Devenires de la subjetividad
La perspectiva esquizoanalítica y los procesos de salud y enfermedad mental.


Por Alfonso Lans

"El Dios medieval se ha dispersado, sin perder por ello nada de su fuerza y de su unidad formal profunda: la Ciencia, la Clase obrera, la Patria, el Progreso, la Salud, la Seguridad, la Democracia, el Socialismo - la lista sería demasiado larga - son otros tantos avatares de Él."
François Châtelet,

El siglo XX fue testigo de un desplazamiento de la mirada, este acontecimiento está señalado en la distancia que media entre un enfoque bio-psico-social de las ciencias del hombre o interdisciplinario y una concepción social histórica de las producciones subjetivas.
Me propongo indicar algunos planos que componen un vasto campo de problemas.
En primer lugar debo señalar la importancia de algunas nociones para ubicar el plano epistemológico y ontológico en dicho proceso de producción social e histórico. Estos planos reflejan con mayor claridad los cambios en el modo en que el hombre se interroga por sus formas de conocer y por su relación con el mundo. Es precisamente por este cambio de preguntas y del modo en que nos interrogamos por los procesos psicológicos, sociales e históricos, que se constituye un nuevo campo de problemas y en él es que ubicamos el nódulo de nuestra experiencia subjetiva. Una vez desarrollado este plano - el de la relación del sujeto con la verdad - pasamos a analizar la relación del sujeto con el saber tomando como eje la problemática de la salud/enfermedad mental.

 

El enfoque bio-psico-social

Desde distintas corrientes y disciplinas se habla de enfoque bio-psico-social en tanto las llamadas ciencias del hombre buscan en determinado momento histórico reconocerlo como unidad, es decir una totalidad en si misma . Esta época está signada por la producción de una mirada que se compone con el concurso de diversas disciplinas científicas que toman al hombre por objeto. Es así que en este período el hombre, en tanto objeto de estudio científico, es asumido en su "totalidad" y como resultado de este proceso de síntesis se produce una "mentalidad interdisciplinaria" que intenta dar cuenta de los procesos humanos mediante la articulación de los diversos saberes y cuya pretensión es alcanzar un enfoque "holístico". Es la noción de "hombre en situación" la que permitirá echar a andar dicho proyecto. La mencionada noción fue popularizada por el filósofo francés Jean Paul Sartre y amplificada en el Río de la Plata por Enrique Pichón Riviérè y José Bleger. Es notorio, como ha planteado De Brasi, que si fue necesario plantearse una articulación, ello se debió a que cada dominio científico fue constituido mediante la operación que aisló su objeto de estudio. Se realizó, de este modo, un corte que desvinculó al objeto de otros dominios disciplinarios con el objetivo de aprenderlo. Cada corte corresponde a una disciplina específica, que conecta al objeto así construido con un discurso teórico que le es propio y este último viene a organizarse como una jerga con pretensión de lenguaje. Las articulaciones mencionadas quedan claramente señaladas por el guión que une lo bio-psico-social y que denota la intención de integrar saberes, a la vez que es signo de una "toma de consciencia" de lo que el hombre no es. El hombre no es solamente un ser biológico, ni un ser psíquico, ni un ser social, ni bastan los abordajes parciales para comprenderlo en su complejidad.

Ciencia e interdisciplina

Para comprender este esfuerzo de unificación y totalización de las ciencias del hombre es preciso realizar un rodeo que eche luz sobre el proceso de formación del corpus científico. El desarrollo de la ciencia moderna como sistema de organización y producción del saber se ha desplegado en contra del aristotelismo, lo cual determina que aquella automáticamente creciera enfrentándose a la metafísica y a su saber global y teológico. En un primer momento de su desarrollo se establecen divisiones que delimitan grandes continentes que se desgajan de la filosofía y que a su vez conforman nuevos dominios constituidos por saberes, teorías y técnicas. Lo que a cada dominio viene a darle su consistencia, no es otra cosa que su centro, es decir su objeto formal y abstracto. Su construcción permitirá, por la observación e investigación científica, determinar las leyes que lo rigen.
Este modo de organización arborescente del saber científico permite territorializar dominios precisos en la medida que discrimina sus objetos y descubre las leyes simples que rigen la dinámica interna al objeto y su dominio. Esta ciencia es una ciencia de lo estable, de la búsqueda de invariantes, de lo que permanece básicamente idéntico a si mismo; es una ciencia que el único tiempo que admite es el de la eternidad. Lo eterno pareciera ser lo que obsesiona a los científicos fundadores de las ciencias modernas al tratar de establecer leyes universales. Ciencias que se preguntaban por aquello que permanece. Esta ciencia adopta el método experimental que le permite establecer un diálogo con la naturaleza. Nótese sin embargo que, como señala Prigogine, es un diálogo muy particular: el de los dominadores/explotadores de la naturaleza.
El método experimental permite a la teoría interrogar la naturaleza a través de sus hipótesis, y decidir si la naturaleza acepta una teoría o la rechaza de plano. Otro elemento que compone a estos dominios son las unidades de medida que construye cada disciplina.

"Un proceso natural se investiga como posible llave de una hipótesis teórica; y como tal se lo prepara, purifica, antes de interrogarle en el lenguaje de esa teoría".
"La ciencia clásica parecía imponer una elección entre la visión del hombre profundamente extraño al mundo y el rechazo de un solo modo fructífero de diálogo con la naturaleza."

Podría decirse por lo que se desprende del párrafo anterior que la ciencia está construida en contra de la naturaleza, puesto que niega la complejidad y el devenir, alegando un mundo regido por un número pequeño de leyes.

"Las leyes matemáticas simples a las cuales, según se cree, están sujetos los comportamientos elementales y que constituirían la verdad última del Universo, casi siempre han sido concebidas sobre el modelo general de las leyes dinámicas".

Estas leyes describen el mundo en términos de trayectorias deterministas y reversibles,
como vemos el espacio es la dimensión privilegiada. Bergson ya había señalado que,
desde las primeras teorías mecánicas hasta la propia teoría de la relatividad, tiempo y espacio, tiempo y movimiento, se hallaban tan estrechamente ligados y que no dejaban de confundirse entre sí.

La arquitectura que la ciencia adoptó podría representarse como un gran edificio de apartamentos. Los apartamentos que representan a cada disciplina tienen grandes ventanas orientadas hacia el exterior, pero internamente el edificio solo dispone de pequeños pasillos zigzagueantes que a duras penas se conectan entre sí.
Este "edificio" se estableció sobre la serie de estratificaciones que constituyen los diversos dominios disciplinarios y que, como efecto, producen una fragmentación de nuestra percepción de la realidad. La percepción sigue entonces un modelo acorde con las diversas parcelas científicas que han resultado rigurosamente delimitadas. ¿En definitiva, en que difiere el modo en que organizamos la realidad y el modo en como la percibimos?
Esta imagen del pensamiento ya ha sido profusamente criticada por Deleuze y Guattari y anteriormente por pensadores como Bachelard. También se ha denunciado como los resultados, avances y retrocesos en la producción de conocimientos de cada disciplina quedaban encerrados en sus espacios estancos. Ello, sin embargo, no puede negar que cada disciplina, si se ha desarrollado, es porque ha brindado respuestas a las demandas sociales que las produjeron y aún alimentan. Cada disciplina desarrolla el lenguaje que le permite describir los objetos y procesos que investiga. Sin duda estamos ante una tensión que ya hace mucho tiempo atrapa el interés de los científicos e investigadores.
La interdisciplina surge entonces como una necesidad en el campo social-histórico, es un intento por totalizar el conocimiento científico. Es la respuesta dada en determinado momento histórico en función de los obstáculos que la propia realidad planteaba a las disciplinas científicas, en un intento por superar la fragmentación creciente del conocimiento científico.

 

Eppur si muove

Si queremos entender a que se debió la estratificación de la ciencia es necesario establecer su genealogía aunque para ello solo nos baste retroceder apenas unos 400 años.
Ya señalamos que la ciencia galileana se erige contra el aristotelismo que fue hegemónico hasta el iluminismo. Este movimiento construye un discurso científico en clara
oposición a la metafísica y en especial a la teología, denominado por los historiadores como ciencia moderna.

"Eppur si muove" habría manifestado Galileo cuando, en 1633, se retracta públicamente de sus convicciones científicas para evitar la condena del Vaticano. En su expresión se condensa el núcleo de la ciencia naciente, ya que a partir del acontecimiento señalado lo esencial de la práctica científica estará en el respeto a los hechos y no ya a los textos sagrados.
En una carta, dirigida al Padre Castelli y fechada en 1613, Galileo escribe:

"Puedo creer de buen grado que la autoridad de las Sagradas Escrituras no tuvo otra intención que la de enseñar a los hombres los artículos y proposiciones que , siendo necesarios para su salvación y superando toda razón humana, no podían enseñarse y hacerse dignos de crédito sino por la boca misma del Espíritu Santo. Pero que Dios, que nos ha dotado de sentido, razón e intelecto, haya querido que prescindamos de ellos, que haya que proporcionarnos otro medio de conocer lo que podemos conocer a través de los mismos, no pienso que sea necesario creerlo"

Los textos de Galileo enseñan y afirman la confrontación entre dos poderes de estado, uno decreciente y otro que emergía: iglesia y ciencia.
En el "episodio Galileo" es que ambos se miden y paradojalmente el condenado es quien emerge triunfante. El Estado feudal, su racionalidad y su referente ideológico estaban en juego. La caída del feudalismo para dar paso al sistema capitalista implica el abandono de la teología como fundamento de su racionalidad y fuente de legitimación divina del estado. Los estados nacionales nacientes requieren del contrato rousseauniano como su legitimador y la racionalidad de la ciencia como fundamento.
La ciencia ha hecho de este episodio un símbolo de libertad, sin embargo el mismo revela la incoherencia en sus entrañas, además de las contradicciones que se manifiestan en sus propias condiciones de producción, puesto que los valores de aquella sociedad en que nace y se desarrolla son enjuiciados como obstáculo, resistencia, u oscurantismo, opuestos por naturaleza a la cruzada por la verdad que la naciente ciencia moderna propone.
En este sentido, Feyerabend interpela la tesis de que Galileo habría respetado los hechos e intenta demostrar que la ciencia no puede aspirar a una verdad esencialmente distinta a la producida por otras formas de pensamiento, como el mítico o el religioso, ya que el italiano no ha dejado de interpretar los hechos al afirmar sus teorías.
Alexandre Koyré es claro al señalar la coincidencia de los historiadores de la ciencia moderna al definir su esencia y estructura: la inmensa mayoría insiste en su carácter empírico y concreto por oposición al carácter libresco de la ciencia clásica y medieval. La observación y la experiencia aparecen como una luz en el cuadro del oscurantismo medioeval y que la ciencia occidental interpela en una ofensiva contra la tradición y la autoridad. Es sin duda una imagen pero no definitiva, pues la observación y la experimentación como fuente del conocimiento aparecen desde los inicios de la historia del hombre, son inmanentes al proceso de conocimiento y aprendizaje.

Como vimos, la modernidad se inaugura en el mismo movimiento con que la ciencia occidental se libera de la mayor parte de sus ataduras con la metafísica. Al construir y jerarquizar el método experimental, compone la posibilidad de un mundo ateo habitado solo por objetos y hechos. Esta "operación" instituye la ciencia moderna y liga en forma indisoluble el nombre de Galileo a la revolución científica del siglo XVI. Es en este siglo que se produce una mutación intelectual radical que procesa una transformación inédita del espíritu humano: la praxis pasa a ocupar el lugar que hasta entonces el espíritu contemplativo ostentaba debido a una cultura que consideraba la actividad "teórica" como la más elevada. El naciente hombre moderno trata por todos los medios de dominar la naturaleza estableciendo una diferencia radical con el hombre medioeval que se empeñaba en contemplarla.
Desde nuestra perspectiva actual diríamos que la operación de Galileo, como la de los fundadores de la ciencia moderna, implica la destrucción de la subjetividad medioeval y el diseño de una nueva subjetividad. Producen una transformación de los modos en que pensamos y hacemos; es decir, de nuestro modo de relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos, fundando una nueva concepción del mundo y del sujeto.
Koyré, prestigioso historiador de la ciencia que citábamos más arriba, en su libro "Estudios de historia del pensamiento científico", caracteriza esta revolución de la subjetividad de la siguiente manera:

"No intentaré explicar aquí las razones y causas que provocaron la revolución espiritual del siglo XVI. Para nuestro propósito basta con describirla caracterizando la
actitud mental o intelectual de la ciencia moderna a través de dos rasgos solidarios:
1º. la destrucción del cosmos y por consiguiente, la desaparición en la ciencia de todas las nociones fundamentadas en esta noción. 2º., la geometrización del espacio, es decir, la sustitución de la concepción de un espacio cósmico cualitativamente diferenciado y concreto, el de la física pregalileana, por el espacio homogéneo y abstracto de la geometría euclidiana. Se puede resumir y expresar del siguiente modo estas dos características: la matematización (geometrización) de la naturaleza y, por consiguiente, la matematización (geometrización) de la
ciencia."

Si la interpretación de Koyré es correcta, es evidente entonces que, en este punto, Galileo apela a una vuelta al platonísmo y más precisamente, a concepciones pitagóricas y euclidianas. Sin embargo el historiador Stillman Drake contradice a Koyré en un punto esencial al demostrar que en 1604 Galileo Galilei no habría intentado realmente deducir consecuencias observables a partir de una definición matemática a priori. En el texto de 1604 lo que el científico pisano propone - según Drake - es una medida local:

"Es un error pensar que Galileo partió desde el principio de la hipótesis de que las ciencias matemáticas gobernaban la naturaleza y la física debía conformársele. Más bien las matemáticas se le fueron imponiendo gradualmente en la cuestión espinosa del cambio literalmente continuo"

El problema que planteaba Galileo, el físico, era determinar qué estaba midiendo: concebir una velocidad independientemente del movimiento, con el objeto de medirla,
era su desafío. Su importancia radicó en inventar un nuevo carácter físico, una manera radicalmente distinta de determinar el fenómeno y un nuevo modo de mensurar.
Galileo adjudica a la naturaleza un lenguaje que, como ya vimos, es el matemático (geométrico), dirá que la naturaleza es un libro abierto y que para conocerla bastaba con aprender su lenguaje. Una vez conocido sólo resta dialogar con ella. Desde esta nueva perspectiva para conocer su verdad sólo es necesario formular las preguntas en forma correcta. Sin embargo, no podemos olvidar que este particular sistema de preguntas que se instituye lleva implícito un modo particular de relacionamiento con la naturaleza: su dominación queda implícita en el trabajo de producción y organización del conocimiento.
La naturaleza se concibe como un autómata y el lenguaje matemático que le corresponde instrumenta una reducción de la complejidad del mundo para poder aprenderlo a través de sus regularidades. Las respuestas a las preguntas que el observador formula a la naturaleza se revelan en una serie de leyes dinámicas (mecánicas) que muestran la simplicidad del funcionamiento del mundo, aunque de todos modos sea necesario trascender la experiencia para que a través de la experimentación, se descubra el velo que permita hacer emerger la verdad oculta tras la apariencia. El esfuerzo de Galileo se ve coronado por los descubrimientos de Newton, quien termina por consolidar la posición de la ciencia física moderna. Newton logra establecer las leyes básicas de la dinámica a partir del descubrimiento de la ley de gravedad de los cuerpos. Este peculiar modo de "ver" el mundo posibilitó establecer unidades de medida acorde a cada dominio disciplinario. Con el establecimiento de estas unidades de medida es que se desarrollan las diversas disciplinas científicas. Estas son fundamentales para el desarrollo de la experimentación como método de estudio e investigación. A modo de ejemplo: la química no se desarrollará como disciplina científica hasta que aísle el átomo y establezca el peso atómico y ordene su famosa tabla periódica de los elementos.

Como señala Prigogine la naturaleza queda confundida con un "gran código" de leyes y el científico, con la figura del legislador. Galileo si bien nos "arranca" del mundo teológico, coloca al hombre en el lugar de "dios" al separarlo de la naturaleza. Esta escisión: hombre / naturaleza, es la misma que separa al sujeto del objeto. Mediante el método experimental que instituye la separación sujeto/objeto es que se produce el mito del conocimiento objetivo, es decir científico.
El observador se posiciona fuera del mundo y con ello funda la posibilidad de establecer leyes universales válidas en todo tiempo y espacio siempre que se mantenga dentro del dominio disciplinario que le es específico.

El esfuerzo de las ciencias modernas radica en establecer leyes universales, con la expectativa de conocer con exactitud el dominio en cuestión. Esta ilusión es posible en función de la espacialización del pensamiento que excluye el tiempo como variable. La ciencia clásica concibió al mundo como dado de una vez y para siempre, por lo tanto su tarea fue establecer las regularidades de un mundo estable, ello fue posible al sacrificar el devenir por una parte y la diferencia por otra. Así la función del observador es despojar a los fenómenos de su complejidad para descubrir tras ellos la simplicidad de un mundo gobernado por sus regularidades, es decir, por sus propias leyes más o menos simples. La diversidad del mundo queda aplastada bajo una operación que la señala como apariencia. En el dispositivo conformado, la función del observador se apoya en el concepto de semejanza que permite señalar lo mismo que se afirma en cada repetición. De ello la ciencia extrae sus regularidades, pero, sin embargo, olvida que éstas no borran lo diferente que simultáneamente deviene en cada singularidad que se actualiza en la repetición.

 

Punto de vista, disciplina y totalización

Una vez señalado el proceso de construcción de la ciencia moderna, vemos que ésta se nos presenta estratificada, cada estrato recubre un objeto de estudio que se construye a partir de la instalación de un punto de vista y éste es específico e inmanente a su dominio disciplinario.
El punto de vista se encuentra en referencia a un cuadro que delimita una porción de la realidad y el cuadro recíprocamente esta relacionado a un ángulo de encuadre.
A modo de ejemplo: el hombre, visto desde el punto de vista de la biología, constituirá una imagen de el Hombre radicalmente diferente al hombre visto desde el encuadre que viene a realizar la psicología o la sociología, puesto que el ángulo de encuadre es notoriamente diferente. Como señala Deleuze, un encuadre es un conjunto cerrado que configura un sistema óptico y que remite a un punto de vista que se despliega sobre el conjunto de las partes. Es desde la perspectiva aislada de cada disciplina científica que se interpreta la totalidad del mundo, este equívoco es posible debido a que su punto de vista queda estático en relación al objeto formal y abstracto que, trabajosamente, construye.
El dominio de las ciencias del hombre o sociales se muestra más conflictivo desde el principio, en función de su imposibilidad de establecer, por una parte, unidades de medida confiables. Por la otra, este dominio resiste, muy especialmente, las formalizaciones más o menos duraderas. La precariedad de los conocimientos en el dominio de las ciencias del hombre se debe a que, por naturaleza, éste es un ser histórico. El devenir social e histórico se aleja de las regularidades aunque no por ello evita la repetición. Sin embargo, es preciso señalar que la generalidad y la repetición, más que aludir a lo mismo se contraponen, pues mientras la generalidad es generalidad de lo particular, la repetición es universalidad de lo singular. De la repetición, la ciencia extrae generalidades en tanto la emergencia de "lo mismo" que se expresa en cada hecho particular, la semejanza permite esta operación. Sin embargo, en cada repetición se afirma una diferencia: lo singular. Singular que es expresión de la diferencia por definición: En una mosca están contenidas todas las moscas pasadas y todas las que están por venir, pero ese "hecho" no esconde que cada mosca es diferente.
La generalidad, plantea Deleuze, pertenece al dominio de las leyes:

"Lejos de fundar la repetición, la ley muestra más bien el modo cómo la repetición viene a resultar imposible para los sujetos puros de la ley: los particulares"

Planteado este problema debemos preguntarnos en qué condiciones la experimentación garantiza las repeticiones que permiten a la ciencia establecer sus demostraciones. Al respecto dejemos que nuevamente Deleuze nos auxilie:

"Se trata, pues, en la experimentación, de sustituir un orden general por otro: un orden de igualdad por un orden de semejanzas. Se desmembran las semejanzas, para descubrir una igualdad que permita identificar determinados fenómenos en condiciones concretas de experimentación"

La institución de las ciencias sociales, si bien es tardía, se esforzará por reeditar la hazaña Newtoniana. En primer lugar y en el borde de las ciencias naturales se da el desarrollo de la biología, posteriormente de la mano de Augusto Compte y siguiendo los preceptos positivistas, se establece un nuevo objeto científico: la sociedad; una vez que se construye como objeto de ciencia da lugar al desarrollo de la sociología y paralelamente la no tan vieja noción de mente da lugar al concepto de psiquismo, constituyéndose en el objeto abstracto privilegiado de la psicología. Como ya vimos más adelante es que se conforma una voluntad colectiva de articulación y totalización de los saberes de estas disciplinas a los efectos de "unificar" la imagen del hombre.

Un cambio de preguntas

Después de Kant, es Hegel una de las figuras más influyentes, tanto en el siglo XIX como en la primera mitad del siglo pasado. Marx veía en la filosofía hegeliana la última expresión de la filosofía clásica alemana. Es en Kant que consensualmente los filósofos contemporáneos ubican el origen del idealismo alemán. Para él, la filosofía deja de ser una metafísica abstracta de dios, mundo y alma, para convertirse en una reflexión sobre los hechos (factum) de la cultura humana, es decir, una reflexión sobre la ciencia, el arte, la moral, la religión; aquellos aspectos que conforman la cultura. Kant inaugura un tiempo filosófico en que se busca determinar las leyes de la conciencia y de cómo es que ésta determina los hechos sociales. Hegel puede considerarse el mayor exponente de esta corriente y su influencia, como vemos, es enorme en el panorama de la filosofía de los últimos dos siglos, influyendo tanto en los filósofos de derecha como de izquierda y llegando a encontrarse sus rastros en las terminologías tanto de Heidegger como de Sartre.
El marxismo da lugar a una nueva filosofía al trastocar los desarrollos hegelianos desde una perspectiva materialista. Marx, aunque críticamente, adhiere al materialismo apoyándose en Feuerbach e inicia una crítica acérrima al hegelianismo pero haciendo propio a su método: la dialéctica. A partir de Marx lo que Hegel llamaba "espíritu" se muestra como concepto o ideología que viene a encubrir la verdadera realidad histórica. En todo caso, desde la perspectiva marxista la conciencia no determina la existencia social, sino a la inversa. El materialismo histórico no buscará establecer leyes semejantes a las de las ciencias positivas de la naturaleza, sino comprender los mecanismos de la formación de las sociedades y los cambios que tienen lugar en éstas.
La influencia del pensamiento marxista es de tal magnitud que el siglo XX no puede sustraerse a su influjo. Tal vez sea Sartre quién, siguiendo las propias tendencias inmanentes al materialismo histórico intente superarlo y por lo tanto agotar esta perspectiva omnicomprensiva, cuando distanciándose de la ortodoxia soviética publique, en 1960 su "Crítica a la razón dialéctica". De él, dos exponentes de la antipsiquiatría como Laing y Cooper -en su introducción al libro "Razón y Violencia"-, señalan:

"nos encontramos con una empresa teórica más ambiciosa que la que intentaron Freud o Marx: nada menos que con una totalización, como diría Sartre, de todo el conocimiento socio-histórico existente. Aquí, por primera vez, hay una teoría sistemática que abarca toda la gama de la fantasía individual, las relaciones interpersonales, los sistemas socio-técnicos y las relaciones entre grupos. () En opinión de Sartre, existe un dominio del ser en el cual los principios dialécticos son constituyentes de la naturaleza de lo conocido. Se trata del dominio de la historia humana.() Así, en el plano de lo humano, Sartre utiliza la dialéctica para caracterizar la relación entre el conocedor, lo conocido y la naturaleza de lo conocido.
()El concepto de síntesis de Kant es por lo menos germinalmente dialéctico en el sentido de Hegel-Marx-Sartre. El primer grupo de Kant es particularmente pertinente a la obra actual de Sartre. La síntesis de pluralidad y unidad es una totalidad, una multiplicidad-en-la-unidad, o una multiplicidad unificada. Pero para Sartre no existen totalidades finales en la historia. Hay solo totalizaciones -destotalizaciones - retotalizaciones. Parece usar el termino totalización tanto para el acto de totalizar el campo de lo dado como para el campo que es totalizado."

Es en referencia a los planteos de sartreanos y estructuralistas que Deleuze y Guattari formulan la siguiente interrogante en El Antiedipo:

"¿cómo producir y pensar fragmentos que tengan entre sí relaciones de diferencia en tanto que tal, que tengan como relaciones entre sí a su propia diferencia, sin referencias a una totalidad original incluso perdida, ni a una totalidad resultante incluso por llegar?"

Una vez planteado un problema tan sutil y revolucionario, al solo formular dicha pregunta producen una torsión en el modo de pensamiento hegemónico de la época, arremeten produciendo una respuesta que hace estallar al concepto de sujeto que constituía el núcleo de la filosofía hegeliana y sobre el cual se sustentaba el pensamiento de las ciencias sociales:

"Sólo la categoría de multiplicidad, empleada como sustantivo y superando lo múltiple tanto como lo Uno, superando la relación predicativa de lo Uno y de lo múltiple, es capaz de dar cuenta de la producción deseante: la producción deseante es multiplicidad pura, es decir, afirmación irreductible a la unidad."
Unos párrafos adelante serán más claros: "Ya no creemos en estos falsos fragmentos que, como los pedazos de la estatua antigua, esperan ser completados y vueltos a pegar para componer una unidad que, además, es la unidad de origen. Ya no creemos ni en una totalidad original, ni en una totalidad de destino. Ya no creemos en una grisalla de una insulsa dialéctica evolutiva, que pretende pacificar los pedazos limando sus bordes. No creemos en totalidades más que al lado. Y si encontramos una totalidad tal al lado de partes, esta totalidad es un todo de aquellas partes, pero que no las totaliza, es una unidad de todas aquellas partes, pero que no las unifica, y que se añade a ellas como una nueva parte compuesta aparte."

El efecto liberador de estos párrafos no es de rápida aprehensión, en ellos se encuentra un giro en el modo de concebir nuestra experiencia subjetiva y en nuestro modo de conocer y vivenciar el mundo. Un modo distinto de plantearnos nuestra relación con el mundo y que, necesariamente, nos lleva a formular nuevamente todas las preguntas. El planteo esquizoanalítico no surge de pronto; está íntimamente ligado a unas filosofías del devenir, minoritarias, revulsivas y revolucionarias por naturaleza, que encuentran en Nietzsche su más genial exponente. Este junto a Kierkegaard -aunque en direcciones bien diferenciadas- se oponen al sistema kantiano y especialmente, al hegeliano; su coincidencia radica en oponer la repetición a toda posible forma de generalidad. Ello se manifiesta según Deleuze en los siguientes movimientos: a) hacen de la repetición misma algo enteramente nuevo, b) oponen la repetición a las leyes de la naturaleza, convirtiéndola en su exepcionalidad y c) oponen la repetición a la ley moral.

La operación nietzscheana es precisa y denuncia al pensamiento de Kant, a la vez que descubre su carácter platónico. Nietzsche señala con extrema claridad a la constitución del plano trascendente de la moral como el principal enemigo del pensamiento científico. Cuando Kant lanza su famoso imperativo moral: "obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda convertirse en ley universal"; vacía a la voluntad de saber de todo prejuicio, interés y contingencia personal. De este modo, la pura forma se eleva en Kant contra el azar y la contingencia y fundamentalmente, contra el deseo. La ciencia, piensa Nietzsche, no tiene por que carecer de intencionalidad; allí están Iroshima y Nagasaki para recordárnoslo; pues la pretensión de la objetividad ya es un acto intencional. Para Nietzsche la ciencia es simplemente una herramienta usada por alguien. Su movimiento desenmascara una última ilusión, pues muestra al saber científico como un modo posible de interpretación del mundo. Rompe el velo que ocultaba al manipulador. Desmontado el poder de manipulación de la ciencia, ésta es recreada como poder reactualizado de la interpretación. Pone así en evidencia, que no es ni en la proximidad, ni en lo más profundo que se encuentra la clave de la interpretación. Queda al descubierto un fondo caótico de innumerables valoraciones o figuraciones posibles. En este punto Hopenhayn indica que la ciencia, tal como la quiere Nietzsche, asegura un modo eficaz de autodestrucción de la metafísica:

"La apropiación nietzscheana de la ciencia tiene por finalidad el regocijo. () No es casual que Nietzsche recurra a este bien patrimonial de la modernidad, como es la ciencia() El concepto mismo de ciencia jovial (gaya ciencia) revela esta contradicción de la ciencia moderna: entre la pesantez de la ratio y la liviandad de un mundo des-sacralizado. Ciencia que instrumentaliza (y refuerza el dominio), o ciencia que pulveriza los fantasmas del dominio."

Mediante su singular apropiación de la ciencia, Nietzsche recupera la posición de Heráclito y abre cauce a un devenir que propone internarnos en la desmesura dionisíaca para reconciliarnos con el caos y la disolución. Buscaba con ello crear las condiciones de posibilidad que permitieran una reapropiación de la ciencia sin el peso del orden y la jerarquía que requiere el espíritu positivista del siglo XIX. Nietzsche tiene claro desde el vamos que no hay una sola interpretación para la ciencia y que esta puede insuflarse tanto de un ímpetu regresivo como liberador.
Michel Foucault, en el VII coloquio filosófico internacional de Royaumont, dedicado a Nietzsche en julio de 1964, en París, pronuncia una valiente conferencia que llama "Nietzsche, Freud, Marx" y en ella señala con precisión el modo en que estos tres autores
"nos han vuelto a poner en presencia de una nueva posibilidad de interpretación, han fundamentado de nuevo la posibilidad de una hermenéutica."

Se hace visible este movimiento que realizan las ciencias del hombre que no es otro que el pendular entre el humanismo y el positivismo para recuperar, en su ultimo movimiento, la mejor tradición libertaria en el acto de afirmación de las nuevas ciencias hermenéuticas. Por un momento somos capaces de comprender que si hay interpretaciones es porque las mismas nos rodean por doquier:

"la interpretación se encuentra ante la obligación de interpretarse ella misma al infinito" () "De allí se desprenden dos consecuencias importantes. La primera es que la interpretación en adelante será la interpretación por el "quien". No se interpreta lo que hay en el significado, sino que se interpreta a fondo: quien ha planteado la interpretación. El principio de la interpretación no es más que el intérprete."()" La segunda consecuencia es la de que la interpretación debe interpretarse siempre ella misma."

Nuestros modos de conocer y fijar la realidad, al verse interpelados por el trabajo del tiempo, quedan señalados en su cualidad de producción social-histórica. Las preguntas como ¿qué es el sujeto? ¿cómo es el sujeto? dejan sitio a otro tipo de preguntas que interrogan los procesos y los mecanismos que han hecho posible la construcción de la subjetividad moderna. Lo que queda interpelado es la relación misma entre el objeto y el sujeto, para interrogarnos -de la mano de Michel Foucault- por la relación del sujeto con la verdad. Este primer paso queda comprendido en un primer movimiento en que ya despliega una labor descontructiva y que lleva definitivamente a cabo con su trabajo sobre una arqueología del saber. Pero cuando más se acerca Foucault a describir la relación con el saber, más se destaca en el fondo la relación del sujeto con el poder. Desde entonces, la relación saber-poder constituye el eje de su trabajo. A partir de su estudio sobre la voluntad de saber mostrará la producción del sujeto como efecto de esta relación. Re-inventa de ese modo el proyecto nietzscheano al realizar una genealogía, no ya de la moral, sino de la constitución de nuestra experiencia subjetiva. Su trabajo, en resonancia con filósofos de la talla de Deleuze, Derrida, Althuser, produce una descontrucción del sujeto que termina por abrirlo, para mostrarlo desfondado -al decir de Juan Carlos De Brasi- sin esencia que señalar, ni substancia que capturar, sino puro efecto. Su propuesta intelectual, lejos de producir la muerte del hombre, lo conecta a su más oceánica experiencia vital, pues abre al sujeto a un mundo de significaciones para señalar que es en éste donde un colectivo se instituye, a la vez que el sujeto se individua. Este mundo de significaciones se produce social e históricamente y los procesos de subjetivación constituyen una de sus producciones inmanentes.
El concepto de subjetividad no emerge como lo opuesto a la objetividad, sino como efecto, producido por el desgarramiento del dualismo sujeto-objeto. Este movimiento coloca la posibilidad de construir una concepción social-histórica de las producciones subjetivas y su investigación en el centro de las preocupaciones actuales de las ciencias sociales.
El panorama científico actual se presenta con un mayor grado de incertidumbre y tímidamente los científicos comienzan a interrogarse por sus modos de conocer, comienzan a abordar lo complejo, hacen lugar para lo impredecible e incorporan el tiempo en su reflexión. En esta atmósfera científica es que se abre la perspectiva para desplegar una concepción social-histórica de las producciones subjetivas. El cambio de perspectiva tiene como efecto unas teorías científicas menos globales, menos totalizantes o unificadoras y sometidas al trabajo del tiempo. El cambio en el modo en que formulamos nuestras preguntas hace posible el movimiento des-constructivo. Este movimiento, sin embargo, es altamente conflictivo, dado que, como señala Ana María Fernández, genera una tensión epistemológica. Pero esta tensión no puede ser evitada, pues está en el tuétano de nuestro pensamiento occidental.

 

Subjetividad, locura y enfermedad mental

Realizar un recorrido por la historia de las ciencias y su relación con la producción de la subjetividad moderna sería un esfuerzo vano para nuestro propósito si no tuviera el sentido de permitirnos pensar la actualidad de nuestros modos de producción de la subjetividad humana, así como nuestros principales conceptos de salud y enfermedad mental. El siglo XIX fue testigo de un gran debate que se crispa hasta lo dilemático: por una parte, se alinean aquellos que sostienen el origen de la enfermedad mental en una causalidad psicogenética y por la otra, aquellos que sostienen que el origen se halla en la organogénesis. Este conflicto adquiere ribetes caricaturescos en el enfrentamiento entre las posiciones biologistas y psicologistas durante los siglos XIX y XX, hasta que "dialécticamente" se integran en la concepción interdisciplinaria que señala al hombre como un ser bio-psico-social.
La medicina mental se organizó en torno al concepto de normalidad / anormalidad y su primer movimiento fue intentar descifrar la esencia de la enfermedad mental; a tales efectos se esfuerza en establecer y agrupar aquellos signos que la hacen visible. Este trabajo de descripción permite construir una sintomatología a partir de correlacionar constantes, indicar frecuencias y establecer regularidades entre determinado tipo de enfermedad y sus manifestaciones mórbidas. También crea una nosografía que describe las fases por las que tal o cual enfermedad evoluciona y establece sus posibles variantes.
Foucault señala en su libro "Enfermedad Mental y personalidad" a Janet, Kraepeling y Bleuler como los adalides de este movimiento, pues ellos terminan por establecer las clasificaciones de grandes enfermedades como la histeria, la psicastenia, las obsesiones y fobias, la manía y la depresión, así como la paranoia, las psicosis alucinatorias, la hebefrenia y la catatonía; posteriormente las tres últimas quedan agrupadas bajo el cuadro de la demencia precoz. Indica que, para realizar dicha cartografía, la medicina mental sigue los patrones heredados de la estructura conceptual de la patología orgánica y sus mismos métodos. Este peculiar modo de concebir la enfermedad mental presenta algunos problemas que tendrán una incidencia determinante en el campo de la práctica médica, psiquíatrica y psicológica. En primer lugar la enfermedad queda elevada a la categoría de esencia. Una vez concebida como entidad, la enfermedad se descubre a través de sus síntomas, pues éstos devienen en sus signos cuyo principal cometido es hacerla evidente, pero desde esta perspectiva la enfermedad se presenta de modo independiente a ellos y aún anterior a su manifestación.

"La personalidad se convierte así en el elemento en el cual se desarrolla la enfermedad y el criterio que permite juzgarla; es la realidad y la medida de la enfermedad a la vez. En esta preeminencia de la noción de totalidad se puede ver un retorno a la patología concreta y la posibilidad de determinar como un dominio único el campo de la patología mental y el de la orgánica. En efecto, ¿acaso no se refieren ambas, por vías diferentes, al mismo individuo humano en su realidad? Gracias a esta noción de la totalidad, ¿no convergen por la identidad de sus métodos y la unidad de su objeto?"

Unos párrafos más abajo, refiriéndose a un trabajo de Goldstein publicado en el Journal de Psychología en 1933, es más categórico:

"En todas estas recientes formas de análisis médico podemos reconocer una significación única: cuanto más encaramos como un todo la unidad del ser humano, más se disipa la realidad de una enfermedad que sería una unidad específica, y más se impone también la descripción del individuo reaccionando a su situación de modo patológico en lugar del análisis de las formas naturales de la enfermedad"

Esta posición - la de concebir al hombre como una totalidad - posibilita un avance importante. Es su logro colocar en el centro de atención al hombre y su interrelación con el medio y a la enfermedad como una contingencia en un campo de posibilidades. Sin embargo, será rápidamente abandonada por el joven Foucault, pues no sólo renegara de este su primer libro, sino que, además, intentará impedir su traducción y luego prohibir su reimpresión. Lo que no abandona es su interés por la enfermedad mental y la experiencia de la locura. Nueve años transcurren después de publicado este pequeño texto y de regreso a Francia de su estadía en Suecia como agregado cultural, Foucault presenta su tesis de doctorado ante un tribunal mayor integrado por George Canguilhem, Henri Gouhier y Daniel Lagache. El 20 de mayo de 1961 expone su tesis en forma brillante y deslumbra tanto al tribunal como a su auditorio; la tesis central es nada menos que Historia de la locura en la época clásica.
Cuando escribe Enfermedad mental y personalidad aún no ha leído a Nietzsche, pero en 1954 ya ha comenzado su lectura y por supuesto dejará su impronta; Historia de la locura es presentado por él mismo como una continuación del proyecto nietzscheano. Foucault inaugura una nueva forma de concebir el poder y desde esta concepción enunciará que el sujeto es producto del poder.

En el Río de la Plata encontramos si no la misma atmósfera, por lo menos el registro del discurso de Sartre y nada menos que en la figura entrañable y mítica de Enrique Pichón Riviérè. En su prólogo al libro El proceso grupal. Del psicoanálisis a la psicología social intenta esclarecer y enunciar su esquema referencial para mostrarnos "su origen y su historia" buscando con ello poner en evidencia la coherencia interior de su tarea y discriminar los distintos momentos de su labor teórica:

"Las primeras aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me llevaría progresivamente y a partir de la observación de los aspectos fenoménicos de la conducta desviada, al descubrimiento de elementos genéticos, evolutivos y estructurales que enriquecieron mi comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica" () La síntesis actual de esa indagación puede señalarse por la postulación de una epistemología convergente, según la cual, las ciencias del hombre conciernen a un objeto único: "el hombre-en-situación" susceptible de un abordaje pluridimensional. Se trata de una interciencia, con una metodología interdisciplinaria, la que, funcionando como una unidad operacional, permite un enriquecimiento de la comprensión del objeto de conocimiento y una mutua realimentación de las técnicas de aproximación al mismo"

En la persona de Pichón se encarna la epistemología convergente que proclama y que se manifiesta en su búsqueda por construir una interciencia y un método interdisciplinario que le permita operar en el campo de la clínica psiquíatrica y de la salud mental, como en la vida cotidiana: psiquiatría dinámica, psicoanálisis, materialismo histórico, teoría de la comunicación y dinámica de grupos son los referentes con los cuales emprende su singular construcción.

 

Subjetividad y experimentación

Es en el tratamiento psicoanalítico de pacientes psicóticos que Pichón profundiza su indagación de los procesos transferenciales y donde descubre la existencia de múltiples objetos internos que se vienen a articular en un "mundo construido según un progresivo proceso de internalización", dando lugar a su concepto de mundo interno. Es la propia indagación analítica la que lo lleva a ampliar el concepto de relación de objeto y formular el concepto de vínculo, que define como una estructura compleja que incluye el sujeto y el objeto, así como su mutua interrelación dada en los procesos de comunicación y aprendizaje.
En el prólogo al que hacíamos referencia, Pichón parece confesarse ante sus lectores:

"Esta concepción del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la estructura vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismo primario, conducían necesariamente a la definición de la psicología, en un sentido estricto, como psicología social.
Si bien estos planteos surgieron en una praxis y están sugeridos, en parte, en algunos trabajos de Freud, su formulación implicaba romper con el pensamiento psicoanalítico ortodoxo, al que adherí durante los primeros años de mi tarea, y a cuya difusión había contribuido con mi esfuerzo constante. Pienso que esa ruptura significó un verdadero "obstáculo epistemológico" una crisis profunda cuya superación me llevó muchos años y que quizás se logre recién hoy"

Es notable como la nominación de su psicología como psicología social cierra esta fermental concepción, pues queda territorializada como especialidad y no como un modo singular de concebir a la psicología en relación a la vida cotidiana.
De Brasi en un texto denominado "Elucidaciones sobre el ECRO" deconstruye precisamente la noción de ECRO, que sirve de corolario a la conceptualización pichoniana para mostrarnos, que la misma, en gran medida, actúa como una muletilla que encubre el modo como Pichón acude a teorías ya consolidadas, por lo que el ECRO queda signado por un alto índice de indeterminación que lo subsume en la ambigüedad. Las teorías consagradas que le sirven de fondo generativo son su apoyo a la vez que su corsé. Demuestra Pichón sin saberlo que es imposible pensar seriamente de otro modo utilizando los viejos instrumentos inmanentes al campo teórico y conceptual que se quiere "superar". De Brasi afirma que la sombra y los fantasmas de Kant, Hegel y Sartre presentes en todo el desarrollo del "esquema", más que abrir la posibilidad de indagar, cierran lo mismo que Pichón se propone abrir. Aunque, si fijamos la mirada en su praxis, descubrimos a un pragmático genial, cuya principal cualidad es la invención permanente. Es en el terreno de la práctica clínica donde encontramos la potencia de Pichón en su máxima expresión, por ello mismo sus desarrollos conceptuales no deben entenderse como teorías, sino como conceptualizaciones de su práctica. Incluso no podemos olvidar que Pichón no escribió, su legado son clases desgrabadas, ponencias en congresos, entrevistas, es decir un pensamiento que se despliega en la acción.
Con el planteo de su esquema, Pichón "nos ha enfrentado a dos mil años de problemas gnoseológicos, disciplinarios y ontológicos aún no resueltos", pues: "si Kant "no pudo" generar la ligazón aspirada entre las categorías y la experiencia y Hegel quedó "en falta" respecto al movimiento de su sistema(el ECRO), es porque en otros espacios sus enlaces y la actividad global fueron concebidos con más eficacia. Obviamente esa función la cumplió la "Teoría del Campo" lewiniana"

Como vimos, la práctica de Pichón focaliza en los procesos de la vida cotidiana, lo cual le permite un nuevo modo de inteligir la enfermedad mental al resaltar que lo importante es el cambio, ya que lo que caracteriza a la vida cotidiana es su devenir:

"El contacto con los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico confirmó lo que de alguna manera había intuido; que tras de toda conducta "desviada" subyace una situación de conflicto, siendo la enfermedad la expresión de un fallido intento de adaptación al medio. En síntesis, que la enfermedad era un proceso comprensible."

En el mismo prólogo Pichón afirma que, al iniciar sus estudios de medicina, cuando ingresa en la Universidad, queda impactado por el enfrentamiento con el cadáver. Este precoz acontecimiento consolida su decisión, años más tarde, de trabajar con la locura, pues como él mismo dice: veía en ella una forma de muerte reversible.
La muerte es la máxima expresión de la corruptibilidad del cuerpo y lo corruptible es aquello que, inevitablemente, se ve afectado por el paso del tiempo y al igual que el cuerpo, el sujeto también está expuesto a la erosión. Esta corruptibilidad que remite a la muerte en su otra cara, remite a la potencia de transfiguración y metamorfosis que permite al enfermo mutar en su punto de vista, cambiar su perspectiva del mundo. Tomar conciencia de que nada permanece incólume y que todo se transfigura. Desde esta perspectiva sólo es real lo que se ve afectado y sólo la metamorfosis se revela como productora de verdad. Esta es la razón por la que Pichón, a la hora de desarrollar y explicitar su concepto de ECRO, se enrede en las categorías kantianas y en las promesas de progreso hegelianas, para luego dejarlas olvidadas y llamar la atención sobre Lewin, pues este último está interesado en los problemas prácticos que se le plantean y fundamentalmente, en el problema del cambio social.

 

Subjetividad clínica y grupalidad

La perennidad y la estabilidad planteada por Kant "despersonaliza" el pensamiento al separarlo del cuerpo que lo conjuga. No es casual que el camino de la ciencia, que arranca en la metafísica y se construye en su contra, termine en la formulación del positivismo, en donde el ideal ascético encarna como la última de sus expresiones en el mito de la objetividad científica. Pienso que al derrotero pichoniano le hubiese convenido el encuentro con el pensamiento intempestivo de Nietzsche.
A la propuesta impersonal que el positivismo propone, Nietzsche opone, el relato sobre los cambios en su percepción del mundo en función de las mutaciones de su salud. El positivismo admite la experimentación e incluso es notorio que la promueve y ofrece como fuente privilegiada de verificación, pero la restringe a un campo de variables constantes e independientes de la perspectiva del observador. En una palabra, sustrae del campo el cuerpo del observador, incluso a la mirada de sí mismo. De este modo el positivismo busca imponerse como el modo de conocimiento objetivo, es decir, la racionalidad elevada a la categoría del absoluto. La propuesta kantiana inmanente al espíritu científico de la modernidad sólo deja a la experimentación el camino de objetivación pura encerrada en el dominio de la razón, en cambio, la experimentación nietzscheana se aproxima más a la experimentación pichoniana: en ambos la experimentación se nos revela como un camino para ensanchar el campo de la experiencia, mediante favorecer la pluralidad de miradas y la producción de la mirada del observador para sí misma, a través de la evidencia de que todo está sujeto a la corruptibilidad y el cambio y por ende, también así será con la mirada y la oreja-cuerpo del observador. Que la experimentación pichoniana se aproxime a la nietzscheana no nos permite más que indicar lo que pudo haber sido pero no fue, sin embargo es evidente la innovación y la potencialidad del pensamiento y la metodología pichoniana del grupo operativo, en la medida que no solo mantiene todo su poder de actualización sino que es una propuesta no estática que posibilita incluso su reformulación conceptual y técnica.

"Uno de los elementos constitutivos del esquema referencial que guió nuestra tarea, en lo que hace a la formulación de la teoría y la estructuración progresiva de una técnica grupal, fue el principio enunciado por Freud y retomado por Kurt Lewin, según el cual toda indagación va acompañada de una operación, es decir que no hay indagación "pura" , inocua. En la técnica operativa se hace posible la integración de la seudo antinomia entre lo teórico y lo práctico, por la unión de ambos en una praxis concreta,"

La pluralidad de la mirada reclamada por el pensamiento intempestivo toma cuerpo en el dispositivo grupal propuesto por Pichón, aunque aún conserve todo el lastre de las concepciones totalizadoras:

"uno de los principios básicos de la técnica operativa: a una mayor heterogeneidad de los miembros, heterogeneidad adquirida a través de la diferenciación de roles en la que cada miembro aporta al grupo todo el bagaje de sus experiencias y conocimientos y una homogeneidad en la tarea lograda por sumación de la información, la que adquiere el ritmo de una progresión geométrica, enriqueciendo como parcialidad a cada uno de los integrantes y como totalidad al grupo, se logra una productividad mayor."

En el trabajo clínico, esta característica del trabajo grupal adquiere la mayor relevancia,
pues, en este medio, la tarea consiste en desbloquear los flujos comunicacionales y en construir un soporte que posibilite resolver la disociación que se establece entre los flujos de información y los flujos afectivos, disociación que remite al mecanismo psicológico de la represión.

"En la medida en que un grupo operativo, que se propone como tarea explícita la curación de sus integrantes, se centra en la ruptura de los estereotipos de la comunicación y de los mecanismos de adjudicación y asunción de roles, se permite a los pacientes una modificación de los vínculos internos y externos. Esta operación correctora hará posible un abordaje más plástico de la realidad, una conducta adaptativa creadora, con capacidad de planificación y proyecto personal."

Al colocar la ruptura del estereotipo y la fijación de roles como su principal tarea, Pichón se propone dar a los integrantes del grupo terapéutico, la posibilidad de iniciar un aprendizaje de la realidad y adquirir no sólo la capacidad de cambiarla, sino de cambiar con ella, es decir, el modo en como los sujetos se vinculan entre ellos y con la realidad. Ello lleva, indefectiblemente, a la modificación del mundo interno fantasmático del sujeto, es la disposición de un sujeto creativo que esté en condiciones de modificar el mundo y a la vez modificarse. En definitiva es la resolución de un dualismo de base, expresado en la dicotomía mente/cuerpo, donde el problema planteado consiste en aprender a pensar.

"El grupo operativo es un grupo centrado en la tarea y que tiene por finalidad aprender a pensar en términos de resolución de las dificultades creadas y manifestadas en el campo grupal y no en el de cada uno de sus integrantes, lo que sería un psicoanálisis individual en grupo . Sin embargo, tampoco está centrado exclusivamente en el grupo como en las concepciones gestálticas , sino que en cada aquí-ahora-conmigo en la tarea se opera en dos dimensiones, constituyendo en cierta medida una síntesis de todas las corrientes. Consideramos al enfermo que enuncia un acontecimiento como el portavoz de sí mismo y de las fantasías inconscientes del grupo. En esto reside la diferencia de la técnica operativa con las otras técnicas grupales, ya que las interpretaciones se hacen en dos tiempos y en dos direcciones distintas"

Pichón con su re-invención del concepto de vínculo y al tomar a este como objeto de su intervención terapéutica desplaza las fronteras entre la clínica y el aprendizaje. Su propia concepción de salud no solo es solidaria con el desplazamiento señalado, sino que el propio concepto de salud en Pichón es efecto de un nuevo desplazamiento. El concepto de adaptación activa a la realidad es su criterio básico de salud, con ello Pichón condensa el territorio de la clínica y del aprendizaje. Desde su perspectiva la salud mental consiste en un proceso en el que se realiza un aprendizaje de la realidad a través de la resolución de los conflictos.
Este cruzamiento entre clínica y aprendizaje no es unívoco pues para el caso de la
formación de psicólogos y psiquiatras Pichón implementara su técnica conjugando el aprendizaje con la psicoterapia:

"el tema en estudio es la tarea misma de la vocación y el aprendizaje. A través de su análisis pueden irse enseñando la fenomenología psiquíatrica y la psicodinámica, a la par que se cumple una tarea de clarificación y de psicoterapia que limpia el campo del aprendizaje"


Una concepción social-histórica de los procesos de producción de subjetividad

Pichón, aunque no escapa al dualismo individuo - sociedad, de todos modos sienta las bases para que en el Río de la Plata la generación posterior se incline en la dirección de su crítica. Ello se hace evidente en las producciones conceptuales desde la década del setenta y en especial en la década de los ochenta del siglo XX.
En Francia, como ya señalamos, se desarrollaba desde el campo de la filosofía, mediante el trabajo intelectual de Foucault, una nueva hermenéutica y un nuevo proyecto genealógico, que ya no tomará, como lo hiciera Nietzsche, a la moral como objeto, sino a la propia experiencia de la subjetividad y su conformación y mutaciones a través de la historia. En este mismo ambiente que queda indicado por la rebelión de mayo del 68, acuden a la cita Gilles Deleuze y Felix Guattari. Otro autor importante, alineado manifiestamente con Hegel, es René Loureau, quien realiza un importante aporte al sistematizar algunas tesis del Análisis Institucional. Este movimiento es criticado más adelante por el propio Félix Guattari por entender que representaba una desviación academicista y profesionalista, en el pequeño periodo que los reúne se prepara un quiebre epistemológico que tomará consistencia en el encuentro con la labor filosófica de Deleuze y Foucault. Estos autores, casi ignorados por el estableshiment académico en Europa, hallan rigurosos interlocutores en América latina. El ambiente político y las condiciones subjetivas propician este fermental encuentro. El "esquema referencial" de los psicólogos latinoamericanos, además de componerse con los diversos psicoanálisis, la concepción operativa pichoniana, el psicodrama y los abordajes psicocorporales, integra al esquizoanálisis y al análisis institucional, abriendo su horizonte de pensamiento y ganando en potencia de discurso y acción. El encuentro, denominado "El espacio institucional" y presidido por Gregorio Baremblitt, llevado adelante a principios de la década de los noventa del siglo pasado, en la ciudad de Buenos Aires, tal vez haya sido su momento de mayor visibilidad y enuciabilidad colectiva.
En definitiva la psicología, desde esta perspectiva, abandona radicalmente el positivismo para constituirse en una ciencia hermenéutica y pragmática de pleno derecho.
Ya no es la política "atravesando" el estrecho espacio del consultorio o las desmejoradas salas hospitalarias, sino la composición de universos ético-estético que señalan directamente a la política como constitutiva de la práctica del análisis y por lo tanto diagramadora del Inconsciente. Si denunciamos el profesionalismo explícito en nuestras prácticas es para señalar que, en su límite, el análisis y la intervención pueden replegarse ante el marqueting y el business, ya que la resistencia al análisis muchas veces se genera en la necesidad de seguir "vendiendo" nuestro trabajo.
Cuando se solicita nuestra intervención aunque nos adjudiquen otras tareas, previo análisis de las mismas, nuestra posición no puede ser otra que incitar procesos de producción deseante que compongan de forma novedosa el mundo en que nos desplegamos. Un análisis institucional no es efectivo si no promueve una revolución molecular, es decir, muchas, al descubrir o inventar aquello que nos revoluciona. Pero no nos ilusionemos: el problema fomulado por Espinosa sigue planteado:

"¿Como es posible que las masas luchen por su servidumbre, como si se tratase de su libertad?"

Este problema está en íntima conexión con la crítica que Reich realiza al marxismo ortodoxo en referencia al concepto de ideología:

"Las masas no fueron engañadas, en determinado momento desearon el fascismo."

Como es notorio, las disciplinas son artefactos de control que, paradojalmente, como en el caso de la psicología, enuncian su búsqueda por liberar al hombre de sus cadenas. La historia señala el fracaso del sueño humanista y la funcionalidad de éste en la composición de la subjetividad capitalista finisecular.
Nuestros quehaceres se encuentran ante una bifurcación que se reedita con cada amanecer: o se sitúan en el conservadurismo o se fugan en múltiples líneas de resistencia, de subversión, de amor, locura y deseo.
El trabajador intelectual que se para en esta "cancha" debe abandonar toda pretensión hegemónica. Desde esta perspectiva, la percepción molar del mundo es posible que mude en molecular para presentarnos nuevos territorios existenciales en los que se posibiliten aproximaciones al mundo diversas y divergentes, aunque difusas, como las estéticas y rigurosas y precisas como la ética.

 

Una dimensión etico-estética: de la tecnodisciplina a la micropolítica

En el siglo XIX y hasta la primer mitad del siglo XX, se forjaron campos homogéneos bipolarizados de subjetividad. En ellos se producían sujetos genéricos y el mundo quedaba situado bajo la égida de un antagonismo de base plasmado en la línea que dividía Este-Oeste:

"proyección ampliamente imaginaria de las oposiciones clase obrera-burguesía."

Actualmente el ideal científico encarna como política para desplegarse, no solamente como fundamento de políticas de Estado, sino produciendo, directamente, un poder tecnocrático que penetra y reconstruye la trama social codificándola (sobrecodificación). Esta operación de estatización generalizada se viabiliza a través de aparatos ideológicos como el judicial, educativo, sanitario, policial, semióticos, lingüísticos, etc.. Así vemos como un ejercito de técnicos de diversas disciplinas lamina lo social y por ende los conflictos abandonan los "campos de batalla" para pasar a poblar los gabinetes de distintos profesionales que re-diagraman lo social. Es en esta atmósfera que debemos entender como, en la actualidad, los profesionales e intelectuales se alinean.
En este entorno se diseñan políticas de promoción de salud, psiquiatrías de sector y se definen poblaciones de riesgo o en riesgo que justifican la intervención. Lo que aún no terminan de aclarar es su implicación en las intervenciones que promueven y realizan. Ante esta realidad Guattari nos alertaba:

"El planeta tierra vive un período de intensas transformaciones técnico-científicas como contrapartida de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio ecológico que amenazan a corto plazo, si no se le pone remedio, la implantación de la vida sobre su superficie. Paralelamente a estas conmociones, los modos de vida humanos, individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro".
Y agregaba: "Las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus implicaciones,, en general se limitan a abordar el campo de la contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática, cuando en realidad solo una articulación ético-estética - que yo llamo ecosofía - entre los tres registros ecológicos, el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de clarificar convenientemente estas cuestiones".

El problema, tal como lo formula Guattari, radica en plantearse como se va a vivir de aquí en más: ¿el futuro nos deparará la desocupación, la exclusión social, la soledad, la desesperación y la angustia cronificada? ¿o seremos capaces de producir una revolución subjetiva y existencial que oriente de otro modo la producción y la distribución de los bienes materiales y culturales? ¿la vida colectiva seguirá rigiéndose por el imperio del mercado globalizado y valorada según los niveles de rentabilidad? ¿las relaciones sociales tanto en el plano nacional como internacional seguirán bajo el dominio de las lógicas policiales y militares? ¿lograremos abrir un cauce para que se manifiesten las líneas moleculares que permitan un desarrollo de la cultura, la investigación y la reinvención del medio ambiente y el entorno social? ¿como producir un enriquecimiento de los medios de vida, la sensibilidad y la creatividad singular y colectiva?

 

El caso de la vida

Qué nos depara el siglo XXI es la pregunta necesaria, su formulación genera un atractor en el plano de la subjetividad y abre la posibilidad de diagramar Inconsciente a partir de un polo orientado hacia el futuro. En este sentido, las tareas que el esquizoanálisis se planteaba actúan como un antídoto para que este no se confunda con un nuevo dispositivo disciplinario por muy especial que sea. Pues sus tareas destructivas señalan que éste no puede dejar de afectarse a si mismo para no cesar de hacer que todo recomience.

Hasta ahora, como señalaban Deleuze y Guattari, todas las formas modernas de tratamiento de la locura producen un modo de captura que la hacen devenir en enfermedad mental; ¿cómo evitar que estas instituciones y dispositivos técnicos extiendan por doquier el criterio de la neurosis bajo la forma de la normalidad?
Eticamente sólo nos queda un camino: desarrollar una política alternativa a la de:

" edipizar a todo el mundo, gente, animales y cosas, hasta el punto que se verá una nueva raza de enfermos suplicar por reacción que se les devuelva el asilo o una pequeña tierra beckettiana, un cubo de basura para catatonizarse en un rincón"

Ya Nietzsche nos recordaba que larga fue la historia de la procedencia de la responsabilidad en el hombre:

"Aquella tarea de criar un animal al que le sea lícito hacer promesas incluye en sí como condición y preparación, según lo hemos comprendido ya, la tarea más concreta de hacer antes al hombre, hasta cierto grado, necesario, uniforme, igual entre iguales, ajustado a regla y en consecuencia, calculable"

Desde tal perspectivismo, una verdadera política de la psicología social universitaria consistiría en deshacer todos los dispositivos que promueven una reterritorialización de la locura en la enfermedad mental.
Según los autores, la locura desaparecería en la medida que, liberada de la captura por la enfermedad mental, recibiera el complemento de los demás flujos que se deslizan en el campo socio-histórico como los del trabajo, la ciencia y el arte.
Echar a andar un proyecto de esta naturaleza requiere desarrollar un plan de consistencia y una guía de análisis y para ello retomamos las cuatro tesis del esquizoanálisis tal como lo formulan Deleuze y Guattari en 1972:

1) Toda catexis es social y de cualquier modo re-conduce a un campo social-histórico.
2) Las catexis sociales se distinguen en catexis libidinal inconsciente de grupo o de deseo y las catexis preconscientes de clase o interés.
3) Tanto de hecho como de derecho hay una primacía absoluta de las catexis libidinales del campo social sobre las catexis familiares.
4) La catexis libidinal social se distingue en dos polos: el polo paranoico, reaccionario y fascista y el polo esquizoide revolucionario.

Estas cuatro tesis recuerdan que hemos olvidado lo esencial:

" la sociedad es esquizofrenizante a nivel de su infraestructura, de su modo de producción de sus circuitos económicos capitalistas más precisos y que la libido carga este campo social, no bajo una forma en la que éste estaría expresado y traducido por una familia-microcosmos, sino bajo la forma en la que hace pasar la familia sus cortes y sus flujos no familiares, cargados como tales; luego, que las catexis familiares siempre son un resultado de las catexis libidinales social-deseantes, únicas primarias; por último, que la alienación mental remite directamente a estas catexis y no es menos social que la alienación social, que remite por su cuenta a las catexis preconscientes de interés."

Evidentemente el esquizoanálisis no es un nuevo territorio disciplinario, sino todo lo contrario, menos aún una especialización propia de alguna disciplina y mucho menos una forma de psiquiatría o psicología social.
No debemos ilusionarnos tras un nuevo modo de la verdad, no es una nueva teoría omnicomprensiva, es un conjunto de prácticas y funciona al costado de diversos territorios disciplinarios; conectado a líneas de fuga inconscientes, deseantes y preconscientes disciplinarias. Es un entremedio; medio en fuga entre arte, ciencia y política.
Si se busca un buen ejemplo de esquizoanálisis es necesario leer a Artaud, mirar una película de Chaplin, "Tiempos modernos" tal vez o escuchar a Miles Davis. Tal vez el impactante film de Pink Floyd "The Wall" convenga o el Viglietti de las canciones para el hombre nuevo y el de las canciones chuecas; sin dudas un buen ejemplo pueda encontrarse en la poesía del maestro Don Alfredo Zitarrosa. En todo caso es necesario preguntarse siempre por el lado oscuro de la luna.
Sea como sea recordemos que Deleuze y Guattari definían al esquizoanalísta como un mecánico: humilde artesano de máquinas deseantes.