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   Subjetividad e historia
 

Subjetividad: sujeto (individual o social) versus agenciamientos colectivos de enunciación

En lugar de sujeto, de sujeto de enunciación o de las instancias psíquicas en Freud, prefiero hablar de «agenciamiento colectivo de enunciación». El
agenciamiento colectivo no corresponde ni a una entidad individuada, ni a
una entidad social predeterminada.
La subjetividad es producida por agenciamientos de enunciación. Los procesos de subjetivación o de semiotización no están centrados en agentes individuales (en el funcionamiento de instancias intrapsíquicas, egoicas, microsociales), ni en agentes grupales. Esos procesos son doblemente descentrados. 
Implican el funcionamiento de máquinas de expresión que pueden ser tanto de naturaleza extrapersonal, extra-individual (sistemas maquínicos, económicos, sociales, tecnológicos, icónicos, ecológicos, etológicos, de medios de comunicación de masas, esto es sistemas que ya no son
inmediatamente antropológicos), como de naturaleza infrahumana, infrapsíquica, infrapersonal (sistemas de percepción, de sensibilidad, de afecto, de deseo, de representación, de imagen y de valor, modos de memorización y de producción de ideas, sistemas de inhibición y de automatismos, sistemas corporales, orgánicos, biológicos, fisiológicos, etc.).
Toda la cuestión está en elucidar cómo los agenciamientos de enunciación reales pueden poner en conexión esas diferentes instancias. Está claro que no estoy inventando nada: esa posición puede aun no estar verdaderamente teorizada, pero, con certeza, está plenamente en acción en todo el desarrollo de la sociedad.

3. Producción de subjetividad e individualidad
Sería conveniente disociar radicalmente los conceptos de individuo y de subjetividad.
Para mí, los individuos son el resultado de una producción en masa. El individuo es serializado, registrado, modelado. Freud fue el primero en mostrar hasta qué punto es precaria esa noción de totalidad de un ego. La subjetividad no es susceptible de totalización o de centralización en el individuo.
Una cosa es la individuación del cuerpo. Otra la multiplicidad de los agenciamientos de subjetivación: la subjetividad está esencialmente fabricada y modelada en el registro de lo social. Descartes quiso unir la idea de subjetividad consciente a la idea de individuo (unir la conciencia subjetiva a la existencia del individuo) y hemos estado envenenándonos con esa ecuación a lo largo de toda la historia de la filosofía moderna. No por eso deja de ser verdad que los procesos de subjetivación son fundamentalmente descentrados en relación con la individuación.
Podría citar otros ejemplos. En el modo de subjetivación del sueño, es fácil constatar una explosión de la individuación de la subjetividad. En el acto de conducir un automóvil, no es la persona en tanto individuo, en tanto totalidad egoica la que lo está conduciendo; la individuación desaparece en
el proceso de articulación servomecánica con el automóvil. Cuando la dirección fluye, es prácticamente automática y la conciencia del ego, la conciencia del cogito cartesiano no interviene. De repente, hay señales que requieren nuevamente la intervención de la persona entera (es el caso de las señales de peligro). Está claro que siempre se reencuentra el cuerpo del individuo en esos diferentes componentes de subjetivación; siempre se reencuentra el nombre propio del individuo; siempre existe la pretensión del ego de afirmarse en una continuidad y en un poder. Pero la producción del habla, de las imágenes, de la sensibilidad, la producción del deseo no se ajustan en absoluto a esa representación del individuo. Esa producción es adyacente a una multiplicidad de agenciamientos sociales, a una multiplicidad de procesosde producción maquínica, de mutaciones de los universos de valor y de los universos de la historia.

Por lo tanto, fundar sobre otras bases una micropolítica de transformación molecular pasa por un cuestionamiento radical de esas nociones de individuo, como referente general de los procesos de subjetivación. Parece oportuno partir de una definición amplia de subjetividad, como la que estoy proponiendo, para, en seguida, considerar como casos particulares los modos de individuación de la subjetividad: momentos en los que la subjetividad dice yo, o superyó (ego o superego), momentos en los que la subjetividad se reconoce en un cuerpo o en una parte de un cuerpo, o en un sistema de pertenencia corporal colectiva. Pero ahí también estaremos delante de una pluralidad de abordajes del ego y, por lo tanto, la noción de individuo va a continuar expandiéndose.
 
El lucro capitalista es, fundamentalmente, producción de poder subjetivo.
Eso no implica una visión idealista de la realidad social: la subjetividad no se sitúa en el campo individual, su campo es el de todos los procesos de producción social y material. Lo que se podría decir, usando el lenguaje de la informática, es que, evidentemente, un individuo siempre existe, pero sólo en tanto terminal; esa terminal individual se encuentra en la posición de consumidor de subjetividad. Consume sistemas de representación, de sensibilidad, etc., que no tienen nada que ver con categorías naturales universales.
Voy a dar un ejemplo que puede parecer obvio. Los jóvenes que pasean por las calles equipados con un walkman establecen con la música una relación que no es «natural». Al producir ese tipo de instrumento (ya como medio ya como contenido de comunicación), la industria altamente sofisticada
que lo fábrica no está haciendo algo que simplemente transmite «la» música u organiza sonidos naturales. Lo que esa industria hace es, literalmente, inventar un universo musical, otra relación con los objetos musicales: la música viene de dentro y no de un punto exterior. En otras palabras, lo que esta industria hace es inventar una nueva percepción.
Otro ejemplo es el de los niños. De hecho, ellos perciben el mundo a través de los personajes del territorio doméstico, sin embargo esto es sólo en parte verdadero. Gran parte de su tiempo discurre delante de la televisión, 
absorbiendo relaciones de imagen, de palabras, de significaciones. Tales niños tendrán toda su subjetividad modelizada por ese tipo de aparato.
Otro ejemplo, aun, son las experiencias hechas por antropólogos en sociedades llamadas primitivas. Han presentado videos a algunas tribus y han constatado que el video era mirado como un objeto incluso divertido, pero como cualquier otro. Esa reacción nos muestra que el tipo de
comportamiento que consiste en quedarse completamente concentrado en el aparato, en una relación de comunicación directa, sólo existe en nuestra sociedad. Es ella la que lo produce.
 
Parto de la idea de una economía colectiva, de agenciamientos colectivos de subjetivación que, en algunas circunstancias, en algunos contextos sociales, pueden individualizarse. Para ilustrar eso, tomemos el ejemplo particular y obvio del lenguaje. Ferdinand de Saussure fue uno de los primeros lingüistas que estableció el carácter fundamentalmente social del lenguaje, su carácter de hecho social que se encarna en lenguas y agentes individuados.
Está claro que no son dos individuos, un emisor y un receptor, los que inventan el lenguaje en el momento en el que están hablando. Existe el lenguaje como hecho social y existe el individuo hablante. Lo mismo ocurre con todos los hechos de subjetividad. La subjetividad está en circulación en grupos sociales de diferentes tamaños: es esencialmente social, asumida y vivida por individuos en sus existencias particulares. El modo por el cual los individuos viven esa subjetividad oscila entre dos extremos: una relación de alienación y opresión, en la cual el individuo se somete a la subjetividad tal como la recibe, o una relación de expresión y de creación, en la cual el individuo se reapropia de los componentes de la subjetividad, produciendo un proceso que yo llamaría de singularización. Si aceptamos esa hipótesis, vemos que va más allá de la circunscripción de los antagonismos sociales a los campos económicos y políticos, la circunscripción del objeto a la lucha por la reapropiación de los medios de producción o de los medios de expresión política.
Es preciso entrar en el campo de la economía subjetiva y no restringirse al de la economía política.
Frente a ese sistema de mediación intrínseco a los procesos de deseo por el lenguaje, pienso que es necesario elaborar otra concepción de lo que es efectivamente la producción de subjetividad, la producción de enunciados en relación a esa subjetividad. Una concepción que no tenga nada que ver con postular instancias intrapsíquicas o de individuación (como en las teorías del ego), ni instancias de modelización de semióticas icónicas (como encontramos en todas las teorías relativas a las funciones de la imagen en el psiquismo). Un ejemplo de estas últimas es la teoría freudiana: Freud quiso construir una economía social de la subjetividad a partir de los sistemas de identificación y de toda la problemática de los ideales del ego.
 
No es verdad lo que dicen los estructuralistas: no son los hechos de lenguaje ni los de comunicación los que producen subjetividad. La subjetividad es manufacturada como lo son la energía, la electricidad o el aluminio. Un individuo es el resultado de un metabolismo biológico del cual participan su  padre y su madre. Podríamos ver las cosas de esa manera, pero, en realidad, la producción del individuo ahora depende también de la industria biológica y hasta de la ingeniería genética. Y es evidente que, si esa industria no se hubiese lanzado en una carrera permanente para responder a las oleadasde virus que atraviesan regularmente el planeta, la vida humana habría sido destruida. Es el caso de la expansión del sida que lleva a una caza del tesoro de inmenso alcance, a una carrera permanente para encontrar la respuesta.
Actualmente, el perfeccionamiento y la producción de respuestas inmunológicas forman parte de la creación de la vida en este planeta.
No existe una subjetividad del tipo «recipiente» donde se colocarían cosas esencialmente exteriores, que serían «interiorizadas». Tales «cosas» son elementos que intervienen en la sintagmática de la subjetivación inconsciente. Son ejemplos de «cosas» de este tipo: cierta manera de utilizar el lenguaje,de articularse con el modo de semiotización colectiva (sobre todo de los medios de comunicación de masas); una relación con el universo de las tomas de corriente eléctrica, en las cuales uno puede electrocutarse; una relación con el universo de circulación en la ciudad. Todos éstos son elementos constitutivos de la subjetividad.
 
El individuo, a mi modo de ver, está en la encrucijada de múltiples componentes de subjetividad. Entre esos componentes algunos son inconscientes.
Otros son más del dominio del cuerpo, territorio en el cual nos sentimos bien. Otros son más del dominio de aquello que los sociólogos americanos llaman «grupos primarios» (el clan, el grupo, la banda). Otros, incluso, son del dominio de la producción de poder: se sitúan en relación con la ley, la
policía e instancias de género. Mi hipótesis es que existe también una subjetividad aun más amplia: es lo que llamo subjetividad capitalística.
Sería conveniente definir de otro modo la noción de subjetividad, renunciando totalmente a la idea de que la sociedad, los fenómenos de expresión social son la resultante de un simple aglomerado, de una simple sumatoria de subjetividades individuales. Pienso, por el contrario, que es la subjetividad individual la que resulta de un entrecruzamiento de determinacionescolectivas de varias especies, no sólo sociales, sino económicas, tecnológicas, de medios de comunicación de masas, entre otras.
 
MARIO FUKS. Por lo que entendí, usted plantea que las mutaciones, las variaciones en la metodología de modelización corresponderían, en última instancia,a mutaciones generales en la producción de la subjetividad. Mi pregunta es: ¿existiría una articulación directa (y, en caso positivo, en qué grado) entre las transformaciones que vienen ocurriendo en la producción de subjetividad y las mutaciones de modelos psicoanalíticos que se vienen produciendo desde hace casi un siglo de historia del psicoanálisis?
GUATTARI. Un hecho subjetivo es siempre engendrado por un Agenciamiento de niveles semióticos heterogéneos. El engendramiento histórico de las modelizaciones del inconsciente corresponde a un fenómeno de inmensa transformación de los modos de territorialización subjetiva. Algunos modos de referencia subjetiva o modos de producción de subjetividad fueron literalmente  barridos del planeta con el ascenso de los sistemas capitalistas. Se puede decir que existe un movimiento general de desterritorialización de las referencias subjetivas. Hasta la Revolución Francesa y el romanticismo, la subjetividad permaneció ligada a modos de producción territorializados —en la familia extensa, en los sistemas corporativos, de castas, de segmentación social— que no reconducían la subjetividad operativa al nivel específico del individuo.
Con la emergencia de un nuevo tipo de fuerza colectiva de trabajo, con la delimitación de un nuevo tipo de individuación de la subjetividad, se instaló la cuestión de como inventar nuevas coordenadas de producción de la subjetividad. Historiadores como Philippe Ariès, Donzelot y otros han mostrado como se ha ido asistiendo a un confinamiento de la familia y a una delimitación de la infancia. En los sistemas anteriores a las formaciones capitalistas, la producción de la subjetividad en el niño no estaba completamente centrada en el funcionamiento de la familia conyugal. Una compleja economía de integración de las distintas franjas de edad y de articulación con el campo social circundantes, mantenía la subjetividad en relaciones de dependencia permanente. Las disparidades eran siempre, de algún modo, complementarias.
Tenemos varios testimonios literarios de esta complementariedad. Un ejemplo que se me ocurre es el de la relación entre Don Quijote, un señor, y Sancho Panza, su criado. Tal vez éste no sea el mejor de los ejemplos, pues lo que conocemos de la relación señor / criado a través de esta obra corresponde, en realidad, a un esbozo de desterritorialización de que esta relación ya se estaba dando en esa época.
 
La noción de responsabilidad individuada es una noción tardía, así como las nociones de error y de culpabilidad interiorizada. En cierto momento, se asistió a un confinamiento generalizado de las subjetividades, a una separación de los espacios sociales y a una ruptura de todos y cada uno de los antiguos modos de dependencia. Con la Revolución Francesa, no sólo todos los individuos se volvieron de derecho, y no de hecho, libres, iguales y hermanos (y, perdieron sus adhesiones subjetivas a los sistemas de clan, de grupos primarios), sino que también tuvieron que rendir cuentas a leyes transcendentales,  leyes de la subjetividad capitalística. 

En esas condiciones, fue necesario fundar el sujeto y sus relaciones sobre otras bases: la relación del sujeto con el pensamiento (el cogito cartesiano), la relación del sujeto con la ley moral
(el numen kantiano), la relación del sujeto con la naturaleza (otro sentimiento con respecto a la naturaleza y otra concepción de naturaleza), la relación con el otro (la concepción del otro como objeto). En esa deriva general de los modos territorializados de la subjetividad se desarrollaron no sólo teorías psicológicas referentes a las facultades del alma, sino también una reescritura permanente de los procedimientos de subjetivación en el campo general de las transformaciones sociales.
La evolución de la novela como un todo puede ser remitida a esas diferentes tentativas de creación de sistemas de referencia para los nuevos modos de producción de la subjetividad. Es interesante señalar como los sistemas de modelización de la novela están siempre, en cierta manera, relacionados con los sistemas de modelización del psiquismo. Freud siempre buscó sus referencias en la mitología antigua, sin embargo, las traducía a un cierto tipo de novela familiar mucho más próxima a la obra de Goethe, por ejemplo. No obstante, para mí, es evidente que los mayores psicoanalistas no son ni Freud, ni Lacan, ni Jung, ni nadie de ese tipo, sino gente como Proust, Kafka o Lautréamont. Estos últimos consiguieron representar las mutaciones subjetivas mucho mejor que las empresas de modelización premeditadamente científicas.
También los sistemas de modelización presentes en las concepciones de la organización de las luchas sociales están relacionados con los sistemas de modelización del psiquismo. Basta pensar en los tipos de producción subjetiva engendrados por el movimiento obrero, a través de la II Internacional, del leninismo o del maoísmo. Tal vez se trate de algo mucho menos palpitante que las expresiones ficcionales del sentimiento, pero sin duda alguna nos remiten a un modo de expresión que no tiene nada que ver con referirse directamente a la evolución de la subjetividad burguesa.
 
Si considerásemos lo que efectivamente pasa en el campo de la creación
artística y científica, jamás encontraríamos sistemas de centralización, instituciones que controlasen totalmente los procesos creativos. De algún modo, las producciones artísticas y científicas proceden de agenciamientos de enunciación que a la vez atraviesan no sólo las instituciones y las especialidades, sino además países y hasta épocas. Hay siempre una suerte de multicentrismo de los puntos de singularización en el campo de la creación. Esto no impide que haya, en un momento o en otro, un individuo creador o una escuela —pero siempre es retomado por un phylum de producción que se cruza con otro phylum. Sólo en la cabeza de lxos generales y de los déspotas de la cultura existe la idea de que se pueda planear una revolución,aunque ésta sea cultural. Por esencia, la creación es siempre disidente, transindividual,
transcultural.

4. Singularidad versus individualidad
[Reunión en el Instituto Freudiano de Psicoanálisis (Río de Janeiro, 10/09/1982)].
PREGUNTA ¿Usted plantea que todo proceso de transformación pasa por la singularización? ¿Quiere decir, entonces, que todo cambio es individual? GUATTARI. No, no se trata de eso. Estoy intentando decir exactamente lo contrario: la subjetividad colectiva no es el resultado de la suma de subjetividades individuales. El proceso de singularización de la subjetividad se hace confiriendo, asociando, uniendo dimensiones de diferentes especies. Puede suceder que procesos de singularización portadores de vectores de deseo se encuentren con procesos de individuación. En ese caso, se trata siempre de procesos de responsabilización social, de culpabilización y de entrada en la ley dominante. Creo que la relación entre singularidad e individualidad queda mejor planteada de esa manera, y no en una disyunción absoluta, que implica el mito de un retorno a la singularidad pura, a una conversión pura al proceso primario. Hay un permanente entrecruzamiento en el que se puede plantear la cuestión de forma concreta: ¿cómo articular un proceso de singularización, que se produce al nivel fantasmático del objeto de deseo o a cualquier otro nivel pragmático, con los procesos de individuación que nos invaden por todos lados?
¿Qué procesos de individuación son ésos? Un primer nivel de individuación, más obvio, el hecho de ser individuos biológicos, comprometidos con procesos de nutrición, de supervivencia. Una cuestión que ya se plantea en este primer nivel es la de cómo evitar que eso se convierta en una pasión de   muerte, en una problemática como la que encontramos en la anorexia o en la melancolía. Otro nivel de individuación es el de la división sexual: somos hombres, mujeres u homosexuales, en todo caso, somos algo perfectamente referenciable. Otro nivel aun, es el de la individuación en las relaciones socioeconómicas, la clase social que estamos forzados a asumir. Todos esos ejemplos nos muestran que la propia perspectiva de la individuación coteja diversos procesos de integración y normalización. La cuestión que se plantea es saber cómo una micropolítica de procesos singulares se articula con esos procesos de individuación. Todo el desarrollo de la filosofía, desde Descartes, y todo el desarrollo de la psicología, desde teóricos como Taine y Wundt, tienden a querer relacionar la subjetividad con una identidad individual, considerando que los conjuntos familiares y sociales serían superestructuras en relación con la subjetividad individuada. Desde mi punto de vista, es esto lo que está en la base de todas las visiones reduccionistas en el campo de la fenomenología y de la psicología. En realidad, los comportamientos y las incorporaciones en los sistemas de valor jamás provienen de esa individuación.

La relación que se establece entre el ego y la persona social y jurídica hace que se tienda siempre a responsabilizar a las funciones de la subjetividad. Se da entonces un fenómeno de reificación social de la subjetividad, con todos sus contra-efectos de represión, de culpabilización, etc. Estamos totalmente prisioneros en una especie de individuación de la subjetividad. En este sentido,me parece que la cuestión no es propiamente la de resguardarnos en el nivel de nuestra individualidad. En este caso, corremos el riesgo de permanecer girando sobre nosotros mismos, como si estuviésemos con un terrible dolor de dientes y sin que pudiéramos desencadenar procesos de singularización ya sea en el nivel infrapersonal ya en el nivel extrapersonal, puesto que para eso es necesario conectarse con el exterior.

Cuando digo «proceso de subjetivación», de «singularización», no tiene nada que ver con el individuo. Desde mi punto de vista, no existe unidad evidente de la persona: el individuo, el ego o la política del ego, la política de la individuación de la subjetividad, son correlativos a sistemas de identificación modelizantes.
 
 
 
 Micropolítica. Cartografías del deseo. Félix Guattari. Suely Rolnik
 
 
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