Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte  
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 Centro de Estudios e Investigación de Medicina y Arte. Esquizoanalisis. Rosario. Argentina (1989)
FORMACION, PRODUCCION Y PRACTICAS CLINICAS ESQUIZOANALITICAS
 


Rizoma
Gilles Deleuze – Félix Guattari

 Hemos escrito el Antiedipo entre dos. Como sea que cada uno de nosotros era varios, eso redundaba ya en mucha gente. Aquí nos hemos valido de todo cuanto podía acercarnos, lo más próximo y lo más lejano. Hemos distribuido hábiles seudónimos a fin de hacer el trabajo irreconocible. ¿Por qué hemos conservado nuestros nombres? Por costumbre, sólo por costumbre. Para volvernos irreconocibles a nuestra vez. No para volvernos imperceptibles nosotros mismos, sino aquello que nos hace actuar, sentir o pensar. Y, luego, porque es muy grato hablar como todo el mundo; decir ha salido el sol, cuando la generalidad de las personas sabe que es un modo de hablar. No llegar al extremo en que ya no se dice yo, sino al extremo en el que decir yo no tiene ya importancia alguna. Ya no somos nosotros mismos. Cada quien conocerá a los suyos. Hemos sido ayudados, absorbidos, multiplicados.
Ya casi no hablamos de psicoanálisis; sin embargo, aun hablamos, inclusive, demasiado. Nada más de eso. Nos fastidiaba; sin embargo, éramos incapaces de cortar por lo sano Los psicoanalistas y principalmente los psicoanalizados nos hastían demasiado. Era preciso que, por cuenta nuestra, precipitáramos esta materia que nos frenabasin forjarnos ilusiones acerca del alcance objetivo de tal operación—- era necesario que le comunicásemos una velocidad artificial capaz de llevarla hasta la ruptura o hasta nuestro desmoronamiento. Se acabó; no hablaremos mas del psicoanálisis después de este libro. A nadie hará sufrir ya, a ellos ni a nosotros. Es curioso como las objeciones que a uno le hacen son retardalrices. Cuando usted intenta nadar en un arroyo, a sus pies les ponen grilletes: ¿ha pensado en eso?, ¿qué hace con aquello?, ¿es usted muy coherente? ¿acaso no ve la contradicción? También dulzura, de no responder nunca. Solamente hay algo todavía peor que las objeciones y refutaciones de las objeciones, esto es. la reflexión, el retorno a. . . Por ejemplo, en un libro, el regreso a otro anterior: y, ¿qué hay de eso?, ¿ha comprendido bien a Freud?, y ¿su último libro, ha cambiado usted? Analizar la situación ¡qué horror! Un libro no tiene objeto ni sujeto, está elaborado de materias distintamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes. A partir del momento en que un libro es atribuido a un sujeto, se descuida este trabajo de las materias y de la exterioridad de sus relaciones. Se fabrica un Dios bueno para los movimientos .geológicos. En un libro, a igual que en todas las cosas, hay líneas de articulación o de segmentariedad, planos, territorialidades; pero, también, lineas de fuga, movimientos de desterritorialización y de destratificación. Las velocidades comparadas de circulación de flujo, según estas líneas, llevan en sí fenómenos de retraso relativo, de viscosidad o, por el contrario, de precipitación y ruptura (ciertamente el psicoanálisis ha sido nuestra traba; era necesario cortar). Todo esto, líneas, velocidades medibles, constituye una composición maquínica. Un libro es una tal composición y, como tal, es inatribuible. Es una multiplicidad aunque todavía no se sabe lo que el múltiple implica cuando él deja de ser atribuido, o sea, cuando es elevado al estado de substantivo. Una composición maquínica es dirigida hacia los planos, los cuales forman, indudablemente, una especie de organismo, o bien, una totalidad significante, o bien una determinación atribuible a un sujeto, pero no menos hacia un cuerpo sin órganos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras; y de atribuirse los sujetos a los cuales no deja más que un nombre, como traza de una intensidad. ¿Cuál es el cuerpo sinórganos de un libro? Hay varios: según la naturaleza de las líneas consideradas; según su contenido o su densidad propia; según su posibilidad de convergencia en un "plano de consistencia" que asegure en la selección. Por aquí,como por allá, las unidades de medida constituyen lo esencial: cuantificar la escritura. No hay diferencia entre aquello de lo cual un libro habla y del modo como está elaborado. Un libro no tiene, pues, no más objeto. En calidad de composición, él mismo está en conexión con otros cuerpos sin órganos. No se deberá preguntar nunca lo que un libro quiere decir, significado o significante; tampoco deberá tratarse de comprender nada en un libro. Únicamente vale preguntar con qué funciona; en conexión de qué hace pasar o no intensidades; en cuáles multiplicidades introduce y metamorfosea la suya; con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro no existe más que por lo exterior y en el exterior. Así pues, siendo un libro por sí mismo una pequeña máquina, cabe preguntar: ¿en qué relación, a su vez mensurable, se encuentra esta máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., —y con una máquina abstracta que las arrastre? Se nos ha reprochado invocar con demasiada frecuencia a los literatos. Objeción idiota, ya que, cuando se escribe, sólo hay una cuestión la cual consiste en saber a qué otra máquina puede y debe estar conectada la máquina literaria, para que le sea dable funcionar. Kleist, y una loca máquina de guerra; Kafka, y una inaudita máquina burocrática. .. (Y, suponiendo que uno se tornara animal o vegetal por literatura, lo cual de ninguna manera quiere decir literariamente, ¿no sería primero por la voz que uno se convierte en animal?) La literatura es una composición, nada tiene que ver con la ideología; no hay ni jamás hubo ideología.
Nosotros no hablamos de algo distinto: las multiplicidades, las líneas, planos, segmentariedades, líneas de fuga e intensidades, las disposiciones maquinicas y sus
diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su selección, el plano de consistencia, las unidades de medida en. cada uno de los casos. Los estratómetros, los
deleómetros, las unidades CsO de densidad, las unidades CsO de convergencia no sólo forman una cuantificación de la escritura, sino que la definen como en tanto que son siempre la mesura de algo distinto. Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con medir, cartografiar, inclusive las comarcas venideras.
Un primer tiempo de libro es el libro-raíz. El árbol es ya.la imagen del mundo; también, la raíz es la imagen del árbol-mundo. Es el libro clásico, como bella interioridad orgánica, significante y subjetiva (los planos del libro).
El libro imita al mundo, como el arte, a la naturaleza: por procedimientos que le son propios, y que conducen a buen término lo que la naturaleza no puede o no puede hacer ya.
La ley del libro es aquella de la reflexión; el Uno que se torna dos. ¿Cómo la ley del libro podría estar en la naturaleza, dado que preside la propia división entre mundo
y libro: naturaleza y arte? Uno se convierte en dos: siempre que nos encontramos de nuevo con esta fórmula —así fuera estratégicamente anunciada por Mao, y asi
fuese comprendida "dialécticamente" al máximum—, nos hallamos ante el más clásico y más reflexionado pensamiento, el más viejo y fatigado. La naturaleza no se conduce así: las propias raices son en ella pivotantes, con una ramificación más numerosa lateral y circular, no dicotómica. El espíritu retarda sobre la naturaleza. Hasta el libro, como realidad natural, es pivotante, con su eje, y las hojas a su derredor. Pero, el libro, como realidad espiritual, el Árbol o la Raíz, en tanto que imagen, no deja de desarrollar la ley del Uno que se convierte en dos, luego, dos que se convierte en cuatro. . . La lógica binaria es la realidad espiritual del árbol-raiz. Hasta una disciplina tan "avanzada" como la lingüistica conserva este árbol-raiz en calidad de imagen de base, que la vincula a la reflexión clásica (así Chomsky y el árbol syntagmático da comienzo en un punto S, para proceder por dicotomía).
Eso es tanto como decir que este pensamiento jamás ha comprendido la multiplicidad: requiere de una fuerte unidad primordial supuesta para llegar a dos mediante un método espiritual. Y del lado del objeto, según el método natural, es indudable que se puede pasar directamente del Uno al tres, cuatro o cinco, si bien a condición siempre de disponer de una fuerte unidad primordial, esto es, la del
pivote que soporta las raíces secundarias. Esto casi no mejora. Las relaciones biunívocas entre círculos sucesivos tan sólo han podido remplazar la lógica binaria de la dicotomía. La multiplicidad no es mejor comprendida por la raíz pivotante que por la dicotómica. Una opera en el objeto, en tanto que la otra lo hace en el sujeto. La lógica binaria y las relaciones biunivocas dominan aún el psicoanálisis (el árbol del delirio en la interpretación freudiana de Schreber), la lingüística y el estructuralismo, y hasta la informática.
El sistema raicilla, o raíz fasciculada, es la segunda figura del libro, de la cual nuestra modernidad se vale gustosamente. En esta ocasión, la raíz primordial ha abortado, o bien se destruye hacia su extremidad; sobre ella se va injertando una multiplicidad inmediata y cualquiera de las raíces secundarias que experimentan un gran desarrollo. Esta vez, la realidad natural aparece en el aborto de la principal raíz, pero su unidad no subsiste nada menos como pasado o venidero, como posible. Y cabe preguntarse si la realidad espiritual y pensada no compensa este estado manifestando, a su vez, la exigencia de una unidad secreta aún más comprensiva, o de una totalidad más extensa. Sea el procedimiento de cut-up, de Burroughs: el plegado de un texto sobre otro, constitutivo de raices múltiples e, inclusive, adventicias (diríamos un esqueje), implica una dimensión suplementaria a la de los textos considerados. En esta dimensión suplementaria del plegado es en donde la unidad prosigue su trabajo espiritual. En este sentido, la obra más resueltamente parcelaria puede ser también presentada como la Obra total o el Gran Opus. Los métodos modernos, en su mayoría, valen perfectamente para hacer proliferar las series o para favorecer el crecimiento de una multiplicidad en una dirección, por ejemplo lineal, en tanto que una unidad de
totalización se afirma tanto más en otra dimensión, la de un círculo o de un ciclo. Cada vez que una multiplicidad se encuentra apresada en una estructura, su crecimiento está compensado por una reducción de las leyes de combinación. Los abortadores de la unidad son aquí manifiestamente hacedores da ángeles, doctores angelici, ya que afirman una unidad propiamente angélica y superior. Las
palabras de Joyce, justamente llamadas "de raíces múltiples", no rompen de hecho la unidad lineal de la palabra y hasta de la lengua, más que estableciendo una unidad
cíclica de la frase, del texto o del saber. Los aforismos de Nietzsche sólo rompen la unidad lineal del saber remitiendo a la unidad cíclica del eterno retorno, presente como un no-sabido en el pensamiento, lo cual viene a significar que el sistema fasciculado no rompe verdaderamente con el dualismo, con la complementariedad de un sujeto y de un objeto, de una realidad natural y de una realidad espiritual: la unidad nunca deja de ser contrariada e impedida en el objeto, mientras que un nuevo tipo de unidad triunfa en el sujeto. El mundo ha perdido su pivote, el sujeto ya no puede dicotomizar, siquiera; pero, accede a una unidad más alta, de ambivalencia o de sobredeterminación, en una dimensión siempre suplementaria de la de su objeto. El mundo se ha convertido en un caos; pero el libro permanece como imagen del mundo, caosmos-raicilla en lugar de cosmos raíz. Rara mistificación, ésta del libro, tanto más total cuanto más fragmentada. El libro como a imagen del mundo; de todos modos, ¡qué idea tan insulsa!
Verdaderamente no basta prorrumpir en ¡Viva lo múltiple!, aun cuando esta exclamación sea difícil de lanzar. Ninguna habilidad tipográfica, lexical o inclusive sintáctica será capaz de hacerlo entender. Lo múltiple hay que hacerlo, no precisamente añadiendo siempre una dimensión superior, antes bien, por el contrario, lo más sencillamente posible, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siemprpe n-1 (sólo así es como el uno forma parte de lo múltiple, estando siempre substraído). Substraer lo único de la multiplicidad a constituir;
escribir a n-1.
 
A este sistema se le podría llamar rizoma. Un rizoma como tronco subterráneo se distingue totalmente de las raices y raicillas. Los bulbos, los tubérculos son rizomas.
Las plantas de raíz o raicillas pueden ser rizomorfas por cualquier otro concepto: la cuestión de saber si la botánica, en su especificidad, no es por entero rizomórfica. Incluso hay animales que lo son por lo que respecta a su forma de manada; las ratas son rizomas. Las madrigueras lo son en cuanto a todas sus funciones de habitat, de previsión, de desplazamiento, de evasión y de ruptura. El rizoma en sí posee muy diversas formas, desde su extensión superficial ramificada en todos los sentidos, hasta sus concreciones en bulbos y tubérculos. Cuando las ratas se deslizan unas bajo las otras. En el rizoma se encuentra lo mejor y lo peor: la patata y el grama, la mala hierba. Animal y planta, la grama, es la digitaria. Estamos persuadidos que
a nadie podríamos convencer si dejáramos de enumerar algunos caracteres aproximados del rizoma. 1º y 2º — Principios de conexión y heterogeneidad: cualquier punto de un rizoma puede ser conectado con otro cualquiera, y debe
serlo. No es igual con respecto al árbol o a la raíz que fijan un punto, un orden. El árbol lingüístico al modo de Chomsky aún comienza en un punto S y procede por dicotomía. En un rizoma, a la inversa, cada rasgo no remite necesariamente a un rasgo lingüístico: eslabones semióticos de todas naturalezas están ahí conectados a modos de codificación muy distintos, eslabones biológicos, políticos, económicos,
etc., poniendo en juego no sólo regímenes de signos diferentes, sino también, estatutos de estados de cosas. Las disposiciones colectivas de enunciación funcionan, en efecto, directamente en las disposiciones maquínicas, y no es posible establecer una ruptura radical entre los regímenes de signos y sus objetos. En la lingüística, aun cuando se pretende ceñirse a lo explícito y nada suponer de la lengua, se permanece en el interior de las esferas de un discurso que implica todavía modos de disposición y tipos de poder social particulares. La gramaticalidad de Chomsky, el símbolo categorial S que domina todas las frases, es primero un marcador de poder antes que un marcador sintáctico: Formarás frases gramaticalmente correctas; dividirás cada
enunciado en sintagma nominal y .sintagma verbal (primera dicotomía. . .). No habrá reproche para tales modelos lingüísticos de ser excesivamente abstractos, antes bien, a la inversa, de no serlo bastante, de no alcanzar a la máquina abstracta que efectúa la conexión de una lengua con contenidos semánticos y pragmáticos de los enunciados, con las disposiciones colectivas de enunciación, con toda una micropolítica del campo social. Un rizoma no dejaría de conectar eslabones semióticos, organizaciones de poder, coyunturas remitiendo a las artes, a las ciencias, a las luchas sociales. Un eslabón semiótico es como un tubérculo que aglomera muy diversos actos, lingüísticos, pero igualmente perceptivos, mímicos, gestuales, cogitativos: no existe
lengua en sí; tampoco, universalidad del lenguaje. Concurren diversos dialectos, patúa y argot, en abundancia, lenguas especiales. No existe el locutor-auditor ideal,
así como no se cuenta con una comunidad lingüística homogénea. De acuerdo con una fórmula de Weinreich, "la lengua es una realidad esencialmente heterogénea". a) No hay una lengua-madre, sino toma del poder de una lengua dominante en una multiplicidad política. La lengua logra su estabilidad en torno a una parroquia, un obispado, una capital. Hace bulbo. Evoluciona por troncos y flujos subterráneos, a lo largo de valles fluviales, o líneas de ferrocarril, se desplaza por medio de manchas de aceite. (2) En la lengua siempre se pueden realizar descomposiciones estructurales internas: esto no es esencialmente distinto de una investigación de raíces. Siempre hay algo de cariz genealógico en el árbol, no se trata de un método popular.
Al contrario, un método de tipo rizoma sólo puede analizar el lenguaje descentrándolo sobre otras dimensiones y demás registros. Una lengua jamás se encierra en si misma, como no sea en una función de impotencia.
3º—Principio de multiplicidad: únicamente si lo multiplica es positivamente tratado como substantivo, multiplicidad, es cuando deja de tener relación alguna con el
Uno como sujeto o como objeto, como realidad natural o espiritual, como imagen y mundo. Las multiplicidades son rizomáticas, y denuncian las seudomultiplicidades arborescentes. No hay unidad que sirva de pivote en el objeto, así como tampoco que se divida en el sujeto. Ni una unidad siquiera, aun queriendo, para abortar en el objeto y para "retornar" en el sujeto. Una multiplicidad no tiene sujeto ni objeto, sino tan sólo determinaciones, grandezas, dimensiones que no pueden crecer sin que ella cambie de naturaleza (las leyes de combinación crecen, pues, mediante la multiplicidad). Los hilos de la marioneta, en tanto que rizoma o multiplicidad, no remiten a la voluntad, que se supone es única, de un artista o de un pensador, antes
bien a la multiplicidad de las fibras nerviosas que, a su vez, forman otra marioneta, siguiendo otras dimensiones conectadas a las primeras: "Los hilos o los troncos que mueven a las marionetas -—llamémosles la trama. Podríamos objetar que su multiplicidad resida en la persona del actor que la proyecta en el texto. Sea; pero sus fibras nerviosas forman, a su vez, una trama. Y ellas se sumergen a través de la
masa gris, la retícula, hasta lo indiferenciado. . . El juego se acerca a la pura actividad de los tejedores, aquella que es atribuida por los mitos a las parcas y a los nornes. (3)
Una composición es, precisamente, este crecimiento de las dimensiones en una multiplicidad que cambia inevitablemente de naturaleza a medida que aumenta sus conexiones. En un rizoma no hay puntos o posiciones, como se les encuentra en una estructura, un árbol, una raíz. No hay más que líneas. Cuando Glenn Gouid acelera la ejecución de un trozo musical no es que actúe únicamente en calidad de virtuoso, sino que transforma los puntos en líneas, haciendo proliferar el conjunto. Es que el número
ha dejado de ser un concepto universal que mide elementos según su lugar en una dimensión cualquiera, para convertirse en una multiplicidad variable siguiendo las dimensiones consideradas (primacía del dominio sobre un complejo de números vinculado a este dominio). Unidades de medida no tenemos; únicamente, multiplicidades o variedades de medida. La noción de unidad nunca aparece, hasta que se produce en una multiplicidad una toma de poder por el significante, o un proceso correspondiente de subjetivación: asi la unidad-pivote que funda un conjunto de relaciones biunívocas entre elementos objetivos o puntos objetivos, o bien el Uno que se divide siguiendo la ley de una lógica binaria de la diferenciación en el sujeto. La unidad siempre actúa en el seno de una dimensión vacía, suplementaria a aquella que pertenece al sistema considerado (encodificar). Pero, precisamente, un rizoma o multiplicidad no deja nunca encifrar, no dispone jamás de dimensión suplementaria al número de sus líneas, es decir, a la multiplicidad de números destinados a esas líneas. Todas las multiplicidades son planas en tanto que ellas llenan, ocupan todas sus dimensiones: asi pues, se hablará de un plano de consistencia de las multiplicidades, aunque este "plano" sea de dimensiones crecientes conforme el número de conexiones que se establecen en él. Las multiplicidades se definen por lo externo: por la línea abstracta, línea de fuga o de desterritorialización conforme la cual transforman su naturaleza al conectarse con otras. El plano de consistencia (retícula) es la parte exterior de todas las multiplicidades. La línea de fuga señala, a un tiempo, la realidad de un número de dimensiones limitadas, que la multiplicidad llena efectivamente; la imposibilidad de toda dimensión suplementaria, sin que la multiplicidad se transforme siguiendo esta línea; la posibilidad y la necesidad de allanar todas estas multiplicidades en un mismo plano de consistencia o de exterioridad, cualesquiera que sean sus dimensiones. Lo ideal de un libro sería exponer todo sobre tal plano de exterioridad, sobre una sola página, sobre una misma zona: acontecimientos vividos, determinaciones históricas, conceptos reflexionados, individuos, grupos y formaciones sociales. Kleist inventó una escritura de este tipo, un encadenamiento destrozado de afectos, con velocidades variables, precipitaciones y transformaciones, siempre en conexión con lo externo. Anillos abiertos. También sus textos se oponen por todos conceptos al libro clásico y romántico constituido por la interioridad de una substancia o de un sujeto. El libro-máquina de guerra contra el libro-aparato de Estado. Las multiplicidades planas de n dimensiones son asignificantes y asubjetivas. Ellas son designadas por artículos indefinidos, o más pronto partitivos
{del grama, del rizoma. . .).
No habremos de preguntarnos, sobre todo, lo qué una multiplicidad significa ni a quién se atribuye, sino que, tratándose de una multiplicidad cualquiera, pongamos, por ejemplo, FASCISMO —horrible multiplicidad—, definida por sus líneas o dimensiones —expuestas, precisamente, en el plano de consistencia—, nos podemos preguntar según que dimensión significa esto o aquello, según que linea se atribuye a un individuo, a un grupo o a una formación social. Pues existe un fascismo individual, uno de grupo y otro de formación social. Y, precisamente, tales distinciones no son pertinentes, sino secundarias y derivadas con respecto al estudio directo de multiplicidad. (4) Es necesario golpear fuerte con el martillo, aplanar para convertirnos en forjadores del inconsciente.
4º—Principio de ruptura asignificante: contra los cortes demasiado significantes, cortes que separan las estructuras, o que atraviesan una. Un rizoma puede ser roto,
quebrado en cualquier parte, vuelve a brotar siguiendo tal o cual de sus lineas y aun otras líneas. No se termina nunca con las hormigas, ya que éstas forman un rizoma animal en el cual la mayor parte puede ser destruida sin que deje de reconstruirse. Todo rizoma comprende líneas de segmentariedad, según las cuales es estratificado, territorializado, organizado, significado, atribuido, etc.; pero también líneas de desterritorialización por las que huye sin cesar. Hay ruptura en el rizoma cada vez que lineas segmentarias exploten en una línea de fuga, si bien ésta forma parte del rizoma. Estas líneas no dejan de remitirse las unas a las otras. Es por esta razón que nunca se puede dar un dualismo o una dicotomía, aun bajo la forma rudimentaria de lo bueno y lo malo. Se produce una ruptura, se traza una linea de fuga, no obstante, siempre se corre el riesgo de volver a encontrar en ella organizaciones que reestratifican el conjunto, formaciones que devuelven el poder a un significante, atribuciones que reconstituyen un sujeto —todo lo que uno quiera, desde los resurgimientos edí-
picos hasta las concreciones fascistas. Hemos sido conceptuados de fascistas; jamás lo seremos suficiente, hasta tal extremo somos conscientes, nosotros al menos, que el fascimo no es aquel de otros únicamente. Los grupos y los individuos contienen microfascismos que no piden sino cristalizarse. Sí, el grama es también rizoma. Lo bueno y lo malo no pueden ser más que el producto de una selección
activa y temporal a empezar de nuevo.
¿Acaso los movimientos de desterritorialización, así como los procesos de reterritorialización no podrían ser relativos, perdurablemente empalmados, asidos los unos de los otros? La orquídea se desterritorializa formando una imagen, una reproducción exacta de la avispa; pero, la avispa se reterritorializa en esta imagen; no obstante, se desterritorializa, volviéndose una pieza en el aparato de reproducción de la orquídea; sin embargo, ella reterritorializa la orquídea transportándole el polen. La avispa y la orquídea, en tanto que heterogéneas, establecen rizoma. Se podría decir que la orquídea imita a la avispa, de la cual ella reproduce la imagen de una manera significante (mimesis, mimetismo, treta, etc.). Sin embargo, esto solo no es verdad más que a nivel de estratos —paralelismo entre dos estratos tales que una organización vegetal sobre el uno imita una organización animal sobre el otro. A un tiem po, se trata de algo completamente distinto: nada absolutamente de imitación, sino captura del código, plusvalía del código, aumento de valencia, verdadero devenir, devenir-avispa de la orquídea, devenir-orquídea de la avispa, cada
uno de estos devenires asegurando la desterritorialización de uno de los términos y la reterritorialización del otro, los dos devenires encadenándose y relevándose según una
circulación de intensidades que impulsa a la desterritorialización siempre más y más lejos. No hay imitación ni parecido. sino explosión de dos series heterogéneas en la
linea de fuga compuesta por un rizoma común, el cual no puede ser ya atribuido ni sometido, sea lo que fuere de significante. Rémy Chauvin dice claramente: "Evolución apáratela de dos seres que en absoluto tienen nada que ver el uno con el otro". (5) Con más generalidad puede ser que los esquemas de evolución sean llevados de más en más a abandonar el viejo modelo del árbol y de la descendencia. En ciertas condiciones, un virus puede conectarse a células germinales y él mismo transmitirse como genecelular de una especie complexa: aún más: podría huir,
pasar a las células de otra especie cualquiera no sin llevarse "informaciones genéricas" provenientes del primer huésped (de esta suerte son las investigaciones actuales de Penveniste y Todaro acerca de un virus del tipo C, en su doble conexión con el ADN del babuino y el ADN de ciertas especies de gatos domésticos). Los esquemas de evolución ya no se harían únicamente según modelos de descendencia arborescente, yendo del menos diferenciado al más diferenciado, sino, según un rizoma, actuando de inmediato en lo heterogéneo y saltando de una linea ya diferenciada a otra. (6) Allí aun, evolución apáratela del babuino y del gato, donde uno no es, evidentemente, el modelo del otro, así como el otro tampoco es la copia del uno (un deyenir-babuino en el gato no significaría que el gato 'haga ' el babuino). Por nuestra parte, hacemos rizoma con nuestro virus, o más bien son nuestros virus los que nos hacen hacer rizoma con otros animales. En opinión de Jacob, las transferencias de material genético por virus u otros procedimientos, las fusiones de células descendientes de especies diferentes, tienen resultados análogos a los
"amores abominables estimados en la Antigüedad y en la Edad Media". (7) Comunicaciones transversales entre líneas diferenciadas enmarañan los árboles genealógicos. Buscar siempre lo molecular o hasta la partícula submolecular con
la cual nos enlazamos. Evolucionamos y nos morimos más de gripes polimorfas y rizomáticas que de nuestras enfermedades hereditarias o de enfermedades que tienen en sí su propia descendencia. El rizoma es una antigenealogía. Lo mismo acontece con el libro y el mundo: el libro no es imagen del mundo, de acuerdo con una arraigada creencia.
Hace rizoma con el mundo; hay evolución aparalela del libro y del mundo; el libro asegura la desterritorialización del mundo, pero el mundo opera una reterritorialización del libro que, a su vez, se desterritorializa en sí mismo en el mundo (de ser capaz de ello y si puede). La mimética es un muy mal concepto, que depende de una lógica binaria, para fenómenos de muy distinta naturaleza. El cocodrilo no reproduce un tronco de árbol, al igual que el camaleón no reproduce los colores de su alrededor. La Pantera rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, es su devenir-mundo, para hacerse ella misma imperceptible, asignificante, labrar su ruptura, su línea de fuga, llevar hasta el final su "evolución aparalela . Sabiduría de las plantas: incluso cuando ellas son araices, siempre hay un exterior donde hacen rizoma con aguna cosa —con el viento, con un animal, con el hombre (y también un aspecto por el cual los mismos animales construyen rizoma, y los hombres, etc.). "La embriaguez como irrupción triunfal de la planta en nosotros". Y siempre seguir el rizoma por ruptura, extender, prolongar, relevar la línea de fuga, variarla, hasta producir la línea más abstracta y tortuosa con n dimensiones, con las direcciones rotas. Conjugar los flujos desterritorializados. Seguir
a las plantas: empezaremos por fijar los límites de una primera línea según los círculos de convergencia alrededor de singularidades sucesivas; y después veremos si, en el interior de esta línea, nuevos círculos de convergencia se establecen con nuevos puntos situados fuera de los límites y en otras direcciones. Escribir, construir rizoma,
aumentar su territorio por desterritorialización, extender la línea de fuga hasta .el punto en donde ella cubra todo el plano de consistencia en un máquina abstracta. "Primero ve a tu primera planta, y allí observa atentamente como se derrama el agua a chorros a partir de ese punto. La lluvia ha debido transportar los granos lejos. Sigue los regueros que el agua ha cavado, así conocerás la dirección de la desembocadura. Busca, entonces, la planta, que, en esta dirección, se encuentra más alejada de la tuya. Todas las que crezcan entre estas dos son para tí. Más tarde, cuando estas últimas siembren a su vez sus granos, tú podrás, siguiendo el curso de las aguas a partir de cada una de esas plantas, ampliar su territorio". (8) La música no ha dejado de introducir sus líneas de fuga, como otras tantas "multiplicidades de transformación", incluso invirtiendo sus propios códigos los cuales la estructuren o la arborifiquen; es por esta razón por la que la forma musical, hasta en sus rupturas y proliferaciones, es comparable a la mala hierba, un rizoma. (9)
 


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