Devenires
de la subjetividad
La perspectiva
esquizoanalítica y los procesos de salud y enfermedad mental.
Por Alfonso Lans
"El Dios medieval
se ha dispersado, sin perder por ello nada de su fuerza y de su unidad formal
profunda: la Ciencia, la Clase obrera, la Patria, el Progreso, la Salud, la
Seguridad, la Democracia, el Socialismo - la lista sería demasiado larga - son
otros tantos avatares de Él."
François
Châtelet,
El siglo XX fue testigo
de un desplazamiento de la mirada, este acontecimiento está señalado en la
distancia que media entre un enfoque bio-psico-social de las ciencias del
hombre o interdisciplinario y una concepción social histórica de las
producciones subjetivas.
Me propongo indicar algunos planos que componen un vasto campo de problemas.
En primer lugar debo señalar la importancia de algunas nociones para ubicar el
plano epistemológico y ontológico en dicho proceso de producción social e
histórico. Estos planos reflejan con mayor claridad los cambios en el modo en
que el hombre se interroga por sus formas de conocer y por su relación con el
mundo. Es precisamente por este cambio de preguntas y del modo en que nos
interrogamos por los procesos psicológicos, sociales e históricos, que se
constituye un nuevo campo de problemas y en él es que ubicamos el nódulo de
nuestra experiencia subjetiva. Una vez desarrollado este plano - el de la
relación del sujeto con la verdad - pasamos a analizar la relación del sujeto
con el saber tomando como eje la problemática de la salud/enfermedad mental.
El enfoque
bio-psico-social
Desde distintas
corrientes y disciplinas se habla de enfoque bio-psico-social en tanto las
llamadas ciencias del hombre buscan en determinado momento histórico reconocerlo
como unidad, es decir una totalidad en si misma . Esta época está signada por
la producción de una mirada que se compone con el concurso de diversas
disciplinas científicas que toman al hombre por objeto. Es así que en este
período el hombre, en tanto objeto de estudio científico, es asumido en su
"totalidad" y como resultado de este proceso de síntesis se produce
una "mentalidad interdisciplinaria" que intenta dar cuenta de los
procesos humanos mediante la articulación de los diversos saberes y cuya pretensión
es alcanzar un enfoque "holístico". Es la noción de
"hombre en situación" la que permitirá echar a andar dicho proyecto.
La mencionada noción fue popularizada por el filósofo francés Jean Paul Sartre
y amplificada en el Río de la Plata por Enrique Pichón Riviérè y José Bleger.
Es notorio, como ha planteado De Brasi, que si fue necesario plantearse una
articulación, ello se debió a que cada dominio científico fue constituido
mediante la operación que aisló su objeto de estudio. Se realizó, de este modo,
un corte que desvinculó al objeto de otros dominios disciplinarios con el
objetivo de aprenderlo. Cada corte corresponde a una disciplina específica, que
conecta al objeto así construido con un discurso teórico que le es propio y
este último viene a organizarse como una jerga con pretensión de lenguaje. Las
articulaciones mencionadas quedan claramente señaladas por el guión que une lo
bio-psico-social y que denota la intención de integrar saberes, a la vez que es
signo de una "toma de consciencia" de lo que el hombre no es. El
hombre no es solamente un ser biológico, ni un ser psíquico, ni un ser social,
ni bastan los abordajes parciales para comprenderlo en su complejidad.
Ciencia e
interdisciplina
Para comprender este
esfuerzo de unificación y totalización de las ciencias del hombre es preciso
realizar un rodeo que eche luz sobre el proceso de formación del corpus
científico. El desarrollo de la ciencia moderna como sistema de organización y
producción del saber se ha desplegado en contra del aristotelismo, lo cual
determina que aquella automáticamente creciera enfrentándose a la metafísica y
a su saber global y teológico. En un primer momento de su desarrollo se
establecen divisiones que delimitan grandes continentes que se desgajan de la
filosofía y que a su vez conforman nuevos dominios constituidos por saberes,
teorías y técnicas. Lo que a cada dominio viene a darle su consistencia, no es
otra cosa que su centro, es decir su objeto formal y abstracto. Su construcción
permitirá, por la observación e investigación científica, determinar las leyes
que lo rigen.
Este modo de organización arborescente del saber científico permite
territorializar dominios precisos en la medida que discrimina sus objetos y
descubre las leyes simples que rigen la dinámica interna al objeto y su
dominio. Esta ciencia es una ciencia de lo estable, de la búsqueda de
invariantes, de lo que permanece básicamente idéntico a si mismo; es una
ciencia que el único tiempo que admite es el de la eternidad. Lo eterno
pareciera ser lo que obsesiona a los científicos fundadores de las ciencias
modernas al tratar de establecer leyes universales. Ciencias que se preguntaban
por aquello que permanece. Esta ciencia adopta el método experimental que le
permite establecer un diálogo con la naturaleza. Nótese sin embargo que, como
señala Prigogine, es un diálogo muy particular: el de los
dominadores/explotadores de la naturaleza.
El método experimental permite a la teoría interrogar la naturaleza a través de
sus hipótesis, y decidir si la naturaleza acepta una teoría o la rechaza de
plano. Otro elemento que compone a estos dominios son las unidades de medida
que construye cada disciplina.
"Un proceso
natural se investiga como posible llave de una hipótesis teórica; y como tal se
lo prepara, purifica, antes de interrogarle en el lenguaje de esa teoría".
"La ciencia clásica parecía imponer una elección entre la visión del
hombre profundamente extraño al mundo y el rechazo de un solo modo fructífero
de diálogo con la naturaleza."
Podría decirse por lo que
se desprende del párrafo anterior que la ciencia está construida en contra de
la naturaleza, puesto que niega la complejidad y el devenir, alegando un mundo
regido por un número pequeño de leyes.
"Las leyes
matemáticas simples a las cuales, según se cree, están sujetos los
comportamientos elementales y que constituirían la verdad última del Universo,
casi siempre han sido concebidas sobre el modelo general de las leyes
dinámicas".
Estas leyes describen el
mundo en términos de trayectorias deterministas y reversibles,
como vemos el espacio es la dimensión privilegiada. Bergson ya había señalado
que,
desde las primeras teorías mecánicas hasta la propia teoría de la relatividad,
tiempo y espacio, tiempo y movimiento, se hallaban tan estrechamente ligados y
que no dejaban de confundirse entre sí.
La arquitectura que la ciencia adoptó podría representarse como un gran
edificio de apartamentos. Los apartamentos que representan a cada disciplina
tienen grandes ventanas orientadas hacia el exterior, pero internamente el
edificio solo dispone de pequeños pasillos zigzagueantes que a duras penas se
conectan entre sí.
Este "edificio" se estableció sobre la serie de estratificaciones que
constituyen los diversos dominios disciplinarios y que, como efecto, producen
una fragmentación de nuestra percepción de la realidad. La percepción sigue
entonces un modelo acorde con las diversas parcelas científicas que han
resultado rigurosamente delimitadas. ¿En definitiva, en que difiere el modo en
que organizamos la realidad y el modo en como la percibimos?
Esta imagen del pensamiento ya ha sido profusamente criticada por Deleuze y
Guattari y anteriormente por pensadores como Bachelard. También se ha
denunciado como los resultados, avances y retrocesos en la producción de conocimientos
de cada disciplina quedaban encerrados en sus espacios estancos. Ello, sin
embargo, no puede negar que cada disciplina, si se ha desarrollado, es porque
ha brindado respuestas a las demandas sociales que las produjeron y aún
alimentan. Cada disciplina desarrolla el lenguaje que le permite describir los
objetos y procesos que investiga. Sin duda estamos ante una tensión que ya hace
mucho tiempo atrapa el interés de los científicos e investigadores.
La interdisciplina surge entonces como una necesidad en el campo
social-histórico, es un intento por totalizar el conocimiento científico. Es la
respuesta dada en determinado momento histórico en función de los obstáculos
que la propia realidad planteaba a las disciplinas científicas, en un intento
por superar la fragmentación creciente del conocimiento científico.
Eppur si muove
Si queremos entender a
que se debió la estratificación de la ciencia es necesario establecer su
genealogía aunque para ello solo nos baste retroceder apenas unos 400 años.
Ya señalamos que la ciencia galileana se erige contra el aristotelismo que fue
hegemónico hasta el iluminismo. Este movimiento construye un discurso
científico en clara
oposición a la metafísica y en especial a la teología, denominado por los
historiadores como ciencia moderna.
"Eppur si
muove" habría manifestado Galileo cuando, en 1633, se retracta
públicamente de sus convicciones científicas para evitar la condena del
Vaticano. En su expresión se condensa el núcleo de la ciencia naciente, ya que
a partir del acontecimiento señalado lo esencial de la práctica científica
estará en el respeto a los hechos y no ya a los textos sagrados.
En una carta, dirigida al Padre Castelli y fechada en 1613, Galileo escribe:
"Puedo creer de
buen grado que la autoridad de las Sagradas Escrituras no tuvo otra intención
que la de enseñar a los hombres los artículos y proposiciones que , siendo
necesarios para su salvación y superando toda razón humana, no podían enseñarse
y hacerse dignos de crédito sino por la boca misma del Espíritu Santo. Pero que
Dios, que nos ha dotado de sentido, razón e intelecto, haya querido que
prescindamos de ellos, que haya que proporcionarnos otro medio de conocer lo
que podemos conocer a través de los mismos, no pienso que sea necesario creerlo"
Los textos de Galileo enseñan y afirman la confrontación entre dos poderes
de estado, uno decreciente y otro que emergía: iglesia y ciencia.
En el "episodio Galileo" es que ambos se miden y paradojalmente el
condenado es quien emerge triunfante. El Estado feudal, su racionalidad y su
referente ideológico estaban en juego. La caída del feudalismo para dar paso al
sistema capitalista implica el abandono de la teología como fundamento de su
racionalidad y fuente de legitimación divina del estado. Los estados nacionales
nacientes requieren del contrato rousseauniano como su legitimador y la
racionalidad de la ciencia como fundamento.
La ciencia ha hecho de este episodio un símbolo de libertad, sin embargo el
mismo revela la incoherencia en sus entrañas, además de las contradicciones que
se manifiestan en sus propias condiciones de producción, puesto que los valores
de aquella sociedad en que nace y se desarrolla son enjuiciados como obstáculo,
resistencia, u oscurantismo, opuestos por naturaleza a la cruzada por la verdad
que la naciente ciencia moderna propone.
En este sentido, Feyerabend interpela la tesis de que Galileo habría respetado
los hechos e intenta demostrar que la ciencia no puede aspirar a una verdad
esencialmente distinta a la producida por otras formas de pensamiento, como el
mítico o el religioso, ya que el italiano no ha dejado de interpretar los
hechos al afirmar sus teorías.
Alexandre Koyré es claro al señalar la coincidencia de los historiadores de
la ciencia moderna al definir su esencia y estructura: la inmensa mayoría
insiste en su carácter empírico y concreto por oposición al carácter libresco
de la ciencia clásica y medieval. La observación y la experiencia aparecen como
una luz en el cuadro del oscurantismo medioeval y que la ciencia occidental
interpela en una ofensiva contra la tradición y la autoridad. Es sin duda una
imagen pero no definitiva, pues la observación y la experimentación como fuente
del conocimiento aparecen desde los inicios de la historia del hombre, son
inmanentes al proceso de conocimiento y aprendizaje.
Como vimos, la modernidad
se inaugura en el mismo movimiento con que la ciencia occidental se libera de
la mayor parte de sus ataduras con la metafísica. Al construir y jerarquizar el
método experimental, compone la posibilidad de un mundo ateo habitado solo por
objetos y hechos. Esta "operación" instituye la ciencia moderna y
liga en forma indisoluble el nombre de Galileo a la revolución científica del
siglo XVI. Es en este siglo que se produce una mutación intelectual radical que
procesa una transformación inédita del espíritu humano: la praxis pasa a ocupar
el lugar que hasta entonces el espíritu contemplativo ostentaba debido a una
cultura que consideraba la actividad "teórica" como la más elevada.
El naciente hombre moderno trata por todos los medios de dominar la naturaleza
estableciendo una diferencia radical con el hombre medioeval que se empeñaba en
contemplarla.
Desde nuestra perspectiva actual diríamos que la operación de Galileo, como la
de los fundadores de la ciencia moderna, implica la destrucción de la
subjetividad medioeval y el diseño de una nueva subjetividad. Producen una
transformación de los modos en que pensamos y hacemos; es decir, de nuestro
modo de relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos, fundando una nueva
concepción del mundo y del sujeto.
Koyré, prestigioso historiador de la ciencia que citábamos más arriba, en su
libro "Estudios de historia del pensamiento científico",
caracteriza esta revolución de la subjetividad de la siguiente manera:
"No intentaré
explicar aquí las razones y causas que provocaron la revolución espiritual del
siglo XVI. Para nuestro propósito basta con describirla caracterizando la
actitud mental o intelectual de la ciencia moderna a través de dos rasgos
solidarios:
1º. la destrucción del cosmos y por consiguiente, la desaparición en la ciencia
de todas las nociones fundamentadas en esta noción. 2º., la geometrización del
espacio, es decir, la sustitución de la concepción de un espacio cósmico
cualitativamente diferenciado y concreto, el de la física pregalileana, por el
espacio homogéneo y abstracto de la geometría euclidiana. Se puede resumir y
expresar del siguiente modo estas dos características: la matematización
(geometrización) de la naturaleza y, por consiguiente, la matematización
(geometrización) de la ciencia."
Si la interpretación de
Koyré es correcta, es evidente entonces que, en este punto, Galileo apela a una
vuelta al platonísmo y más precisamente, a concepciones pitagóricas y
euclidianas. Sin embargo el historiador Stillman Drake contradice a Koyré en un
punto esencial al demostrar que en 1604 Galileo Galilei no habría intentado
realmente deducir consecuencias observables a partir de una definición
matemática a priori. En el texto de 1604 lo que el científico pisano
propone - según Drake - es una medida local:
"Es un error
pensar que Galileo partió desde el principio de la hipótesis de que las
ciencias matemáticas gobernaban la naturaleza y la física debía conformársele.
Más bien las matemáticas se le fueron imponiendo gradualmente en la cuestión
espinosa del cambio literalmente continuo"
El problema que planteaba
Galileo, el físico, era determinar qué estaba midiendo: concebir una velocidad
independientemente del movimiento, con el objeto de medirla,
era su desafío. Su importancia radicó en inventar un nuevo carácter físico, una
manera radicalmente distinta de determinar el fenómeno y un nuevo modo de
mensurar.
Galileo adjudica a la naturaleza un lenguaje que, como ya vimos, es el matemático
(geométrico), dirá que la naturaleza es un libro abierto y que para conocerla
bastaba con aprender su lenguaje. Una vez conocido sólo resta dialogar con
ella. Desde esta nueva perspectiva para conocer su verdad sólo es necesario
formular las preguntas en forma correcta. Sin embargo, no podemos olvidar que
este particular sistema de preguntas que se instituye lleva implícito un modo
particular de relacionamiento con la naturaleza: su dominación queda implícita
en el trabajo de producción y organización del conocimiento.
La naturaleza se concibe como un autómata y el lenguaje matemático que le
corresponde instrumenta una reducción de la complejidad del mundo para poder
aprenderlo a través de sus regularidades. Las respuestas a las preguntas que el
observador formula a la naturaleza se revelan en una serie de leyes dinámicas
(mecánicas) que muestran la simplicidad del funcionamiento del mundo, aunque de
todos modos sea necesario trascender la experiencia para que a través de la
experimentación, se descubra el velo que permita hacer emerger la verdad oculta
tras la apariencia. El esfuerzo de Galileo se ve coronado por los
descubrimientos de Newton, quien termina por consolidar la posición de la
ciencia física moderna. Newton logra establecer las leyes básicas de la
dinámica a partir del descubrimiento de la ley de gravedad de los cuerpos. Este
peculiar modo de "ver" el mundo posibilitó establecer unidades de
medida acorde a cada dominio disciplinario. Con el establecimiento de estas
unidades de medida es que se desarrollan las diversas disciplinas científicas.
Estas son fundamentales para el desarrollo de la experimentación como método de
estudio e investigación. A modo de ejemplo: la química no se desarrollará como
disciplina científica hasta que aísle el átomo y establezca el peso atómico y
ordene su famosa tabla periódica de los elementos.
Como señala Prigogine la
naturaleza queda confundida con un "gran código" de leyes y el
científico, con la figura del legislador. Galileo si bien nos
"arranca" del mundo teológico, coloca al hombre en el lugar de
"dios" al separarlo de la naturaleza. Esta escisión: hombre /
naturaleza, es la misma que separa al sujeto del objeto. Mediante el método
experimental que instituye la separación sujeto/objeto es que se produce el
mito del conocimiento objetivo, es decir científico.
El observador se posiciona fuera del mundo y con ello funda la posibilidad de
establecer leyes universales válidas en todo tiempo y espacio siempre que se
mantenga dentro del dominio disciplinario que le es específico.
El esfuerzo de las
ciencias modernas radica en establecer leyes universales, con la expectativa de
conocer con exactitud el dominio en cuestión. Esta ilusión es posible en
función de la espacialización del pensamiento que excluye el tiempo como
variable. La ciencia clásica concibió al mundo como dado de una vez y para
siempre, por lo tanto su tarea fue establecer las regularidades de un mundo
estable, ello fue posible al sacrificar el devenir por una parte y la
diferencia por otra. Así la función del observador es despojar a los fenómenos
de su complejidad para descubrir tras ellos la simplicidad de un mundo
gobernado por sus regularidades, es decir, por sus propias leyes más o menos
simples. La diversidad del mundo queda aplastada bajo una operación que la
señala como apariencia. En el dispositivo conformado, la función del observador
se apoya en el concepto de semejanza que permite señalar lo mismo que se afirma
en cada repetición. De ello la ciencia extrae sus regularidades, pero, sin
embargo, olvida que éstas no borran lo diferente que simultáneamente deviene en
cada singularidad que se actualiza en la repetición.
Punto de vista,
disciplina y totalización
Una vez señalado el
proceso de construcción de la ciencia moderna, vemos que ésta se nos presenta
estratificada, cada estrato recubre un objeto de estudio que se construye a
partir de la instalación de un punto de vista y éste es específico e inmanente
a su dominio disciplinario.
El punto de vista se encuentra en referencia a un cuadro que delimita una
porción de la realidad y el cuadro recíprocamente esta relacionado a un ángulo
de encuadre.
A modo de ejemplo: el hombre, visto desde el punto de vista de la biología,
constituirá una imagen de el Hombre radicalmente diferente al hombre visto
desde el encuadre que viene a realizar la psicología o la sociología, puesto
que el ángulo de encuadre es notoriamente diferente. Como señala Deleuze, un
encuadre es un conjunto cerrado que configura un sistema óptico y que remite a
un punto de vista que se despliega sobre el conjunto de las partes. Es desde la
perspectiva aislada de cada disciplina científica que se interpreta la
totalidad del mundo, este equívoco es posible debido a que su punto de vista
queda estático en relación al objeto formal y abstracto que, trabajosamente,
construye.
El dominio de las ciencias del hombre o sociales se muestra más conflictivo
desde el principio, en función de su imposibilidad de establecer, por una
parte, unidades de medida confiables. Por la otra, este dominio resiste, muy
especialmente, las formalizaciones más o menos duraderas. La precariedad de los
conocimientos en el dominio de las ciencias del hombre se debe a que, por
naturaleza, éste es un ser histórico. El devenir social e histórico se aleja de
las regularidades aunque no por ello evita la repetición. Sin embargo, es
preciso señalar que la generalidad y la repetición, más que aludir a lo mismo
se contraponen, pues mientras la generalidad es generalidad de lo particular,
la repetición es universalidad de lo singular. De la repetición, la ciencia
extrae generalidades en tanto la emergencia de "lo mismo" que se
expresa en cada hecho particular, la semejanza permite esta operación. Sin
embargo, en cada repetición se afirma una diferencia: lo singular. Singular que
es expresión de la diferencia por definición: En una mosca están contenidas
todas las moscas pasadas y todas las que están por venir, pero ese
"hecho" no esconde que cada mosca es diferente.
La generalidad, plantea Deleuze, pertenece al dominio de las leyes:
"Lejos de fundar
la repetición, la ley muestra más bien el modo cómo la repetición viene a
resultar imposible para los sujetos puros de la ley: los particulares"
Planteado este problema
debemos preguntarnos en qué condiciones la experimentación garantiza las
repeticiones que permiten a la ciencia establecer sus demostraciones. Al
respecto dejemos que nuevamente Deleuze nos auxilie:
"Se trata, pues,
en la experimentación, de sustituir un orden general por otro: un orden de
igualdad por un orden de semejanzas. Se desmembran las semejanzas, para
descubrir una igualdad que permita identificar determinados fenómenos en
condiciones concretas de experimentación"
La institución de las
ciencias sociales, si bien es tardía, se esforzará por reeditar la hazaña
Newtoniana. En primer lugar y en el borde de las ciencias naturales se da el
desarrollo de la biología, posteriormente de la mano de Augusto Compte y
siguiendo los preceptos positivistas, se establece un nuevo objeto científico:
la sociedad; una vez que se construye como objeto de ciencia da lugar al
desarrollo de la sociología y paralelamente la no tan vieja noción de mente
da lugar al concepto de psiquismo, constituyéndose en el objeto
abstracto privilegiado de la psicología. Como ya vimos más adelante es que se
conforma una voluntad colectiva de articulación y totalización de los saberes
de estas disciplinas a los efectos de "unificar" la imagen del
hombre.
Un cambio de preguntas
Después de Kant, es Hegel
una de las figuras más influyentes, tanto en el siglo XIX como en la primera
mitad del siglo pasado. Marx veía en la filosofía hegeliana la última expresión
de la filosofía clásica alemana. Es en Kant que consensualmente los filósofos
contemporáneos ubican el origen del idealismo alemán. Para él, la filosofía
deja de ser una metafísica abstracta de dios, mundo y alma, para convertirse en
una reflexión sobre los hechos (factum) de la cultura humana, es decir,
una reflexión sobre la ciencia, el arte, la moral, la religión; aquellos
aspectos que conforman la cultura. Kant inaugura un tiempo filosófico en que se
busca determinar las leyes de la conciencia y de cómo es que ésta determina los
hechos sociales. Hegel puede considerarse el mayor exponente de esta corriente
y su influencia, como vemos, es enorme en el panorama de la filosofía de los
últimos dos siglos, influyendo tanto en los filósofos de derecha como de
izquierda y llegando a encontrarse sus rastros en las terminologías tanto de
Heidegger como de Sartre.
El marxismo da lugar a una nueva filosofía al trastocar los desarrollos
hegelianos desde una perspectiva materialista. Marx, aunque críticamente,
adhiere al materialismo apoyándose en Feuerbach e inicia una crítica acérrima
al hegelianismo pero haciendo propio a su método: la dialéctica. A partir de
Marx lo que Hegel llamaba "espíritu" se muestra como concepto o
ideología que viene a encubrir la verdadera realidad histórica. En todo caso,
desde la perspectiva marxista la conciencia no determina la existencia social,
sino a la inversa. El materialismo histórico no buscará establecer leyes
semejantes a las de las ciencias positivas de la naturaleza, sino comprender
los mecanismos de la formación de las sociedades y los cambios que tienen lugar
en éstas.
La influencia del pensamiento marxista es de tal magnitud que el siglo XX no
puede sustraerse a su influjo. Tal vez sea Sartre quién, siguiendo las propias
tendencias inmanentes al materialismo histórico intente superarlo y por lo
tanto agotar esta perspectiva omnicomprensiva, cuando distanciándose de la
ortodoxia soviética publique, en 1960 su "Crítica a la razón dialéctica".
De él, dos exponentes de la antipsiquiatría como Laing y Cooper -en su
introducción al libro "Razón y Violencia"-, señalan:
"nos encontramos
con una empresa teórica más ambiciosa que la que intentaron Freud o Marx: nada
menos que con una totalización, como diría Sartre, de todo el conocimiento
socio-histórico existente. Aquí, por primera vez, hay una teoría sistemática
que abarca toda la gama de la fantasía individual, las relaciones
interpersonales, los sistemas socio-técnicos y las relaciones entre grupos. ()
En opinión de Sartre, existe un dominio del ser en el cual los principios
dialécticos son constituyentes de la naturaleza de lo conocido. Se trata del
dominio de la historia humana.() Así, en el plano de lo humano, Sartre utiliza
la dialéctica para caracterizar la relación entre el conocedor, lo conocido y
la naturaleza de lo conocido.
()El concepto de síntesis de Kant es por lo menos germinalmente dialéctico en
el sentido de Hegel-Marx-Sartre. El primer grupo de Kant es particularmente
pertinente a la obra actual de Sartre. La síntesis de pluralidad y unidad es
una totalidad, una multiplicidad-en-la-unidad, o una multiplicidad unificada.
Pero para Sartre no existen totalidades finales en la historia. Hay solo
totalizaciones -destotalizaciones - retotalizaciones. Parece usar el termino
totalización tanto para el acto de totalizar el campo de lo dado como para el
campo que es totalizado."
Es en referencia a los
planteos de sartreanos y estructuralistas que Deleuze y Guattari formulan la
siguiente interrogante en El Antiedipo:
"¿cómo producir y
pensar fragmentos que tengan entre sí relaciones de diferencia en tanto que
tal, que tengan como relaciones entre sí a su propia diferencia, sin
referencias a una totalidad original incluso perdida, ni a una totalidad
resultante incluso por llegar?"
Una vez planteado un
problema tan sutil y revolucionario, al solo formular dicha pregunta producen
una torsión en el modo de pensamiento hegemónico de la época, arremeten
produciendo una respuesta que hace estallar al concepto de sujeto que
constituía el núcleo de la filosofía hegeliana y sobre el cual se sustentaba el
pensamiento de las ciencias sociales:
"Sólo la
categoría de multiplicidad, empleada como sustantivo y superando lo múltiple
tanto como lo Uno, superando la relación predicativa de lo Uno y de lo
múltiple, es capaz de dar cuenta de la producción deseante: la producción
deseante es multiplicidad pura, es decir, afirmación irreductible a la
unidad."
Unos párrafos
adelante serán más claros: "Ya no creemos en estos falsos fragmentos
que, como los pedazos de la estatua antigua, esperan ser completados y vueltos
a pegar para componer una unidad que, además, es la unidad de origen. Ya no
creemos ni en una totalidad original, ni en una totalidad de destino. Ya no
creemos en una grisalla de una insulsa dialéctica evolutiva, que pretende
pacificar los pedazos limando sus bordes. No creemos en totalidades más que al
lado. Y si encontramos una totalidad tal al lado de partes, esta totalidad es
un todo de aquellas partes, pero que no las totaliza, es una unidad de todas
aquellas partes, pero que no las unifica, y que se añade a ellas como una nueva
parte compuesta aparte."
El efecto liberador de
estos párrafos no es de rápida aprehensión, en ellos se encuentra un giro en el
modo de concebir nuestra experiencia subjetiva y en nuestro modo de conocer y
vivenciar el mundo. Un modo distinto de plantearnos nuestra relación con el
mundo y que, necesariamente, nos lleva a formular nuevamente todas las
preguntas. El planteo esquizoanalítico no surge de pronto; está íntimamente
ligado a unas filosofías del devenir, minoritarias, revulsivas y
revolucionarias por naturaleza, que encuentran en Nietzsche su más genial
exponente. Este junto a Kierkegaard -aunque en direcciones bien diferenciadas-
se oponen al sistema kantiano y especialmente, al hegeliano; su coincidencia
radica en oponer la repetición a toda posible forma de generalidad. Ello se
manifiesta según Deleuze en los siguientes movimientos: a) hacen de la
repetición misma algo enteramente nuevo, b) oponen la repetición a las leyes de
la naturaleza, convirtiéndola en su exepcionalidad y c) oponen la repetición a la
ley moral.
La operación nietzscheana
es precisa y denuncia al pensamiento de Kant, a la vez que descubre su carácter
platónico. Nietzsche señala con extrema claridad a la constitución del plano
trascendente de la moral como el principal enemigo del pensamiento científico.
Cuando Kant lanza su famoso imperativo moral: "obra de tal modo que la
máxima de tu voluntad pueda convertirse en ley universal"; vacía a la
voluntad de saber de todo prejuicio, interés y contingencia personal. De este
modo, la pura forma se eleva en Kant contra el azar y la contingencia y
fundamentalmente, contra el deseo. La ciencia, piensa Nietzsche, no tiene por
que carecer de intencionalidad; allí están Iroshima y Nagasaki para
recordárnoslo; pues la pretensión de la objetividad ya es un acto intencional.
Para Nietzsche la ciencia es simplemente una herramienta usada por alguien. Su
movimiento desenmascara una última ilusión, pues muestra al saber científico
como un modo posible de interpretación del mundo. Rompe el velo que ocultaba al
manipulador. Desmontado el poder de manipulación de la ciencia, ésta es
recreada como poder reactualizado de la interpretación. Pone así en evidencia,
que no es ni en la proximidad, ni en lo más profundo que se encuentra la clave
de la interpretación. Queda al descubierto un fondo caótico de innumerables
valoraciones o figuraciones posibles. En este punto Hopenhayn indica que la
ciencia, tal como la quiere Nietzsche, asegura un modo eficaz de
autodestrucción de la metafísica:
"La apropiación
nietzscheana de la ciencia tiene por finalidad el regocijo. () No es casual que
Nietzsche recurra a este bien patrimonial de la modernidad, como es la
ciencia() El concepto mismo de ciencia jovial (gaya ciencia) revela esta
contradicción de la ciencia moderna: entre la pesantez de la ratio y la
liviandad de un mundo des-sacralizado. Ciencia que instrumentaliza (y refuerza
el dominio), o ciencia que pulveriza los fantasmas del dominio."
Mediante su singular
apropiación de la ciencia, Nietzsche recupera la posición de Heráclito y abre
cauce a un devenir que propone internarnos en la desmesura dionisíaca para
reconciliarnos con el caos y la disolución. Buscaba con ello crear las
condiciones de posibilidad que permitieran una reapropiación de la ciencia sin
el peso del orden y la jerarquía que requiere el espíritu positivista del siglo
XIX. Nietzsche tiene claro desde el vamos que no hay una sola interpretación
para la ciencia y que esta puede insuflarse tanto de un ímpetu regresivo como
liberador.
Michel Foucault, en el VII coloquio filosófico internacional de Royaumont,
dedicado a Nietzsche en julio de 1964, en París, pronuncia una valiente
conferencia que llama "Nietzsche, Freud, Marx" y en ella
señala con precisión el modo en que estos tres autores
"nos han vuelto a poner en presencia de una nueva posibilidad de
interpretación, han fundamentado de nuevo la posibilidad de una
hermenéutica."
Se hace visible este
movimiento que realizan las ciencias del hombre que no es otro que el pendular
entre el humanismo y el positivismo para recuperar, en su ultimo movimiento, la
mejor tradición libertaria en el acto de afirmación de las nuevas ciencias
hermenéuticas. Por un momento somos capaces de comprender que si hay
interpretaciones es porque las mismas nos rodean por doquier:
"la
interpretación se encuentra ante la obligación de interpretarse ella misma al
infinito" () "De allí se desprenden dos consecuencias importantes. La
primera es que la interpretación en adelante será la interpretación por el
"quien". No se interpreta lo que hay en el significado, sino que se
interpreta a fondo: quien ha planteado la interpretación. El principio de la
interpretación no es más que el intérprete."()" La segunda
consecuencia es la de que la interpretación debe interpretarse siempre ella
misma."
Nuestros modos de conocer
y fijar la realidad, al verse interpelados por el trabajo del tiempo, quedan
señalados en su cualidad de producción social-histórica. Las preguntas como
¿qué es el sujeto? ¿cómo es el sujeto? dejan sitio a otro tipo de preguntas que
interrogan los procesos y los mecanismos que han hecho posible la construcción
de la subjetividad moderna. Lo que queda interpelado es la relación misma entre
el objeto y el sujeto, para interrogarnos -de la mano de Michel Foucault- por
la relación del sujeto con la verdad. Este primer paso queda comprendido en un
primer movimiento en que ya despliega una labor descontructiva y que lleva
definitivamente a cabo con su trabajo sobre una arqueología del saber. Pero
cuando más se acerca Foucault a describir la relación con el saber, más se
destaca en el fondo la relación del sujeto con el poder. Desde entonces, la
relación saber-poder constituye el eje de su trabajo. A partir de su estudio
sobre la voluntad de saber mostrará la producción del sujeto como efecto de
esta relación. Re-inventa de ese modo el proyecto nietzscheano al realizar una
genealogía, no ya de la moral, sino de la constitución de nuestra experiencia
subjetiva. Su trabajo, en resonancia con filósofos de la talla de Deleuze,
Derrida, Althuser, produce una descontrucción del sujeto que termina por
abrirlo, para mostrarlo desfondado -al decir de Juan Carlos De Brasi- sin
esencia que señalar, ni substancia que capturar, sino puro efecto. Su propuesta
intelectual, lejos de producir la muerte del hombre, lo conecta a su más
oceánica experiencia vital, pues abre al sujeto a un mundo de significaciones
para señalar que es en éste donde un colectivo se instituye, a la vez que el
sujeto se individua. Este mundo de significaciones se produce social e
históricamente y los procesos de subjetivación constituyen una de sus
producciones inmanentes.
El concepto de subjetividad no emerge como lo opuesto a la objetividad, sino
como efecto, producido por el desgarramiento del dualismo sujeto-objeto. Este
movimiento coloca la posibilidad de construir una concepción social-histórica
de las producciones subjetivas y su investigación en el centro de las
preocupaciones actuales de las ciencias sociales.
El panorama científico actual se presenta con un mayor grado de incertidumbre y
tímidamente los científicos comienzan a interrogarse por sus modos de conocer,
comienzan a abordar lo complejo, hacen lugar para lo impredecible e incorporan
el tiempo en su reflexión. En esta atmósfera científica es que se abre la perspectiva
para desplegar una concepción social-histórica de las producciones subjetivas.
El cambio de perspectiva tiene como efecto unas teorías científicas menos
globales, menos totalizantes o unificadoras y sometidas al trabajo del tiempo.
El cambio en el modo en que formulamos nuestras preguntas hace posible el
movimiento des-constructivo. Este movimiento, sin embargo, es altamente
conflictivo, dado que, como señala Ana María Fernández, genera una tensión
epistemológica. Pero esta tensión no puede ser evitada, pues está en el tuétano
de nuestro pensamiento occidental.
Subjetividad, locura y
enfermedad mental
Realizar un recorrido por
la historia de las ciencias y su relación con la producción de la subjetividad
moderna sería un esfuerzo vano para nuestro propósito si no tuviera el sentido
de permitirnos pensar la actualidad de nuestros modos de producción de la
subjetividad humana, así como nuestros principales conceptos de salud y
enfermedad mental. El siglo XIX fue testigo de un gran debate que se crispa hasta
lo dilemático: por una parte, se alinean aquellos que sostienen el origen de la
enfermedad mental en una causalidad psicogenética y por la otra, aquellos que
sostienen que el origen se halla en la organogénesis. Este conflicto adquiere
ribetes caricaturescos en el enfrentamiento entre las posiciones biologistas y
psicologistas durante los siglos XIX y XX, hasta que
"dialécticamente" se integran en la concepción interdisciplinaria que
señala al hombre como un ser bio-psico-social.
La medicina mental se organizó en torno al concepto de normalidad /
anormalidad y su primer movimiento fue intentar descifrar la esencia de la
enfermedad mental; a tales efectos se esfuerza en establecer y agrupar aquellos
signos que la hacen visible. Este trabajo de descripción permite construir una
sintomatología a partir de correlacionar constantes, indicar frecuencias y
establecer regularidades entre determinado tipo de enfermedad y sus
manifestaciones mórbidas. También crea una nosografía que describe las fases
por las que tal o cual enfermedad evoluciona y establece sus posibles
variantes.
Foucault señala en su libro "Enfermedad Mental y personalidad"
a Janet, Kraepeling y Bleuler como los adalides de este movimiento, pues ellos
terminan por establecer las clasificaciones de grandes enfermedades como la
histeria, la psicastenia, las obsesiones y fobias, la manía y la depresión, así
como la paranoia, las psicosis alucinatorias, la hebefrenia y la catatonía;
posteriormente las tres últimas quedan agrupadas bajo el cuadro de la demencia
precoz. Indica que, para realizar dicha cartografía, la medicina mental sigue
los patrones heredados de la estructura conceptual de la patología orgánica y
sus mismos métodos. Este peculiar modo de concebir la enfermedad mental
presenta algunos problemas que tendrán una incidencia determinante en el campo
de la práctica médica, psiquíatrica y psicológica. En primer lugar la
enfermedad queda elevada a la categoría de esencia. Una vez concebida como
entidad, la enfermedad se descubre a través de sus síntomas, pues éstos
devienen en sus signos cuyo principal cometido es hacerla evidente, pero desde
esta perspectiva la enfermedad se presenta de modo independiente a ellos y aún
anterior a su manifestación.
"La personalidad
se convierte así en el elemento en el cual se desarrolla la enfermedad y el
criterio que permite juzgarla; es la realidad y la medida de la enfermedad a la
vez. En esta preeminencia de la noción de totalidad se puede ver un
retorno a la patología concreta y la posibilidad de determinar como un dominio
único el campo de la patología mental y el de la orgánica. En efecto, ¿acaso no
se refieren ambas, por vías diferentes, al mismo individuo humano en su
realidad? Gracias a esta noción de la totalidad, ¿no convergen por la identidad
de sus métodos y la unidad de su objeto?"
Unos párrafos más abajo,
refiriéndose a un trabajo de Goldstein publicado en el Journal de Psychología
en 1933, es más categórico:
"En todas estas
recientes formas de análisis médico podemos reconocer una significación única: cuanto
más encaramos como un todo la unidad del ser humano, más se disipa la
realidad de una enfermedad que sería una unidad específica, y más se impone
también la descripción del individuo reaccionando a su situación de modo
patológico en lugar del análisis de las formas naturales de la enfermedad"
Esta posición - la de
concebir al hombre como una totalidad - posibilita un avance importante. Es su
logro colocar en el centro de atención al hombre y su interrelación con el
medio y a la enfermedad como una contingencia en un campo de posibilidades. Sin
embargo, será rápidamente abandonada por el joven Foucault, pues no sólo
renegara de este su primer libro, sino que, además, intentará impedir su
traducción y luego prohibir su reimpresión. Lo que no abandona es su interés
por la enfermedad mental y la experiencia de la locura. Nueve años transcurren
después de publicado este pequeño texto y de regreso a Francia de su estadía en
Suecia como agregado cultural, Foucault presenta su tesis de doctorado ante un
tribunal mayor integrado por George Canguilhem, Henri Gouhier y Daniel Lagache.
El 20 de mayo de 1961 expone su tesis en forma brillante y deslumbra tanto al
tribunal como a su auditorio; la tesis central es nada menos que Historia de
la locura en la época clásica.
Cuando escribe Enfermedad mental y personalidad aún no ha leído a
Nietzsche, pero en 1954 ya ha comenzado su lectura y por supuesto dejará su
impronta; Historia de la locura es presentado por él mismo como una
continuación del proyecto nietzscheano. Foucault inaugura una nueva forma de
concebir el poder y desde esta concepción enunciará que el sujeto es producto
del poder.
En el Río de la Plata
encontramos si no la misma atmósfera, por lo menos el registro del discurso de
Sartre y nada menos que en la figura entrañable y mítica de Enrique Pichón
Riviérè. En su prólogo al libro El proceso grupal. Del psicoanálisis a la
psicología social intenta esclarecer y enunciar su esquema referencial para
mostrarnos "su origen y su historia" buscando con ello poner
en evidencia la coherencia interior de su tarea y discriminar los distintos
momentos de su labor teórica:
"Las primeras
aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me
llevaría progresivamente y a partir de la observación de los aspectos
fenoménicos de la conducta desviada, al descubrimiento de elementos genéticos,
evolutivos y estructurales que enriquecieron mi comprensión de la conducta como
una totalidad en evolución dialéctica" () La síntesis actual de esa
indagación puede señalarse por la postulación de una epistemología convergente,
según la cual, las ciencias del hombre conciernen a un objeto único: "el
hombre-en-situación" susceptible de un abordaje pluridimensional. Se
trata de una interciencia, con una metodología interdisciplinaria, la que,
funcionando como una unidad operacional, permite un enriquecimiento de la
comprensión del objeto de conocimiento y una mutua realimentación de las
técnicas de aproximación al mismo"
En la persona de Pichón
se encarna la epistemología convergente que proclama y que se manifiesta en su
búsqueda por construir una interciencia y un método interdisciplinario que le
permita operar en el campo de la clínica psiquíatrica y de la salud mental, como
en la vida cotidiana: psiquiatría dinámica, psicoanálisis, materialismo
histórico, teoría de la comunicación y dinámica de grupos son los referentes
con los cuales emprende su singular construcción.
Subjetividad y
experimentación
Es en el tratamiento psicoanalítico
de pacientes psicóticos que Pichón profundiza su indagación de los procesos
transferenciales y donde descubre la existencia de múltiples objetos internos
que se vienen a articular en un "mundo construido según un progresivo
proceso de internalización", dando lugar a su concepto de mundo
interno. Es la propia indagación analítica la que lo lleva a ampliar el
concepto de relación de objeto y formular el concepto de vínculo, que define
como una estructura compleja que incluye el sujeto y el objeto, así como su
mutua interrelación dada en los procesos de comunicación y aprendizaje.
En el prólogo al que hacíamos referencia, Pichón parece confesarse ante sus
lectores:
"Esta concepción
del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la estructura
vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de
las primeras experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una
negación del narcisismo primario, conducían necesariamente a la definición de
la psicología, en un sentido estricto, como psicología social.
Si bien estos planteos surgieron en una praxis y están sugeridos, en parte, en
algunos trabajos de Freud, su formulación implicaba romper con el pensamiento
psicoanalítico ortodoxo, al que adherí durante los primeros años de mi tarea, y
a cuya difusión había contribuido con mi esfuerzo constante. Pienso que esa
ruptura significó un verdadero "obstáculo epistemológico" una crisis
profunda cuya superación me llevó muchos años y que quizás se logre recién
hoy"
Es notable como la
nominación de su psicología como psicología social cierra esta fermental
concepción, pues queda territorializada como especialidad y no como un modo
singular de concebir a la psicología en relación a la vida cotidiana.
De Brasi en un texto denominado "Elucidaciones sobre el ECRO" deconstruye
precisamente la noción de ECRO, que sirve de corolario a la conceptualización
pichoniana para mostrarnos, que la misma, en gran medida, actúa como una
muletilla que encubre el modo como Pichón acude a teorías ya consolidadas, por
lo que el ECRO queda signado por un alto índice de indeterminación que lo
subsume en la ambigüedad. Las teorías consagradas que le sirven de fondo
generativo son su apoyo a la vez que su corsé. Demuestra Pichón sin saberlo que
es imposible pensar seriamente de otro modo utilizando los viejos instrumentos
inmanentes al campo teórico y conceptual que se quiere "superar". De
Brasi afirma que la sombra y los fantasmas de Kant, Hegel y Sartre presentes en
todo el desarrollo del "esquema", más que abrir la posibilidad de
indagar, cierran lo mismo que Pichón se propone abrir. Aunque, si fijamos la
mirada en su praxis, descubrimos a un pragmático genial, cuya principal
cualidad es la invención permanente. Es en el terreno de la práctica clínica
donde encontramos la potencia de Pichón en su máxima expresión, por ello mismo
sus desarrollos conceptuales no deben entenderse como teorías, sino como
conceptualizaciones de su práctica. Incluso no podemos olvidar que Pichón no
escribió, su legado son clases desgrabadas, ponencias en congresos,
entrevistas, es decir un pensamiento que se despliega en la acción.
Con el planteo de su esquema, Pichón "nos ha enfrentado a dos mil años
de problemas gnoseológicos, disciplinarios y ontológicos aún no resueltos",
pues: "si Kant "no pudo" generar la ligazón aspirada entre
las categorías y la experiencia y Hegel quedó "en falta" respecto al
movimiento de su sistema(el ECRO), es porque en otros espacios sus enlaces y la
actividad global fueron concebidos con más eficacia. Obviamente esa función la
cumplió la "Teoría del Campo" lewiniana"
Como vimos, la práctica
de Pichón focaliza en los procesos de la vida cotidiana, lo cual le permite un
nuevo modo de inteligir la enfermedad mental al resaltar que lo importante es
el cambio, ya que lo que caracteriza a la vida cotidiana es su devenir:
"El contacto con
los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico
confirmó lo que de alguna manera había intuido; que tras de toda conducta
"desviada" subyace una situación de conflicto, siendo la enfermedad
la expresión de un fallido intento de adaptación al medio. En síntesis, que la
enfermedad era un proceso comprensible."
En el mismo prólogo
Pichón afirma que, al iniciar sus estudios de medicina, cuando ingresa en la
Universidad, queda impactado por el enfrentamiento con el cadáver. Este precoz
acontecimiento consolida su decisión, años más tarde, de trabajar con la
locura, pues como él mismo dice: veía en ella una forma de muerte reversible.
La muerte es la máxima expresión de la corruptibilidad del cuerpo y lo
corruptible es aquello que, inevitablemente, se ve afectado por el paso del
tiempo y al igual que el cuerpo, el sujeto también está expuesto a la erosión.
Esta corruptibilidad que remite a la muerte en su otra cara, remite a la
potencia de transfiguración y metamorfosis que permite al enfermo mutar en su
punto de vista, cambiar su perspectiva del mundo. Tomar conciencia de que nada
permanece incólume y que todo se transfigura. Desde esta perspectiva sólo es
real lo que se ve afectado y sólo la metamorfosis se revela como productora de
verdad. Esta es la razón por la que Pichón, a la hora de desarrollar y
explicitar su concepto de ECRO, se enrede en las categorías kantianas y en las
promesas de progreso hegelianas, para luego dejarlas olvidadas y llamar la
atención sobre Lewin, pues este último está interesado en los problemas
prácticos que se le plantean y fundamentalmente, en el problema del cambio
social.
Subjetividad clínica y
grupalidad
La perennidad y la
estabilidad planteada por Kant "despersonaliza" el pensamiento al
separarlo del cuerpo que lo conjuga. No es casual que el camino de la ciencia,
que arranca en la metafísica y se construye en su contra, termine en la
formulación del positivismo, en donde el ideal ascético encarna como la última
de sus expresiones en el mito de la objetividad científica. Pienso que al
derrotero pichoniano le hubiese convenido el encuentro con el pensamiento
intempestivo de Nietzsche.
A la propuesta impersonal que el positivismo propone, Nietzsche opone, el
relato sobre los cambios en su percepción del mundo en función de las
mutaciones de su salud. El positivismo admite la experimentación e incluso es
notorio que la promueve y ofrece como fuente privilegiada de verificación, pero
la restringe a un campo de variables constantes e independientes de la
perspectiva del observador. En una palabra, sustrae del campo el cuerpo del
observador, incluso a la mirada de sí mismo. De este modo el positivismo busca imponerse
como el modo de conocimiento objetivo, es decir, la racionalidad elevada a la
categoría del absoluto. La propuesta kantiana inmanente al espíritu científico
de la modernidad sólo deja a la experimentación el camino de objetivación pura
encerrada en el dominio de la razón, en cambio, la experimentación
nietzscheana se aproxima más a la experimentación pichoniana: en ambos la
experimentación se nos revela como un camino para ensanchar el campo de la
experiencia, mediante favorecer la pluralidad de miradas y la producción de la
mirada del observador para sí misma, a través de la evidencia de que todo está
sujeto a la corruptibilidad y el cambio y por ende, también así será con la
mirada y la oreja-cuerpo del observador. Que la experimentación
pichoniana se aproxime a la nietzscheana no nos permite más que indicar lo que
pudo haber sido pero no fue, sin embargo es evidente la innovación y la
potencialidad del pensamiento y la metodología pichoniana del grupo operativo,
en la medida que no solo mantiene todo su poder de actualización sino que es
una propuesta no estática que posibilita incluso su reformulación conceptual y
técnica.
"Uno de los
elementos constitutivos del esquema referencial que guió nuestra tarea, en lo
que hace a la formulación de la teoría y la estructuración progresiva de una
técnica grupal, fue el principio enunciado por Freud y retomado por Kurt Lewin,
según el cual toda indagación va acompañada de una operación, es decir que no
hay indagación "pura" , inocua. En la técnica operativa se hace
posible la integración de la seudo antinomia entre lo teórico y lo práctico,
por la unión de ambos en una praxis concreta,"
La pluralidad de la
mirada reclamada por el pensamiento intempestivo toma cuerpo en el dispositivo
grupal propuesto por Pichón, aunque aún conserve todo el lastre de las
concepciones totalizadoras:
"uno de los
principios básicos de la técnica operativa: a una mayor heterogeneidad de los
miembros, heterogeneidad adquirida a través de la diferenciación de roles en la
que cada miembro aporta al grupo todo el bagaje de sus experiencias y
conocimientos y una homogeneidad en la tarea lograda por sumación de la
información, la que adquiere el ritmo de una progresión geométrica,
enriqueciendo como parcialidad a cada uno de los integrantes y como totalidad
al grupo, se logra una productividad mayor."
En el trabajo clínico,
esta característica del trabajo grupal adquiere la mayor relevancia,
pues, en este medio, la tarea consiste en desbloquear los flujos
comunicacionales y en construir un soporte que posibilite resolver la
disociación que se establece entre los flujos de información y los flujos
afectivos, disociación que remite al mecanismo psicológico de la represión.
"En la medida en
que un grupo operativo, que se propone como tarea explícita la curación de sus
integrantes, se centra en la ruptura de los estereotipos de la comunicación y
de los mecanismos de adjudicación y asunción de roles, se permite a los
pacientes una modificación de los vínculos internos y externos. Esta operación
correctora hará posible un abordaje más plástico de la realidad, una conducta
adaptativa creadora, con capacidad de planificación y proyecto personal."
Al colocar la ruptura del
estereotipo y la fijación de roles como su principal tarea, Pichón se propone
dar a los integrantes del grupo terapéutico, la posibilidad de iniciar un
aprendizaje de la realidad y adquirir no sólo la capacidad de cambiarla, sino
de cambiar con ella, es decir, el modo en como los sujetos se vinculan entre
ellos y con la realidad. Ello lleva, indefectiblemente, a la modificación del
mundo interno fantasmático del sujeto, es la disposición de un sujeto creativo
que esté en condiciones de modificar el mundo y a la vez modificarse. En
definitiva es la resolución de un dualismo de base, expresado en la dicotomía
mente/cuerpo, donde el problema planteado consiste en aprender a pensar.
"El grupo
operativo es un grupo centrado en la tarea y que tiene por finalidad aprender a pensar en términos
de resolución de las dificultades creadas y manifestadas en el campo grupal y
no en el de cada uno de sus integrantes, lo que sería un psicoanálisis
individual en grupo . Sin embargo, tampoco está centrado exclusivamente en el
grupo como en las concepciones gestálticas , sino que en cada aquí-ahora-conmigo en la
tarea se opera en dos dimensiones, constituyendo en cierta medida una síntesis
de todas las corrientes. Consideramos al enfermo que enuncia un acontecimiento
como el portavoz de sí mismo y de las fantasías inconscientes del grupo.
En esto reside la diferencia de la técnica operativa con las otras técnicas
grupales, ya que las interpretaciones se hacen en dos tiempos y en dos
direcciones distintas"
Pichón con su
re-invención del concepto de vínculo y al tomar a este como objeto de su
intervención terapéutica desplaza las fronteras entre la clínica y el
aprendizaje. Su propia concepción de salud no solo es solidaria con el
desplazamiento señalado, sino que el propio concepto de salud en Pichón es
efecto de un nuevo desplazamiento. El concepto de adaptación activa a la
realidad es su criterio básico de salud, con ello Pichón condensa el territorio
de la clínica y del aprendizaje. Desde su perspectiva la salud mental consiste
en un proceso en el que se realiza un aprendizaje de la realidad a través de la
resolución de los conflictos.
Este cruzamiento entre clínica y aprendizaje no es unívoco pues para el caso de
la
formación de psicólogos y psiquiatras Pichón implementara su técnica conjugando
el aprendizaje con la psicoterapia:
"el tema en
estudio es la tarea misma de la vocación y el aprendizaje. A través de su
análisis pueden irse enseñando la fenomenología psiquíatrica y la
psicodinámica, a la par que se cumple una tarea de clarificación y de
psicoterapia que limpia el campo del aprendizaje"
Una concepción social-histórica de los procesos de producción de
subjetividad
Pichón, aunque no escapa
al dualismo individuo - sociedad, de todos modos sienta las bases para que en
el Río de la Plata la generación posterior se incline en la dirección de su
crítica. Ello se hace evidente en las producciones conceptuales desde la década
del setenta y en especial en la década de los ochenta del siglo XX.
En Francia, como ya señalamos, se desarrollaba desde el campo de la filosofía,
mediante el trabajo intelectual de Foucault, una nueva hermenéutica y un nuevo
proyecto genealógico, que ya no tomará, como lo hiciera Nietzsche, a la moral
como objeto, sino a la propia experiencia de la subjetividad y su conformación
y mutaciones a través de la historia. En este mismo ambiente que queda indicado
por la rebelión de mayo del 68, acuden a la cita Gilles Deleuze y Felix
Guattari. Otro autor importante, alineado manifiestamente con Hegel, es René
Loureau, quien realiza un importante aporte al sistematizar algunas tesis del
Análisis Institucional. Este movimiento es criticado más adelante por el propio
Félix Guattari por entender que representaba una desviación academicista y
profesionalista, en el pequeño periodo que los reúne se prepara un quiebre
epistemológico que tomará consistencia en el encuentro con la labor filosófica
de Deleuze y Foucault. Estos autores, casi ignorados por el estableshiment
académico en Europa, hallan rigurosos interlocutores en América latina. El
ambiente político y las condiciones subjetivas propician este fermental
encuentro. El "esquema referencial" de los psicólogos
latinoamericanos, además de componerse con los diversos psicoanálisis, la
concepción operativa pichoniana, el psicodrama y los abordajes psicocorporales,
integra al esquizoanálisis y al análisis institucional, abriendo su horizonte
de pensamiento y ganando en potencia de discurso y acción. El encuentro,
denominado "El espacio institucional" y presidido por Gregorio
Baremblitt, llevado adelante a principios de la década de los noventa
del siglo pasado, en la ciudad de Buenos Aires, tal vez haya sido su momento de
mayor visibilidad y enuciabilidad colectiva.
En definitiva la psicología, desde esta perspectiva, abandona radicalmente el
positivismo para constituirse en una ciencia hermenéutica y pragmática de pleno
derecho.
Ya no es la política "atravesando" el estrecho espacio del
consultorio o las desmejoradas salas hospitalarias, sino la composición de
universos ético-estético que señalan directamente a la política como
constitutiva de la práctica del análisis y por lo tanto diagramadora del
Inconsciente. Si denunciamos el profesionalismo explícito en nuestras prácticas
es para señalar que, en su límite, el análisis y la intervención pueden
replegarse ante el marqueting y el business, ya que la resistencia al
análisis muchas veces se genera en la necesidad de seguir "vendiendo"
nuestro trabajo.
Cuando se solicita nuestra intervención aunque nos adjudiquen otras tareas,
previo análisis de las mismas, nuestra posición no puede ser otra que incitar
procesos de producción deseante que compongan de forma novedosa el mundo en que
nos desplegamos. Un análisis institucional no es efectivo si no promueve una
revolución molecular, es decir, muchas, al descubrir o inventar aquello que nos
revoluciona. Pero no nos ilusionemos: el problema fomulado por Espinosa sigue
planteado:
"¿Como es posible
que las masas luchen por su servidumbre, como si se tratase de su
libertad?"
Este problema está en
íntima conexión con la crítica que Reich realiza al marxismo ortodoxo en
referencia al concepto de ideología:
"Las masas no
fueron engañadas, en determinado momento desearon el fascismo."
Como es notorio, las
disciplinas son artefactos de control que, paradojalmente, como en el caso de
la psicología, enuncian su búsqueda por liberar al hombre de sus cadenas. La
historia señala el fracaso del sueño humanista y la funcionalidad de éste en la
composición de la subjetividad capitalista finisecular.
Nuestros quehaceres se encuentran ante una bifurcación que se reedita con cada
amanecer: o se sitúan en el conservadurismo o se fugan en múltiples líneas de
resistencia, de subversión, de amor, locura y deseo.
El trabajador intelectual que se para en esta "cancha" debe abandonar
toda pretensión hegemónica. Desde esta perspectiva, la percepción molar del
mundo es posible que mude en molecular para presentarnos nuevos territorios
existenciales en los que se posibiliten aproximaciones al mundo diversas y
divergentes, aunque difusas, como las estéticas y rigurosas y precisas como la
ética.
Una dimensión
etico-estética: de la tecnodisciplina a la micropolítica
En el siglo XIX y hasta
la primer mitad del siglo XX, se forjaron campos homogéneos bipolarizados de
subjetividad. En ellos se producían sujetos genéricos y el mundo quedaba
situado bajo la égida de un antagonismo de base plasmado en la línea que
dividía Este-Oeste:
"proyección
ampliamente imaginaria de las oposiciones clase obrera-burguesía."
Actualmente el ideal
científico encarna como política para desplegarse, no solamente como fundamento
de políticas de Estado, sino produciendo, directamente, un poder tecnocrático
que penetra y reconstruye la trama social codificándola (sobrecodificación).
Esta operación de estatización generalizada se viabiliza a través de aparatos
ideológicos como el judicial, educativo, sanitario, policial, semióticos,
lingüísticos, etc.. Así vemos como un ejercito de técnicos de diversas
disciplinas lamina lo social y por ende los conflictos abandonan los
"campos de batalla" para pasar a poblar los gabinetes de distintos
profesionales que re-diagraman lo social. Es en esta atmósfera que debemos
entender como, en la actualidad, los profesionales e intelectuales se alinean.
En este entorno se diseñan políticas de promoción de salud, psiquiatrías de
sector y se definen poblaciones de riesgo o en riesgo que justifican la
intervención. Lo que aún no terminan de aclarar es su implicación en las
intervenciones que promueven y realizan. Ante esta realidad Guattari nos
alertaba:
"El planeta
tierra vive un período de intensas transformaciones técnico-científicas como
contrapartida de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio
ecológico que amenazan a corto plazo, si no se le pone remedio, la implantación
de la vida sobre su superficie. Paralelamente a estas conmociones, los modos de
vida humanos, individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un
progresivo deterioro".
Y agregaba:
"Las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran
totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus
implicaciones,, en general se limitan a abordar el campo de la contaminación
industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática, cuando en
realidad solo una articulación ético-estética - que yo llamo ecosofía - entre
los tres registros ecológicos, el del medio ambiente, el de las relaciones
sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de clarificar
convenientemente estas cuestiones".
El problema, tal como lo
formula Guattari, radica en plantearse como se va a vivir de aquí en más: ¿el
futuro nos deparará la desocupación, la exclusión social, la soledad, la
desesperación y la angustia cronificada? ¿o seremos capaces de producir una revolución
subjetiva y existencial que oriente de otro modo la producción y la
distribución de los bienes materiales y culturales? ¿la vida colectiva seguirá
rigiéndose por el imperio del mercado globalizado y valorada según los niveles
de rentabilidad? ¿las relaciones sociales tanto en el plano nacional como
internacional seguirán bajo el dominio de las lógicas policiales y militares?
¿lograremos abrir un cauce para que se manifiesten las líneas moleculares que
permitan un desarrollo de la cultura, la investigación y la reinvención del
medio ambiente y el entorno social? ¿como producir un enriquecimiento de los
medios de vida, la sensibilidad y la creatividad singular y colectiva?
El caso de la vida
Qué nos depara el siglo
XXI es la pregunta necesaria, su formulación genera un atractor en el plano de
la subjetividad y abre la posibilidad de diagramar Inconsciente a partir de un
polo orientado hacia el futuro. En este sentido, las tareas que el
esquizoanálisis se planteaba actúan como un antídoto para que este no se
confunda con un nuevo dispositivo disciplinario por muy especial que sea. Pues
sus tareas destructivas señalan que éste no puede dejar de afectarse a si mismo
para no cesar de hacer que todo recomience.
Hasta ahora, como
señalaban Deleuze y Guattari, todas las formas modernas de tratamiento de la
locura producen un modo de captura que la hacen devenir en enfermedad mental;
¿cómo evitar que estas instituciones y dispositivos técnicos extiendan por
doquier el criterio de la neurosis bajo la forma de la normalidad?
Eticamente sólo nos queda un camino: desarrollar una política alternativa a la
de:
" edipizar a todo
el mundo, gente, animales y cosas, hasta el punto que se verá una nueva raza de
enfermos suplicar por reacción que se les devuelva el asilo o una pequeña
tierra beckettiana, un cubo de basura para catatonizarse en un rincón"
Ya Nietzsche nos
recordaba que larga fue la historia de la procedencia de la responsabilidad en
el hombre:
"Aquella tarea de
criar un animal al que le sea lícito hacer promesas incluye en sí como
condición y preparación, según lo hemos comprendido ya, la tarea más concreta
de hacer antes
al hombre, hasta cierto grado, necesario, uniforme, igual entre iguales,
ajustado a regla y en consecuencia, calculable"
Desde tal perspectivismo,
una verdadera política de la psicología social universitaria consistiría en
deshacer todos los dispositivos que promueven una reterritorialización de la
locura en la enfermedad mental.
Según los autores, la locura desaparecería en la medida que, liberada de la
captura por la enfermedad mental, recibiera el complemento de los demás flujos
que se deslizan en el campo socio-histórico como los del trabajo, la ciencia y
el arte.
Echar a andar un proyecto de esta naturaleza requiere desarrollar un plan de
consistencia y una guía de análisis y para ello retomamos las cuatro tesis del
esquizoanálisis tal como lo formulan Deleuze y Guattari en 1972:
1) Toda catexis es social y de cualquier modo re-conduce a un campo
social-histórico.
2) Las catexis sociales se distinguen en catexis libidinal inconsciente de
grupo o de deseo y las catexis preconscientes de clase o interés.
3) Tanto de hecho como de derecho hay una primacía absoluta de las catexis
libidinales del campo social sobre las catexis familiares.
4) La catexis libidinal social se distingue en dos polos: el polo paranoico,
reaccionario y fascista y el polo esquizoide revolucionario.
Estas cuatro tesis
recuerdan que hemos olvidado lo esencial:
" la sociedad es
esquizofrenizante a nivel de su infraestructura, de su modo de producción de
sus circuitos económicos capitalistas más precisos y que la libido carga este
campo social, no bajo una forma en la que éste estaría expresado y traducido
por una familia-microcosmos, sino bajo la forma en la que hace pasar la familia
sus cortes y sus flujos no familiares, cargados como tales; luego, que las
catexis familiares siempre son un resultado de las catexis libidinales
social-deseantes, únicas primarias; por último, que la alienación mental remite
directamente a estas catexis y no es menos social que la alienación social, que
remite por su cuenta a las catexis preconscientes de interés."
Evidentemente el
esquizoanálisis no es un nuevo territorio disciplinario, sino todo lo
contrario, menos aún una especialización propia de alguna disciplina y mucho
menos una forma de psiquiatría o psicología social.
No debemos ilusionarnos tras un nuevo modo de la verdad, no es una nueva teoría
omnicomprensiva, es un conjunto de prácticas y funciona al costado de diversos
territorios disciplinarios; conectado a líneas de fuga inconscientes, deseantes
y preconscientes disciplinarias. Es un entremedio; medio en fuga entre arte,
ciencia y política.
Si se busca un buen ejemplo de esquizoanálisis es necesario leer a Artaud,
mirar una película de Chaplin, "Tiempos modernos" tal vez o escuchar
a Miles Davis. Tal vez el impactante film de Pink Floyd "The Wall"
convenga o el Viglietti de las canciones para el hombre nuevo y el de las
canciones chuecas; sin dudas un buen ejemplo pueda encontrarse en la poesía del
maestro Don Alfredo Zitarrosa. En todo caso es necesario preguntarse siempre
por el lado oscuro de la luna.
Sea como sea recordemos que Deleuze y Guattari definían al esquizoanalísta como
un mecánico: humilde artesano de máquinas deseantes.