideas de hombres de teatro adelantados a su tiempo. Inventan en la filosofía un equivalente del teatro.
(Siguen ref. al teatro en Kant y en Nietzsche . (48-49)
El teatro es movimiento real y el movimiento la esencia y la interioridad del movimiento es la repetición, no la oposición o la mediación. 50.
El teatro de la R se opone al de la representación, como el movimiento se opone al concepto y a la representación que lo relacione con el concepto.Gran idea de Nietsche, está en fundar la repetición en el seno del eterno retorno a la vez sobre la muerte de Dios y sobre la disolución del Yo.
Dif. Con Kant que sueño la alianza entre un Dios y un yo reencontrados.
Conclusión provisoria: haber hallado la confirmación teatral de  una diferencia irreductible entre la generalidad y la repetición.

Repetición y Generalidad.
 Tercera distinción desde el punto de vista del concepto (o la representación)
Representación: relación del concepto y su objeto, bajo el doble aspecto de su efectuación en la memoria y en la conciencia de sí. (concepto como nominal, generalidad, representación como mediación).
Concepto y fenómeno del rellenado.
Hay un rellenado lógico, artificial. 53.
Su diferencia con el rellenado natural del concepto, que remite a una lógica transcendental o a una dialéctica de la existencia.
Extensión discreta, relleno natural que difiere del relleno lógico, ya que forma una verdadera Repetición en la existencia, en vez de constituir un orden de semejanzas en el pensamiento.
Clara diferencia entre: la generalidad, que designa siempre una potencia lógica del concepto, y la repetición, que manifiesta su impotencia o sus límites reales (límites del pensamiento). 55.
La repetición es el hecho puro de un concepto de comprensión finita, forzado a pasar como tal a la existencia.
La repetición aparece como diferencia sin concepto, que se hurta a la diferencia conceptual indefinidamente continuada.
Expresa una potencia propia de lo existente, un obcecamiento de lo existente en la intuición, que resiste a toda especificación conceptual.
Los conceptos de comprensión indefinida con conceptos propios de la naturaleza. Pero ellos no estan en la naturaleza, sino en el espíruto que los contempla. Por eso, la naturaleza es concepto alienado, espíritu alienado, opuesto a sí mismo.
Los conceptos de comprensión finita son conceptos nominales; lo de comprensión indefinida, pero sin memoria, son propios de la naturaleza. 56.
Cuando falta la conciencia del saber o la elaboración del recuerdo, el saber en si no es ya más que la repetición de su objeto: está representado, luego repetido, puesto en acto en vez de ser conocido. La repetición aparece aquí como el inconsciente del concepto libre, del saber o del recuerdo, el inconsciente de la representación.
Freud le asignó a la razón natural un relleno semejante: la represión, la resistencia, que hace de la repetición como tal una “constricción” verdadera, una “compulsión”. 
Tercer tipo de relleno que afecta a las concepciones sobre la libertad.
Relación inversa entre repetición y consciencia, repetición y rememoración, repetición y reconocimiento. Más se repite cuanto menos se lo recuerda. 57.
La consciencia de sí en el reconocimiento aparece como la facultad de lo venidero o la función de futuro, la función de lo nuevo. (Cuando no es así, permanecemos atados al pasado, fantasmas, culpa)
Tragedia y comicidad en la repetición. Aparece siempre dos veces, una como destino trágico, otra con carácter cómico.
En el teatro, el héroe ensaya (ensayo como repetición) su representación porque está separado de un saber esencialmente infinito, que está en él, actúan en él, pero escondido. 
La repetición no se explica por la identidad del concepto, ni tampoco por una condición solamente negativa.
Tres tipos de relleno natural: lo discreto (conceptos.nominales); lo alienado (concepto de la naturaleza); lo reprimido (concepto de la libertad)
Desde la filosofía de la representación, para los tres casos se invoca la forma idéntica del concepto, la forma de lo mismo en la representación para dar cuenta de la repetición.
Paradojalmente se dice que la repetición implica elementos que son distintos en lo real y que, sin embargo, tienen en rigor el mismo concepto.
La repetición aparece como diferencia privada de concepto, indiferente.
Inconveniente de esta posición: si se invoca la identidad del concepto para objetos distintos, se sugiere una explicación negativa y por defecto. O sea que hay repetición porque el concepto nominal abarca una comprensión finita, el concepto de la naturaleza está privado de memoria, alienado fuera de sí y el concepto de la libertad es inconsciente, y el recuerdo y la representación, reprimidos.
En todos los casos, lo que repite sólo lo hace a fuerza de no comprender, de no acordarse, de no saber o no tener conciencia.
En psicoanálisis: se repite porque hay represión. 
En realidad la repetición designa una potencia positiva, prestada del principio del placer o del principio de realidad: positividad derivada y de oposición. 58.
Giro Freudiano: en Más allá del principio del placer donde el instinto de muerte aparece en función de los fenómenos de repetición, como principio positivo.
Carácter de principio transcendental a diferencia del principio del placer que tiene un carácter puramente psicológico.(Repetición de los ciclos, remisión en el todo –como cosmos, como nirvana-, por lo tanto en muerte en un lugar y vida en otro). Aunque la limitación de Freud es que interpreta el instinto de muerte como una tendencia a volver al estado de materia inanimada, que mantiene el modelo de una repetición física o material.
Uno es silencioso y el otro ruidoso.

Problema de la repetición y sus disfraces.
 En la elaboración del sueño o de los síntomas –condensación, desplazamiento, drama-tización, que podrían recubrir una repetición desnuda, como repetición de lo Mismo. 
Pero los disfraces no ocurren por encima, sino que son elementos genéticos internos de la repetición misma, partes integrantes y constituyentes.
En esta línea, Freud hubiera podido dirigir el análisis del incosnciente hacia un verdadero teatro, pero no puede salirse de una repetición bruta. 60
Pero la muerte no tiene nada que ver con un modelo material. Para verlo basta analizar el instinto de muerte en su relación espiritual con las máscaras y los travestimientos.
La repetición es lo que se disfraza al constituirse, lo que sólo se constituye disfrazándose.
Las máscaras no recubren nada, sino otras máscaras.
No hay un primer término que se repita. Hasta nuestro amor de niños a nuestras madres repite los amores de los adultos hacia otras mujeres. 
Cada cosa es a la vez disfrazadora y disfrazada.
Momento decisivo del psicoanálisis: renuncia en ciertos aspectos a la hipótesis de acontecimientos reales de la infancia, que aparecían como términos últimos disfrazados, para sustituirlos por la potencia del fantasma que hunde sus raíces en el instinto de muerte, donde todo es ya máscara y además disfraz.
Por lo tanto: La repetición es simbólica por esencia, el símbolo, el simulacro es la letra de la repetición misma.
Mediante el disfraz y el orden simbólico, la diferencia queda comprendida en la repetición.

Lo desnudo y lo vestido. 
Una repetición desnuda (como repetición de lo Mismo), una ceremonia obsesiva o una estereotipia esquizofrénica: lo que de mecánico hay en la repetición, el elemento de acción repetido, sirve de cobertura para una repetición más profunda que se juega en otra dimensión, verticalidad secreta donde papeles y máscaras se alimentan del instinto de muerte. 
Debido a que la repetición difiere por naturaleza de la representación, lo repetido no puede ser representado, sino que debe siempre ser significado, enmascarado por aquello que lo significa, enmascarando él mismo lo que significa.
No repetimos porque reprimimos. Reprimimos porque repetimos, olvidamos porque repetimos. (ej. de la repetición en lo que busca el goce, repetimos el acto porque podemos olvidar). Reprimimos porque, ante todo, no podemos vivir ciertas cosas o ciertas experiencias si no es sobre el modo de la repetición. Nos vemos determinados a reprimir lo que nos impediría vivirlas de ese modo: es decir, la representación, que mediatiza lo vivido al referirlo a la forma de un objeto idéntico o semejante.
Eros y Tánatos se distinguen en que Eros debe ser repetido, no puede ser vivido sino en la repetición, mientras que Tanatos (como principio trascendental) es lo que otorga la repetición a Eros, lo que somete a Eros a la repetición.
Freud se acerca cuando remite la represión propiamente dicha, que versa sobre representaciones, a una represión originaria, que afecta a presentaciones puras.
Importante recordar que Freud  señalaba que para dejar de repetir, no bastaba con recordar de manera arbitraria (sin afecto), ni con hacerse una idea general, ni siquiera con representarse en toda su particularidad el acontecimiento reprimido: hacía falta ir a buscar el recuerdo allí donde estaba, instalarse de antemano en el pasado para operar la conjunción viviente entre saber y resistencia, representación y relleno. (Reconstruir las redes, lo que no significa seguir objetivamente los mismos caminos, sino recorrer uno que se convierta en convicción de verdad).
La operación de tipo teatral y dramático por la cual se consigue la cura es la transferencia. Y la transferencia es repetición antes que nada. Toda cura es un viaje al fondo de la repetición. 63
La repetición enferma y salva. H. Miller: Comprendí que era libre, que la muerte que yo había experimentado, me había hecho libre. 
Instinto de muerte entendido en función de tres exigencias paradójicas complementarias: 1. Dar a la repetición un principio original positivo, 2. Un poder autónomo de disfrazamiento, 3. Un sentido inmanente en el que el terror aparece estrechamente mezclado con el movimiento de la selección y la libertad.

Las dos repeticiones.
Como la repetición no se deja explicar por la identidad de forma en el concepto o en la representación y reclama un principio positivo superior, debe investigarse sobre el conjunto de los conceptos de la naturaleza y de la libertad.
Ejemplo de la repetición de motivos decorativos. Diferencia entre el efecto de las figuras y el proceso dinámico de su construcción que siempre procede mediante un desequilibrio, una inestabilidad, una asimetría.
Referencia al signo como lo que fulgura en el intervalo, como una comunicación que se establece entre entidades dispares. El signo expresa por un lado la disimetría productora y por otro la tendencia a anularla.
La expresión “falta de simetría” en realidad designa el origen y la positividad del proceso causal. Es la positividad misma. 
Repetición estática y dinámica. 65.
En el orden dinámico ya no hay concepto representativo ni figura representada. Hay una idea y un puro dinamismo creador del espacio correspondiente. 66.
Ej sobre el ritmo o la rima.
Ref. a la imitación como regulador secundario en el montaje de los comportamientos, permitiendo corregir los movimientos que se llevan a efecto, y no a insturarlos.
Ref. al aprendizaje: no se aprende diciendo “Haz como yo”, sino diciendo “hazlo conmigo”, no proponer gestos a reproducir, sino emitir signos desplegables en lo heterogéneo. 69.
Aprender es constituir ese espacio del encuentro entre signos, en el que los puntos de relevancia se conjugan entre sí, y donde la repetición se forma al mismo tiempo que se disfraza.
Los signos son los verdaderos elementos del teatro. Dan Testimonio de las potencias de la naturaleza y el espíritu que actúan por debajo de las palabras, de los gestos, de los personajes y los objetos representados. Significan la repetición como movimiento real, por oposición a la representación como falso movimiento de lo abstracto.
De los elementos discretos, repetidos, debemos distinguir al sujeto secreto que se repite a través de ellos, verdadero sujeto de la repetición. Lo singular en medio de lo que se repite. 70.

Repetición de lo mismo Repetición en la diferencia. Alteridad de la       idea.
Identidad del concepto o representación Heterogeneidad de una Apresentación
Negativa, por defecto del concepto Afirmativa, por exceso de la idea
Hipotética Categórica
Estática Dinámica
Repetición en el efecto Repetición en la causa
Repetición en extensión Repetición en intención
Ordinaria Sobresaliente y singular
Horizontal Vertical
Desarrollada, explicada Recubierta y debe ser interpretada
Cíclica Evolutiva
Igualdad y simetría Fundada en lo desigual, lo inconmensurable, disimétrico
Material Espiritual
Inanimada Tiene el secreto de nuestro muertos y de nuestras vidas, de nuestros encadenamientos y de nuestras liberaciones, de lo demoníaco y de lo divino
Repetición desnuda Vestida, que se forma a sí misma revistién- dose y enmascarándose, disfrazándose.
Su criterio, la exactitud Su criterio, la autenticidad.

 
Pero ambas repeticiones no son independientes. La una es el sujeto singular, el corazón, la  
interioridad del otro, la profundidad del otro. La otra es tan sólo el envoltorio exterior, el  
efecto abstracto.
 
La repetición secreta es la más profunda: sólo ella da razón de lo otro, del relleno de los conceptos. Es el disfraz, el travestimiento, lo que resulta ser la verdad de lo desnudo.
Consecuencia importante: Si bien se define la repetición como diferencia sin concepto, puede ser también interior a la idea, y poseer en sí misma todos los recursos del signo, del símbolo y la alteridad que superan el concepto en cuanto tal. (compondría la intuición) 72.
Bajo la acción de las leyes subsiste siempre el juego de las singularidades. Las generalidades cíclicas de la naturaleza son la máscara de las singularidades que apuntan a través de sus interferencias; y bajo las generalidades habituales de la vida moral encontramos aprendizajes singulares. 
El dominio de las leyes debe ser comprendido, pero siempre a partir de una Naturaleza y un Espíritu superiores a sus propias leyes y que tejen de antemano sus repeticiones en las profundidades de la tierra y del corazón, allí donde no existen leyes todavía. 73.

Diferencia conceptual y diferencia sin concepto.
Se plantea la posibilidad de pensar una diferencia interna (y no percibida sólo en los hechos externos) y sin embargo no conceptual. Ej. De Kant al referir que en las formas de la intuición existen diferencias extrínsecas irreductibles al orden de los conceptos. Tales diferencias no por ello resultan menos “internas” por más que el entendimiento no las tome así y no resulten representables. Es decir, que puede pensarse una progresiva construcción dinámica interna del espacio que debe preceder a la “representación” del todo como forma de exterioridad. 
El elemento de tal génesis interna parece consistir en la cantidad intensiva más que en el esquema, y se refiere más a las ideas que a los conceptos del entendimiento.
Estos órdenes se pueden armonizar porque en lo profundo, gracias al elemento diferencial intensivo, síntesis de lo continuo en el instante, y que, bajo la forma de una continua repetitio, engendra ante todo interiormente el espacio de acuerdo con las ideas. Esto está también en Leibniz. 75.
El problema sigue siendo la dificultad en dejar de inscribir la diferencia en el concepto en general.
Por lo tanto queda por saldar el problema de: 1. Sobre cual es el concepto de la diferencia que no se reduce a la simple diferencia conceptual, sino que reclama una Idea propia, como una singularidad en la Idea. 2. Cual es la esencia de la repetición, que no se reduce a una diferencia sin concepto, no se confunde con el carácter aparente de los objetos representados bajo un mismo concepto, sino que evidencia a su vez la singularidad como potencia de la Idea. 76.















Capítulo I

LA DIFERENCIA EN SI

La diferencia y el fondo oscuro.
La indiferencia tiene dos aspectos:  1. el abismo indiferenciado, la nada negra, lo animal indeterminado en lo que todo se disuelve; 2. La nada blanca, la superficie donde flotan determinaciones no vinculadas, como miembros dispersos.
La diferencia es el estado en el que se puede hablar de LA determinación. La diferencia “entre” dos cosas tiene sólo un carácter empírico, y las determinaciones correspondientes resultan extrínsecas.
Lo otro es algo que se distingue y que, sin embargo, aquello de lo que se distingue no se distingue de ella. Ej. El relámpago en el cielo negro.
El fondo sube a la superficie, sin dejar de ser el fondo. Aparece la idea de lo cruel y monstruoso (porque el fondo es el caos, la locura, lo terrorífico)
La diferencia es el estado de la determinación como distinción unilateral. 77
La diferencia “marca”. La diferencia o LA determinación, es también la crueldad. Todas las formas se disipan cuando se reflejan sobre el fondo que asciende. Ese fondo en ascenso adquiere una existencia autónoma y el rostro humano se descompone en el espejo donde lo indeterminado y las determinaciones vienen a confundirse en una sola determinación que “marca” la diferencia.
El pensamiento “marca” la diferencia, pero la diferencia es el monstruo. 78
Así, la diferencia aparece como maldita, falta o pecado, figura del Mal. No hay otro pecado que el de hacer subir el fondo y disolver la forma.
Artaud: la crueldad es la determinación, el punto preciso en que lo determinado mantiene su relación de esencialidad con lo indeterminado, la línea rigurosa y abstracta que se alimenta del claroscuro.
Proyecto de la filosofía de la diferencia: arrancar a la diferencia de su estado de maldición.
(Ej. De la política. Forma determinada: democracia; otras determinaciones en el interior: mejorarla; diferencia maldita: la anarquía.)
Por otro lado, la diferencia se mediatiza cuando se la somete a la cuádruple raíz de la identidad y la oposición, la analogía y la semejanza (exigencia del concepto en general, que la hace maldita).

Diferencia conceptual.
Ref. a Aristóteles. Diferencia grande o pequeña. La mayor es la oposición y de las formas de ésta, la mayor es la contradicción.
Sólo la contradicción representa el poder de un sujeto para recibir opuestos sin dejar de ser sustancialmente el mismo. (Aplicación a la crítica de la dialéctica. La contradicción no modifica al sujeto-ser).
La contradicción no aparece en los accidentes que provienen de la materia. Lo esencial aparece en la esencia o en la forma que da el concepto de una diferencia en sí misma esencial.
La  mayor diferencia es la contrariedad en el genero, siendo ésta la diferencia específica. 80
Pero el género como mayor diferencia que permanece él mismo para sí, al mismo tiempo se convierte en otro para las diferencias que lo dividen. 
La diferencia transporta consigo el género y  todas las diferencias intermedias.
Pero todo esto no supera la situación de que la diferencia específica lo es solamente por relación a la identidad supuesta de un concepto.
Por lo tanto esa diferencia no representa un concepto universal para todas las singularidades y giros de la diferencia, sino que designa un momento particular en el que la diferencia se concilia con el concepto en general . 82.
Esta diferencia designa un máximo relativo, un punto de acomodación para el ojo griego del justo medio que ha perdido todo sentido de los transportes dionisíacos y las metamorfosis.
Confusión de la filosofía de la diferencia: se confunde la determinación del concepto de diferencia con la inscripción de la diferencia en la identidad de un concepto indeterminado.  Por lo tanto es la subordinación de la diferencia a la oposición, a la analogía, a la semejanza, como aspectos de la mediación.
La deficiencia se ve si se la compara con la diferencia entre géneros como últimos conceptos determinables (categorías), pues éstos no se hallan ya sometidos a la condición de tener a su vez un concepto idéntico o género común.83.
Pasa a hablar de la diferencia genérica en el mismo sentido. 86.
En este pensamiento, aspectos reflexivos, la diferencia no pierde a la vez su concepto y realidad propias. Pero la diferencia encuentra un concepto real en la medida en que designa catástrofes, ya sean éstas rupturas en la continuidad de la serie de las semejanzas o fallas infranqueables entre las estructuras análogas. 
La diferencia no deja de ser refleja salvo para convertirse en catastrófica. Y, sin duda no puede ser lo uno sin lo otro. La diferencia como catástrofe, revela un fondo de irreduc-tibilidad rebelde que continúa actuando sobre el equilibrio aparente de la representación orgánica. 87.
Nunca ha habido más que una sola proposición ontológica: el Ser es unívoco. (De Parménidas a Heidegger). 88
Totalmente distinta es la distribución nomádica, un nomos .
 Nómada, sin propiedad, cierre ni medida. En ella no hay ya reparto de un distribuible, sino más bien reparto de los que se distribuyen en un espacio abierto ilimitado, o al menos sin límites precisos. 89
La referencia de estas afirmaciones Deleuze la toma de la cuestión de la tierra. El espacio abierto por fuera de la Polis.
Espacio como distribución errante, en la que las cosas se despliegan en toda la extensión de un Ser unívoco y no repartido. 
Distribución con carácter demoníaco, pues la particularidad de los demonios es operar entre  los campos de acción de los dioses, así como el saltar por encima de las barreras o los cercados, enredando las propiedades. (Ver: El otro jardín el erotismo-amor-sexo que salta los cercos y va más allá de la casa, con los pastores, nómadas).
El coro de Edipo exclama: ¿Qué  demonio ha saltado más fuerte que el salto más largo?
El salto revela aquí las perturbaciones traumáticas que las distribuciones nómadas introducen en las estructuras sedentarias de la representación. Y de la Jerarquía.
Hay jerarquía que mide a los seres de acuerdo con sus límites y según su grado de proximidad con respecto a un principio. 
Pero hay jerarquía también (en otro sentido) cuando se considera a las cosas o los seres desde el punto de vista de su potencia: cuánto puede saltar, cuanto puede. 90.
En el sentido del salto, que se sitúa más allá del límite a partir del cual despliega su potencia, deja de ser simplemente condenable y lo más pequeño se hace igual a lo más grande desde el instante en que no se lo separa de lo que puede. 
Esta jerarquía otra más próxima de la hibris y la anarquía de los seres que de la jerarquía sedentaria. Es el monstruo de todos los demonios. La univocidad del ser significa pues, a un tiempo la igualdad del ser (con las cosas que no son iguales). El ser unívoco es a la vez distribución nómada y anarquía coronada. (anticipa el tema del eterno retorno)
Imposibilidad de conciliar univocidad y analogía.
Decimos que el ser unívoco se refiere de manera esencial e inmediata a factores indivi-duantes, no entendemos por tales a individuos constituidos en la experiencia, sino lo que actúa en ellos como principio trancendental, como principio plástico, anárquico y nómada, contemporáneo del proceso de individuación.
Se trata de una diferencia individuante que precede en el ser a las diferencias genéricas, específicas y hasta individuales. 92
La historia de la filosofía determina tres momentos principales en la elaboración de la univocidad del ser.
1. Duns Scoto. 93 El ser es pensado como unívoco, pero el ser unívoco es pensado a la vez como neutro, indiferente a lo finito y lo infinito, a lo singular y a lo universal, a lo creado y a lo increado. 
2. Spinoza. En lugar de pensar el ser unívoco como neutro o indiferente, lo convierte en  un objeto de afirmación pura. El ser unívoco se convierte en la sustancia única, universal e infinita. Pero toda jerarquía, toda eminencia resulta negada, en la medida en que toda sustancia aparece igualmente designada por todos los atributos conforme a su grado de potencia. 
El ser unívoco deja de estar neutralizado y se convierte en expresivo en una verdadera proposición expresiva afirmativa.
Pero subsiste una diferencia entre sustancia y modo.
Sería preciso que la sustancia se dijera como tal de los modos. Semejante condición sólo puede verse cumplida al precio de una inversión categórica más general, según la cual el ser se dice del devenir, la identidad, de lo diferente, el uno, de lo múltiple, etc. Que la identidad no es primigenia, que no existe como principio, sino como segundo principio; que gira en torno a lo Diferente, tal es la naturaleza de la revolución copernicana que abre a la diferencia la posibilidad de su concepto propio.
3.Nietzsche. Con el eterno retorno decía eso. El eterno retorno no puede significar la vuelta de lo Idéntico, puesto que supone por el contrario, un mundo (el de la voluntad de poder) en el que todas las identidades previas quedan abolidas y disueltas. Volver es el ser, pero sólo el ser del devenir.
El eterno retorno no hace volver “lo mismo”, sino que el retornar es lo que constituye el único Mismo de lo que deviene.
Retornar es la identidad de la diferencia, la identidad que se dice de lo diferente, que gira en torno de lo diferente. 
Semejante identidad, producida por la diferencia, está determinada como “repetición”. Asimismo, la repetición, en el eterno retorno, consiste en pensarse lo mismo a partir de lo diferente.
El carácter selectivo del eterno retorno aparece de forma neta en la idea de Nietzsche: lo que retorna no es el Todo, lo Mismo, o la identidad previa en general. 
Sólo retornan las formas extremas, las que, pequeñas o grandes, se despliegan hasta el límite y llevan hasta el fin su potencia trnaformándose y pasando de unas a otras. 
Sólo retorna lo que es extremo, excesivo, lo que pasa a otro  y se hace idéntico.
Esta es la razón de que el eterno retorno se diga solamente del mundo teatral, de las metamorfosis y de las máscaras de la Voluntad de Poder, de las intensidades puras de dicha Voluntad, como factores móviles individuantes que no se dejan ya contener en los límites fácticos de los individuos concretos, de los Yoes concretos. El eterno retorno, el retornar, expresa el ser común de todas las metamorfosis, la medida del ser común de todo lo que es extremo, de todos los grados de potencia en tanto que realizados. 96.
Es el ser igual de todo lo que es desigual y que ha sabido realizar plenamente su desigualdad.
Esta es la razón de que el superhombre sea definido como la forma superior de todo lo que “es”
Es preciso comprender lo que Nietzsche llama noble: toma el término de la física energética, y llama noble a la energía capaz de tranformarse. 
La rueda del eterno retorno es al a vez producción de la repetición a partir de la diferencia, y selección de la diferencia a partir de la repetición.

La diferencia y la representación órgica.
La prueba de lo pequeño y lo grande (según el planteo aristotélico) pareció falsear la selección, porque renunciaba a un concepto propio de diferencia en provecho de las exigencias de la identidad del concepto en general.
Pero la selección, que consiste en “marcar la diferencia”, parece tener otro sentido: el de dejar aparecer y desplegarse las formas extremas en la simple presencia de un Ser unívoco, antes que medir y repartir las formas medias, según las exigencias de la representación orgánica.
Esas formas extremas, lo extremo parece definirse por lo infinito tanto en lo pequeño como en lo grande. Identidad de esos extremos.
Cuando la representación encuentra en sí lo infinito, aparece como representación órgica, y no ya orgánica: descubre en sí el tumulto, la inquietud y la pasión bajo la calma aparente o los límites de lo organizado. Reencuentra al monstruo.El concepto no determina entonces desde un lugar absoluto, sino que se junta con la determinación en todas sus metamorfosis, y la representa como pura diferencia al entregarla a un fundamento. Ese fundamento, como momento total, es a la vez desvanecimiento y la producción de diferencias, de desaparición y la aparición.
Cambia la noción de límite, que es la matriz donde la determinación finita no cesa de desaparecer y de nacer, de envolverse y desplegarse en la representación órgica. Convergencia hacia un fundamento, correlación de lo fundado y lo fundante, la potencia que adquiere eficacia y fundamento. 99.
La diferencia aparece, como la representación órgica de la determinación, y no ya como representación orgánica.
(Siguen consideraciones sobre lo finito y lo infinito, lo pequeño y lo grande en Leibniz y en Hegel.)
Referencia a lo inesencial, como lo que no designa a lo que carece de importancia, sino, por el contrario, a lo más profundo, el material o el continuo universal, aquello de lo que las esencias como tales están en último término hechas. 105.

La diferencia, la afirmación y la negación.
La diferencia tiene su experiencia crucial: ante o en el seno de una limitación, ante o en el seno de una oposición, no podemos suponer que se trata de la relación dual entre lo idéntico y lo que se le opone, sino que supone un hormigueo de diferencias, un pluralismo de las diferencia libres, salvajes , un espacio y un tiempo diferenciales,  originales, que persisten por encima de las simplificaciones del límite o la oposición. Es lo que se define  y se determina como una multiplicidad real o potencial. Por lo tanto no es cuestión de resolver las tensiones en lo idéntico, sino de distribuir las disparidades en una multiplicidad.
Lo que se plantea es la profundidad originaria, intensiva, que es la matriz del espacio en su conjunto y la primera afirmación de la diferencia, aunque en ella bulle lo que aparececerá como limitación y oposición. 110.
En fin, no es la diferencia lo que supone la oposición, sino ésta supone la diferencia. La oposición traiciona la diferencia, porque trata de imponerse remitiendo a lo idéntico.
Por otro lado, la diferencia no se reduce a la contradicción. 111.
En su esencia, la diferencia es objeto de afirmación, y afirmación ella misma. En su esencia, la afirmación es en sí misma diferencia. 113.
La negación es el motor de la potencia. La afirmación es su resultado. 
(Es necesario negar el orden establecido para afirmar lo nuevo). Pero la vieja filosofía tenderá a que lo negativo se reduzca para reducir a su vez la diferencia a lo idéntico.
Se incluye aquí el círculo de la dialéctica, que no tiene sino un solo centro que resume en sí todos los demás, todos los centros momentáneos. Los relanzamientos o repeticiones de la dialéctica expresan tan sólo la conservación del todo, todas sus figuras y momentos, en una memoria gigantesca. La representación infinita es memoria que conserva (no produce).
Una interpretación de la dialéctica que podría diferir: (Nota pág. 112: Althusser denuncia en la filosofía de Hegel la omnipotencia de la identidad, la simplicidad del principio interno, que reduce la infinita diversidad de la sociedad histórica para poder capturarla.
Althusser opone un principio de contradicción múltiple o sobredeterminado: Las diferencias que constituyen cada una de las instancias en juego, aunque se funden en una unidad real, no se disipan como un puro fenómeno en la unidad interior de una contradicción simple.
Además, para ese autor, la contradicción es también sobredeterminada y es diferencial, siendo el conjunto de sus diferencias lo que legítimamente se funda en una contradicción principal. Ref.: Revolución teórica de Marx). 
Pero la afirmación es primera: afirma la diferencia, la distancia, es ligera, aérea. 
Afirmar no es llevar (como el burro de Zaratustra, para el cual afirmar es cargar –como el camello- asumir sobre sí. Lleva los fardos de los valores divinos y los humanos que él se carga, y el peso de sus músculos fatigados cuando no tiene nada que llevar (ausencia de valores). Llevar es una falsa actividad.
Nietzsche en esto critica a Kant y a Hegel.
Afirmar, por el contrario, es descargar, aliviar. El no es un derivado. 115
Hay un no y un sí del asno y un sí y un no de Dionisos-Zaratustra. Es la oposición entre los conservadores de valores antiguos y el de los creadores de nuevos valores.
Los que Nietzsche llama amos son hombres de poder, pero no hombres del poder, puesto que el poder se somete a la atribución de valores corrientes, no le basta al esclavo con tomar el poder para dejar de ser esclavo, es incluso propio de la ley corriente o de la superficie del mundo el estar manejada por esclavos.
Esto no debe entenderse como un relativismo histórico. Esos valores siempre han sido los mismos (ver: mitos fundantes). Hay una diferencia de naturaleza.
La diferencia más profunda es la que se da entre las formas medias y las formas extremas (valores nuevos).  El eterno retorno elimina las formas medias. Lo extremo es la univocidad de lo diferente. La forma superior es lo eternamente informal del eterno retorno como tal, a través de las metamorfosis y las transformaciones. 116
El eterno retorno “marca” la diferencia porque crea una forma superior. Si el eterno retorno es un círculo, es la Diferencia lo que está en el centro, y lo Mismo tan sólo lo que está en la periferia: círculo a cada instante descentrado, tortuoso, que sólo gira alrededor de lo desigual. La negación resulta de la afirmación: la negación es secuela, pero sólo como sombra del elemento genético más profundo, de la potencia o la “voluntad” que engendra la afirmación y la diferencia en la afirmación.
Los que vehiculan lo negativo (lo reactivo) toman la sombra por realidad, alimentan fantasmas (mitos), dan al epifenómeno el valor del fenómeno y de la esencia. 117.
La representación deja escapar al mundo afirmado de la diferencia. No tiene más que un centro, una perspectiva única y huidiza, una falsa profundidad, lo mediatiza todo, pero no moviliza ni mueve nada. (Implica un tiempo detenido, cristalizado).
Por el contrario, el movimiento implica una pluralidad de centros, una superposición de perspectivas, un entremezclamiento de puntos de vista, una coexistencia de momentos que deforman esencialmente la representación.
El preciso entonces que la representación sea arrancada de su centro. Que la cosa no tenga nada de idéntico, sea la identidad del objeto o del yo que ve. 118
Es preciso que la diferencia remita a otras diferencias, que no la identifican. Y que cada elemento de una serie, ya de por sí diferenciada, se sitúa en una relación variable con los demás términos, y constituye otras series desprovistas de centro y de convergencia.
Es preciso mostrar como la diferencia, no queda allí, sino que es dinámica, va difiriendo.
El mundo intenso de las diferencias, donde las cualidades encuentran su razón y lo sensible, su ser, es precisamente el objeto de un empirismo superior, que nos enseña una extraña “razón”, o múltiple y el caos de la diferencia (las distribuciones nomádicas, las anarquías coronadas). ll9
El eterno retorno está presente en toda metamorfosis. Se refiere a un mundo de diferencias implícitas las unas en las otras, a un mundo complicado, sin identidad, caótico.
Nietzsche: el caos y el eterno retorno no son dos cosas distintas, sino una única y misma afirmación.
Es lo acabado e ilimitado. Cao-errancia se opone a la coherencia de la representación como objeto representado.
Asimismo la repetición se opone a la representación, es el ser informal de todas las diferencias. Potencia informal de fondo que conduce cada cosa a su forma extrema donde su representación se deshace. 
El círculo del eterno retorno, el de la diferencia y la repetición (que deshace lo idéntico y lo contradictorio), es un círculo tortuoso, que no dice lo Mismo sino de aquello de lo que difiere.
Jean Wahl cita al poeta Blood: la naturaleza es contingente, excesiva, y esencialmente mística...Las cosas son extrañas...El universo es salvaje...Lo mismo no retorna sino para traer lo diferente. 120
Los cambios que se fueron dando en la historia de la filosofía no cambiaron la idea de que la unicidad y la identidad de la sustancia divina son el único garante del Yo uno e idéntico, y Dios se conserva en tanto el yo se mantiene. Yo finito sintético o sustancia divina analítica, lo mismo da.
Nietzsche parece haber sido el primero en ver que la muerte de Dios sólo se hace efectiva con la disolución del Yo. 
Lo que se revela entonces es el ser, que se dice de diferencias que no están ni en la sustancia ni en el sujeto: cual afirmaciones subterráneas (afirmaciones primeras respecto de toda negación).
Si el eterno retorno es el más alto pensamiento, es decir, el más intenso, es porque su extremada coherencia, en su momento más alto, excluye la coherencia de un sujeto pensante, de un mundo pensado como garantizado por Dios. 121

Lógica y ontología de la diferencia según Platón.
La tarea de la filosofía moderna es definida: la inversión del platonismo. Pero esa inversión conserva caracteres platónicos y eso es deseable. 122
Lo que se sostiene es la dialéctica de la diferencia, que tiene un método que le es propio –la división- pero que opera sin mediación, sin término medio o razón, actúan en lo inmediato  y se atribuye las inspiraciones de la idea más que las exigencia del concepto en general. Esa división salta de singularidad a singularidad.
Es una equivocación intentar comprender la división platónica a partir de las exigencias de Aristóteles. División de género en series contrapuestas que no aparece sino artibraria. 125
El problema que recorre la filosofía de Platón, que preside su clasificación de las ciencias o de las artes, es siempre la medición de los rivales, la selección de los pretendientes, la distinción de la cosa y sus simulacros en el seno de un seudogénero, o de una gran especie. Se trata de marcar la diferencia: luego, de operar en las profundidades de lo inmediato, la dialéctica de lo inmediato, la prueba peligrosa, sin caña ni red. Pues, según la costumbre antigua, la del mito y la epopeya, los falsos pretendientes deben morir.
Pero ante el problema de los verdaderos o falsos pretendientes, sorpresivamente, Platón hace intervenir un mito. En relación con Dios-pastor-rey, en El político, los pretendientes pierden valor aún cuando el hombre político es el que se acerca al modelo (el sacerdote como intermediario y a cargo del poder político o delegándolo). 125
Aristóteles objetó este procedimiento, dado que termina en imponer un mito que le proporciona un equivalente de mediación de tipo imaginario. 126
El rol del fundamento aparece con toda claridad en la concepción platónica de la participación. Participar quiere decir tomar parte, tener después, tener en segundo lugar. El que posee en primer lugar, es el fundamento mismo.
Así, lo que participa, y participa más o menos, tiene grados diversos, y es necesariamente un pretendiente. Son los pretendientes los que requieren de un fundamento, es la pretensión lo que debe ser fundado. Se debe distinguir, la Justicia como fundamento; la cualidad de justo, como objeto de pretensión poseída por lo que funda; los justos como pretendientes que participan desigualmente del objeto.
Los neoplatónicos exponen claramente la tríada: lo Imparticipable, lo Participado, los Participantes. El padre, la hija y el pretendiente.
La prueba del fundamento  se resuelve por el mito: siempre un enigma a resolver. 128
Enigma, dialéctica, ironía, arte de los problemas y las preguntas. Que tiene por fin siempre la referencia al ser de lo Uno. 130

Lo decisivo en la diferencia: el simulacro y la resistencia.
Las cuatro figuras de la dialéctica platónica son: la selección de la diferencia, la instauración de un círculo mítico, el establecimiento de un fundamento y el planteamiento de un complejo pregunta-problema (que cierra el círculo). Aquí la diferencia sigue referida a lo Mismo y lo Uno. Es lo mismo como la cosa misma, que no se confunde con el concepto en general.
Por ello, todo el platonismo está dominado por la idea de una distinción entre “la cosa misma” y sus simulacros.
Invertir el platonismo significa esto: negar el primado original sobre la copia, del modelo sobre la imagen. 132
Kossovski: el eterno retorno significa que cada cosa sólo existe mediante su retorno, copia de una infinidad de copias que no permiten ya subsistir al original ni siquiera en origen. Califica a lo que hace ser (y retornar) de simple simulacro (Foucault y Blanchot idem.)
El simulacro es el verdadero carácter o forma de lo que es –el siendo- cuando el eterno retorno es la potencia del Ser (lo informal). Cuando la identidad de las cosas se disuelve, el ser escapa, alcanza la univocidad, y se pone a girar en torno a lo diferente. Lo que es o retorna carece de toda identidad previa o constituida: la cosa se reduce a la diferencia que la descuartiza, y a todas las diferencias implicadas en ésta, y por las que pasa.
El simulacro –signo- ha capturado una disparidad constitutiva en la cosa a la que destituye del rango de modelo.
El eterno retorno nos hace asistir al desfondamiento universal. Y por desfondamiento hay que entender la libertad del fondo no mediatizado, el descubrimiento de un fondo por detrás de cualquier fondo, la relación del sinfondo con lo no fundado, la reflexión inmediata de lo informal y de la forma superior que constituye el eterno retorno.
Contrariamente a Platón, la cosa es el simulacro mismo, el simulacro es la forma superior.
Platón oponía el eterno retorno al caos. Nietzsche dira: el caos y el eterno retorno no son dos cosas distintas. 134











Capítulo II

La repetición para sí

La repetición nada cambia en el objeto que repite, sino que cambia algo en el espíritu que la contempla, tesis de Hume que conduce al meollo del problema.
Regla de discontinuidad o instantaneidad en la repetición: nada aparece sin que otra cosa haya desaparecido.
La repetición carece de en-si. Por contrapartida cambia algo en el espíruto que la contempla. 137
Ese cambio Hume lo explica diciendo que los cambios idénticos o similares, pero indepen-dientes, se fundan en la imaginación.
La imaginación se define como un poder de contracción: placa sensible, retiene a uno cuando el otro aparece. Y funde todo en una impresión cualitativa interna. La contracción es una forma de síntesis temporal. La síntesis del tiempo contrae entre sí los instantes sucesivos independientes, constituyendo con ello el presente vivido, el presente vivo. Es en este presente donde el tiempo se despliega. A él pertenecen pasado y futuro: el pasado, en la medida en que los instantes precedentes quedan retenidos en la contracción; el futuro, porque la espera es anticipación en el seno mismo de la contracción. Ambos designan las dimensiones del presente como tal, en tanto que contrae los instantes.
El presente no tiene que salir de sí para ir del pasado al futuro.
El presente vivo va, pues del pasado al futuro que constituye el tiempo, es decir, va también de lo particular a lo general, de los particulares que encierra en la contracción, a lo general que encierra en su campo de espera.
Es síntesis pasiva porque se hace en el espíritu contemplativo que precede a toda memoria y toda reflexión. Tiempo subjetivo de un sujeto pasivo. 

Primera síntesis del tiempo: el presente vivo.
La síntesis pasiva, o contracción, es esencialmente asimétrica: va del pasado al futuro en el presente, luego de lo particular a lo general, orientando de este modo la flecha del tiempo. 138
Pero, la constitución ideal de la repetición implica una especie de movimiento retroactivo entre ambos límites.
Los casos contraídos o fundidos en la imaginación aparecen como distintos en la memoria o en el entendimiento, y donde se conservan en el “espacio del tiempo” que le es propio. Constituyen las síntesis activas de la memoria y el entendimiento que se superponen a la síntesis pasiva de la imaginación, y se apoyan en ella. 
La constitución de la repetición implica tres instancias: 1. El en-sí que la hace impensable o que la deshace a medida que se hace; 2. El para-sí de la síntesis pasiva y, fundada en ésta, 3. La representación refleja de un “para-nosotros” en las síntesis activas. 
Estas síntesis operan en el nivel del hábito. 142
El hábito es independiente de la repetición: actuar nunca es repetir, ni en la acción que se entable, ni la acción ya totalmente entablada.
Sustraer a la repetición algo nuevo, sustraerle la diferencia, tal es el papel de la imaginación o del espíritu que contempla en sus estados múltiples y atomizados. También la repetición por esencia es imaginaria. 145
La repetición material y desnuda, la repetición de lo mismo, es el envoltorio exterior, como una piel que se deshace, de un nudo de diferencias y repeticiones internas más complicadas. La diferencia está entre dos repeticiones. Y a la inversa la repetición está también entre dos diferencias. 146
La síntesis del tiempo constituye al presente en el tiempo. Sólo el presente existe. Tiempo como presente viviente, y al pasado y al futuro como dimensiones de dicho presente. 
Pero, no hay posibilidad física de tal presente. Porque el presente dura, se agota y pasa. 147
Es la repetición de la necesidad. 

Segunda síntesis del tiempo: el pasado puro
La primera síntesis del tiempo es originaria e intratemporal. Constituye al tiempo como presente, pero como presente que pasa. Paradoja del presente: constituir el tiempo, pero pasar a ese tiempo constitutuido. Es una secuencia y hace necesario otro tiempo en el que opera la síntesis del tiempo (segunda síntesis). 152
Primera síntesis, hábito, funda el tiempo. Pero debemos distinguir entre fundación y fundamento. La primera es la base, el suelo. El segundo viene más bien del cielo, va de la gesta a la fundación, mide al suelo y al posesor entre sí, y lo hace según un título de propiedad.
Así, lo que hace pasar al presente, y se apropia del presente y el hábito, es el fundamento del tiempo. Es la memoria. Síntesis activa derivada aunque tiene su aspecto pasivo profundo. Es la que constituye el ser del pasado.
La síntesis activa tiene dos aspectos correlativos: reproducción y reflexión, rememoración y reconocimiento, memoria y entendimiento.
Esta síntesis difiere del hábito, introduce una simetría que reside en el aumento constante de las dimensiones y de su proliferación sin término como empalme de los presentes como tales. 
La memoria es siempre más que recuerdo.
Lejos de derivar del presente o de la representación, el pasado se halla supuesto en toda representación. 153
Ref. a las paradojas: contemporaneidad, coexistencia y preexistencia y componen la síntesis pasiva. La síntesis activa es la representación del presente, bajo el doble aspecto de  la reproducción de lo antiguo y la reflexión de lo nuevo. 155
El presente es el grado más contraído del pasado y esa contracción se da en diversos grados y niveles.
Pero lo que resulta en la vida espiritual es el sentido de “una misma vida”. A pesar de todas las contingencias de vida como la misma vida. 
Esto puede referirse al destino en un sentido que escapa al determinismo y que tiene que ver con la libertad: libertad de poder elegir el nivel.
La sucesión de los presentes actuales no es sino la manifestación de algo más profundo: la manera como cada uno retoma toda la vida, pero a un nivel o grado distinto del precedente, coexistiendo todos los niveles o grados, y ofreciéndose a nuestra elección, desde el fondo de un pasado que jamás fue presente.
Siendo cada vida un presente que pasa, una vida puede retomar otra a otro nivel. Metempsicosis.
Diferencia entre las dos repeticiones, material y espiritual. La primera es repetición de instantes o elementos sucesivos e independientes, la segunda es una repetición del Todo, a diferentes niveles coexistentes.
La diferencia se halla presente en ésta en la medida en que el Todo comprende la diferencia entre sus niveles.
Una está desnuda y la otra vestida; una afecta a las partes, la otra al todo; una es de sucesión, la otra de coexistencia; una actual, la otra virtual; una horizontal, la otra vertical.
Estas repeticiones no son representables. 158
No se puede además revivir en el sí del pasado.En este sentido operaría la reminiscencia que no nos remite de un presente actual a antiguos presentes. El presente existe y el pasado insiste.
Toda reminiscencia es erótica. Es siempre Eros, el nóumeno, el que nos hace penetrar en el pasdo puro en-sí, en esa repetición virginal que es la memoria. La respuesta a esto está en una tercera síntesis.

Cógito cartesiano y cógito kantiano.
Ref. a la determinación, lo determinado y lo determinable.
Diferencia entre el cógito kantiano y el cartesiano desde el punto de vista de la teoría del tiempo.
En Descartes dos valores lógicos: la determinación (yo pienso) y la existencia indeterminada (yo soy).
La crítica de Kant objeta que es imposible hacer incidir directamente la determinación sobre lo indeterminado porque nada sé de ese ser.
Kant añade otro valor lógico: lo determinable.
Esto constituye el descubrimiento de la diferencia, no empírica, sino transcendental entre LA determinación y lo que determina, como Diferencia interna, por lo que aparecen entre el ser y el pensamiento.
Y lo determinable aparece bajo la forma del tiempo. O sea que mi existencia no puede ser determinada sino en el tiempo. 160
El Yo aparece entonces con una falla: está rajado por la forma vacía del tiempo, una pasividad en sí mismo. Y la correlación del sí mismo pasivo y del Yo rajado constituye el descubrimiento de lo trascendental o el elemento de la revolución copernicana.
En Descartes la identidad supuesta del Yo tiene como garante la unidad de Dios mismo.
Aparece una consecuencia importante: La muerte de Dios no permite ya subsistir la identidad del Yo. 161
Luego, en Kant, el Yo y Dios resucitan en el esquema de la razón práctica.162

Tercera síntesis del tiempo (forma vacía): insuficiencia de la memoria.
El tiempo es la medida del movimiento, para el alma y para el mundo (y el movimiento es lo que hace al tiempo, genera el tiempo. Hay aquí un puro orden del tiempo. 
Se define el orden del tiempo como la distribución puramente formal de lo desigual en función de una cesura. 164 
Se distingue entonces un pasado más o menos largo, un futuro inversamente proporcional, pero futuro y pasado no son aquí determinaciones empíricas y dinámicas del tiempo: son caracteres formales y fijos que se desprenden del orden a priori, como una síntesis estática del tiempo. Es la forma del cambio más radical, pero forma del cambio que no cambia. Son la cesura, y el antes y el después que ordena de una vez por todas, los que constituyen la falla del Yo.
Aquí, el tiempo se define no como formal vacío, sino por un conjunto y una serie.
Conjunto: que la cesura, debe estar determinada en la imagen de una acción, de un acontecimiento único y formidable, adecuado al tiempo en su totalidad. Pero en una serie temporal que opera su distribución en lo desigual.
El segundo tiempo, que remite a la cesura como tal, es pues, el presente de la metamorfosis, el hacerse igual a la acción, el desdoblamiento del yo, la proyección de un yo ideal en la imagen de la acción.
El tercer tiempo, descubre el porvenir, significa que el acontecimiento y la acción tienen una coherencia secreta que excluye a la del sujeto. 
Por eso, la repetición es una condición de la acción antes de ser un concepto de la reflexión. Lo nuevo que se produce en la acción, metamorfosis, la tercera repetición, es la del porvenir como eterno retorno. 166
El eterno retorno afecta solo a lo nuevo, a lo que se produce bajo la condición del defecto y por intermedio de la metamorfosis, expulsando al agente (Yo). Configura la autonomía del producto. Es la repetición por exceso, que nada deja subsistir de la falla ni del hacerse igual (idéntido).
Klossovski: es esa secreta coherencia que no se plantea sino excluyendo mi propia coherencia, mi propia identidad, la del sí mismo, la del mundo y la de Dios. No hace retornar sino a lo plebeyo, al hombre sin nombre. Arrastra a su círculo al dios muerto y al yo disuelto.
Supone el estallido del sol, afecta a la nebulosos, se confunde con ellas, se mueve por y para ellas.
Este círculo es tortuoso, nebuloso, eternamente excéntrico, descentrado de la diferencia que se reforma únicamente en el tercer tiempo de la serie. 168
La forma del tiempo revela lo informal en el eterno retorno. Es así como el fundamento ha quedado superado en dirección de un sin-fondo, de un desfondamiento universal que gira sobre sí mismo y no hace retornar sino al porvenir.
Nota pág.168. ref a Marx y Nietzsche.
En la tercera síntesis, el presente y el pasado son dimensiones del futuro: el pasado como condición, y el presente como agente.
La primer síntesis (hábito), constituía al tiempo vivo. La segunda (memoria), constituía al tiempo como un pasado puro, desde el punto de vista de un fundamento que hace pasar al presente y hace advenir a otro presente. 169
Pero en la tercera síntesis, el presente no es ya más que un actor, un autor, un agente destinado a borrarse; y el pasado no es más que una condición que opera por defecto. Carácter incondicionado del producto.
Con este planteo se puede hacer de la repetición, no aquello a lo que se “sustrae” una diferencia, ni lo que comprende la diferencia como variante, sino hacer de ello el pensamiento y la producción de lo “absolutamente diferente”; hacer que, para sí misma, la repetición sea la diferencia en sí. 171

La repetición y el inconsciente
La vida biopsíquica implica un campo de individuación en el que las diferencias de intensidad se distribuyen por aquí y por allá, bajo la forma de excitaciones. Se denomina placer al proceso, a la vez cuantitativo y cualitativo, que resuelve la diferencia. Semejante conjunto, reparto móvil de diferencias y resoluciones locales en un campo intensivo, se corresponde con lo que Freud denominaba el Ello.
Al menos como capa primaria del Ello.
Problema de Freud: de qué modo el placer va a dejar de ser un proceso para convertirse en un principio, deja de ser un proceso local para convertirse en un principio empírico que tiende a organizar la vida biopsíquica en el Ello.
Freud plantea que la excitación como libre diferencia debe ser “investida”, “ligada”, pegada, de modo que la resolución de esas diferencias resulte posible en un sistema. 173
Pasaje de un estado de resolución dispersa a un estatuto de integración, que constituye el segundo estrato del Ello o el principio de una organización.
Ligazón que configura un Habitus.
La excitación como diferencia era ya de por sí  contracción de una repetición elemental.  Pero cuando se vuelve elemento de una repetición, la síntesis se ve elevada a una segunda potencia, representada por la ligazón o la investición.  Estas, que son ligazones o integraciones, son síntesis pasivas, contracciones de segundo grado. 
Las pulsiones son excitaciones ligadas. A nivel de esta ligazón, un yo se forma en el Ello; pero un yo pasivo, parcial, larvario, que contempla y contrae. El Ello se puebla de yoes locales, que constituyen el tiempo propio del Ello, el tiempo del presente vivo, allí donde operan las integraciones correspondientes a la ligazones.
Tales yoes son narcisistas porque el narcisismo no es una contemplación de sí mismo, sino el relleno de una imagen del sí Mismo, cuando se contempla en otra cosa. Se produce a sí mismo en lo que contempla.
Este nivel tiene que ver con el hábito, que es la organización que caracteriza al Ello. 174
El problema del hábito está mal planteado en tanto se lo subordina al placer. La ligazón tiene por efecto la instauración del principio del placer, no puede, por tanto, tener por objeto nada que presuponga tal principio. Cuando el placer adquiere la dignidad de principio, entonces solamente la idea de placer actúa como subsumida por el principio, en  un porvenir o en un proyecto. 
Por lo tanto, no confundir la actividad reproductora con la pasión  repetidora con que coincide. La repetición de la excitación tiene por verdadero objeto elevar la síntesis pasiva a una potencia de la que surjan el principio de placer y sus aplicaciones, futuras y pasadas. La repetición en el hábito o en la síntesis pasiva de la ligazón es pues, el “más allá” del principio. 175
A partir de la síntesis pasiva aparece un doble desarrollo en dos direcciones diferentes.
1. La síntesis activa se establece sobre la base de las síntesis pasivas: consiste en referir la excitación ligada a un objeto planteado como real. 
La síntesis activa se define por la “prueba de realidad”, en una relación “objetal”.  Yo activo como tentativa de integración global (Más allá de los yos pasivos que producían integraciones locales.) 176
Sería inexacto considerar el planteamiento de la realidad como efecto producido por el mundo exterior, sino que la prueba de realidad moviliza y anima toda la actividad del yo, interior y exterior.176
El principio de realidad no es opuesto al principio del placer. Ambos marchan al mismo paso, sólo que uno supera al otro. Pues las renuncias a los placeres inmediatos se hallan ya comprendidas en el papel de principio al que accede el placer como tal, es decir, en el papel que asume la idea de placer por relación a un pasado y un futuro. La realidad solo marca un margen o extensión adquirida por el principio de placer, y el principio de realidad no hace más que determinar una síntesis activa en tanto que fundada en las síntesis pasiva precedentes.
2. Pero los objetos reales no constituyen los único objetos del yo. Por eso es dado pensar que la síntesis pasiva por un lado se supera hacia la activa, pero por otro permanece como síntesis pasiva y contemplativa.
Esta parece encontrar una nueva fórmula, a la vez disimétrica y complementaria de la actividad. Lo que se constituye  entonces el otro objeto, distinto, como objeto virtual, que viene a regular y compensar el progreso o los fracasos de su actividad real. 177
Hay dos series, ambas objetales, la de los objetos reales como correlatos de la síntesis activa y la de los objetos virtuales como correlatos de una profundizaciòn de la síntesis pasiva. De ahí que podría decirse que el mundo infantil no es egocéntrico, sino elíptico, con un doble foco que difiere por naturaleza.178
Es a esta dualidad de las dos series correlativas a lo que debe achacarse la diferenciación de las pulsiones de conservación y las pulsiones sexuales.
Las primeras (conservación), son inseparables de la constitución del principio de realidad, de la fundación de la síntesis activa del yo global, de las relaciones con el objeto real aprehendido como satisfactorio o amenazante. 
Las segundas (sexuales), aparecen supeditadas a los focos virtuales, de la profundización de las síntesis pasivas y del yo pasivo correlacionado: en la sexualidad pregenital, las acciones son observaciones, contemplaciones, respecto de lo virtual.
Ambas son complementarias, se imitan y se alimentan mutuamente, por su diferencia de naturaleza.
Los objetos virtuales están extraídos de los reales e incorporados a ellos. A su vez cambian su naturaleza y funcionan como virtuales. Son los objetos parciales. Y no se hallan sometidos al carácter global de los otros. Madre mala, madre buena, el mismo objeto que ha perdido su identidad en su doble. 179
Los objetos parciales o virtuales se encuentran en diversos lugares: objeto malo o bueno en M.Klein, Objeto “transicional”, objeto fetiche, objeto a.
Son polos siempre desdoblados de la sexualidad y a la inversa, quedan incorporados a los objetos reales. Pueden ser objetos condición de goce, fetiche, los que connotan de determinada manera una relación, etc.
El objeto virtual es esencialmente pretérito. 180 Es un fragmento de pasado puro.
Acuerda con Lacan en su asimilación del obejto virtual a la carta robada. No está donde se lo busca, está donde no se lo ve. 181
El objeto virtual no existe sino como fragmento de sí mismo: no se lo encuentra sino como perdido, no existe sino como recobrado. 
Contemporáneo de sí mismo como presente, siendo él mismo su propio pasado, preexistente a todo presente que pasa en la serie real, el objeto virtual pertenece al pasado puro. 
Tal es el vínculo de Eros con Mnemosyne. Eros arranca del pasado puro objetos virtuales, que nos entrega para vivirlos. Bajo todos los objetos virtuales o parciales, Lacan descubre el “falo”, (subsumiendo en él todos los objetos virtuales) es porque el concepto comprende efectivamente los caracteres precedentes: da fe de su propia ausencia, y de si como pasado, está esencialmente desplazado por respecto de sí mismo, no se le encuentra sino como perdido, existencia siempre fragmentaria que pierde su identidad en el doble, puesto que no puede ser buscado y descubierto sino del lado de la madre, y tiene por propiedad paradójica el cambiar de lugar, no siendo poseído por los que tienen un “pene”, y teniéndolo en cambio los que no lo tienen, como lo muestra el tema de la castración. El falo simbólico no significa menos el modo erótico del pasado puro que lo inmemorial de la sexualidad. 182
El problema a dilucidar es la idea de que los objetos virtuales remitan en última instancia a un elemento que en sí mismo es simbólico. Esto pondría en tela de juicio al juego psicoanalítico, es decir, amoroso.
Si la repetición se lleva a cabo de un presente a otro, actual uno, antiguo el otro, en la serie real, en ese caso el antiguo presente jugaría el papel de un punto complejo, como un término último y original que permaneciera en su lugar y ejerciera un poder de atracción: sería él quien proporcionara la cosa a repetir y condicionara todo el proceso de la repetición, pero en ese sentido sería independiente. 
Los conceptos de fijación y regresión, y los de trauma y escena original, expresan ese primer elemento.
A partir de eso, el proceso de repetición se conformaría de iure al modelo de una  repetición material, bruta y desnuda, como repetición de lo mismo: la idea de un “automatismo” expresa aquí el modo de la pulsión fija o, más bien de la repetición condicionada por la fijación o la regresión.
Visto así, aunque el modelo material se halla perturado y recubierto por toda la serie de disfraces, por mil travestimientos y desplazamientos que distingue el nuevo presente del antiguo, lo sería tan sólo de manera secundaria. La deformación sería un añadido, un vestido desde afuera, explicado desde la represión. En todo caso traduciría el conflicto (en la repetición) del repetidor con lo repetido. 
Así, los tres conceptos, tan diferentes, de fijación, de automatismo de repetición, y de represión, dan fe de la distribución entre un término supuestamente último o primero, por respecto de la repetición, una repetición supuestamente desnuda por respecto de los disfraces que la recubren y los disfraces que se añaden por la fuerza de un conflicto. 183
En este caso, la imaginación recoge las huellas del antiguo presente, y modela el nuevo presente sobre el antiguo.
De esta manera, la teoría tradicional de la compulsión de repetición en psicoanálisis sigue siendo esencialmente realista, materialista y subjetivista o individualista.
Realista: todo ocurre entre presentes.
Materialista: porque el modelo de una repetición bruta automática sigue siendo subyacente.
Individualista, subjetiva, solipsista o monádica: porque el antiguo presente, es decir, el elemento disfrazado, y el nuevo presente, es decir, los términos actuales de la repetición travestida, son solamente considerados como representaciones del sujeto, inconscientes y conscientes, latentes y manifiestos, reprimentes y reprimidos. 
Toda la teoría de la repetición se encuentra así subordinada a las exigencias de la simple representación, desde el punto de vista de su realismo, de su materialismo y de su subjetivismo. Se somete la repetición a un principio de identidad en el antiguo presente, y a una regla de semejanza en el actual. 
En Freud, el planteo de la filogénesis no corrige esta concepción. 184
Pero, si es cierto que ambos presentes son sucesivos, a una distancia variable en la serie de los reales, también lo es que forma más bien dos series reales coexistentes por relación a un objeto virtual de distinta naturaleza, que no cesa de circular y desplazarse en ellas.
Por  eso es necesario pensar que la repetición no se constituye entre dos presentes, sino entre dos series coexistentes que los presentes forman en función del objeto virtual (objeto = x).
Su circulación constante, su desplazamiento constante, determina en las dos series reales, entre dos presentes, tranformaciones de términos y modificaciones de las relaciones imaginarias.
El desplazamiento del objeto virtual no es, pues, un disfraz entre otros, es el principio del que surge, en realidad, la repetición como repetición disfrazada.
Recordemos que la repetición sólo se constituye con y en los disfraces que afectan a los términos y las relaciones de las series de la realidad, pero ello debido a que depende del objeto virtual, como instancia inmanenete cuya propiedad es, ante todo, el desplazamiento.
Es necesario subvertir la explicación porque no podemos a partir de ello, considerar que el disfraz se explica por la represión. Por el contrario, es debido a que la repetición necesariamente aparece disfrazada, en virtud del desplazamiento característico de su principio determinante, por lo que se produce la represión, como una consecuencia que afecta a la representación de los presentes.
Freud lo vio e intentó hallar una instancia más profunda, pero terminó en lo mismo al postular la “represión primaria”.
Por lo tanto, no se repite porque hay represión, hay represión porque se repite. Y lo que es lo mismo, no hay disfraz porque hay represión, sino que hay represión porque hay disfraz,  el cual está determinado por el foco de la repetición. 185
Del mismo modo que el disfraz no es secundario con respecto de la repetición, la repetición no es secundaria respecto de ningún término fijo, supuestamente ultimo u originario. (en ese caso se cumpliría la idea de la identidad respecto de un Uno original e inconmovible).
Por ello, en función del objeto virtual que se desplaza en las series y por relación a sí, ninguna de las dos puede ser designada ya ni como original ni como derivada. 
Ponen en juego términos y sujetos diversos, en una intersubjetividad compleja, debiendo cada sujeto su rol y su función en la serie a la posición intemporal que ocupa por relación al objeto virtual. (Esto aparece en Lacan: La carta robada y en El mito individual del neurótico.)
El objeto no es término último u original porque si puede ser identificado con el falo es en la medida en que éste (Lacan) falta siempre en su sitio, falta a su identidad, falta a la representación. 186
No hay término último de nuestros amores. Los personajes parentales no son los términos últimos de un sujeto, sino los términos medios de una intersubjetividad, son las formas de comunicación y disfraz de una serie con otra, para sujetos diferentes, en tanto que las formas están determinadas por el transporte del objeto virtual. 
Detrás de las máscaras hay, pues, aún otras máscaras, y lo más oculto es aún un escondite, y así hasta el infinito. 
El falo, órgano simbólico de la repetición, no deja de ser también una máscara al mismo tiempo que algo que se esconde. 
En consecuencia, la repetición, por esencia, es pues, simbólica, espiritual, intersubjetiva o monadológica.
Consecuencia que deriva de ello, referida a la naturaleza del inconsciente: los fenómenos del inconsciente no se dejan comprender bajo la excesivamente simple forma de la oposición o del conflicto. No es tan sólo la teoría de la represión, sino  también el dualismo de su teoría de las pulsiones lo que favorece en Freud el primado de un modelo conflictual. Los conflictos son el resultado de mecanismos diferenciales de muy distinta sutileza (desplazamiento y disfraces). Y si las fuerzas entran de manera natural en relaciones de oposición, es a partir de elementos diferenciales como expresan una instancia más profunda.
Lo negativo (limitación y oposición), parece secundario respecto a la instancia de los problemas y de las preguntas: se puede decir que lo negativo expresa tan sólo en la conciencia la sombra de los problemas y las preguntas fundamentalmente inconscientes. 187
El inconsciente desea y no hace sino desear, pero al mismo tiempo que el deseo encuentra el principio de su diferenciación respecto de la necesidad en el objeto virtual, aparece no ya como una potencia negativa, sino como una fuerza de indagación, cuestionante y problematizante, que se desarrolla en un campo distinto del de la necesidad y la satisfacción.
Preguntas y problemas. Enigmas y acertijos respecto del falo, la pregunta de la Esfinge, nacimiento y muerte, diferencia de los sexos, son temas complejos de problemas antes de convertirse en simple términos de oposición.
Antes de la oposición de los sexos, determinada por la posesión o privación del pene, está la “cuestión” del falo que determina en cada serie la posición diferencial de los personajes sexuados.
(S.Leclaire, siguiendo a Lacan ha trabajado en esta línea). 188
Los problemas y las preguntas pertenecen, pues, al inconsciente, pero también el inconsciente es por naturaleza reiterativo, serial, problemático y cuestionante. 190
Hay que tomar a la letra la frase: el inconsciente ignora el No. Los objetos parciales son los elementos de pequeñas percepciones. El inconsciente es diferencial, y está hecho de pequeñas percepciones, pero por eso mismo difiere por naturaleza de la conciencia: Afectan a problemas y preguntas que no se reducen jamás a las grandes oposiciones o a los efectos de conjunto que la conciencia capta.
Hay allí un segundo más-allá del principio del placer, segunda síntesis del tiempo en el inconsciente como tal. 
Se ha planteado un segundo más allá del principio del placer, segunda síntesis del tiempo en el inconsciente como tal. 
La primera síntesis pasiva, la del Habitus, presentaba la repetición como vínculo o ligazón, según el modo siempre recomenzado del presente vivo. Prefigura la fundación del principio del placer.
La segunda síntesis, de Eros-Mnemosyne, que plantea la repetición como desplazamiento y disfraz. Fundamento del principio del placer. 
Ahora se trata de saber cómo actúa sobre lo que gobierna, con qué limitaciones y profundizaciones.
Respuestas: 1. ley general de la realidad, según la cual la primera síntesis pasiva se supera en dirección de una síntesis y un yo activos; 2. otra ley, según la cual se profundiza una segunda síntesis pasiva, que recoge la satisfacción narcisista particular y la refiere a la contemplación de objetos virtuales. Ahora la pulsión aparece bajo una nueva forma diferenciada: como pulsión de conservación ligada a una línea activa de realidad, como pulsión sexual en una nueva profundidad pasiva (Pasiva en tanto sometida a la realidad?) 191
La primera síntesis pasiva es la del presente, y la segunda la del pasado. La primera se sirve de la repetición para extraer una diferencia, la segunda síntesis pasiva comprende la diferencia en el seno de la repetición, pues las dos figuras de la diferencia, el transporte y el travestismo, el desplazamiento que afecta simbólicamente al objeto virtual, y los disfraces que afectan imaginariamente a los objetos reales a los que se incorpora, se han convertido en elementos de la repetición misma.
Freud comprende la repetición bajo el modelo material de la diferencia anulada, mientras que define al Eros mediante la introducción o incluso la producción de nuevas diferencias.
Pero, la fuerza de repetición del Eros deriva directamentede una potencia de la diferencia, que toma de Mnemosyne o afecta a objetos virtuales y fragmentos del pasado puro.
Contrariamente a lo que dice Freud, es una Hipermnesia, lo que explica el papel dela repetición erótica y su combinación con la diferencia. 192
El carácter perdido de los objetos virtuales y el carácter travestido de los objetos reales son las potentes motivaciones del narcisismo. 
La organización que se produce en este nivel es importante porque al convertirse el yo pasivo en narcisista, la actividad debe ser pensada, y no puede serlo sino como afecto, al remitir la modificación misma que el yo narcisista experimenta por su cuenta a la forma de un Yo que se ejerce sobre él como “Otro”. Entonces, ese Yo activo, pero fallido, no sólo es la base del superyó, sino también el correlato de un yo narcisista, pasivo y herido.193
El yo narcisista aparece en el tiempo, pero en modo alguno constituye un contenido temporal; la líbido narcisista, el reflujo de ella sobre el yo, hace abstracción de todo contenido.
El yo narcisista repite primero, según el modelo del antes, del Ello (la acción es demasiado grande para el yo) (según el principio del placer en tiempo vivido?)
Una segunda vez, según el modo del yo ideal.
Una tercer vez, según el modo del después que realiza la predicción del superyo (donde el ello y el yo pueden quedar anulados).
La acción del yo narcisista nos lleva a una tercera síntesis. 194
El tiempo se coagula, abandona todo contenido mnemónico (pruebas de realidad) y rompe el círculo adonde la arrastraba Eros. Ese tiempo vacío, desencajado, con su orden formal estático, su conjunto aplastante, y su serie irreversible, es el instinto de muerte.
La correlación de Eros y Mnemosyne se ve sustituida por la de un yo narcisista sin memoria, un gran amnésico, y por un instinto de muerte sin amor, desexualizado. El yo narcisiste no tiene más que un cuerpo muerto, ha perdido el cuerpo al mismo tiempo que los objetos. Es a través del instinto de muerte como se refleja en el yo ideal, y presiente su fin el superyó, como en dos pedazos del Yo fallido. 
Pero Freud, plantea el instinto de muerte como preexistente a la energía desexualizada, independiente de ella en principio. Dos razones: 1. Remite a la persistencia del modelo dualista y conflictual que inspira toda la teoría de las pulsiones; 2. Al modelo material que preside la teoría de la repetición.
De esto se deduce que para él hay una diferencia de naturaleza o una diferencia en la que Tanatos tiende al estado inanimado de la materia y por lo tanto se identifica con la potencia de repetición bruta y desnuda., a la que las diferencias vitales (afirmativas) de Eros simplemente recubren.
Por otro lado, Freud rechaza curiosamente toda otra presentación de la muerte en el inconsciente. 195
Esto manifiesta el prejuicio según el cual la repetición debe encontrar su principio último en un modelo material indiferenciado.
Pero, si la estructura del inconsciente no es conflictual, oposicional o contradictoria, sino cuestionante y problematizante, la repetición no es potencia bruta y desnuda, más allá de los disfraces y el desplazamiento como elementos constitutivos a los que no preexiste.
Pero la muerte, se halla presente en lo vivo, como experiencia subjetiva y diferenciada provista de prototipo. No responde a un estado de la materia, sino, por el contrario, a una forma pura que ha abjurado de toda materia: la forma vacía del tiempo.
La muerte es más bien la forma última de lo problemático, la fuente de problemas y preguntas, la marca de su permanencia por encima de toda respuesta al dónde o al cuándo, que designa el (no)-ser del que toda afirmación se alimenta.
Blanchot: dos aspectos de la muerte: 1. Personal, que afecta al Yo, al sí mismo; 2. Es impersonal, sin relación con el “yo”, ni presente ni pasado, sino siempre futuro, y fuente de una aventura múltiple e incesante en el ámbito de una pregunta persistente. En este plano se muere, no se para ni se termina de morir, es lo interminable, una muerte cualquiera.
El primero, es desaparición personal, anulación de la diferencia que representan el Yo, el sí mismo. Ahí sí aparece la vuelta a lo inanimado. Pero el segundo, designa el estado de las diferencias libres cuando no se encuentran ya sometidas a la forma que les daba un Yo, un sí mismo, excluyen mi propia coherencia, y cualquier identidad. 
Siempre hay un ”mueren” un “se mueren” más profundo que el “yo muero”. 197
Es al primer aspecto a donde remite la concepción freudiana, perdiendo con ello al instinto de muerte, y a su experiencia y prototipo correspondientes.
Por lo tanto, no hay porqué plantear un instinto de muerte que se distinga del Eros.
No parece que Tanatos se confunda por entero con la desexualización de Eros, con la formación de la energía neutra y desplazable de que habla Freud. Porque esa energía no se pone al servicio de Tanatos sino que lo constituye.
Es  al mismo tiempo que Eros refluye sobre el yo, cuando el yo toma sobre sí los disfraces y los desplazamientos que caracterizan los objetos, para construir con ellos su propio efecto mortal, en el caso que la libido pierda todo su contenido mnésico, y el Tiempo pierde su figura circular,  y de ahí que el instinto de muerte aparece como idéntico a esa forma pura, energía desexualizada de la libido narcisista. 
Tercera síntesis entonces, definida por la complementaridad de la libido narcisista y del instinto de muerte. En tanto que Eros y Mnemosyne definían la segunda. 198
Es a las tres síntesis a donde hay que venir a parar, como constitutivas del inconsciente. Con lo cual se podría pensar de otra forma las supuestas ignorancias del inconsciente: no-muerte-tiempo.
La tercera síntesis designa lo sin-fondo, adonde el fundamento mismo nos precipita: Tanatos aparece descubierto en la tercera como ese sin-fondo situado más allá del fundamento de Eros y de la fundación de Habitus. Aunque mantiene con el placer un tipo de relación extraña, que se expresa a menudo en las paradojas de un placer ligado con el dolor.
El instinto de muerte rebela a su vez otra cara incondicionada, como eterno retorno, que afirma lo excesivo y lo desigual, lo interminable y lo incesante, lo informa como producto de la más extrema formalidad.
El eterno retorno es potencia de afirmación de lo múltiple, de lo indiferente, del azar, salvo aquello que subordina al Uno, a lo mismo, a la necesidad. 
Si se dice que lo Uno se ha subordinado a lo múltiple, ¿no es ése el rostro de la muerte? 200
Si el eterno retorno se halla en una relación esencial con la muerte, es porque promueve e implica “de una vez por todas” la muerte de lo que es uno. 
Si mantiene una relación esencial con el futuro es porque el futuro es despliegue y explicación de lo múltiple, de lo diferente, de lo fortuito, para ellos y “para todas las veces”.
Excluye lo Mismo o la identidad de un concepto subordinante. 201

Semejanza y diferencia.
Pregunta sobre los sistemas afectados por el eterno retorno.
Dos proposiciones: 1. Sólo lo que se parece difiere. Semejanza como condición de la diferencia que exige un concepto idéntico para las dos cosas que difieren a condición de parecerse, analogía en relación con el concepto y reducción de la diferencia a una oposición determinada por los tres momentos. 2. Sólo las diferencias se parecen.( Ref a Lévi.Strauss). Aquí la semejanza, la identidad, la analogía y la oposición sólo pueden ser consideradas como efectos, productos de una diferencia primera o de un sistema primero de diferencias. 202
Es preciso que la diferencia sea en sí misma articulación y ligazón, que relacione lo diferente con lo diferente, sin ninguna mediación de lo idéntico o lo semejante, lo análogo o lo opuesto (Heidegger). Un en-si como diferenciante.
Estas dos fórmulas significan dos interpretaciones incompatibles. 203
Las condiciones en que la diferencia desarrolla el en-sí como “diferenciante”, más allá de toda representación posible, se da en la organización de series. Aparece aquí el emparejamiento, la resonancia interna, el movimiento forzado, que desborda las series de base. Las intensidades. (Ver Lógica del Sentido).
La comunicación entre series heterogéneas, algo “ocurre” entre los bordes, estallan acontecimientos, fulguran fenómenos.
El sistema se llena de sujetos larvarios y yos pasivos. 204
El agente diferenciante es un precursor oscuro. Es dispar y pone en relación a las series heterogéneas o dispares como tales. 207
(Hay varios ejemplos que están desarrollados más extensamente en Lógica del sentido.)
Las series básicas son divergentes en sentido absoluto en  tanto el punto de convergencia se encuentra sumido en el caos (cao-cosmos), siempre desplazado en el caos.
Este como tal es lo más positivo, al mismo tiempo que la divergencia es objeto de afirmación. 211
Complicación-explicación-implicación de las series, dan cuenta del sistema, del caos que lo sustenta todo, de las sereis divergentes que de él salen y vuelven, y del diferenciante que las relaciona a todas entre sí.
El conjunto del sistema, la unidad de las series divergentes como tales se correlacionan con el estatuto de lo problemático y la generación consecuente de problemas (Ref. al eterno retorno y en otro nivel al inconsciente como problematizador y cuestionante).
Lo esencial es la simultaneidad, la contemporaneidad y la coexistencia de todas las series divergentes. 
Las series pueden ser sucesivas en la realidad, pero coexisten simbólicamente por relación al pasado puro o a un objeto virtual. 
Ej. Freud, fantasma constituido sobre dos series, una infantil y pregenital y otra genital y prepuberal o sea series que se suceden. Pero aquí aparece la retroacción. Resonancia entre dos series. 212
Pero esto debería plantearse de otra manera: el acontecimiento infantil no forma una de los dos series reales, sino más bien el precursor oscuro que pone en comunicación las dos series básicas, la de los adultos que conocimos de niños y la de los adultos que somos con otros adultos y con otros niños.
Lo que es originario en el fantasma, no es una serie por relación a la otra, sino la diferencia de las series, en tanto que relaciona entre sí dos series de diferencias, abstracción hecha de su sucesión empírica en el tiempo.
En el inconsciente no es posible establecer un orden sucesivo entre series, si coexisten , una no puede ser originaria y otra derivada, una como modelo y otra como copia. 213
Es bajo ese aspecto como el eterno retorno se revela como la “ley” sin fondo del sistema. El eterno retorno no hace volver lo mismo y lo semejante, sino que deriva de él mismo de un mundo de la pura diferencia.
El eterno retorno es ausencia de origen asignable, es decir, la asignación del origen como diferencia que relaciona lo diferente con lo diferente para hacerlo (o hacerlos) retornar en cuanto tal.  Es por lo tanto la consecuencia de una diferencia originaria, pura, sentética, en sí (lo que Nietzsche llama la voluntad de poder).
Si la diferencia es el en-sí, la repetición en el eterno retorno es el para-sí de la diferencia. 214
Pregunta: ¿cómo negar que el eterno retorno no es separable de lo Mismo? ¿No es acaso el eterno retorno de lo Mismo?
Diferentes significados de: lo mismo, lo identico, lo semejante.
Pero, la repetición no es la permanencia del Uno, cuanto la semejanza de lo múltiple. El sujeto del eterno retorno no es lo mismo, sino lo diferente, lo desemejante, lo múltiple, el azar.
Lo mismo, lo semejante, son ficciones engendradas por el eterno retorno. Ilusión. El eterno retorno es la única mismidad y la única semejanza de lo que retorna. Es lo mismo de lo diferente, lo uno de lo múltiple, lo semejante de lo desemejante.  215

Simulacro y repetición en el eterno retorno.
Los sistemas diferenciales de series dispares y resonantes, con precursor oscuro y movimiento forzado, se llaman simulacros o fantasmas. El eterno retorno no afecta ni hace retornar sino a los simulacros, a los fantasmas.
Tal vez esté aquí el aspecto esencial del platonismo y del antiplatonismo.
Platón: original e imagen, modelo, copia-simulacro, identidad originaria y semejanza interior derivada. La diferencia viene después que la identidad y la semejanza. 
Voluntad del platonismo de expulsar los fantasmas o simulacros (que se diferencian de los íconos que serían las buenas copias). 216
Decisión filosófica. Visión moral del mundo por lo que el simulacro debe ser exorcizado y por ello mismo la diferencia subordinada a lo mismo y a lo semejante. 
Luego, la lógica de la representación afirmará ese camino.
El simulacro es una imagen demoníaca, desprovista de semejanza (ya no el hombre hecho a imagen y semejanza) es lo desemejante, lo diferente, lo desigual, en fin, el devenir. 218
























Capítulo III

LA IMAGEN DEL PENSAMIENTO


El problema de los presupuestos en filosofía. 
Primer postulado: el principio de la cogitatio natura universalis.
Problema del comienzo en filosofía. Dificultad de eliminación de presupuestos, que son de tipo subjetivo como objetivo.
Ref.a Descartes, a Hegel y aún a Heidegger en cuanto al uso de presupuestos subjetivos o implícitos. 221.
Dichos presupuestos tiene la forma: “todo el mundo sabe que...nadie puede negar...”. Es  la forma de la representación y el discurso del representante. Ej.: pienso, luego soy.
El pensamiento conceptual filosófico tiene como presupuesto implícito una imagen del pensamiento, prefilosófica y natural, tomada del elemento puro del sentido común.
Esta imagen es dogmática u ortodoxa. 224.
Nietzsche: los presupuestos generales de la Filosofía, son esencialmente morales, pues sólo la moral es capaz de persuadirnos de que el pensamiento tiene una naturaleza buena y el pensador, buena voluntad.
Y sólo el bien puede fundar la supuesta afinidad del pensamiento con lo verdadero.
En cambio, una filosofía sin presupuestos tomaría como punto de partida una crítica radical de la Imagen y sus “postulados” implícitos. Encontraría su diferencia o su comienzo, en una lucha contra la imagen denunciada como no-filosófica. Pensamiento sin imagen, pero al precio de destrucciones, desmoralizaciones, efectos paradojales.
Necesidad de ver los postulados que proyectan desde el pensamiento, esa imagen deformante. 226

Segundo postulado: el ideal del sentido común.
Que pensar sea el ejercicio natural de una facultad, y que dicha facultad tenga una buen naturaleza y una buen voluntad, es algo que no puede entenderse en los hechos.
Pero el buen sentido y el sentido común naturales son tomados como determinaciones del pensamiento puro.
Si esto, el presupuesto de una Imagen del pensamiento,  se postula en filosofía desde el punto de vista del derecho, es necesario llevar la discusión a ese plano. 226
Esto supone a su vez una división entre lo empírico y lo transcendental.
Hay un modelo: el del reconocimiento, que se define por el ejercicio concordante de todas las facultad sobre un objeto supuestamente idéntico.
Es el principio del Cógito que se refiere a una forma objetal que reflejaría la identidad subjetiva, cuyo presupuesto es el sentido común hecho filosofía. 227
Pero aquí hay que hacer intervenir la complementación entre sentido común y buen sentido.
El primero aporta la forma de lo Mismo y el segundo es el que determina la aportación de las facultades.
Son las dos mitades de la doxa.

Tercer postulado: el modelo del reconocimiento.
El modelo de reconocimiento está necesariamente comprendido en la imagen del pensa-miento, que es lo que orienta al análisis filosófico sobre lo que significa pensar. (Orientado a la representación). 228
Pero, hace falta juzgar a la Imagen del pensamiento sobre sus pretensiones de derecho, no sobre las de hecho. Pero eso se basa en insignificancias  y trivialidades de la percepción cotidiana.
Sin embargo, el pensamiento debe buscar sus modelos en aventuras más extrañas o más comprometedoras.
Nietzsche: la Verdad parece ser “una criatura bonachona y amante de la comodidad", garantiza a los poderes no incomodarlos. 
El signo del reconocimiento celebra desposorios monstruosos, en los que el pensamiento “reencuentra” al Estado, a la “Iglesia”, a todos los valores de su tiempo, a los que introduce bajo la forma pura de objetos eternos y benditos.
Nietzsche: los nuevos valores,  no remiten a un relativismo, sino de una diferencia formal y de  naturaleza. Según la cual lo nuevo permanece para siempre nuevo en su poder de comienzo y recomienzo (diferencia-eterno retorno) 231
Lo propio de lo nuevo, la diferencia, es solicitar al pensamiento fuerzas que no son las del reconocimiento, potencias de un modelo totalmente nuevo.
Se trata de un desfondamiento que despoja al pensamiento de su “innatismo”, algo que comienza, constreñido y forzado.
Luchas del sentido común en torno a valores establecidos, honores, riqueza, poder en el marco del reconocimiento y la representación. De ello se reía Nietzsche si se pensara que de eso se trataba la voluntad de poder. 231
Crítica a Kant en tanto no invierte la forma del sentido común sino que lo multiplica: reconocimiento, valor moral, estético.

Cuarto postulado: el elemento de la representación.
Tal es el mundo de la representación en general. La representación que se define por ciertos elementos: la identidad en el concepto, la oposición en la determinación del concepto, la analogía en el juicio y la semejanza en el objeto.
El yo pienso es el principio más general de la representación: concibo, juzgo, imagino, recuerdo y percibo, cuatro ramas del cógito. Son las que crucifican la diferencia.
Es siempre por relacióN a una identidad concebida, juzgada, a una oposición imaginada y a una semejanza percibida como la diferencia se convierte en objeto de representación.
De ahí que el mundo de la representación se caracterice por su impotencia para pensar la diferencia como tal; y al mismo tiempo pensar la diferencia para-sí.

Teoría diferencial de las facultades.
Platón, en La república, dice que hay en las percepciones ciertas cosas que no invitan al pensamiento a un examen, porque bastan para determinarlo y hay otros que lo comprometen de pleno en ese examen, por que la percepción no da nada sano.
Distingue dos clases de cosas: las que dejan al pensamiento tranquilo y las que fuerzan a pensar. 234
Las primeras son objetos de reconocimientos. Incluso la duda no nos hace salir de ese lugar. Estas no fuerzan mas a pensar que las ciertas.
Los conceptos no designan más que posibilidades. Les falta la garra de la necesidad absoluta, una violencia originaria hecha a la medida del pensamiento, extraña y hostil que sería la única que permitiera sacarlo de su estupor natural o de su eterna posibilidad. 
Lo que aparece primero en el pensamiento es la efracción, la violencia, es el enemigo. 235
Aparece en la contingencia de un encuentro con lo que obliga a pensar, obliga a surgir la necesidad de pensar, la pasión de pensar.
Condiciones de la crítica y de la creación: destrucción de la imagen del pensamiento que se presupone a sí mismo, que piensa la génesis del pensamiento en sí mismo.
1er.carácter. Hay en el mundo algo que obliga a pensar. Ese algo es el objeto de un encuentro fundamental, y no de un reconocimiento.
En su carácter primero, bajo la tonalidad afectiva que sea, no puede ser más que sentido. En eso se opone al reconocimiento.
Lo sentido, tiene que hacer funcionar otras facultades en el sentido común.
El objeto del encuentro, por el contrario, hace nacer realmente LA sensibilidad en  el sentido. No se trata de una cualidad, sino de un signo. No un ser sensible, sino un ser de lo sensible. No el dato, sino aquello por donde el dato se nos da.  236
2do.carácter. Lo que no puede ser más que sentido (el ser de lo sensible) conmueve al alma, la deja “perpleja”, es decir, la fuerza a plantearse un problema. Como si el objeto del encuentro, el signo, fuera portador del problema, como si planteara un problema. (Idem. Bachelard, en Racionalismo aplicado, opone el problema o el objeto portador del problema, a la duda cartesiana, y denuncia el modelo del reconocimiento) (Para pensar esto, recordar que el inconsciente es cuestionante y problematizante. Podría pensarse entonces como efector del conocimiento).
Diferencia entre olvido empírico y olvido esencial. El olvido de lo visto u oído por ejemplo puede no recordarse por estar demasiado lejos. Pero la memoria trascendental capta lo que, en una primera vez, desde la primera vez, no puede dejar de ser recordado: no un recuerdo contingente, sino el ser del pasado como tal y separado de todo tiempo.  237
El encuentro, fuerza al ser de lo sensible y al ser de la memoria y produce un fondo sobre el cual se produce el pensamiento.
3er.carácter. La memoria trascendental a su vez fuerza al pensamiento a captar lo que no puede menos de ser pensado, la esencia más allá de lo inteligible. Ser de lo inteligible como potencia última del pensamiento, e igualmente impensable.
Del ser de lo sensible al ser de lo inteligible se ha desarrollado la violencia de lo que fuerza a pensar. Cada facultad es sacada de sus goznes. Sacarlas de la convergencia en el sentido común, introducir la paradoja. Esfuerzo divergente. 238
Es pues, la coexistencia de los contrarios, la coexistencia del más y del menos en un devenir cualitativo ilimitado, lo que constituye el signo o punto de partida de lo que fuerza a pensar. 239
La forma trascendental de las facultades se confunde con su ejercicio disyunto, superior o trascendente. Trascendente no quiere decir en modo alguno que las facultades se dirijan a objetos situados fuera del mundo, sino, por el contrario, que captan en el mundo sólo aquello que las afecta de manera exclusiva y que las hace nacer al mundo.
Ese ejercicio transcendental no puede calcarse sobre el ejercicio empírico, porque aprehende lo que no puede ser captado desde el punto de vista del sentido común (que toma el ejercicio conjunto de las facultades, en colaboración, y no en disyunción). Esta es la razón de que lo trascendental por sí mismo sea capaz de acceder a un empirismo superior.
Es preciso conducir a cada facultad al punto extremo de su desorden, donde aparece presa de una triple violencia: 1. De lo que la obliga a ejercerse; 2. Violencia de lo que se ve obligada a captar y, 3. Violencia de lo que ella sola puede llegar a captar, y que sin embargo es también inaprensible (desde el punto de vista del ejercicio empírico).
Cada facultad descubre entonces la pasión que le es propia, es decir su diferencia radical y su eterna repetición, su elemento diferencial y repetidor, como engendramiento instantáneo de sus actos y remache eterno de su objeto, su manera de nacer repitiendo ya.
Preguntas: que obliga a la sensibilidad a sentir, y a la memoria y el pensamiento, sino la imaginación y su límite, lo imposible de imaginar, el lenguaje y lo que sea el silencio. La sociabilidad, cuyo objeto trascendente sería la anarquía. 241
No se trata de establecer una doctrina de las facultades. Sino en qué posición quedan respecto de estados libres o salvajes de la diferencia en sí misma, que no son capaces de conducir a las facultades a sus límites respectivos. No se trata de la oposición cualitativa en lo sensible, sino de un elemento que es en sí mismo diferencia y que crea a la vez la cualidad de lo sensible y el ejercicio trascendente de la sensibilidad: tal elemento es la intensidad como pura diferencia en sí, a la vez insensible para con la sensibilidad empírica que no capta otra intensidad que la ya descubiera o mediatizada por la cualidad que ella crea, y que sin embargo no puede ser sentida desde le punto de vista de la sensibilidad transcendental quela aprehende de inmediato en el encuentro. 242
Y cuando la sensibilidad transmite su constricción a la imaginación, cuando la imaginación se eleva a su vez al ejercicio transcendente, es el fantasma, la disparidad en el fantasma lo que constituye lo que no puede dejar de ser imaginado, lo inimaginable empírico. Tal vez no pensado en su sentido, sino producido como imagen).
Y cuando llega el momento de la memoria (segundo momento en la constitución del yo), no es la similitud en la reminiscencia, sino por el contrario, lo desemejante en la forma pura del tiempo lo que constituye lo inmemorial de una memoria trascendente.
Y es un Yo fallido por la forma del tiempo el que se encuentra finalmente empujado a pensar lo que no puede dejar de ser pensado, no lo Mismo, sino el “punto aleatorio” trascendental, siempre otro por naturaleza. Significa la más alta potencia del pensar a fuerza de designar también lo impensable o la impotencia del pensar a fuerza de designar también lo impensable.
El pensamiento sólo piensa bajo constricción y forzado, en presencia de lo que “hace pensar”, de lo que hay que pensar. (lo que hay que pensar viene de una afectación, de lo que desata la pasión por pensar). 243
Esto parte de la sensibilidad, de lo intensivo al pensamiento, siempre es por medio de una sensibilidad como el pensamiento nos llega.
Privilegio de la sensibilidad. Lo que obliga a sentir y que no puede dejar de ser sentido son una sola y misma cosa en el encuentro. Lo intensivo, la diferencia de intensidad, es a la vez el objeto del encuentro y el objeto al que el encuentro eleva la sensibilidad.
¿Qué es lo que se encuentra? Son los demonios, potencias del salto, del intervalo, de lo intensivo o delirante, y que sólo colman la diferencia con lo diferente. Son los portasignos.
Lo más importante: de la sensibilidad a la imaginación, de la imaginación a la memoria, de la memoria al pensamiento –cuando cada facultad disyunta comunica a otra la violencia que la empuja a su propio límite- es en cada ocasión una figura libre de la diferencia que despierta la facultad, y la despierta como lo diferente de la diferencia.
En fin, es la diferencia en la intensidad, la disparidad en el fantasma, la desemejanza en la forma del tiempo, lo diferencial en el pensamiento.
La oposición, la semejanza, la identidad y hasta la analogía son sólo efectos producidos por las presentaciones de la diferencia.
Es lo fortuito o la contingencia del encuentro lo que garantiza la necesidad de lo que obliga a pensar. 244
Es el precursor oscuro que pone en comunicación a lo diferente como tal, y lo lleva a comunicar con la diferencia: no es un amigo. 
El principio mismo de una comunicación, aunque parezca guardar la forma del sentido común, no es eso. Aunque haya orden o encadenamiento de las facultades, no implican una colaboración sobre una forma de objeto que sea la misma o una unidad subjetivo el Yo.
Se trata por el contrario, de una cadena forzada y rota, que recorre los fragmentos de un yo disuelto, al mismo tiempo que los bordes de un Yo fallido.
El acuerdo de las facultades solo es discordante, donde siempre aparece la violencia de la diferencia.
Hay algo que se comunica de una facultad a otra, pero que se metamorfosea, y no forma parte del sentido común. 
Podría decirse que hay Ideas que recorren todas las facultades, no siendo objeto de ninguna en particular. Tal vez, se podría reservar el nombre de Ideas, no a los simples cogitanda, sino más bien a las instancias que van de la sensibilidad al pensamiento y del pensamiento a la sensibilidad, en la medida en que son capaces de engendrer en cada caso, según un orden que les es propio, el objeto-límite o transcendente de cada facultad. Las ideas son los problemas. 245
Las Ideas remiten a un para-sentido (no sentido común) que determina la única facultad de las facultades disyuntas. Son fulgores diferenciales que saltan y se metamorfosean. 
No son innatas. Esto tendría que ver también con la representación. No es clara ni distinta.
Hay un valor dionisíaco a partir del cual la Idea resulta necesariamente oscura en cuanto que es distinta, y tanto más oscura cuanto más distinta. 246
Ej de Artaud. Este dice que el problema para él no es el de orientar su pensamiento, sino el de llegar sin más a pensar algo. Esa “obra”, supone un impulso, una compulsión de pensar que pasa por todo tipo de bifurcaciones, que parte de los nervios y se comunica al alma, para llegar al pensamiento. A partir de ahí, lo que el pensamiento se ve forzado a pensar es al mismo tiempo su desfondamiento fundamental, su falla, su propio “no poder” natural, que se confunde con la mayor potencia, es decir con los cogitanda, las fuerzas informuladas, al igual que son tanto vuelos o efracciones del pensamiento.
Artaud persigue en todo ello la terrible revelación de un pensamiento sin imagen, y la conquista de un nuevo derecho que no se deja representar. 247
Pensar es crear, no hay otra creación, aunque crear es ante todo engendrar “pensamiento” en el pensamiento. (Ver: Blanchot, El libro que vendrá, Caracas, Monte Avila, 1969).

5to. Postulado: Lo negativo del error.
La imagen dogmática, no reconoce sino al error como malaventura del pensamiento y lo reduce todo a la figura del error. 
Es el quinto postulado a revisar: el error presentado como “negativo” único del pensamiento. 248
Pero la imagen dogmática no ignora que el pensamiento tiene otros desafueros además del error, más difíciles de vencer, negativos más difíciles de desarrollar.
Son la locura, la imbecilidad, la maldad, que no se reducen a lo mismo y no se reducen al error.
En cuanto a las estructuras trascendentes del pensamiento, en cuanto a lo “negativo” que las envuelve, tal vez haya que buscar más allá, en otras figuras que no son el error.
Ej de la imbecilidad. El tirano institucionaliza la imbecilidad, pero es el primer servidor de su sistema y el primero instituído, siempre es un esclavo el que manda a los esclavos.
El concepto de error no puede dar cuenta de la unidad entre imbecilidad y crueldad, de lo grotesco y lo terrorífico, que van en paralelo al curso del mundo. 
La cobardía, la bajeza, la crueldad y la imbecilidad no son simplemente potencia corporales, o hechos caracterisles y sociales, sino estructuras del pensamiento como tal. 252
Pero, ¿como es posible la imbecilidad y no el error?
Es posible en virtud del vínculo entre individuo y pensamiento. Dicho vínculo es mucho más profundo que el que aparece en el Yo pienso; se anuda en un campo de intensidad que constituye ya la sensibilidad del sujeto pensante.
Esto tiene que ver con la individuación, que no es la especificidad, sino que la hace posible y la precede. Está configurada por un campo de factores intensivos fluyentes que no toman ya la forma del Yo ni la del Sí Mismo. La individuación como tal, al operar sobre todas las formas, no es separable del fondo puro que hace surgir y arrastra consigo. Fondo que aterroriza y atrae. 253
Ese fondo, con el individuo, sube a la superficie, y sin embargo no adquiere ni forma ni figura. Es indeterminado, pero en tanto continúa abarcando la determinación.
La imbecilidad no es ni el fondo ni el individuo, sino aquella relación en la que la individuación hace ascender el fondo sin poder darle forma. 254 El fondo asciende a través del Yo, penetrando en lo más profundo de la posibilidad del pensamiento y constituyendo lo no reconocido de todo reconocimiento.
(la locura podría pensarse en esa línea. Artaud: la locura se produce cuando uno baja a ese fondo oscuro y cuando vuelve no puede organizarlo).
Problema de la constitución de una facultad real, cuando anima a las demás al ejercicio transcendente que hace posible una violenta reconciliación del individuo, el fondo y el pensamiento.
Los factores de individuación intensiva (que vienen del fondo sin que desestructuren) se toman entonces por objetos, con vistas a constituir el elemento más alto de una sensibilidad transcendental, en sentiendum; y, de facultad en facultad, el fondo se ve transportado al pensamiento, siempre como no pensado y no pensante, aunque ese no pensado se haya convertido en la forma empírica necesaria bajo la cual el pensamiento en el Yo fallido piensa al fin el cogitandum, es decir, el elemento transcendental que no puede dejar de ser pensado.

6to postulado: el privilegio de la designación.
Se distinguen dos dimensiones en cada proposición: la de la expresión, según la cual la proposición enuncia o expresa algo ideal; la de la designación, según la cual indica o designa a los objetos a los que se aplica el enunciado o expresado. 
La primera es la dimensión del sentido y la segundo de lo verdadero o falso.
Pero el sentido puede fundar la verdad de una proposición y permanecer indiferente a lo que funda. Russell, “la cuestión de la verdad y falsedad afecta a lo que los términos y enunciados indican, no a lo que expresan”.
Acá se añade el valor del no sentido o el absurdo.
Pero por otro lado puede decirse que la relación de designación no es más que la forma lógica del reconocimiento.
Sin embargo, la verdad, bajo cualquier respecto, es cuestión de producción, no de adecuación. Cuestión de genitalidad (Artaud), no de innatismo, ni de reminiscencia. 256
No hay independencia de lo fundado con el fundamento y éste, refiere lo que funda a un sin-fondo.
Fundar es metamorfosear.
El sentido es la génesis o la produción de lo verdadero, y la verdad no es más que el resultado empírico del sentido.
En la imagen dogmática nos encontramos con la misma confusión, de elevar a la trascendencia una simple figura de los empírico, so pena de caer en lo empírico las verdaderas estructuras de lo trascendental. 257
El sentido es lo expresado en la proposición, pero lo expresado no se reduce ni al objeto ni al estado vívido de quien lo expresa. 
Distinguir entre sentido y significación: ésta remite al concepto y a la manera como éste se relaciona con los objetos en un campo representacional. Pero el sentido es como la Idea que se desarrolla en las determinaciones subrepresentativas. Por ello nunca podemos decir el sentido de lo que decimos.
El sentido tiene además la contraparte del no sentido. Y por otro lado, se puede tomar al sentido (lo expresado) de una proposición, como el designado de otra proposición, de la que tampoco decimos su sentido, y así hasta el infinito. 258
Toda proposición de la conciencia implica un inconsciente del pensamiento puro, que constituye la esfera del sentido por donde se regresa a lo infinito. 259
El sentido está en el problema como tal. Se constituye en el marco del tema complejo, aunque el tema complejo es el conjunto de problemas y preguntas por relación a las cuales las proposiciones sirven de elementos de respuesta y de tipos de solución (parecería que aquí, “tema complejo” se asimilaría al sentido de “problemático”). 261
Si se deja de ver que el sentido y el problema son extraproposicionales, que difieren por naturaleza de toda proposición, se pierde lo esencial, la génesis del acto de pensar, el uso de las facultades. 
La dialéctica es el arte de los problemas y las preguntas. La combinatoria, el arte de los problemas en cuanto tales. (acá dialéctica se diferencia de aquella que cae en poder de lo negativo.
Hay que tener cuidado en cuanto a que problemas y proposiciones pueden cambiarse con sólo cambiar el giro de la frase. Proposición: El hombre es animal-pedestre-bípedo. Problema: ¿es el hombre animal-pedestre-bípedo? 262

7mo. Postulado. De las respuestas y soluciones.
No es suficiente plantear problemas y pedir soluciones. De eso se trata la vida social: los maestros con los alumnos, los concursos y todo lo demás. Todo esto implica la negación de la trama de poder y de la exigencia de pasividad.
Es preciso, por el contrario, llevar este descubrimiento a un nivel trascendental, considerar los problemas no como datos (data), sino como “objetividades” ideales que tienen su propia suficiencia, y que implican actos constituyentes y abocados a la inversión en sus campos simbólicos (problemática).
El problema o el sentido es a la vez lugar de una verdad originaria y génesis de una verdad derivada. 264
(El basamento en el sin-fondo) hace que la característica interna del problema sea lo fallido. Es lo que mide su poder de génesis intrínseca: el objeto mismo de la dialéctica o de la combinatoria, el “diferencial”. Los problemas son pruebas y selecciones. Lo esencial es que, en el seno de los problemas, se forma una génesis de la verdad, una producción de lo verdadero en el pensamiento.
El problema es el elemento diferencial en el pensamiento, el elemento genético en lo verdadero. 268
No solamente el sentido es ideal, sino que los problemas son las Ideas mismas.
Resolver es siempre engendrar discontinuidad sobre el fondo de una continuidad que funciona como idea. 269.
Uno de los caracteres más originales de la epistemología moderna es el reconocimiento dela doble irreductibilidad del “problema, por lo cual el empleo de la palabra problemático como sustantivo nos parece un neologismo indispensable.
El problema o la Idea no es menos la singularidad concreta que la universalidad verdadera.
Las ideas problemáticas no son simples esencias, sino complejos, multiplicidades de relaciones y singularidades correlativas. 270
El problema es a la vez trascendente e inmanente respecto de sus soluciones. Trascendente, porque está formado por un sistema de vínculos ideales o relaciones diferenciales entre los elementos genéticos. Inmanente, porque los vínculos o las relaciones se encarnan en relaciones actuales que no se les asemejan, y que están definidas por el campo de la solución.
Los problemas son siempre dialécticos; de ahí que, cuando la dialéctica “olvida” su relación íntima con los problemas en cuanto ideas, pierde su potencia. 271 Cae en poder de lo negativo y sustituye la objetividad ideal de lo problemático.
Quedan distinciones más completas para hacer: 1. El problema como instancia trans-cendental; 2 .el campo simbólico donde se expresan las condiciones del problema en su movimiento inmanente; 3. el campo de resolubilidad científica en que se encarna el problema y en función del cual se define el simbolismo precedente.

8vo. Postulado. El resultado del saber.
Los problemas y sus símbolos están relacionados con signos. Son éstos lo que “resultan problemáticos”, y se desarrollan en un campo simbólico.
El uso paradójico de las facultades, y ante todo de la sensibilidad en el signo, remite, pues, a las Ideas, que recorren todas las facultades y las despiertan a un tiempo. Al revés, la Idea remite al uso paradójico de cada facultad, ofrece por sí misma el sentido al lenguaje. Son los dos aspectos de un aprender, de un aprendizaje esencial.
Aprender es el nombre que mejor conviene a los actos subjetivos operados frente a la objetividad del problema (Idea), mientras que el saber designa tan sólo la generalidad del concepto o la tranquila posesión de una regla para las soluciones. 272
Aprender es penetrar en lo universal de las relaciones que constituyen la Idea y en las singularidades que le corresponden.
Las Ideas problemáticas son a la vez los elementos últimos de la naturaleza y el objeto subliminal de las pequeñas percepciones. Aprender pasa siempre por el inconsciente, ocurre siempre en el inconsciente, estableciendo entre la naturaleza y el espíritu el lazo de una complicidad profunda.
El aprendiz, por otra parte, eleva cada facultad al ejercicio trascendente. Así, en la sensibilidad, busca hacer nacer la potencia segunda, que capta o que no puede dejar de ser sentido. 273
Nunca se sabe de antemano cómo alguien llegará a aprender: mediante qué amores se llega a ser bueno en algo; mediante qué encuentro se llega a ser filósofo; en qué reservorio de vocabularios se aprende a pensar.
Los límites de las facultades se ocultan unos con otros bajo la forma fracturada de lo que lleva y transmite la diferencia.
Aprender, trazado violento, cualitativo que recorre al individuo en su totalidad. La cultura es el movimiento del aprender, la aventura de lo involuntario, que encadena una sensibilidad, una memoria, y luego un pensamiento, con todas las violencias y crueldades necesarias (Nietzsche). 274
Es en el aprender y no en el saber donde las condiciones trascendentales deben ser extraídas.
Los ocho postulados que se expusieron forman la imagen dogmática del pensamiento. Las críticas que se expusieron remiten a la posibilidad de pensarlos desde otro lado, desde la diferencia y la repetición. El pensamiento que nace en el pensamiento, al acto de pensar engendrado en su genitalidad, sin ser dado en lo innato ni supuesto en la reminiscencia, es el pensamiento sin imagen. Esto queda como pregunta. 277




















Capítulo IV

SINTESIS  IDEAL DE LA DIFERENCIA


La  idea como instancia problemática.
Kant siempre recuerda que las Ideas son esencialmente “problemáticas”. Y, a  la inversa, que los problemas son las Ideas mismas. 
Habla de falsos problemas pero esto depende del uso ilegítimo de la Idea. Las Ideas tienen un uso legítimo, llamado “regulador” según el cual constituyen los verdaderos problemas o plantean problemas bien fundados. 279
Regulador significa problemático. Las ideas por sí mismas son problemáticas, problematizantes. (Recordar que el inconsciente es planteado de la misma manera).
Y es interesante consignar que Kant se esfuerza en diferenciar "problemático" de "hipotético", "ficticio", "general" o "abstracto". Establece la diferencia entre la Idea y el entendimiento.  
Este por sí,  se limita  a  procedimientos parciales, interrogaciones o investigaciones empíricas  parciales orientadas hacia objetos concretos,  no alcanza a lo que concibe el problema, que es lo que reune los procedimientos a una unidad sistemática.                                                                                                              
Las Ideas no quedan suprimidas por “sus” soluciones, puesto que son la condición indispensable sin la cual ninguna solución existiría.
Los conceptos del entendimiento encuentran su fundamento de su uso experimental máximo cuando se refieren a Ideas problemáticas: 1. Cuando se organicen sobre líneas que convergen hacia un foco ideal externo a la experiencia o; 2. Que reflexionen sobre el fondo de un horizonte superior que los abarca a todos. 280 Tales focos o tales horizontes son las Ideas, es decir, los problemas en tanto tales, en su naturaleza inmanente y trascendente a la vez.
“Problemático no significa tan sólo una especie particulamente importante de actos subjetivos, sino una dimensión de la objetividad como tal, investida por tales actos.
 Kant: la Idea como problema tiene un valor a la vez objetivo e indeterminado. Eso indeterminado es una estructura objetiva, positiva, que actúa de por sí en la percepción como horizonte o foco.
Lo indeterminado es el primer momento objetivo de la Idea. Pero el objeto de la Idea se vuelve determinable por analogía con los objetos de la experiencia a los que confiere unidad. Por fin, el objeto de la Idea lleva en sí el ideal de una determinación completa infinita, pues asegura una especificación de los conceptos del entendimiento (potencial y siempre en proceso), mediante la cual éstos comprenden cada vez más diferencias.
La Idea presenta pues, tres momentos: 1. Indeterminada en su objeto; 2. Determinable por relación a los objetos de la experiencia; 3. Portadora ideal de una determinación infinita por relación a los conceptos del entendimiento. 281
Retoma los tres aspectos del cogito. Las Ideas son los diferenciales del pensamiento.
Y por cuanto el Cogito remite a un Yo fallido, hendido de parte a parte por la forma del tiempo que lo atraviesa, las ideas hormiguean por la falla, emergen de continuo por los bordes, saliendo y entrando sin cesar, y componiéndose de mil maneras diversas.
Estos movimientos no colman lo que no es colmable (la falla).
Del mismo modo que la diferencia reúne y articula lo que distingue, la falla retiene lo que fractura (retiene lo que falla). Porque  las ideas contienen también sus momentos desgarrados.
No hay en la Idea ninguna identificación ni confusión, sino sólo una unidad interna objetiva y problemática de lo indeterminado, lo determinable y la determinación. Kant encarnaba los momentos en ideas distintas: el Yo es sobre todo indeterminado; el Mundo, determinable; Dios, el ideal de la determinación.
Pero, el horizonte o el foco, el punto "crítico" donde la diferencia tiene por función la de reunir, en tanto que diferencia, no está aún  asignado.(límite de la crítica). 282

La diferencial. 282
(Verlo)

Idea y multiplicidad
Las Ideas son multiplicidades. Y Cada Idea es una multiplicidad, una variedad. Rieman (Id. Husserl y Bergson): otorgar la mayor importancia a la forma sustantiva: la multiplicidad no debe designar una combinación de lo múltiple y lo uno, sino, por el contrario, una organización propia de lo múltiple en tanto que tal, que en modo alguno tiene necesidad de la unidad para formar sistema. 299
Lo uno y lo múltiple remite a una dialéctica desnaturalizada que procede por oposición. Esta deja escapar las preguntas importantes: cuánto, cómo, en qué caso (medida, manera, casuística).
Sólo hay variedad de multiplicidad, es decir, la diferencia, en vez de la enorme oposición de lo uno y lo múltiple.
Una Idea es una multipliciad definida y continua, de n dimensiones. 300
Tres condiciones que permiten hablar de multiplicidad y momento de surgimiento de la Idea: 1º. Hace falta que los elementos de la multiplicidad no tengan ni forma sensible ni significación conceptual, ni función asignable. No deben tener existencia actual y ser inseparables de un potencial o de una virtualidad. No implican identidad  previa y su indeterminación hace posible la manifestación de la diferencia en tanto que libre de cualquier subordinación. 2º. Hace falta que los elementos sean determinados, pero de manera recíproca, mediante relaciones recíprocas que no dejen subsistir ninguna independencia. 3º. Una ligazón múltiple ideal, una relación diferencial debe actualizarse en las diversas relaciones espacio-temporales, y al mismo tiempo que sus elementos se encarnan de manera actual en los diversos términos y formas (ver problemática de las síntesis del tiempo y formación del Yo).
La Ideas se definen así como estructura. La Idea, estructura, es el “tema complejo”, una multiplicidad interna, es decir, un sistema de relación múltiple no localizable entre elementos diferenciales. 
Se puede pensar una conciliación entre estructura y génesis. 301
La génesis va: de lo virtual a su actualización, es decir, de la estructura a su encarnación, de las condiciones de los problemas a los tipos de solución, de los elementos ideales a los términos actuales y a las relaciones reales diversas que constituyen en cada momento la actualidad del tiempo. Génesis estática que se corresponde con la síntesis pasiva del tiempo. 302
Ej. de Ideas sociales en un sentido marxista. “Trabajo abstracto”. Retoma Althusser y su ideas de una estructura que aparece como una “problemática”. Es decir, lo económico es la dialéctica social en sí misma, es decir, el conjunto de problemas que se plantean a una sociedad dada, el campo sintético y problematizante de esa sociedad. 305

Las Ideas son complejos de coexistencia, todas coexisten en cierto modo. Pero puntualmente, sobre los bordes, bajo fulgores que no siempre tienen la uniformidad de la luz natural. En cada ocasión, determinadas zonas de sombra, determinadas oscuridades se corresponden con su distinción. Las Ideas se distinguien, pero en absoluto de la misma manera que se distinguen las formas y términos en que se encarnan. 306
Hay dimensiones de variedad en las Ideas: ordinales, características y axiomáticas. 
El estado coexistente y distintivo de la ideas lo denomina perplicación (condensación de perplejidad e implicación). Se trata del carácter eshaustivamente problemático de la idea, es decir, de la manera cómo los problemas son objetivamente determinados por sus condiciones, a participar los unos en los otros, de acuerdo con las exigencias circunstanciales de la síntesis de las Ideas.
La idea no es esencia. El problema, en tanto que objeto de la Idea, se encuentra del lado de los acontecimientos, de las afecciones, de los accidentes, más que de la esencia teoremática. 307
El problema pertenece al orden del acontecimiento. No solamente porque porque los tipos de solución surgen como acontecimientos reales, sino porque las condiciones del problema implican en sí mismas acontecimientos, secciones, ablaciones, adyunciones. 
En ese sentido resulta exacto representar una doble serie de acontecimientos que se desarrollan sobre un doble plano, haciéndose eco sin semejanza, los unos a nivel de las situaciones engendradas, y los otros anivel de los ideales o ideaciones en el marco de las condiciones del problema, en tanto que actos.
La serie ideal goza de una doble propiedad trascendente e inmanente con respecto de lo real.
Péguy: admirable descripción del acontecimiento en dos líneas, una horizontal y otra vertical, que retomaba en profundidad los puntos relevantes de la primera. Pero que además se había adelantado y engendrado los puntos relevantes y su encarnación en la primera. En el cruce de dos líneas se anudaba lo “temporalmente eterno”. 309
Ref. al procedimiento de vicedicción (ver).. Ver 310-311.
El problema del pensamiento no está ligado a la esencia, sino a la evaluación de lo que tiene importancia y lo que no la tiene, a la distribución de lo singular y lo regular, lo relevante y lo ordinario, que se efectúa por entero en lo inesencial o en la descripción de una multiplicidad, por relación a los acontecimientos ideales que constituyen las condiciones de un “problema”.
Tener Ideas no significa otra cosa.
Es propio de la vicedicción engendrar los casos a partir de los auxiliares y las adyunciones. Ella preside la distribución de los puntos relevantes de la Idea, la que decide sobre la prolongación de una serie desde un punto singular sobre puntos regulares, hasta otro punto singular y también determina si las series obtenidas en la Idea son convergentes o divergentes. 310
Tener en cuenta que hay singularidades ordinarias de acuerdo con la convergencia de las series, y singularidades notables, de acuerdo con su divergencia.
Los procedimientos de la vicedicción que intervienen a la vez en la determinación de las condiciones del problema y en la génesis correlativa de los casos de solución son: 1. La precisión de los cuerpos adjuntos y; 2. la condensación de las singularidades.
Cada Idea tiene como dos caras, que son el amor y la cólera: el amor en la búsqueda de fragmentos, en la determinación progresiva y el encadenamiento de los cuerpos idealmente adjuntos. La cólera, en la condensación de singularidades, que define a golpe de aconte-cimientos ideales la acogida de una “situación revolucionaria” y hace estallar a la idea en lo actual. 
Las Ideas y los problemas están  en el pensamiento como en el mundo real, en la física, en la psicología, en la sociología, que responden a la Idea en todos sus dominios de multiplicidad. Es lo que hay de revolucionario y amoroso en toda Idea, mediante lo cual las Ideas resultan ser siempre fulgores desiguales de amor y de ira, que en modo alguno confirman una luz natural. 311

La idea y la teoría diferencial de las facultades.
Del mismo modo que no hay oposición estructura-génesis, tampoco la hay entre estructura y acontecimiento, estructura y sentido. 312 Las estructuras comportan tantos acontecimientos ideales como variedades de relaciones y puntos singulares, que se cruzan con los acontecimientos reales que ellas determinan. Lo que llamamos estructura, sistema de relaciones y de elementos diferenciales es también sentido, desde el punto de vista genético, en función de las relaciones y de los términos actuales en que se encarna. La verdadera oposición está en otra parte: entre la Idea (estructura-acontecimiento-sentido) y la representación.
Contrariamente a ésta que determina el objeto como conforme al concepto, como esencia. Acá la esencia es el accidente, el acontecimiento, el sentido. Sería lo contrario de lo que suele llamarse esencia: la multiplicidad no es más apariencia que esencia, ni más múltiple que una.
La videdicción tiene el poder de afirmar la divergencia o el descentramiento. 
La Idea no es el elemento del saber, sino un “aprender “ infinito, que difiere por naturaleza del saber.  Pues el aprender evoluciona por completo en la comprensión de los problemas, en la captación y la condensación de las singularidades, en la composición de los cuerpos y los acontecimientos ideales. Aprender nos desmembra, nos hace penetrar en un mundo de problemas hasta entonces desconocido. 313
La Idea y el “aprender” expresan la instancia problemática, extraproposicional o subrepresentativa: la presentación del inconsciente, no la representación de la conciencia.
Las ideas tienen el carácter necesariamente inconsciente.El pensamiento encuentra en sí algo que no puede pensar, que a la vez es impensable y debe ser pensado, lo impensable y lo que no puede dejar de pensarse. Esto porque las ideas o las estructuras no remiten a una facultad particular, sino que recorren y afectan a todas las facultades. (Las facultades funcionan según regímenes diferenciales disyuntos y no pueden ser pensadas sino en potencial). Por ejemplo, la multiplicidad social, que determina la sociabilidad como facultad, pero también como objeto transcendente de la sociabilidad que no puede ser vivido en las sociadades actuales, en las que la multiplicidad se encarna, pero que debe serlo y sólo puede serlo en el elemento de subversión de las sociedades (la libertad, siempre recubierta por los restos de un antiguo orden y las primicias de uno nuevo). 315
Lo mismo puede decirse de otras multiplicidades: psíquicas, imaginación-fantasma; físicas, sensibilidad-signo.
Las ideas se corresponden,una tras otra, con todas las facultades, y no son objeto exclusivo de ninguna en particular, ni siquiera del pensamiento. Acá no hay sentido común.
Hay un “acuerdo discordante” que excluye la forma de identidad, de convergencia y de colaboración del sentido común.
Lo que parecía corresponderse con la Diferencia que articula o reúne por sí misma era esta Discordancia concordante.
Hay un punto en el que pensar, hablar, imaginar, sentir, son una sola y misma cosa, si bien esa cosa afirma tan sólo la divergencia de las facultades en su ejercicio transcendental.
Es un parasentido que tiene como elemento las Ideas, porque éstas son multiplicidades puras  que animan y describen el ejercicio disyunto de las facultades, desde el punto de vista trascendente.
De ahí que aprender pueda ser definido de dos formas complementarias que se oponen a la representación del saber: 1. Es penetrar en la Idea, sus variedades y sus puntos relevantes; 2. Es elevar una facultad a su ejercicio transcendente disyunto, elevarla al encuentro y la violencia que se comunican a otros. 316
De ahí  también que el inconsciente tenga dos determinaciones complementarias, que lo excluyen necesariamente de la representación, siendo a su vez capaz de una representación pura: Ya sea que se defina por su carácter extraproposicional y no actual delas Ideas en el parasentido, o que se defina por el carácter no empírico del ejercicio paródico de las facultades.
Las Ideas mantienen con el pensamiento una relación particular. El pensamiento es considerado aquí, no como la forma de identidad de todas las facultades, sino como una facultad particular definida, al igual que todas las otras, por su objeto diferencial y su ejercicio disyunto.
El parasentido o la violencia que se comunica de una facultad a otra siguiendo un orden, fijan al pensamiento en el lugar, no de captar su propio ser, sin en el extremo del cordón de violencia que, de idea en idea, pone ante todo en movimiento la sensibilidad y el ser de la sensibilidad. En ese sentido las ideas son “diferenciales” del pensamiento, “inconsciente” del pensamiento puro.
Las Ideas remiten al Yo fallido de un cogito disuelto, es decir, al general desfondamiento que caracteriza al pensamiento como facultad de su ejercicio trascendental.
Quedan preguntas: ¿De dónde vienen las ideas? ¿De dónde vienen los problemas, sus elementos y sus relaciones ideales? 317
Es necesario determinar la diferencia entre las dos instancias del problema y la pregunta.
Aparece aquí el descubrimiento de la problemática y la pregunta como horizonte transcendental, como foco trascendental que pertenece de manera “esencial” a los seres, a las cosas, a los acontecimientos.
Es  también el descubrimiento de un ejercicio trascendental de la sensibilidad, de la memoria imaginante, del lenguaje, del pensamiento, por el cual cada una de sus facultades comunica con las demás en plena discordancia y se abre sobre la diferencia del Ser, tomando por objeto, por pregunta, su propia diferencia: ¿qué es sentir? ¿qué es escribir? ¿Qué significa pensar? 318
El movimiento de la filosofía ha sido de lo hipotético a lo apodíctico. Pero puede decirse que va de lo problemático a la pregunta. Gran diferencia entre ambos, porque lo problemático difiere por naturaleza de lo hipotético. 
Los problema o las Ideas emanan de impertivos de aventura o de acontecimientos que se presentan como preguntas. 321
El poder decisorio que ocupa el corazón de los problemas, esa creación, esa tirada que nos hace de la raza de los dioses, no es, sin embargo, nuestro. Los imperativos o las preguntas que nos atraviesan no emanan del Yo, que no está destinado ni siquiera a entenderlos. Ellos pertenecen al ser, toda pregunta es ontológica y distribuye “lo que es” entre los problemas. La ontología es la tirada de dados, el caos de donde surge el cosmos.
Los imperativos forman el ser del pensar puro, las diferenciales del pensamiento, a la vez que lo que no puede ser pensado, pero que debe serlo y que no puede dejar de serlo, desde el punto de vista del ejercicio trascendente. 
Lejos de remitir al Cogito como proposición de la conciencia, los imperativos se dirigen al Yo fallido como inconsciente del pensamiento. Pues el Yo tiene derecho a un inconsciente sin el cual no pensaría y sobre todo, no pensaría el puro ser del pensar. 324
El pensamiento no piensa sino a partir de un inconsciente, y piensa el inconsciente en el ejercicio transcendente.
Además las Ideas que se deducen de los imperativos entran y salen por esa falla del Yo, que hace siempre que otro piense en mí, teniendo que ser a la vez pensado.
Hay un imperativo que surje desde el fondo de nosotros y a su vez un derecho nuestro de acceder a problemas.

La idea y la repetición.
Desde un lado puede ser decepcionante porque no encontramos un fundamento sólido, un principio apodíctico. 
Del otro, ante la pregunta sobre el origen de las ideas y de los problemas, aparece el azar, los imperativos, un punto aleatorio donde todo se desfonda. Azar no es arbitrario porque es lo que se afirma y se mide por la resonancia que se establece entre los elementos problemáticos surgidos de la afirmación primera. 325
Hay cuatro instancias en el origen: 1. La preguntas imperativas, ontológicas; 2. Los problemas dialécticos o los temas que de ellos surgen; 3. Los campos simbólicos de resolubilidad donde dichos problemas se expresan en función de sus condiciones; 4. Las soluciones que éstos reciben en los campos, al encarnarse en los casos actuales.
La pregunta, al igual que el imperativo que expresa, no tiene otro origen que la repetición. Repetición como resultado de lo diferente.
Distinguir la repetición ordinaria, que se prolonga, desnuda (continuo o discontinua, pero repetición de lo mismo). 326
Pero si preguntamos quien se prolonga, aparece la singularidad, que se prolonga hasta otras singularidades. Esto, como de una idea a un problema, de una idea a otra, define el poder de la repetición vestida, que es más profunda, que resulta de lo diferente.
Heidegger lo plantea de manera similar: el problema remite a la libertad de la fuerza interior que está en sus fuentes y que la hace posible como problema.
Lo posible en el seno del problema, es la potencialidad de la idea, su virtualidad determinable. Esto es opuesto a las posibilidades o proposiciones de la conciencia, a las oposiciones admitidas que forman las hipótesis. 327
La repetición en el eterno retorno no es la continuación, la prolongación, o el retorno discontinuo de una identidad, de un Yo, de un Sí Mismo, sino por el contrario, la recuperación de singularidades preindividuales, que supone, para ser captada como repetición, la disolución de todas las identidades previas.
Hay un origen de lo singular, una horizontal, prolongación, copia, de la repetición desnuda. Pero ésta es un recomienzo, según la vertical, que condensa las singularidades, y donde se teje la otra repetición, la del azar. El “ente” es ante todo, diferencia y comienzo, el ser es, en cuanto tal repetición, recomienzo del ente. 
Hay una ambigüedad del origen que sólo asigna fundamentos cuando el mundo aparece ya precipitándose en un universal desfondamiento.
Referente al estatuto de la negación: hay un no ser y sin embargo, no hay ni negativo ni negación. Ese no ser no es el ser de lo negativo, sino el ser de lo problemático. 
Lo negativo es una ilusión, es  tan sólo la sombra de los problemas.
A veces el problema queda recubierto por proposiciones hipotéticas, como efecto de la conciencia.
Lo negativo es una ilusión, porque la forma de la negación surge con las proposiciones que sólo expresan el problema del que dependen, desnaturalizándolo, encondiendo su verdadera estructura.
Tan pronto el problema aparece traducido como hipótesis, cada afirmación hipotética resulta redoblada por una negación, que representa el estado del problema, revelado por su sombra. No hay Idea de lo negativo.
Las nociones negativas como lo múltiple y lo uno, el desorden y el orden, la nada y el ser, el proceso se funda ya sea en la sustancia divina analítica o en la forma sintética del Yo. Pero Dios y el yo son la misma cosa. En ambos casos se permanece en el elemento hipotético del simple concepto.
La crítica de lo negativo sólo resulta eficaz cuando denuncia la indiferencia de la oposición y de la limitación, al denunciar con ello mismo el elemento conceptual hipotético que conserva necesariamente lo uno y lo otro, y al mismo tiempo lo uno en lo otro. 
En fin, es a partir de la Idea, del elemento ideal, diferencial y problemático, como debe llevarse a cabo la crítica de lo negativo. Es la noción de multiplicidad la que denuncia a la vez lo Uno y lo múltiple, la limitación de lo Uno por lo múltiple y la oposición de lo múltiple y lo uno. 329
Por todas partes la complicidad de lo negativo y lo hipotético debe ser resuelta en beneficio de un lazo más profundo entre lo problemático y la diferencia. La Idea está hecha de relaciones recíprocas entre elementos diferenciales, completamente determinados en su relación, que jamás comportan ningún término negativo ni relación de negatividad.
Así, reservamos el nombre de positividad para designar el estatuto múltiple de la Idea o la consistencia de lo problemático. Y en cada caso, debemos vigilar el modo como el (no)-ser perfectamente positivo se inclina sobre un no-ser negativo, y tiende a confundirse con su sombra, pero encuentra en ella su más profunda desnaturalización, a favor de la ilusión de la conciencia.
Señala el ejemplo de la confusión en lingüística donde, a pesar de todos los aspectos que definen una multiplicidad plenamente positiva, sucede que los linguïstas hablan en términos negativos, asimilando las relaciones diferenciales entre fonemas a relaciones de oposición. Y aunque éstas se pluralicen, como oposiciones coexistentes, en cualquier dominio, no resulta separable de un descubrimiento más profundo, el de la diferencia, que denuncia lo negativo y la oposición como apariencias, incluso por relación al campo problemático de una multiplicidad positiva. (Ver nota sobre G.Tarde) 331
Cuando se lee la diferencia como oposición, la privamos ya con ello del espesor propio con que afirma su positividad. 332.
Lo negativo  aparece siempre como derivado y representado, nunca como original y presente; siempre el proceso de la diferencia y de la diferenciación es primero por relación al de lo negativo y la oposición. Los comentadores de Marx, que insisten en la diferencia entre Marx y Hegel, recuerdan con todo derecho que la categoría de diferenciación en el seno de una multiplicidad social (división del trabajo) sustituye en El Capital a los conceptos hegelianos de oposición, de contradicción y de alienación. – los cuales forman tan sólo un movimiento apariencial y no sirven sino para los efectos abstractos, separados como están del verdadero movimiento y del principio de su producción. (recordar también la definición de mercancía, en El Capital, como “unidad de múltiples determinaciones”). Ver Althusser y otros: Leer el Capital. Pero esto queda recubierto por una imagen falsificada. 336
Por ejemplo, el fetichismo, según Marx, es un “absurdo”, una ilusión de la conciencia social, a condición de entender por ello, no una ilusión subjetiva nacida de la conciencia, sino una ilusión objetiva, una ilusión trascendental nacida de las condiciones de la conciencia social en el curso de su actualización.
De ahí que la historia sea no menos el lugar del sinsentido y la imbecilidad que del proceso del sentido. Los problemas escapan por naturaleza a la conciencia, es propio de la conciencia ser falsa conciencia. El fetiche es el objeto natural de la conciencia social como sentido común o reconocimiento de valor. Los problemas sociales no pueden ser captados sino mediante “rectificación”, cuando la facultad de sociabilidad se eleva a su ejercicio trascendental, y rompe la unidad del sentido común fetichista. El objeto trascendental de la facultad de sociabilidad es la revolución. En este sentido la revolución es la potencia social de la diferencia, la paradoja de la sociedad, la cólera propia de la Idea social. La revolución no pasa, en modo alguno, por lo negativo.
Lo negativo es el cuerpo objetivo del falso problema, el fetiche en persona. Por ello la lucha práctica no pasa por lo negativo, sino por la diferencia y su potencia afirmativa. 337


Idea y virtualidad.
Se ha contrapuesto lo virtual a lo real; hace falta ahora corregir esa terminología, que no podía ser áun del todo exacta. Lo virtual no se opone a lo real, sino solamente a lo actual. Lo virtual posee realidad plena, en tanto que virtual.
Ej. de Proust sobre los estados de resonancia: reales sin ser actuales, ideales sin ser abstractos; y simbólicos sin ser ficticios. Lo virtual debe ser, pues definido como una parte estricta del objeto real.
La realidad de lo virtual consiste en los elementos y relaciones diferenciales, y en los puntos singulares que les corresponden. La estructura es la realidad de lo virtual. Por ello lo virtual está completamente determinado. 
Los elementos, las variedades de relación y los puntos singulares coexisten en la obra (de arte) o en el objeto, en la parte virtual de los mismos, sin que pueda asignarse un punto de vista privilegiado sobre los demás, un centro que sirva de unificador a otros centros. 338
Distinguir objeto completo como la parte ideal del objeto, el objeto entero, que designa lo que falta a la determinación completa, que es el conjunto de las determinaciones propias de la existencia actual.   
Aquí se designa como diferentiación lo que determina el contenido virtual de la Idea como problema y la diferenciación como lo que expresa la actualización de lo virtual y la constitución de soluciones (mediante integraciones locales). 
La diferenciación es como la segunda parte de la diferencia, y hay que formar la noción compleja de diferen—iación para designar la integridad o integralidad del objeto.  La t y la c son aquí el rasgo distintivo o la relación fonológica de la diferencia como tal. 
Todo objeto es doble, sin que las dos mitades se asemejen, siendo una la imagen virtual y la otra la imagen actual. Mitades desiguales e impares. 339 (ver 340).
Estos son procesos. En ese sentido como toda estructura, en función de la progresividad, posee un tiempo puramente lógico, ideal o dialéctico. Ese tiempo virtual determina un tiempo de la diferenciación, de los ritmos, o de los tiempos diversos de actualización que corresponden a avanzar, integrar y resolver.
La naturaleza de lo virtual es tal que actualizarse es lo mismo que diferenciarse. Cada diferenciación es una integración local, una solución local, que se compone con otras en el conjunto de la solución o en la integración global. Ej. del organismo, nada en él, ningún órgano, quedaría diferenciado sin un medio interior dotado de eficacia general o de un poder integrador y regulador. 341
El único problema en todo esto es confundir lo virtual con lo posible. Este se opone a lo real; el proceso de lo posible es, pues, una “realización”. 
Lo virtual, por el contrario, no se o pone a lo real; posee una plena realidad por sí mismo. Su proceso es la actualización.
No es juego de palabras, se trata de la existencia. Y ésta es la misma que el concepto, pero fuera del concepto.
Lo virtual, a diferencia de la diferencia en el concepto (acá es lo negativo determinado por el concepto), es característico de la Idea; es a partir de su realidad como la existencia se produce, y es producida formalmente, conforme a un tiempo y un espacio inmanentes a la Idea.
En segundo lugar, lo posible y lo virtual se distinguen además en que el uno remite a la forma de la identidad en el concepto, mientras que el otro designa a una multiplicidad pura sin Idea, que excluye radicalmente lo idéntico como condición previa. 342
La actualización de lo virtual se hace siempre mediante diferencia, divergencia o diferenciación. La actualización rompe con la semejanza como proceso y con la identidad como principio. La actualización, la diferenciación, en este sentido, es siempre una verdadera creación.
Actualizarse, para una potencialidad o una virtualidad, es siempre crear líneas divergentes que corresponde, sin semejanza, con la multiplicidad virtual. 343
La diferencia y la repetición en lo virtual fundan el movimiento de la actualización, de la diferenciación como creación, sustituyendo a la identidad y a la semejanza de lo posible, que no inspiran sino un seudomovimiento, el falso movimiento de la realización como limitación abstracta.
En cuanto a la Idea, es propia de ella el ser  distinta y oscura. Lo que equivale a decir, precisamente, que la Ides es real sin ser actual, diferentiada sin ser diferenciada, completa sin  ser entera. Lo distinto-oscuro es la ebriedad, el aturdimiento propiamente filosófico, o la Idea dionisíaca. 




La diferenciación como proceso de actualización de la Idea.
Preguntas sobre cómo se produce la actualización en las cosas mismas. Por qué la diferenciación es correlativamente cualificación y composición, especificación y organización. Por qué se diferencia en dos vías complementarias.
Los que actualizan y diferencian son los dinamismos espacio-temporales, que son más profundos que las cualidades y las extensiones actuales, que las especies y  las partes actuales.
Esta diferenciación no va de lo general a lo particular, sino que el movimiento va de lo virtual  a lo actual, según la determinación progresiva y de acuerdo con los primeros factores de actualización. 347
Son los procesos dinámicos los que determinan la actualización de la Idea. La relación con ella, es la del drama, dramatizan la Idea.
El mundo es como un huevo (antes había ejemplificado con un huevo embrionario), pero el huevo es a su vez un teatro: teatro de puesta en escena, en el que los papeles pueden más que los actores, los espacios más que los papeles y las Ideas más que los espacios. 349
Este proceso tiene que ver con la constitución de un espacio interior, como ese espacio se expande y ocupa una extensión externa, que a su vez actúa sobre él.
Los dinamismos son también temporales. Constituyen tiempos de actualización o de diferenciación, a la vez que trazan espacios de actualización.
No solamente los espacios comienzan a encarnar las relaciones diferenciales entre elementos de la estructura recíproca y completamente determinados, sino que los tiempos de diferenciación encarnan el tiempo de la estructura, el tiempo de la determinación progresiva. Son ritmos diferenciales. 350
La dramatización es la diferenciación de la diferenciación, a la vez cualitativa y cuantitativa. Pero el decir a la vez, decimos que la diferenciación se diferencia ella misma en las dos vías correlativas, especies y partes, especificación y partición. Del mismo modo que hay una diferencia de la diferencia, que hace parecerse a lo diferente, hay una diferenciación de la diferenciación, que integra y suelda lo diferenciado. 351
Distingue entre la Idea, el concepto y el drama: el papel del drama es especificar el concepto, al encarnar las relaciones diferenciales y las singularidades de la Idea. La dramatización actúa más acá del concepto y de las representacones que subsume. 352
No hay cosa que no pierda su identidad tal como está en la representación, cuando se descubre el espacio y el tiempo dinámicos de su constitución.
Toda tipología es dramática (¿toda diferenciación?) todo dinamismo es una catástrofe. Hay necesariamente algo cruel en el nacimiento de un mundo que es un caosmos, en los mundos de movimientos sin sujeto, de papeles sin actor.
Referencia a Artaud y al teatro de la crueldad. Puntos fulgurantes nos atraviesan, las singularidades nos agitan, por todas partes el cuello de la tortuga y su deslizamiento vertiginoso de protovértebras. Hasta el cielo padece sus puntos cardinales y sus constelaciones que inscriben en su carne una Idea, como “actores-soles”. Hay pues, muchos actores y sujetos, pero son larvas, porque son los únicos capaces de soportar los trazados, los deslizamientos, las rotacioanes. Luego es ya demasiado tarde. Y es cierto que toda Idea hace de nosotros larvas, al haber degradado la identidad del Yo como semejanza del sí mismo. 353
Las ideas se dramatizan a diversos niveles, pero también las dramatizaciones de órdenes diferentes reverberan y atraviesan los niveles. Eso se puede pensar en el orden psíquico, orgánico y químico.
Si es propio del pensamiento explorar lo virtual hasta el fondo de sus repeticiones, lo propio de la imaginación es captar los procesos de actualización desde el punto de vista de las continuidades o de los ecos. Es la imaginación la que atraviesa los dominios, los órdenes y los niveles, abatiendo tabiques, coextensiva con  el mundo, guía de nuestro cuerpo e inspiradora de nuestra alma, aprehensora de la naturaleza y del espíritu, conciencia larvaria que va sin cesar de la ciencia al sueño, y viceversa. 
La actualización se hace siguiendo tres series, en el espacio, en el tiempo, pero también en la conciencia. 354.
Ver: 355 y 356.














































Capítulo V

SINTESIS ASIMETRICA DE LO SENSIBLE


La diferencia y lo diverso
La diferencia no es lo diverso. Lo diverso está dado. Pero la diferencia es aquello mediante lo cual lo dado es dado como diverso. La diferencia no es el fenómeno, sino que está más cercana del  nóumeno que del fenómeno.
Todo fenómeno remite a una desigualdad que lo condiciona. Toda diversidad, todo cambio, remiten a una diferencia que es su razón suficiente. 357
Todo lo que ocurre y aparece es correlativo de órdenes diferenciales: diferencias de nivel, de temperatura, de presión, de tensión, de potencia, de intensidad. 
El fenómeno es un signo. Todo fenómeno es compuesto por series heterogéneas.
La expresión “diferencia de intensidad” es una tautología. La intensidad es la forma de la diferencia, como razón de lo sensible. Toda intensidad es diferencial, diferencia en sí misma.
La intensidad se piensa en cantidades, pero la cantidad es contenido propiamente cualitativa.
Disparidad es el estado de la diferencia infinitamente redoblada, llena de resonancias. La disparidad o diferencia de intensidad es la razón suficiente del fenómeno, la condición de lo que aparece.
Razón de lo sensible, no es espacio ni tiempo, sino lo Desigual en sí.  358

La anulación de la diferencia.
Dificultad: la energética definía a la energía por la combinación de dos factores, lo intensivo y lo extensivo (ej. Fuerza y longitud para la energía lineal o temperatura y entropía para la energía térmica, etc.)
Bajo tales condiciones, la intensidad como tal aparece subordinada a las cualidades que llenan la extensión. Es decir, no conocemos otra intensidad que la ya desarrollada en una extensión, recubierta de cualidades. 
El problema es que la intensidad es diferencia, pero la diferencia tiende a negarse, a anularse en la extensión  y bajo la cualidad. 359
A fines del  siglo XIX, los temas referidos a la reducción de la diferencia, a la unificación de lo diverso,  a la igualación de lo desigual, anudaron entre sí por última vez una extraña alianza: entre la ciencia, el buen sentido y la filosofía.
La ciencia y la filosofía dieron aquí una última satisfacción al buen sentido.
(Notemos que estos criterios siguen vigentes en los planteos sobre metodología de la investigación en la universidad y en otras instancias). 360
Pero el problema no es con la ciencia o la filosofía, sino que en ese encuentro el buen sentido se toma por una ciencia y una filosofía.
En sentido Hegeliano sería el buen sentido en tanto verdad parcial a la que ella añade el sentimiento de absoluto. El buen sentido es distribuidor y tiende por sí mismo a conjurar la diferencia en lo distribuído. Cuando lo logra aparece el buen sentido como compensación y uniformación definitiva.
Pero esto no aparece de primera, porque hay distribuciones propias de la locura, distribuciones locas. 
Es así que presupone la distribución loca: nómada, instantánea, diferencia. Entonces él, sedentario, corrige la diferencia.
No niega las diferencias, sino que actúa de forma que ellas se nieguen en las condiciones de extensión y en el marco del orden temporal.
El buen sentido es ideológico, es la ideología de las clases medias, que se reconocen en la igualdad como producto abstracto.  361
Entre la loca diferencia y la diferencia anulada, entre lo desigual en lo divisible  y lo divisible igualado, entre la distribución de lo desigual y la igualdad distribuida, es obligado que el buen sentido se viva como una regla de reparto universal, como lo universal compartido.
Se funda en una síntesis del tiempo, la primera síntesis, la del hábito. 363
Relación entre sentido común y buen sentido. Uno remite al otro. (ver 364).
Queda por decir que la diferencia no es lo dado mismo, sino aquello mediante lo cual lo dado es dado.
La diferencia es sentido, es pensamiento y sin embargo no se puede pensar. Aunque se reparta en lo diverso hasta llegar a desaparecer, antes de todo debe ser sentida, como aquello que crea lo diverso.
Hace falta que el pensamiento piense la diferencia, lo absolutamente diferente del pensamiento que, sin embargo, da que pensar, da pensamiento. 364
Es un impensable que está en el corazón del pensamiento así como el delirio está en el corazón del buen sentido. 
En algún punto se procesa la más alta potencia  del pasado, como lo inmemorial en la memoria. 
La manifestación de la filosofía no es el buen sentido, sino la paradoja. La paradoja es el pathos o la pasión de la filosofía.
Hay aspectos a considerar:
Subjetivamente, la paradoja rompe el ejercicio común y lleva:
- a cada facultad hasta su  límite propio, hasta lo incomparable;
- a la memoria, hasta el olvido que es a la vez su inmemorial;
- a la sensibilidad hasta lo insensible que se confunde con lo intensivo;
Pero a su  vez, la paradoja comunica a las facultades forzadas esa relación que no es de buen sentido, situándolas en una línea que conmueve a una ante la fuerza de la otra, saltando de uno a otro límite.
Y Objetivamente, hace valer el elemento que no se deja totalizar en un conjunto común (recordar que las facultades operan siempre disyuntas), pero también la diferencia que no se deja igualar o anular en la dirección del buen sentido. 365

Intensidad, cualidad, extensión.
La diferencia es inexplicable. Si se la explica, se anula en el sistema que la explica. Eso significa que la diferencia está esencialmente implicada, que el ser  de la diferencia es la implicación.
Explicarla es anularla, es conjurar la desigualdad que la constituye.
Sólo se anula en tanto se la coloque fuera de sí, en la extensión, y en la cualidad que llena la extensión.
Pero a su vez, la cualidad, al igual que la extensión, son creadas por la diferencia.
La diferencia como intensidad queda implicada en sí misma, cuando se anula al explicarse en la extensión. 366
Hay una  ilusión sensible respecto de la diferencia implicada, en tanto no aparece, pero también hay una ilusión física trascendental.(Ej. De la termodinámica).  367
Las maneras de la extensión, como lo alto y lo bajo, la forma y el fondo, en realidad se llevan a cabo en una extensión ya desarrollada, que surge de una instancia mas “profunda”: la profundidad misma, que no es una extensión, sino un puro implexo.
La extensión entera surge de las profundidades. La profundidad como dimensión heterogénea (última y original) es la matriz de la extensión. 368
En particular el fondo, resulta ser una proyección de lo “profundo”: éste puede ser llamado Ungrund y sin fondo. 
La relación entre forma y fondo no es más que una relación plana extrínseca, que supone una relación interna voluminosa de las superficies con la profundidad  (original) que implican.
La síntesis de la profundidad, que dota al objeto de su sombra, y lo hace surgir de esa sombra, da fe del más lejano pasado, y a la vez que de la coexistencia del pasado y el presente. 
Las síntesis espaciales, retoman la temporales: la explicación de lo extenso reposa sobre la primera síntesis, la del hábito o el presente; pero la implicación de la profundidad reposa sobre la segunda síntesis, la de la Memoria y el pasado. Y se presiente en la profundidad, la tercera síntesis, que anuncia el “desfondamiento universal”  (lo sin fondo en acción).
La profundidad original es el espacio todo entero, pero es espacio como cantidad intensiva: el puro spatium. La profundidad envuelve en sí las distancias, y ambas, en su estado de implicación, se hallan ligadas a la intensidad de la sensación. 369
La intensidad es a la vez lo insensible y lo que no puede dejar de sentirse.
Entre la intensidad y la profundidad se anuda la más extraña alianza, la del Ser consigo mismo en la diferencia, que lleva a cada facultad a su propio límite. 370
En el ser, profundidad e intensidad son lo Mismo; pero lo mismo que se dice de la diferencia. La profundidad es la intensidad del ser, o a la inversa.  371.

Primera característica de la intensidad: lo desigual en sí.
La intensidad tiene tres características.
La 1ra., la cantidad intensiva comprende lo desigual en sí. Representa la diferencia en la cantidad. Origen presente de toda cantidad. 
Y la cantidad extensiva, es la figura de otro momento que marca más bien el destino o la finalidad cuantitativas. 372
Sigue una larga fundamentación de lo inanulable en la diferencia de cantidad y lo inigualable en la cantidad misma, desde le punto de vista matemático. 372-74
Una segunda característica se sigue de la primera: al comprender lo designa en sí, siendo ya de por sí diferencia, la intensidad afirma la diferencia. Hace de la diferencia un objeto de afirmación. 375
Construida al menos sobre dos series, superior e inferior, y remitiendo cada serie a su vez a otras implicadas, la intensidad afirma incluso lo más bajo, hace de lo más bajo un objeto de afirmación.  Síntesis asimétrica.
Alto y  bajo no son formas de hablar. Se trata de la profundidad, y del bajo fondo que le pertenece de manera esencial.  376
¿Cuándo surge lo negativo? La negación es la imagen invertida de la diferencia, es decir, la imagen de la intensidad vista desde abajo.
Lo negativo aparece sólo con la extensión y la cualidad. La primera dimensión de la extensión es potencia de limitación, del mismo modo que la segunda es potencia de oposición.
Hay un carácter conservador de la extensión y uno de oposición en la cualidad.
Con ello la extensión y la cualidad de convierten en las dos formas de la generalidad. Son elementos de la representación, y refieren la diferencia a lo idéntico.
La ilusión de lo negativo tiene una tercera razón: La diferencia no es la negación; es lo negativo, por el contrario, lo que es diferencia invertida, vista desde el lado menor.
La diferencia se ve invertida ante todo por las exigencias de la representación que la subordina a la identidad. Es bajo la cualidad, bajo la extensión donde la intensidad aparece cabeza abajo, y su diferencia característica adopta la figura de lo negativo (de la limitación o la oposición). 377

El ser de lo sensible.
¿Cuál es el ser de lo sensible?  Designa la existencia paradójica de  un “algo” que, a la vez, resulta imposible de ser sentido (desde el punto de vista del ejercicio empírico) y no puede dejar de ser sentido (desde el punto de vista del ejercicio trascendental).
Ya Platón en el ibro VII de la República mostraba cómo semejante ser transmitía la prueba de fuerza a las demás facultades, las arrancaba de su torpeza, emocionando a la memoria y constriñendo al pensamiento. 378
Pero terminaba postulándolo como sensible-contrario. Pero, la cualidad cualitativa no es más que el reflejo de lo intenso, reflejo que lo desvela al explicarlo en la extensión.
Es la intensidad, la diferencia en la intensidad, la que constituye el límite propio de la sensibilidad. Carácter paradójico, es lo insensible, lo que no puede ser sentido, porque está siempre recubierto por un cualidad que lo aliena o que lo “contraría”, distribuido como está por una extensión que lo invierte y que lo anula.
Pero, en otro sentido, es lo que no puede dejar de ser sentido, lo que define el ejercicio transcendental de la sensibilidad, puesto que hace sentir, y con ello despierta la memoria y la fuerza del pensamiento.  379
Hay experiencias farmacodinámicas o físicas, como la del vértigo, que nos acercan a ello  y nos revelan la diferencia en sí, la profundidad en sí, la intensidad en sí en el momento original en el que no está aún cualificada ni sumida en la extensión.

La implicación.
Según una tercer característica, que resume a las otras dos, la intensidad es una cantidad implícita, implicada, “embrionaria”. Implicante e implicada.
En la intensidad, llamamos diferencia a lo que realmente aparece como implicante y envolvente; y distancia a lo realmente implicado y envuelto. 380
Esto lleva a distinguir dos tipos de multiplicidades, en cuanto distancias y en cuanto longitudes: las multiplicidades implícitas y las explícitas. Estas son aquellas cuya métrica varía con la división.
Diferencia, distancia, desigualdad, tales son los caracteres positivos de la profundidad como spatium intensivo.
Movimiento de la explicación es aquel mediante el cual: a) la diferencia tiende a anularse; b) Las distancias a extenderse, a desarrollarse como longitudes; c) lo divisible a igualarse.  381

Diferencia de naturaleza y diferencia de grado.
Crítica a Bergson en su distribución de la diferencia de naturaleza en la cualidad y de grado en la extensión. 383
Hay una ilusión ligada a las cantidade extensivas. Esa ilusión es el movimiento mediante el cual la diferencia de intensidad se anula. Pero se anula en la extensión y en la cualidad.
Por lo  tanto distingue dos órdenes de implicación o degradación: 
- implicación secundaria, que designa el estado en que las intensidades se ven implicadas en las cualidades de extensión que las explican.
- Implicación primaria: el estado en el que la intensidad queda implicada en sí misma, a la vez envolvente y envuelta.
- Una degradación secundaria, en la que la diferencia de intensidad se anula, uniéndose lo más alto con lo más bajo.
- Una potencia de degradación primaria, en la que lo más alto reafirma a lo más bajo. 
La ilusión está en la confusión de las dos instancias, de los dos estados, intrínseco y extrínseco. 384
Sólo el estudio trascendental puede descubrir que la intensidad permanece implicada en sí misma y sigue implicando la diferencia, en el momento en que se refleja sobre la extensión y la cualidad que ésta crea, y que no la implican a su vez sino secundariamente, lo justo para poder “explicarla”.
La diferencia prosigue su vida subterránea cuando se opaca su imagen refleja en la superficie. Y es propio de esta imagen, pero sólo de esta imagen, opacarse, como es propio de la superficie anular la diferencia, pero sólo en superficie.

La energía y el eterno retorno.
La energía, la cantidad extensiva, es un principio trascendental y no un concepto científico.
La cantidad extensiva es el spatium, el teatro de toda metamorfosis, diferencia en sí que envuelve todos los grados en la producción de cada uno.
Esta no debe confundirse con la energía uniforme en reposo que vuelve imposible toda transformación.
Sólo puede estar en reposo la energía empírica, cualificada en la extensión, y donde la diferencia de intensidad se halla ya anulada. 385
Principio empírico es la instancia que rige un dominio.  Y todo dominio es un sistema parcial extenso cualificado, que se encuentra regido de tal modo que la diferencia de intensidad que lo crea tiende a anularse en él.
El principio trascendental no rige ningún dominio, sino que lleva al dominio a regir un principio empírico; da cuenta de la sumisión del dominio al principio. Es la diferencia de intensidad la que crea el dominio, y lo entrega al principio empírico en el cual se niega.
Al mismo tiempo que las leyes de la naturaleza rigen la superficie del mundo, el eterno retorno no cesa de rugir en esa otra dimensión, la de lo trascendental o el spatium volcánico (¿magmático?)
El eterno retorno no es el retorno de lo Mismo, de lo Semejante o de lo Igual porque no presupone ninguna identidad. Sino que se dice de un mundo sin identidad, sin semejanza y sin igualdad. Un mundo cuyo fondo mismo es la diferencia, donde todo reposa sobre disparidades, sobre diferencias de diferencias que repercuten hasta lo infinito (el mundo de la intensidad).
Es lo idéntico que se dice de lo diferente, la semejanza que se dice de lo dispar, o lo igual que se dice tan sólo de lo desigual, la proximidad que se dice de todas las distancias.
Esta concepción difiere de las concepciones antiguas. 386
Esta concepción antigua no trataba en realidad sobre el eterno retorno sino de ciclos de semejanza. De una  generalidad. 387
Para Nietzsche, la profundidad, la distancia, los bajos fondos, lo tortuoso, las cavernas, lo desigual en sí forma el único paisaje del eterno retorno.
El eterno retorno se elabora en un fondo en el que la naturaleza original reside en su caos, por encima de los reinos y las leyes que constituyen tan sólo la naturaleza secundaria.
No es cualitativo ni extensivo, es intensivo, puramente intensivo. Se dice de la diferencia. Tal es el vínculo fundamental del eterno retorno y de la voluntad de poder. El uno no puede decirse sino de la otra.
La voluntad de poder es el mundo centelleante de las metamorfosis, de las intensidades comunicantes, de las diferencias de diferencias, de los soplos, insinuaciones y expiraciones: mundo de intensivas intencionalidades, de simulacros o de “misterios”. 388
El eterno retorno es el ser del mundo, el solo Mismo que pueda decirse del mundo, y con exclusión de toda identidad previa.
Nietzsche busca en la energía de su tiempo hacer del caos un objeto de afirmación.
La diferencia en la voluntad de poder es el objeto más alto de la sensibilidad.
La diferencia es la primera afirmación, el eterno retorno la segunda, eterna afirmación del ser.
Es a partir de una intensidad primera, como el pensamiento se proyecta y nos vemos conducidos violentamente del límite de los sentidos al límite del pensamiento, de lo que no puede ser más que sentido a lo que no puede ser más que pensado.
Lo que no retorna es la cualidad y la extensión (en las que se anula la diferencia), es lo negativo porque la diferencia se invierte para anularse; es lo idéntico, lo semejante, lo igual, porque éstos constituyen las formas de la indiferencia. Es Dios, es el yo como forma y garante de la identidad. 389
La ética de las cantidades intensivas no tiene sino dos principios: afirmar incluso lo más bajo, y no explicarse (demasiado).
Y si el eterno retorno, incluso al precio de nuestra coherencia y en  beneficio de una coherencia superior, conduce a las cualidades al estado de puros signos, y no conserva de las extensiones sino lo que se combina con la profundidad original, entonces aparecerán las cualidades más bellas, los colores más brillantes, puesto que, reducidas a su razón seminal, y tras haber roto toda relación con lo negativo, permanecerán para siempre apegadas al espacio intensivo de las relaciones positivas. 390

Intensidad y diferencial.
La afinidad de las cantidades intensivas con las diferenciales debe fundarse sobre la confrontación de dos tipos de relaciones. a) relaciones diferenciales en la síntesis recíproca de la Idea; b) relaciones de intensidad en la síntesis asimétrica de lo sensible.
El factor intensivo es una función compuesta. Entre la intensidad y la Idea se establece toda una corriente de intercambios, al igual que entre dos figuras correlativas de la diferencia.
Las ideas son multiplicidades virtuales, problemáticas o “perplejas”, hechas de relaciones entre elementos diferenciales.
Las intensidades son multiplicidades implícitas, “implexos”, hechos de relaciones entre elementos asimétricos, que dirigen el curso de actualización de las Ideas y determinan los tipos de solución de los problemas.
Igualmente, la estética de las intensidades desarrolla cada uno de sus momentos en correspondencia con la dialéctica de las Ideas: el poder de la intensidad (profundidad) está fundado en la potencialidad de la Idea.
Las cantidades intensivas no parecen anularse menos de lo que las Ideas problemáticas parecen desvanecerse. El inconsciente de las pequeñas percepciones en tanto que cantidades intensivas remite al inconsciente de las Ideas.
Y  el arte de la estética hace eco al de la dialéctica. El de la dialéctica es la ironía, como arte de las preguntas y los problemas, que se expresa en el manejo de las relaciones diferenciales y en la distribución de lo ordinario y  lo singular. Pero el arte de la estética es el humor, arte físico de las señales y de los signos, que determina las soluciones parciales o los tipos de solución; en una palabra, arte implícito de las cantidades intensivas. 391
El movimiento de la Idea es inseparable de su proceso de actualización. Ese proceso implica una doble diferenciación, cualitativa y extensiva.
De esta doble vía, postula el doble concepto de diferentiación y de diferenciación. En realidad, uno con dos caras que indican, el primero el estado de las relaciones diferenciales en la Idea  o la multiplicidad virtual y por otro el estado de las series cualitativa y extensiva, donde se actualizan al diferenciarse.  
La que determina el proceso de actualización es la intensidad. Es la que dramatiza. 392
Luego habla de diferenciación por relación a la Idea que se actualiza. Y de explicación por relación a la intensidad de que “desarrolla” y que, precisamente, determina el movimiento de la actualización.
El proceso esencial de las cualidades intensivas es la individuación. Los individuos son sistemas de señal-signo. Toda individualidad es intensiva y por lo tanto compartimentadora, comunicante, comprensiva y afirmadora a la vez de la diferencia en las intensidades que la constituyen.
Aparece así un campo “problemático” objetivo, determinado por la distancia entre órdenes heterogéneos. La individuación surge como el acto de solución de semejante problema o, lo que viene a ser lo mismo, como la actualización del potencial y la puesta en comunicación de las disparidades. 
El acto de individuación consiste en integrar  los elementos de la disparidad en un estado de acoplamiento que asegure su resonancia interna. 394
El individuo se encuentra, pues, apegado a una mitad preindividual, que no es lo impersonal en él, sino más bien el depósito de sus singularidades.
La individuación no supone ninguna diferenciación sino que la provoca. Las cualidades y extensiones, las formas y las materias, las especies y las partes no son primarias; se hallan aprisionadas en los individuos como en cristalizaciones.  395
La diferencia es pensada como diferencia individual cuando se le subordina a los criterios de la semejanza en la percepción, de la identidad en la reflexión, de la analogía en el juicio, o de la oposición en el concepto. Pero en ese caso, sigue siendo sólo diferencia general, aunque sea vehiculada por un individuo.
La gran novedad de Darwin fue la de instaurar el pensamiento de la diferencia individual. Relación con la selección natural y la supervivencia del más apto, que sería el más diferente.  396 y siguientes.
En Darwin el problema se plantea parecido a Freud: Se trata de saber en qué condiciones las pequeñas diferencias, libres, flotantes o no ligadas, se convierten en diferencias apreciables, ligadas y fijas.
(Ver en este problema, como en el de la diferenciación, integración, individuación y Yo, aparece una secuencia que podría pensarse como interior a los procesos pensados para los planos de inmanencia, consistencia y organización) (Quizás lo mismo aparezca en el proceso micro como en el sujeto: ver 405)
Todo cuerpo, toda cosa piensa y es un pensamiento, en cuanto que, reducido a sus razones intensivas, expresa una idea cuya actualización determina. Pero el pensador como tal hace de todas las cosas diferencias individuales. El pensador del eterno retorno, es el individuo, el universal individuo. Es él quien se sirve de toda la potencia de lo claro y lo confuso, de lo claro-confuso, para pensar la Idea en toda su potencia como distinta-oscura. 
Igualmente es preciso recordar constantemente el carácter móvil, múltiple y comunicante de la individualidad: su carácter implicado. 
La indivisibilidad del individuo se funda únicamente en la propiedad de las cantidades intensivas de no dividirse sin cambiar de naturaleza.
Estamos hechos de todas  la profundidades y distancias, de las almas intensivas que se desarrollan y se reenvuelven.
La individualidad no es la característica del Yo, sino que conforma y alimenta  al sistema del Yo disuelto. 405

Evaluación de los sistemas.
Debemos precisar las relaciones de explicación y de diferenciación. 
La intensidad crea las extensiones y las cualidades en cuyo marco se explica; tanto las extensiones son formalmente distintas entre sí y comportan en sí distinciones de partes correlativas a los puntos relevantes. Las cualidades son materialmente distintas y comportan distinciones correspondientes a las variaciones de relación.
Crear es siempre producir líneas de diferenciación. Pero, es cierto que la intensidad no se explica sin anularse en el sistema diferenciado que crea.
Además la diferenciación de los sistemas se lleva a cabo mediante su acoplamiento con su sistema más general que se “desdiferencia” (homogeiniza, molariza).
Así, una uniformidad de conjunto viene a compensar las diferenciaciones locales, ni más ni menos que como una anulación final viene a compensar las creaciones originarias. (ref. a los planos).
Esto se da en cualquier dominio, físico, biológico o psicológico. 406
Sin embargo, lo viviente  no se anula totalmente y los factores individuantes, o los átomos individualmente comprendidos en su poder de comunicación mutua y de inestabilidad fluida, parecen gozar de un grado superior de expresión.
En cuanto a la fórmula de la “evolución”: Cuanto más complejo es un sistema más aparecen en él valores de implicación propios. 
Esos valores  son centros de envolvimiento que, si bien no son los factores intensivos individuantes como tales, sí son sus representantes en los conjuntos complejos, en vías de explicación.  407
Los factores individuantes forman una especie de nóumeno del fenómeno que tiende a aparecer como tal en los sistemas complejos, y encuentra su propio fenómeno en los centros de envolvimiento.
Luego, si el sentido se halla ligado a las Ideas que se encarnan y esa encarnación es determinada por las individuaciones, puede decirse que los centros son expresivos o revelan sentido.
Los centros de envolvimiento proceden a la interiorización de los factores individuantes, en el sentido de que los sistemas complejos tienden a interiorizar sus diferencias constituyentes.
A mayor interiorización, más interior es la repetición y menos dependerá de condiciones exteriores.
En el momento en que se explican (diferenciación-despliegue) en el marco de un sistema, los factores diferenciales intensivos o individuantes, dan fe de su persistencia implicativa, y  del eterno retorno como verdad de la implicación.
Los centros de envolvimientos son los testigos mudos y precursores oscuros del eterno retorno, son aquellos en lo que todo se hace.
En la evolución aparecen los sistemas psíquicos. En cada sistema debemos preguntar lo que corresponde a las Ideas, lo que corresponde, respectivamente a la individuación-implicación y a la diferenciación-explicación.  408
Pero el problema es que ni el Yo ni el Sí Mismo pertenecen al dominio de la individuación. Son figuras de diferenciación. El Yo forma la especificación propiamente psíquica, y el  Sí Mismo, la organización psíquica. El yo es la cualidad del hombre en cuanto especie.
En correlación con el Yo, el Sí Mismo debe comprenderse en extensión: el Sí Mismo designa al organismo propiamente psíquico, con sus puntos relevantes representados por las diversas facultades que entran en la comprensión del Yo.
El Yo y el Sí Mismo comienzan por diferencias, que luego se anulan, conforme a las exigencias del buen sentido y del sentido común. 
El Yo aparece al final, como la forma universal de la vida psíquica sin diferencias, y el Sí Mismo, como la materia universal de dicha forma. 
Pero los factores individuantes, los factores de individuación implícitos, no tienen ni la forma del Yo ni la materia del Sí Mismo. Y es que el Yo no es separable de la forma de la identidad,  ni el Sí Mismo de una materia constituída por una continuidad de semejanzas.
Las diferencias no son ni individuales ni individuantes en la medida en que son pensadas por relación a la identidad en el Yo y por relación a la semejanza en el Sí Mismo.
En cambio, todo factor individuante, es ya diferencia y diferencia de diferencia. 409  Está construido sobre una disparidad fundamental, y funciona sobre los bordes de la disparidad como tal.
La individuación es móvil, extrañamente flexible, fortuita, goza de franjas y de márgenes, y debido a que las intensidades que las promueven envuelven otras intensidades, son envueltas por otras, y comunican con todas.
El individuo no es, en modo alguno, lo indivisible, y no deja de dividirse al cambiar de naturaleza.
No es un Sí Mismo en lo que expresa, pues expresa Ideas como multiplicidades internas, hechas de relaciones diferenciales y de puntos relevantes, de singularidades preindividuales. Y tampoco es un Yo como expresión pues en esto de nuevo, forma u na multiplicidad de actualización, como colección de puntos relevantes, colección abierta de intensidades. (Hume)
El individuo goza de una franja de indeterminación, y hay un carácter relativo, flotante y fluido de la individualidad misma (puede ser una partícula física o un órgano o un organismo).
Esto no implica inacabamiento, sino la expresión de la plena potencia positiva del individuo como tal y la manera cómo éste se distingue por naturaleza, tanto del Yo como del Sí Mismo, como el orden intenso de las implicaciones se distingue del orden extensivo y cualitativo de la explicación. 
Indeterminación, flotación, fluencia, comunicación, envolvencia-implicación son otros caracteres positivos afirmados por el individuo.
La individuación como reino caótico, lo que tiene por fondo una desemejanza o por sin-fondo una diferencia de diferencia, eso no entra ya en las categorías del Yo ni del Sí Mismo.
El gran descubrimiento de la filosofía de Nietzsche, como voluntad de poder, o de mundo dionisíaco, es  éste: El Yo y el Sí Mismo deben ser superados por un abismo indiferenciado; pero ese abismo no es ni un impersonal ni un Universal abstracto, por encima de la individuación. El Yo y el Sí Mismo son universales abstractos.
Lo insuperable es la individuación misma. Más allá del Yo y del sí mismo no está lo impersonal, sino el individuo y sus factores, la individuación y sus campos, la individualidad y sus singularidades preindividuales. 
De ahí que el individuo en intensidad encuentra su imagen psíquica, no en la organización del sí mismo, sino en la especificación del Yo, sino más bien en el Yo fallido, y en el sí mismo disuelto. 411
Ver: la muerte como proceso doble  412, y el otro, como centro de enlace, de envolvimiento, de implicación. Representante de los factores individuantes: 413-15.




























Conclusión

DIFERENCIA Y REPETICIÓN

Crítica de la representación.
En la medida en que la diferencia se halla sometida a las exigencias de la representación, ni se piensa en sí misma, ni puede pensarse.
De todas maneras, la diferencia en sí misma parece excluir toda relación de lo diferente con lo diferente que pudiera hacerla pensable.
Pensable sólo se vuelve cuando se domestica, cuando se somete al cuádruple yugo de la representación:  la identidad en el concepto, la oposición en el predicado, la analogía en el juicio y la semejanza en la percepción. (habría que ver porqué antes, en página 396, hay una diferencia y dice: identidad en la reflexión y oposición en el concepto)
Son las cuatro raíces del principio de razón suficiente: Ratio cognoscendi, ratio fiendi, ratio essendi y ratio agendi.  417
Toda diferencia que no se encuadre, deja de ser pensada y se disipa en el no ser.
Por ello, desde el pensamiento de la representación, la diferencia en sí permanece maldita, y debe desaparecer o ser rescatada bajo las especieas de la razón que la hacen visible y pensable, que hacen de ella un objeto de representación orgánica.
El mayor esfuerzo de la filosofía ha sido el de capturar toda diferencia, hasta la más pequeña y la más grande en integrar la profundidad de la misma para que la representación capture lo oscuro, que capte la potencia del aturdimiento, de la ebriedad, de la crueldad, incluso de la muerte.
Convertirse en órgico es el deseo supremo de lo orgánico. Ese esfuerzo tuvo dos momentos culminantes: Hegel y Leibniz.
En cuanto a Leibniz menciona el movimiento de la vicedicción, que consiste en construir la esencia a partir de lo inesencial, y construir lo finito mediante la identidad analítica infinita. 418
Deleuze plantea acá que en estos casos las exigencias de la representación se mantienen. Sucede en Hegel y en Leibniz. En éste, la noción de componibilidad da fé de una razón suficiente. Pero en realidad, lo que constituye la componibilidad parece sólo esto: la condición de un máximo de continuidad para un máximo de divergencia, es decir la condición de convergencia de las series establecidas en torno a las singularidades del continuo. 
Al revés, la incomponibilidad de los mundos se decide por la vecindad de las singularidades que vendrían a inspirar series divergentes entre ellas. O sea, la representación se esfuerza en vano por hacerse infinita, ya que no adquiere el poder de afirmar la divergencia ni el descentramiento. 419
De los dos, reivindica a Leibniz en tanto llega cerca de la captación de la diferencia en sí.  420
El motivo de la subordinación  de la diferencia a las exigencias de la representación finita e infinita, remite a la metafísica platónica, pero no es suficiente definir a ésta mediante la distinción entre esencia y apariencia.
La primer distinción fue entre modelo y copia, y ésta no es sólo simple apariencia, puesto que presenta con la Idea como modelo una relación de interioridad espiritual, noológica y ontológica. 
La segunda distinción, más profunda, fue la de copia en sí y el fantasma.
Así esa contraposición lo llevaba  a obtener un criterio selectivo entre copia y simulacro. La primera fundada en su relación con el modelo y el otro descalificado.
La sumisión de la diferencia,  entraña la voluntad platónica de exorcizar el simulacro. 421
Hay una motivación moral: la voluntad de eliminar los simulacros o fantasmas tiene ese objetivo.
Lo que se condena en el simulacro  es el estado de las diferencias libre oceánicas, de las distribuciones nómadas, de las anarquías coronadas, toda esa malignidad que cuestiona tanto la noción de modelo como la de copia.
Luego, a partir de Aristóteles, se desplegará la representación, y los presupuestos morales seguirán actuando en la distinción de lo original y lo derivado, de lo  original y la secuela, del fundamento y lo fundado, que anima a las jerarquías de la teología representativa.
La representación es el lugar de la ilusión trascendental. Dicha ilusión tiene cuatro formas interpenetradas, que correspoden al pensamiento, lo sensible, la Idea y el ser.
1ra. ilusión. El pensamiento, se recubre de una “imagen”, compuesta de postulados que culminan en el planteamiento de un sujeto pensante idéntico, como principio de identidad para el concepto en general.
A su vez, el sujeto pensante, otorga al concepto sus concomitantes subjetivos: memoria, reconocimiento y conciencia de sí (visión moral, sentido común).
Y cuando la diferencia se subordina de esta manera, desaparece la diferencia de pensar con el pensamiento, la genitalidad de pensar (Artaud), la profunda falla del Yo que le conduce a no pensar sino pensando su propia pasión  e incluso su propia muerte en la forma pura y vacía del tiempo. 422
Restaurar la diferencia en el pensamiento es deshacer el primer nudo, que consiste en representar la diferencia bajo la identidad del concepto y del sujeto pensante.
2da. Ilusión.   Subordinación de la diferencia a la semejanza. 
Acá aparece como semejanza de lo sensible (diverso) consigo mismo. Es una especificación del concepto.
La ilusión se basa en que la diferencia tiende necesariamente a anularse en la cualidad que la recubre, al mismo tiempo que lo desigual tiende a igualarse en la extensión por donde se distribuye.
Pero ello es una ilusión, pues la naturaleza de la diferencia no está ni en la cualidad que la recubre ni en la extensión que la explica. 
La diferencia es intensiva, se confunde con la profundidad como spatium inextensivo y no cualificado, matriz de lo desigual y lo diferente. 
Pero la intensidad no es sensible, es el ser de lo sensible, donde lo diferente se relaciona con lo diferente.
Deshacer entonces el segundo nudo que subordina la diferencia a lo semejante en la percepción, es restaurar la diferencia  en la intensidad, como ser de lo sensible.
3ra. ilusión. Lo negativo y como subordina la diferencia bajo la forma de la limitación y de la oposición, tanto cualitativa como cuantitativa. 423 Es la diferencia bajo la falsa  potencia de lo negativo.
Pero esos son juegos de superficie, mientras que la profundidad viva, la diagonal, está poblada de diferencias sin negación.
Ya se vió que las Ideas eran objetividades hechas de elementos y relaciones diferenciales y que en su efecto refieren a lo “problemático”. La otra dimensión es el “problema”.
Ese ser de lo problemático no es el ser  de lo negativo, sino que es plenamente positivo. 
Las Ideas-problema son multiplicidades positivas,  positividades plenas y diferenciadas, descritas por el proceso de la determinación recíproca y completa que relaciona al problema con sus condiciones (que remiten a lo problemático).
La positividad del problema genera la afirmación de diferencias, en función de la multiplicidad propia de cada Idea. Porque es propio de la esencia de la afirmación el ser en sí misma múltiple, a afirmar la diferencia. 424
Ese proceso, si uno se coloca del lado de las proposiciones que representan las afirmaciones de la conciencia, resulta invertido. Pero la cuestión es que la Idea-problema es por naturaleza inconsciente: es extraproposicional, subrepresentativa y no se  parece a las proposiciones que representan a las afirmaciones que engendra.
Esto tiene importancia porque tiene que ver con la historia de la desnaturalización de la dialéctica, que culmina en Hegel.
Así, en lugar de definirse por un (no)-ser como ser de los problemas y  las preguntas, la instancia dialéctica queda ahora definida por un no-ser como ser de lo negativo. 
La  complementaridad de lo positivo y  de lo afirmativo del planteamiento diferencial y de la afirmación de diferencias viene a quedar sustituida por la falsa génesis de la afirmación producida por lo negativo y como negación de la negación.
Esto tiene consecuencias prácticas y morales, implica un espíritu conservador y la superficialidad de las afirmaciones.
Liberarse de eso posibilita la tarea más importante que es determinar los problemas y promover en ellos nuestro poder de decisión y de creación.
Una posición implica efectos de superficie, mientras que el inconsciente vive de problemas y diferencias. Por ahí pasa la historia. 425 
Sólo las sombras de la historia viven de la negación, pero en los justos, como dice Nietzsche, la afirmación es primera, afirmar la diferencia y lo negativo es tan sólo una consecuencia, un reflejo en el que la afirmación se reduplica. (Genealogía de la moral).
De ahí que las verdaderas revoluciones tengan también aire de fiesta. 
Porque la contradicción no es el arma del proletariado, sino más bien la manera como la burguería se defiende y conserva, la sombra última tras la cual mantiene su pretensión de dicidir problemas.
Las contradicciones no se “resuelven”, se las disipa, apoderándose del problema que no hacía sino arrojar sombra sobre ellas. Por todas partes lo negativo es la reacción de la conciencia, la desnaturalización del verdadero agente, del verdadero actor.
El ser es positividad plena y afirmación pura, pero un (no)-ser, que es el ser de lo problemático, el ser de los problemas y de las preguntas, no es para nada el ser de lo negativo.
Romper las falsas antinomias, afirmar la naturaleza de lo problemático y la multiplicidad que define las Ideas, para no reducir la Idea a lo Mismo o a la identidad de un concepto.
En fin, restaurar lo diferencial en la Idea, y la diferencia en la afirmación que de ella deriva, es romper el vínculo injusto que subordina la diferencia a lo negativo.
4ta. ilusión. Subordinación de la diferencia a la analogía del juicio.
La identidad del concepto queda en la indeterminación. Es necesario que sean planteados como determinables. Esas determinaciones han dependido de la visión analógica. Pero la forma de distribución regida por esas categorías traiciona la naturaleza del Ser, como concepto colectivo y cardinal (y no distributivo y ordinal) y traiciona también la naturaleza de las distribuciones mismas (como nómadas y no sedentarias o fijas), y la naturaleza de la diferencia (como diferencia individuante). Pues el individuo es lo pensado como aquello que vehicula diferencias en general.
Puede constatarse que las cuatro ilusiones de la representación deforman la repetición y desnaturalizan la diferencia. La diferencia es representada en el seno del concepto idéntico y con ello, reducida a una diferencia simplemente conceptual. Por el contrario, la repetición está representada fuera del concepto, como una diferencia sin concepto, pero siempre bajo el presupuesto de un concepto idéntico: así, hay repetición cuando las cosas de distinguen in número, en el espacio y el tiempo, siendo su concepto el mismo.  428
(Ver 429 después de revisar esos temas que ya habían sido planteados: relleno, naturaleza, libertad, etc)
La repetición tiene, pues, un sentido primero desde el punto de vista de la representación, el de una repetición material  y desnuda, repetición de lo mismo (ver la diferencia con repetición vestida).
La concepción de la repetición en la vida psíquica, en Freud, está dominada por un esquema de oposición en la teoría de la represión, y también por un modelo material en la del instinto de muerte (repetición desnuda). 431

El fundamento como razón: sus tres sentidos.
Fundar es determinar. El fundamento es la operación del logos o de la razón suficiente y tiene tres sentidos:
1ro.   Es lo Mismo o lo idéntico. Identidad suprema de la Idea.
Luego (Platón) sólo tienen lugar los pretendientes, es decir, lo que son una “imagen”. Ej.: la pretensión de ser valeroso, virtuoso, etc.
Se distingue entonces el fundamento, como Esencia ideal, de lo fundado como pretendiente o pretensión. La pretensión versa sobre la cualidad, que poseerá secundariamente. Esa es la diferencia, la prometida.
La diferencia está en la semejanza respecto del fundamento. Le permite participar (ver la idea de participación, referida a todos los niveles de la vida social, incluida la política, en que participación, siempre implica un lugar secundario). 431
Hay que parecerse al padre para obtener la hija. La diferencia es aquí pensada bajo el principio de lo Mismo y la condición de la semejanza. De ahí se derivan las jerarquías.
Cada imagen y  pretensión bien fundada se llama re-presentación(ícono).
Las imágenes rebeldes y sin semejanzas (simulacros) son eliminadas, rechazadas como faltas de fundamento, como falsos pretendientes.
2do. Instaurado el mundo de la representación, el fundamento no se define ya por lo idéntico.
Ahora el objeto de la representación no es la diferencia de cualidad, sino lo que hay de demasiado grande o pequeño en la diferencia, el exceso y la carencia, es decir, lo infinito.
Lo que debe ser fundado es la pretensión de la representación misma a conquistar lo infinito. (Teología de la representación).
Fundar es entonces hacer posible la representación como infinita. Operación que se realiza con el monocentramiento de todos los centros (ver interpretación por el significante como esta misma operación). 432
3ra. Las dos anteriores se reúnen en ésta.  Aparece el movimiento, el fundamento establece el devenir cualitativos, estados, instantes, detenciones. Círculo móvil.
Fundar acá es representar el presente, hacer advenir y pasar el presente a la representación (finita e infinita). El fundamento aparece como memoria inmemorial o pasado puro, pasado que no fue él mismo presente y por el cual todos los presentes coexisten en círculo.
Resta por explicar la ambigüedad del fundamento. 433
Esta síntesis presentifica, bajo la forma del tiempo vacío, un instinto de muerte desexualizado y un yo narcisista amnésico. (Recordar que Eros es buscador de recuerdos y Mnemosine es tesoro del pasado puro).
Por ello el fundamento es cuestionado por los poderes de la divergencia y del descentramiento, del simulacro, que invierten las falsas reparticiones, como el falso círculo y la falsa lotería.
El mundo del fundamento está minado por el simulacro que lo aspira y lo desmigaja.
La Idea, no implica identidad, bajo lo mismo de la Idea, toda una multiplicidad ruge. Y el desfondamiento como amenaza constante.
(Por ello, cuando esto se rigidiza, aparece el fascismo con la exclusión del otro como maligno. Pensar el mercado y el otro subversivo). 434
Es que fundar es determinar lo indeterminado. (Y no determinar lo idéntico y ya determinado desde siempre, como operación tautológica).
Algo del fondo siempre remonta a la superficie, y asciende sin adoptar forma, insinuándose más bien entre las formas. Existencia autónoma sin rostro, base informal.
El fondo, en tanto que asciende a la superficie, se llama lo profundo, lo sin fondo.
A la inversa, las formas se descomponen cuando se reflejan en él, todo lo modelado se deshace, todos los rostros mueren, sólo subsiste la línea abstracta como determinación absoluta adecuada a lo indeterminado, como relámpago igual a la noche. Es una determinación que no se opone a lo indeterminado, que no lo limita.
Materia y forma no es suficiente para describir el mecanismo de la determinación. Está el complemento entre fuerza y fondo, como razón de la forma, de la materia y de su unión.
Pero, aún más profundo y amenazante es el acoplamiento de la  línea abstracta y lo sin-fondo que disuelve las materias y deshace los modelados. Es preciso que el pensamiento, como determinación pura, como línea abstracta, afronte ese desfondamiento que es lo indeterminado. 435
Lo indeterminado, lo sin-fondo, es también la animalidad propia del pensamiento, la genitalidad del pensamiento: no determinadas formas animales concretas, sino la imbecilidad animal.
Porque el pensamiento no piensa sino constreñido y forzado, permanece estúpido en tanto nada lo obligue a pensar, lo que lo fuerza a pensar. (lo que lo fuerza, energía, potencia, necesidad, deseo).
La imbecilidad (no el error) constituye la mayor impotencia del pensamiento, pero también la fuente de su más alto poder en cuanto que lo fuerza a pensar. 436
Es la forma vacía del tiempo la que introduce,  la que constituye la Diferencia en el pensamiento, a partir de la cual piensa, como diferencia de lo determinado y de la determinación. Es ella la que distribuye al Yo fracturado por la línea abstracta, al sí mismo pasivo surgido del sin-fondo que contempla. Es ella la que engendra pensamiento en el pensamiento, pues éste sólo piensa con la diferencia, en torno al punto de desfondamiento.
Es la diferencia, la máquina de lo indeterminado en la determinación, lo que hace funcionar al pensamiento.
En cambio, para la representación es necesario que toda individualidad sea personal (Yo), y toda singularidad, individual (Sí mismo).
Pero el Yo, como yo pasivo, es sólo un acontecimiento que ocurre en campos de individuación previos: contrae y contempla los factores individuantes de dicho campo, y se constituye en punto de resonancia de sus series. 437
Igualmente, el Yo como yo fallido deja pasar todas las Ideas definidas por sus singularidades, previas ellas mismas a los campos de individuación.
La individuación, como diferencia individuante es un ante-Yo, un ante-sí mismo,como la singularidad como diterminación diferencial es preindividual.
Un mundo de individuaciones impersonales y de singularidades preindividuales, tal es el mundo del “se”, o del “ellos”, que no se reduce a la trivialidad cotidiana, mundo, por el contrario, donde se elaboran los encuentros y las resonancias, último rostro de Dionisos, verdadera naturaleza de lo profundo y de lo sin-fondo que desborda la representación y hace advenir los simulacros.

El simulacro.
El simulacro es el sistema donde lo diferente se relaciona con lo diferente mediante la diferencia como tal. Los sistemas de este tipo son intensivos:  reposan en profundidad sobre la naturaleza de las cantidades intensivas, que entran precisamente en comunicación mediante sus diferencias. 438
Esa comunicación no implica semejanza. Esas cantidades cuando se dividen, cambian de naturaleza, siguiendo un orden que les es propio.
Por ello, el sistema del simulacro debe ser descrito con nociones diferentes de las categorías de la representación:
1º)  la profundidad, el spatium en que se organizan las intensidades;
2º) las series dispares que forman, los campos de individuación que dibujan (factores individuantes)
3º) el “precursor oscuro”  que los pone en comunicación;
4º) los acoplamientos, las resonancias internas, los movimientos forzados que los siguen;
5º) la constitución de sí mismos pasivos y de sujetos larvarios en el sistema y la formación de puros dinamismos espacio-temporales;
6º) las cualidades y las extensiones, las especies y las partes que forman  la doble diferenciación del sistema, y que vienen a coincidir con los factores precedentes;
7º) los centros de envolvimiento que dan fe de la persistencia de estos factores en el mundo desplegado de las cualidades y extensiones.
El sistema del simulacro afirma la divergencia y el descentramiento.
Ninguna serie goza de ningún privilegio sobre las otras, ninguna posee la identidad de un modelo, ninguna la semejanza de una copia. Ninguna se opone a la otra, ni le es análoga. Cada una está constituida por diferencias, y  comunica con las otras mediante diferencias de diferencias.
Las anarquías coronadas sustituyen a las jerarquías de la representación y las distribuciones nómadas, a las distribuciones sedentarias de la representación.
Son sistemas de actualización de las Ideas. Estas son multiplicidades constituidas por elementos diferenciales que se corresponden con esas relaciones. 439
Esas tres dimensiones, elementos, relaciones y singularidades constituyen los tres aspectos de la razón múltiple: la determinabilidad o principio de cuantitabilidad;  la determinación recíproca o principio de cualitatividad; y la determinación completa o principio de potenciabilidad.
Las tres se proyectan en una dimensión temporal ideal, que es la de la determinación progresiva.
Esto remite a un empirismo de la Idea.
La Idea tiene el poder de afirmar la divergencia, establece una especie de resonancia  entre series que divergen
Lo que se llama sentido depende de la distinción y de la distribución de los puntos brillantes en la estructura de la Idea. Es pues, el juego de la determinación recíproca (punto de vista de las relaciones, de la determinación completa (punto de vista de las singularidades) lo que hace a la Idea progresivamente determinable en sí misma.
Lo diferencial es el juego en la Idea;  recorre a  la idea como multiplicidad y constituye el método de vicedicción. 440
La Idea, así definida, no dispone de ninguna actualidad. Es virtualidad pura. Todas las determinaciones señaladas coexisten en las multiplicidades virtuales de las Ideas, según un orden que les es propio.
Las ideas se encarnan en los campos de individuación. Y por otro lado, las Ideas se actualizan en las especies y las partes, las cualidades y las extensiones que recubren y desarrollan los campos de individuación.
Las especies están  hechas de singularidades preindividuales actualizadas. Acá no hay semejanza: la especie o la cualidad no se parecen a las relaciones diferenciales que actualizan, como tampoco las partes orgánicas se parecen a las singularidades. Lo virtual y lo real no se parecen.
La especificación y la partición, la cualificación y la extensión, constituyen los dos aspectos de la diferenciación, la Idea se actualiza por diferenciación. Actualizarse es diferenciarse. En su virtualidad es indiferenciada  pero no indeterminada: Está completamente diferentiada.
Es importante el “rasgo distintivo” – como símbolo de la Diferencia: diferentiar y  diferenciar.
El conjunto del sistema que pone en juego la Idea, su encarnación y su actualización debe expresarse en la noción compleja de “(indi)-diferen—iación. 441
Porque toda cosa tiene a modo de dos “mitades”, impares, disimétricas y  desemejantes, las dos mitades del Símbolo, cada una dividida a su vez en dos: (ver 442 y 355)

Idea, problema y problemática.
Lo “problemático es un estado del mundo, una dimensión  del sistema e incluso su horizonte, su foco: designa la objetividad de la Idea, la realidad de lo virtual. 
El problema en tanto que problema está completamente determinado, le es propio el ser diferenciado, en la medida en que se le relaciona con condiciones positivas, aunque no está aún resuelto y no diferenciado. 442
Siguen  las nociones de: 
- perplicación. Estado de las Ideas-problemas, en sus multiplicidades y variedades coexistentes, sus determinaciones de elementos, sus distribuciones de singularidades móviles, y sus formaciones de series ideales en torno a las singularidades. No es un estado de conciencia.
- Complicación. Estado de caos que retiene y comprende todas las series intensivas actuales que se corresponden con las series ideales, que las encarnan y afirman su divervencia. Recoge en sí el ser de los problemas, y otorga a todas los sistemas y a todos los campos que se forman en él el valor persistente de lo problemático.
- Implicación. Estado de las series intensivas, en cuanto comunican mediante sus  diferencias y resuenan formando campos de inviduación. Cada una esta implicada en relación con las otras, a las que implica a su vez; todas ellas constituyen “envolventes” y los “resueltos”.
- Explicación. Estado de las cualidades y extensiones que vienen a coincidir y a desarrollar el sistema, entre las series básicas; es allí donde se dibujan las diferenciaciones, las integraciones que definen el conjunto de la solución final. 
- Replicación. Los centros de envolvimiento muestran que los problemas persisten o la persistencia de los valores de implicación en el movimiento que los explica y resuelve.
(Pareciera que las tres últimas se relacionaran más directamente)

El Otro. (tal vez mejor: “lo” Otro).
En los sistemas psíquicos lo Otro no se confunde con los factores individuantes implicados en el sistema, sino que los “representa” en cierto modo, vale por ellos. Entre las cualidades y las extensiones desarrolladas del mundo perceptivo envuelve y expresa mundos posibles que no existen fuera de su expresión. 
Con ello da fe de valores de implicación persistentes que le confieren una función esencial en el mundo representado de la percepción. Supone ya organización de los campos de individuación,  en contrapartidas, es la condición bajo la cual percibimos en esos campos objetos y sujetos contradistintos. Los percibimos como individuos reconocibles, identificables.
Lo otro no es nadie, es una estructura que funda y asegura todo el funcionamiento del mundo en su conjunto.
Así, las nociones para la descripción del mundo –forma-fondo, profundidad-longitud, horizonte-foco, etc. Permanecerían vacias sin lo Otro. O los pasos de un objeto a otro, transiciones y rupturas, son posibilitados por esa estructura.
La estructura-otro es lo que garantiza la individuación del mundo perceptivo. No es ni Yo, ni Sí Mismo,  dado que éstos tienen necesidad de esta estructura para ser percibidos como individualidades. 
Es como si lo Otro integrara los factores individuantes y las singularidades preindividuales en los límites de objetos y sujetos,  que se ofrecen a la representación como percibidos y percipientes. 444
(Habría tres movimientos posibles de ida y vuelta: sujetos que efectúan la estructura-otro, aprehensión de lo Otro como siendo Nadie, y luego las regiones donde la estrutura-otro ya no funciona, región de las singularidades distribuídas en seno de la Idea pura y los factores individuantes distribuirse por la intensidad pura) (Quizás esto pueda relacionarse con los planos de inmanencia, consistencia y organización).
Pregunta sobre el origen de las Ideas, sus variaciones de relaciones y sus distribuciones singulares. Aquí la razón se hunde en un mas allá, origen radical, remitido a un juego divino. Distinción con el juego humano.
Esta sería una falsa manera de jugar, porque no esconde sus presupuestos: éstos son los presupuestos morales, la hipótesis del Bien y del Mal, y el juego es un aprendizaje de moralidad.   445
El juego divino es remitido sobre todo a Nietzsche. No hay regla preexistente, el juego versa sobre sus propias reglas. 446
Lugar del lanzamiento único y no repartido: distribución nómada y no sedentaria. Es el punto donde el origen radical se invierte como ausencia de origen, en el círculo siempre desplazado del eterno retorno.
Mundo de la voluntad: entre las afirmaciones del azar  (preguntas imperativas y decisorias) y las afirmaciones resultantes  (tipos de solución decisivos o resolutorios)  se desarrolla toda la positividad de las Ideas.
El juego de lo problemático y lo imperativo ha sustituido al de lo hipotético y lo categórico; el juego de la diferencia y la repetición ha sustituido al de lo Mismo y la representación. 447
En este despliegue es importante no caer en situar estas categorías como cerradas y encerradas en el mundo de la representación. Es necesario contraponer categorías abiertas, que afirmen el sentido pluralista y empírico de la Idea: existenciales contra esenciales, perceptos contra conceptos, o nociones empírico-ideales como lo propone Whitehaead  (libro Process and Reality).  448
Serían nociones “fantásticas” en la medida  en que se aplican a los fantasmas o simulacros. Estas son condiciones de la experiencia real, y  no sólo de la experiencia posible. Y por otro lado presiden distribuciones distintas, irreductibles e incompatibles: a las distribuciones sedentarias de las categorías se oponen las distribuciones nómadas operadas por las nociones fantásticas.  449

La repetición, lo idéntico y lo negativo.
La repetición como objeto de representación, aparece como identidad y la explicamos de manera negativa. Toma por modelo la repetición material y desnuda, que comprende mediante lo Mismo y  explica mediante lo negativo.   450
Esa repetición material se efectúa por y en una diferencia que le es sustraída por contracción, por y en un alma que sustrae una diferencia a la repetición.  
Si hay representación, es en un espacio contraído, por un alma  contemplativa y contrayente, pero ni representante ni representada.
La contracción y la diferencia son parte integrante de la repetición, es su parte constituyente, es la profundidad y un espesor sin la cual nada se repite en la superficie.
Hay un diferencia que forma parte necesariamente (en profundidad) de la repetición superficial a la que se sustrae.  Ahora hay que ver en qué consiste esa contracción.
Bergson plantea que en cada instante, está todo el pasado, pero en grados y niveles diversos, y de ellos el presente es tan sólo el más contracto, el más tenso.
La repetición no es entonces repetición de elementos o partes exteriores sucesivas, sino de totalidades coexistentes en diferentes niveles o grados. 451
La diferencia se disfraza de un nivel a otro, está en un entre. Por ello la diferencia misma se halla entre dos repeticiones: entre la repetición superficial de los elementos exteriores idénticos e instantáneos que contrae, y la repetición profunda de las totalidades internas de un pasado siempre variable, del que ella es el nivel más contracto.
La diferencia tiene dos caras, o la síntesis del tiempo ya de por sí dos aspectos:  uno, Habitus, tendido hacia la primera repetición que lo hace posible; el otro, Mnemosyne, ofertada a la segunda repitición, de la que es resultado.
En la  repetición, una cara tiene términos y lugares fijos, la otra comprende esencialmente el desplazamiento y el disfraz.  Una es negativa por defecto, la otra positiva por exceso. Una es la de los elementos, casos y veces, las partes extrínsecas; la otra la de las totalidades variables internas, la de los grados y los niveles. La una es sucesiva de hecho, la otra coexistente de derecho. La una estática, la otra dinámica. La una en extensión, la otra intensiva. La una ordinaria, la otra relevante  y de singularidades. La una horizontal, la otra vertical. La  una está desarrollada y debe ser explicada, la otra está envuelta y debe ser interpretada. La una es una repetición de la igualdad y simetría en el efecto, la otra de desigualdad, así como de asimitría en la causa. La una es de exactitud y de mecanismo, la otra de selección y de libertad. La una es una repetición desnuda, que no puede ser enmascarada sino por aumento y a posteriori; la otra es una repetición vestida, cuyas máscaras, desplazamientos y disfraces son los primeros, los últimos y los únicos elementos. 452
De esa oposición de caracteres se extraen dos consecuencias.
Repasa el planteo de la filosofía que toma la diferencia en la identidad y a la repetición como una diferencia sin concepto. Lo que presuponía la identidad del concepto para lo que se repetía. Explicaba la repetición como negativa o por defecto.
Pero, la Idea no es el concepto; se distingue de la identidad del concepto como multiplicidad diferencial positiva. 453
De ninguna manera la diferencia se subordina al concepto idéntico,  y con ello a la semejanza de percepción, a la oposición de predicados, a la analogía en el juicio.
Es necesario liberar a la diferencia y hacerla evolucionar en sistemas positivos donde lo diferente se relaciona con lo diferente, haciendo del descentramiento, de la disparidad, de la divergencia, otros tantos objetos de afirmación que rompen el marco de la representación conceptual.
La repetición tiene como poderes el desplazamiento y el disfraz, así como la diferencia, tiene la divergencia y el desplazamiento.
La Idea hace un mismo problema de la diferencia y de la repetición. Hay un exceso propio de la Idea que hace de ambas un objeto conjunto, como positividad superior que invierte las exigencias de la representación.  454
Una segunda cuestión es ir más allá de la contraposición de las dos repeticiones y plantear que la segunda repetición es la “razón” de la primera. Es preciso pensar que la repetición viva y vestida, vertical, comprehensiva de la diferencia, sea la causa de la que resulta tan sólo la repetición horizontal, material y desnuda.
Ya se ha visto para los tres casos de los conceptos de la naturaleza, de la libertad y los nominales: (ver pág. 54 y sgs.) en cada ocasión la repetición material es resultado de la repetición más profunda, que se elabora en espesor y la produce como resultado, como envoltorio exterior.  455
En cualquier caso el encadenamiento horizontal de las causas y de los efectos en el mundo reclama una causa primera totalizante, extramundana, como causa vertical de los efectos y de las causas.
Se repiten dos veces sumultáneamente, pero no de la misma repetición: una vez mecánica y materialmente, en anchura (extensión-explicación); otra simbólicamente, mediante simulacro, en profundidad; una vez se repiten las partes, otra vez el todo del que las partes dependen.
Las dos repeticiones no se realizan en la misma dimensión, sino que coexiten; una con los instantes, la otra con el pasado; la una elemental, la otra totalizante; y la más profunda, evidentemente, la “productora” no es la más visible, la que tiene más “efecto”. 456
Sigue una referencia a que aun en patologías graves con fenómenos de esteriotipia y reiteraciones, no hay una independencia de la repetición mecánica, sino una perturbación de la relación entre las dos repeticiones.  
Hay allí sin embargo, una positividad que inviste en el fragmento la totalidad de la vida psíquica, invistiendo en la repetición mecánica una de naturaleza distinta, perteneciente a la esfera del “instinto”, siempre desplazable y disfrazada. Bajo la fragmentación del síntoma hay siempre un significado continuo, más o menos rico de sentido.
La repetición es la potencia del lenguaje, y lejos de explicarse de manera negativa, implica una Idea de la poesía siempre excesiva.
Los niveles coexistentes de una totalidad psíquica pueden ser considerados, de acuerdo con las singularidades que los caracterizan, como actualizándose en series diferenciadas. Estas series son susceptibles de resonar bajo la acción de un “precursor oscuro”, son un fragmento que vale para la totalidadd en la que todos los niveles coexisten: cada serie se repite pues, en las otras al mismo tiempo que el precursor se desplaza de un nivel a otro, y se disfraza en todas las series. 458
Habría otro paso para superar el problema de que la segunda repetición participa de todas las ambigüedades de la memoria y del fundamento.  459
Habría una tercera síntesis en la que el fundamento, al abolirse en un sin-fondo, donde las ideas surgían de las formas, de la memoria, donde el desplazamiento y el disfraz de la repetición venían a coaligarse con la divergencia y  el descentramiento como potencias de la diferencia. 
Más allá de los ciclos, la línea primeramente recta de la forma vacía del tiempo; más allá de la memoria, el instinto de muerte; más allá de la resonancia, el movimiento forzado. Más allá de la repetición desnuda y de la repetición vestida, más allá de aquella a la que se sustrae la diferencia y de la que la comprende, una repetición que “marca” la diferencia. Más allá de la repetición fundada y  de la fundadora, una repetición de desfondamiento.
Más allá de una repetición física y de la repetición psíquica o metafísica ¿una repetición ontológica?
El arte no imita, sino que, ante todo, repite, y repite todas las repeticiones, debido a una potencia interior (la imitación es una copia, pero el arte es simulacro, invierte las copias convirtiéndolas en simulacros. 460
El problema estético es el de la inserción del arte en la vida cotidiana. El arte debe apegarse a ella, a sus habitualidades y estereotipias para arrancarle la pequeña diferencia que actúa en otra parte y simultáneamente en otros niveles de repetición.
Cada arte tiene sus técnicas de repetición imbricadas, cuyo poder crítico y revolucionario puede alcanzar el más alto punto, para conducirnos de las lerdas repeticiones de cada día a las repeticiones profundas de la memoria, y de ellas a las repeticiones últimas de la muerte donde se juega nuestra libertad. 461

La forma del tiempo y las tres repeticiones.
La forma pura del tiempo ordena las repeticiones.
La forma pura, la línea recta, se define en efecto por un orden que distribuye un antes, un durante  y un después, mediante un conjunto que los reúne a los tres en la simulteneidad de su síntesis a priori, y mediante una serie que hace corresponder a cada uno un tipo de repetición.
Desde ese punto de vista debemos distinguir la forma pura y los contenidos empíricos. Aquellas son fijas y éstos son móviles y se suceden.  462
La repetición versa sobre repeticiones, sobre modos o sobre tipos de repetición: lo que se repite es la repetición misma.
Cuando la repetición versa sobre las repeticiones, las reúne e introduce entre ellas la diferencia adquiere al mismo tiempo un poder de selección temible. 463
Todo depende de la distribución de las repeticiones bajo la forma, el orden, el conjunto y la serie del tiempo. Esta distribución del tiempo es compleja.
1er.nivel. la repetición del antes se define de manera negativa y por defecto: se repite porque no se sabe, porque no se recuerda, porque no se es capaz de la acción.
El “se” significa aquí el inconsciente como Ello, como primera potencia de la repetición.
2do. Nivel. La repetición del Durante se define por un hacerse-semejante o un hacerse-igual; se llega a ser capaz de la acción, significando aquí este “se” el inconsciente del Yo, su metamorfosis, su proyeccción en un Yo o yo-ideal, en tanto que segunda potencia de la repetición  (paso de la síntesis pasiva a la activa).
Pero semejante o igual, es a algo idéntico a sí mismo, identidad originaria, identidad del concepto en general o del Yo.
Esta dos repeticiones se reparten lo negativo y lo idéntico, en tanto límites de la representación.
Forman parte de un ciclo como partes análogas; y también recomienzan otro ciclo, en un recorrido análogo al primero. 464
3r. nivel. Lo anterior queda supeditado al tercer tiempo, el futuro, tiempo propio de la decisión, que deshace a las anteriores, ordena el tiempo en línea recta. Lejos de garantizar el ciclo de la analogía, el tercer tiempo lo suprime.
Las primeras se dan de una vez para siempre, el tercer tiempo las distribuye, porque hay dos repeticiones para un solo sentido, pero sólo el significado, lo repetido se repite como tal, aboliendo sus significaciones como condiciones. Es decir, las significaciones de las dos anteriores como condiciones. 465
La tercera es la repetición en el eterno retorno que hace posible el retorno de las otras dos. Sólo hay eterno retorno en el tercer tiempo. Sólo retorna lo incondicionado en el producto como eterno retorno.
Nietzsche no alcanza a hacer una exposición completa del eterno retorno. 
En el Zaratustra (III, De la visión y del enigma; El convalesciente), faltaría  una continuación dedicada a la muerte de Zaratustra.
Pero la progresión dramática del texto permite plantear preguntas y respuestas.
1) Ver. 467. En El convalesciente, Zaratustra niega  que el tiempo sea un círculo, quiere que sea una línea recta.
2) Luego de una nueva crisis y convalescencia llega a saber que el eterno retorno es otra cosa, que no hace volver ni lo mismo ni lo semejante.
3) Ver 467. Concibe el eterno retorno como selectivo. La selección se efectúa entre repeticiones: las que repiten negativamente y las que repiten idénticamente serán eliminadas. El eterno retorno es para una tercera vez: el tiempo del drama, tras lo cómico, tras lo trágico el drama queda definido cuando lo  trágico se hace gozoso y lo cómico, cómico de lo sobrehumano. El eterno retorno no hace retornar todo. (Los que no sobreviven: el pequeño hombre pasivo y el gran hombre activo, heroico, convertido en el hombre que quiere perecer).
No retornan: lo Negativo, lo Idéntico, lo Mismo y lo Semejante, lo Análogo y lo Opuesto. 
Sólo la afirmación retorna,es decir, lo Diferente, lo Disímil. Sólo retorna lo excesivo. 468
El “se” designa al mundo de las identidades individuales impersonales y de las singularidades preindividuales.
El eterno retorno es la identidad del mundo y del caos, el Caosmos.
Queda por  contestar a la pregunta sobre el contenido del tercer tiempo, de esa informalidad situada en el extremo de la forma-tiempo, de ese círculo descentrado que se desplaza en el extremo de la línea recta. El contenido afectado, modificado por el eterno retorno.
Se trata del simulacro. Los simulacros implican, bajo una misma potencia, el objeto=x en el inconsciente, la palabra=x en el lenguaje y la acción=x en la historia.
Los simulacros son los sistemas en los que lo diferente se relaciona con lo diferente mediante la diferencia como tal. No hay allí ninguna identidad previa, ninguna semejanza interior.
Todo es diferencia en las series, y la diferencia de diferencia en la comunicación de las series (es lo que se disfraza y se desplaza).
La repetición deriva del juego de la diferencia: 1. Porque cada serie no se explica ni se desarrolla sino implicando a las otras; 2. Pero no es implicada por las otras sin ser al mismo tiempo implicada como implicante.
El retornar en sí es el fondo de las repeticiones desnudas y el retornar sobre otra lo es de las vestidas.
La repetición en el eterno retorno aparece bajo todos sus aspectos como la potencia propia de la diferencia; y el desplazamiento y el disfraz de lo que se repite no hacen más que reproducir la divergencia y el descentramiento de lo diferente en un solo movimiento que es la diafora como transporte. El eterno retorno afirma la diferencia, la desemejanza y lo dispar, el azar, lo múltiple y el devenir.
Y elimina lo Mismo y lo Semejante, lo Análogo y lo Negativo, como presupuestos de la representación. 470
Pero por otro lado puede decirse que el eterno retorno es lo Semejante, y la repetición en  aquel es lo Idéntico, pero ambos no preexisten en lo que retorna. Se confunden con su retorno. Lo Mismo es el retornar de lo Diferente y lo semejante es el retornar de lo Disímil.
Hay aquí una inversión del mundo de la representación y del sentido que “idéntico” y “semejante” tenían en ese mundo. Ahora se ligan a los simulacros. 471
Pero tener en cuenta que el eterno retorno genera una ilusión; hay una simulación de la identidad, de la semejanza y de una negatividad. 472
Sigue una crítica a la filosofía de la representación.
Luego sobre la univocidad del Ser de Duns Scoto a Spinoza. 475-76.











                        





















































 


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