Entrevista a Jean
Baudrillard
Núria Navarro
Jean Baudrillard,
el último filósofo posmoderno, el autor de Cultura y simulacro y La transparencia
del mal, es objeto de estudio de varias universidades. Seductor, persuasivo
e irritante, ha violentado el pensamiento sin contemplaciones. No tiene
inconveniente en decir que caminamos hacia la autodestrucción.
--Leerle es encontrar siempre una razón para el suicidio.
--(Ríe) ¡No exagere! La prueba de que eso no es cierto es que aún sigo
vivo.
--Pues dé un motivo de esperanza.
--La única esperanza posible es la lucidez. Es mejor ser lúcido que refugiarse
en soluciones fáciles, como la utopía del progreso o la idea de un principio
del bien que se realiza a través de la técnica. ¡Pura ilusión!
--Vaya.
--Puede cultivar ese deporte individualmente, si quiere. Pero desde el
punto de vista colectivo...
--¿Estamos condenados?
--No lo sé. Los análisis tradicionales (el crítico, el marxista, la filosofía
en general) no pueden afrontar la actual situación. Se acabaron las trascendencias,
las esencias y las finalidades que lo explicaban todo. Sólo quedan los
acontecimientos puros.
--¿Acontecimientos puros?
--El acto terrorista es un acontecimiento puro. Es un efecto que no responde
a una causa. Hoy hay una disociación entre causas y efectos. Ante esta
situación más radical, más paradójica, es necesario un pensamiento radical
y paradójico.
--¿Cómo de radical?
--Yo hablo de pensamiento irónico. El sistema cree estar consolidándose
permanentemente, pero trabaja en su propia destrucción. Es un sistema
que se convierte en clon de sí mismo, en su propia parodia. Eso ya es
una esperanza, ¿no cree?
--Sinceramente, no.
--Un sistema que se vuelve contra sí mismo, que se deshace de sí mismo
en función de sus propios excesos, resulta un espectáculo divertido.
--Disculpe. Es usted un cínico.
--Llámeme cínico,
si gusta. Pero convendrá en que la escena política se ridiculiza a sí
misma continuamente. Más allá del espectáculo, de este mundo que se anula
en términos de valores, sólo queda nuestra propia singularidad.
--No sé si le sigo.
--Las reglas de juego universales ya no existen. El individuo deja de
ser alguien con libertad y voluntad, para convertirse en una especie de
partícula algo errática. Ya no hay modelos que lo dirijan. Y a falta de
lo universal --¡la mundialización me parece repulsiva!-- sólo queda la
singularidad. Un individuo, una escritura, un acontecimiento pasan a obedecer
entonces a sus propias reglas de juego. Pero, ojo, esta nueva situación
puede ser para lo mejor y para lo peor. Para nuevas religiones y para
nuevas delincuencias.
--El caos.
--El desequilibrio. El surgimiento de todo lo que escapa al intento de
orden. Una catástrofe.
--¿Lo ve? La hora del Prozac.
--La hora de la lucidez, insisto. O vamos hacia la homogeneización y acabamos
cada uno en un nicho virtual o tenemos una ínfima oportunidad de redescubrir
la heterodoxia.
--¿En qué queda la democracia?
--¡No creo en ella desde hace mucho tiempo! Tuvo su momento histórico.
Pero hoy vemos que los derechos del hombre y la democracia son una especie
de estrategia reaccionaria de exclusivo uso occidental. En nombre de esos
valores universales, Occidente consolida su hegemonía. La democracia es
un modelo de simulación.
--¿Y todo el discurso humanitario? ¿Está vacío?
--Está lleno de performances. El sistema es una performance global. Estamos
dentro de un hiperespacio, sin saber adónde vamos. Aparentemente hemos
logrado una especie de libertad virtual, pero no sabemos para qué. Y sentimos
pánico.
--Internet borra desigualdades.
--¡Oh, eso de que vamos a la democracia total gracias a lo virtual...!
En la red sólo existe el intercambio generalizado. Dicen que la tecnología
hará que todo lo posible se realice. Pero cuando todo lo posible se realice,
ya no habrá posible, ¿entiende?
--¿Y el filósofo qué papel juega?
--El pensamiento ya no puede explicar acontecimientos, porque son aleatorios
y brutales. Quizá pueda generar acontecimientos... Aunque mi desilusión
es total, mi curiosidad es insaciable. Creo que cuanto más veamos lo peor,
más conoceremos su anverso. Considero que la lucidez es la pasión del
filósofo. Permite ir en todas las direcciones.
--Una pista para ser lúcidos, venga.
--¡No creo en la pedagogía!
--No tiene compasión.
--¡Ninguna!
El Periodico 13/04/04 España
|