Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte  
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 Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte. Esquizoanalisis. Rosario. Argentina (1989)
FORMACION, PRODUCCION Y PRACTICAS CLINICAS ESQUIZOANALITICAS
 


Deleuze, Guattari, Mil Mesetas. cap Modelo marítimo
 

 Naturalmente, tanto en el espacio estriado como en el espacio liso existen puntos, líneas y superficies (también volúmenes, pero por ahora dejamos de lado ese problema). Pues bien, en el espacio estriado, las líneas, los trayectos tienen tendencia a estar subordinados a los puntos: se va de un punto a otro. En el liso, ocurre justo lo contrario: los puntos están subordinados al trayecto. Ese era ya el vector vestido-tienda-espacio del exterior, entre los nómadas. Es la subordinación del hábitat al trayecto, la adecuaciòn del espacio del interior al espacio del exterior: la tienda, el iglú, el barco. Tanto en el espacio liso como en el estriado existen paradas y trayectos; pero, en el espacio liso, el trayecto provoca la parada; una vez más, el intervalo se apodera de todo, el intervalo es sustancia (de ahí los valores rítmicos).
 En el espacio liso, la línea es, pues, un vector, una dirección y no una dimensión o una determinación métrica. Es un espacio construido gracias a operaciones locales con cambios de dirección. Estos cambios de dirección pueden ser debidos a la propia naturaleza del trayecto, como entre los nómadas del archipiélago (espacio liso “dirigido”); pero con mayor motivo pueden ser debidos a la variabilidad de la meta o del punto a alcanzar, como entre los nómadas del desierto que van hacia una vegetación local y temporal (espacio liso “no dirigido”). Pero dirigido o no, pero sobre todo en el segundo caso, el espacio liso es direccional, no dimensional o métrico. El espacio liso está ocupado por acontecimientos o haecceidades, mucho más que por cosas formadas o percibidas. Es un espacio de afectos más que de propiedades. Es una percepción háptica más bien que óptica. Mientras que en el estriado las formas organizan una materia, en el liso los materiales señalan fuerzas o le sirven de síntomas. Es un espacio intensivo más bien que extensivo, de distancias y no de medidas. Spatium intenso en lugar de Extensio. Cuerpo sin órganos en lugar de organismo y de organización. En él, la percepción está hecha de síntomas y de evaluaciones más bien que de medidas y de propiedades. Por eso el espacio liso está ocupado por las intensidades, los vientos y los ruidos, las fuerzas y las cualidades táctiles y sonoras, como en el desierto la estepa o los hielos. Chasquido del hielo y canto de las arenas. El espacio estriado, por el contrario, está cubierto por el cielo como medida y las cualidades visuales mesurables derivadas de él.
 Aquí es donde se plantearía el problema muy especial del mar. Pues el mar es el espacio liso por excelencia, y sin embargo es el que más pronto se ha visto confrontado con las exigencias de un estriaje cada más estricto. El problema no se plantea en la proximidad de la tierra. Al contrario, el estriaje de los mares se ha realizado en la navegación de altura. El espacio marítimo se ha estriado en función de dos conquistas, astronómica y geográfica: el punto, que se obtiene por un conjunto de cálculos a partir de una observación exacta de los astros y del sol; la carta, que entrecruza los meridianos y los paralelos, las longitudes y las latitudes, cuadriculando así las regiones conocidas o desconocidas (como una tabla de Mendeleiev). Según la tesis portuguesa, ¿hay que asignar una fecha-transición hacia 1440m que habría señalado un primer estriado decisivo y que habría hecho posibles los grandes descubrimientos? Nosotros más bien estamos de acuerdo con Pierre Chaunu cuando invoca una larga duración, en la que lo liso y lo estriado se enfrentan en el mar, y en la que el estriaje se instala progresivamente. Pues, antes de la tardía localización de las longitudes, existe toda una navegación nómada empírica y compleja que hace intervenir los vientos, los ruidos, los colores y los sonidos del mar; luego una navegación direccional, preastronómica y ya astronómica, que utiliza una geometría operatoria, sólo opera todavía por latitud, sin posibilidad de “señalar en punto”, sólo dispone de portulanos y no de verdaderas cartas, sin “generalización traducible”; y los progresos de esta navegación astronómica primitiva, primero en las condiciones especiales de latitud del océano Índico, después e los circuitos elípticos del Atlántico (espacios rectos y curvos). Es como si el mar no sólo hubiese sido el arquetipo de todos los espacios lisos, sino el primero de esos espacios en sufrir un estriado que lo dominaba progresivamente y lo cuadriculaba aquí o allá, por una lado, luego por el otro. Las ciudades comerciantes han participado en ese estriaje, y con frecuencia innovado, pero sólo los Estados podían generalizarlo, elevarlo al nivel global de una “política de la ciencia”. Progresivamente se ha instaurado lo dimensional, que subordinaba lo direccional o se superponía a ello.
 Sin duda, de esa forma, el mar, arquetipo del espacio liso, ha sido también el arquetipo de todos los estriajes del espacio liso: estriaje del desierto, estriaje del aire, estriaje de la estratosfera (que hace que Virilio pueda hablar de un “litoral vertical” como cambio de dirección). En el mar fue donde primero se dominó el espacio liso, y donde se encontró un modelo de organización, de imposición del estriado, válido para otros sitios. Lo que no contradice la otra hipótesis de Virilio: al término de su estriaje, al mar vuelve a producir una especie de espacio liso, ocupado primero por el fleet in being, luego por el movimiento constante del submarino estratégico, que desborda todo cuadriculado, que inventa un neonomadismo al servicio de una máquina de guerra todavía más inquietante que los Estados que la reconstituyen en el límite de sus estriajes. El mar, luego el aire y la estratosfera vuelven a ser espacios lisos, pero para mejor controlar la tierra estriada, en la más extraña de las inversiones. El espacio liso siempre dispone de una potencia de desterritorialización superior al estriado. Cuando uno se interesa por los nuevos oficios e incluso por las nuevas clases, ¿cómo no interrogarse sobre esos técnicos militares que vigilan día y noche las pantallas de  radar, que habitan o habitarán por mucho tiempo los submarinos estratégicos y los satélites, y qué ojos, qué oídos de apocalipsis  ponen, pues apenas pueden ya distinguir un fenómeno físico, un vuelo de saltamontes, un ataque “enemigo” procedente de cualquier punto? Todo esto para recordar que lo liso puede ser trazado y ocupado por potencias de organización diabólicas; pero, sobre todo, independientemente de cualquier juicio de valor, para mostrar que hay dos movimientos no simétricos, uno que estría lo liso, otro que vuelve a producir liso a partir de lo estriado. (E incluso con relación al espacio liso de una organización mundial, ¿no existen también nuevos espacios lisos, o espacios agujereados, que nacen como alarde? Virilio invoca el inicio de un hábitat subterráneo  en el “espesor mineral”, y que puede tener valores muy diversos).
 Volvamos a la oposición simple entre lo liso y lo estriado, pues aún no estamos en condiciones de considerar sus combinaciones concretas y disimétricas. Lo liso y lo estriado se distingue en primer lugar por la relación inversa del punto y de la línea (la línea entre dos puntos en el caso de lo estriado, el punto dentro los líneas en lo liso). En segundo lugar, por la naturaleza de la línea (lisa-direccional, intervalos abiertos; estriado-dimensional, intervalos cerrados). Por último, existe una tercera diferencia que concierne a la superficie o al espacio. En el espacio estriado se delimita una superficie y se “reparte” según intervalos determinados, según las frecuencias y la longitud de los trayectos  (logos y nomos). Ahora bien, por simple que sea, la oposición no es fácil de situar. No podemos contentarnos con oponer directamente el suelo liso del ganadero-nómada a la tierra estriada del cultivador sedentario. Es evidente que el campesino, incluso sedentario, participa plenamente del espacio de los vientos, de las cualidades sonoras y táctiles. Cuando los antiguos griegos hablan del espacio abierto del nomos, no delimitado, no fraccionado, campo preurbano, ladera de montaña, meseta, estepa, no lo oponen a la polis, a la urbe, a la ciudad. Cuando Ibn Khaldoun habla de la Vahadilla, de la beduinidad, ésta incluye tanto a los cultivadores como a los ganaderos nómadas: la opone a la Hadara, es decir, a la “ciudadanía”. Evidentemente, esta precisión es importante; y sin embargo no cambia casi nada. Pues, desde los tiempos más remotos, desde el neolítico e incluso el paleolítico, la ciudad inventa la agricultura: bajo la acción de la ciudad, el agricultor, y su espacio estriado, se superponen al cultivador todavía en espacio libre (cultivador transhumante, semisedentario o ya sedentario). Por eso podemos encontrar a ese nivel la oposición simple que en principio rechazábamos entre agricultores y nómadas, entre tierra estriada y suelo liso, pero pasando indirectamente por la ciudad, en tanto que fuerza de estriaje. Por tanto, no sólo el mar, el desierto, la estepa y el aire, son el lugar de una confrontación entre lo liso y lo estriado, también lo es la propia tierra, según que exista una agricultura en espacio-nomos o una agricultura en espacio-urbe. Es más: ¿no habrá que decir lo mismo de la urbe? Contrariamente al mar, la urbe es el espacio estriado por excelencia; pero así como el mar es el espacio liso que se deja fundamentalmente estriar, la urbe sería la fuerza de estriaje que volvería a producir, a abrir por todas partes espacio liso, en la tierra y en los demás elementos –fuera de ella, pero también en ella-. Espacios lisos surgen de la ciudad que ya no son únicamente los de la organización mundial, sino los de una respuesta que combina lo liso y lo agujereado, y que se vuelve contra la ciudad: inmensos suburbios cambiantes, provisionales, de nómadas y de trogloditas, residuos de metal y de tejido, patchwork, que ya ni siquiera son afectados por los estriajes de la moneda, del trabajo o de la  vivienda. Una miseria explosiva, que la ciudad segrega, y  que correspondería a la fórmula matemática de Thon: “un alisado retroactivo”. ¿Fuerza condensada, potencialidad de una respuesta?
 Así pues, cada vez, la oposición simple “liso-estriado” nos remite a complicaciones, alternancias y superposiciones mucho más difíciles. Pero esas complicaciones confirman en primer lugar la distinción, precisamente porque ponen en juego movimientos disimétricos. De momento, sólo habría que decir que existen dos tipos de viaje, que se distinguen por el papel respectivo del punto, de la línea y del espacio. ¿Viaje-Goethe y viaje-Kleist? ¿Viaje francés y viaje inglés (o americano)? ¿Viaje-árbol y viaje-rizoma? Pero nada coincide exactamente, y además todo se combina, o pasa del uno al otro. Pues las diferencias no son objetivas: se puede habitar en estriado los desiertos, las estepas o los mares; se puede habitar en liso incluso las ciudades, ser un nómada de las ciudades (por ejemplo un paseo e Miller, en Cliché o en Brooklin, es un trayecto nómada en espacio liso, logra que la ciudad vomite un patchwork, diferenciales de velocidad, retrasos y aceleraciones, cambios de orientación, variaciones continuas… Los beatniks deben mucho a Miller, pero todavía modificarán la orientación, harán un nuevo uso del espacio fuera de las ciudades). Ya hace mucho tiempo que Fitzgerald decía: no se trata de partir hacia los mares del Sur, no es eso lo que determina el viaje. No sólo existen extraños viajes en la ciudad, también existen viajes in situ: no nos referimos a los drogadictos, cuya experiencia es demasiado ambigua, sino más bien a los verdaderos nómadas. Y a propósito de estos nómadas se puede decir, como lo sugiere Toynbee: no se mueven. Son nómadas a fuerza de no moverse, de no migrar, de mantenerse en un espacio liso que se niegan a abandonar, y que sólo abandonan para conquistar y morir. Viaje in situ, ese es el nombre de todas las intensidades, incluso si se desarrollan también en extensión. Pensar es viajar, y nosotros hemos intentado anteriormente construir un modelo tecnológico de los espacios lisos y estriados. En resumen, los viajes no se distinguen ni por la cualidad objetiva de los lugares ni por la cantidad mesurable de movimiento –ni por algo que estaría únicamente en el espíritu- sino por el modo de especialización, por la manera de estar en el espacio, de relacionarse con el espacio. Viajar en liso o en estriado, pensar del mismo modo… Pero sin olvidar los pasos del uno al otro, las transformaciones del uno en el otro, las inversiones. En la película En el curso del tiempo,  Wenders hace que se entrecrucen y se superpongan los trayectos de dos personajes, uno de los cuales realiza un viaje que todavía es goethiano, cultural, memorial, “educativo”, estriado por todas partes, mientras que el otro ya ha conquistado un espacio liso, sólo hace experimentación y amnesia en el “desierto” alemán. Pero, curiosamente, el primero se abre al espacio y efectúa una especie de aislado retroactivo, mientras que estrías vuelven a formarse en el segundo, a cerrar su espacio. Viajar en liso es todo un devenir, aunque sea un devenir difícil, incierto. No se trata de volver a la navegación preastronómica ni a los antiguos nómadas. El enfrentamiento de lo liso y lo estriado, los pasos, alternancias y superposiciones, continúan hoy en día, y en los sentidos más diversos
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