Jacques Derrida

 

Ma mort est-elle possible? Fragmentos de conferencia por Jaques Derridá.

 

 

Indice

En París, a los 74 años Murió Jacques Derrida, un filósofo de fin de siglo
Diario La nación. Domingo 10 de Octubre de 2004
 
Fragmentos de un reportaje en Le Monde                                                   
Diario La nación. Domingo 10 de Octubre de 2004
 
Los fantasmas de Marx                                                                                 
Jacques Derrida
 
Réaffirmer la philosophie 
Par Patrice Vermeren

 
 
 
 

Domingo 10 de Octubre de 2004 - En París, a los 74 años Murió Jacques Derrida, un filósofo de fin de siglo

Fue una figura admirada y criticada
 
Fue el creador de la deconstrucción, un nuevo modo de mirar la realidad
Integró el grupo de los pensadores posmodernos, junto con Baudrillard y
Deleuze
 
El filósofo francés Jacques Derrida, una de las más grandes figuras de la vida intelectual contemporánea, blanco de tanta crítica como admiración, falleció en un hospital de París ayer, a los 74 años, a consecuencia de un cáncer de páncreas.
Controvertido y provocador, escritor prolífico, comprometido con las ideas políticas de la izquierda, Derrida integra el grupo de los pensadores posmodernos -junto con figuras como Deleuze, Baudrillard y Lyotard-, pero tiene, sin embargo, una marca personal.
Es el creador de la deconstrucción, una manera crítica de mirar la realidad, que cuestiona y deshace desde el interior el sistema de pensamiento dominante desde la modernidad y que, como metáfora del fragmentado mundo contemporáneo, se inició en la literatura, pero se expandió a la antropología, la lingüística, la semiótica y el arte, entre otros campos.
Recientemente se lo había mencionado como candidato al Premio Nobel de
Literatura. Estaba casado con Marguerite Aucouturier, con quien tenía dos hijos.
Autor de más de 40 obras, analizado en más de 400 libros, Derrida fue un auténtico hombre de su tiempo. Compartió la actividad con los pensadores más destacados de la escena intelectual francesa, atravesó las disciplinas -de la filosofía a la literatura, del psicoanálisis a la arquitectura-, creó un personaje de sí mismo y lo alimentó en los medios de comunicación, generó admiración y críticas de igual intensidad y se involucró en la defensa de causas políticas.
Nació el 15 de julio de 1930 en El-Bihar, Argelia, en una familia judía. A los 12 años, a raíz de un decreto del gobierno de Vichy que reducía el límite máximo de alumnos judíos, fue expulsado del colegio francés.
Intentó sin éxito ser jugador de fútbol profesional y en 1949 se trasladó a París. No fue un buen estudiante: desaprobó su examen final de secundario y dos veces intentó infructuosamente ingresar en la Escuela Normal Superior, lo que logró finalmente en 1952. Defendió su tesis doctoral recién a los 50 años.
Difícil de definir
En la década del 60 comenzó su actividad docente en la Sorbona y en 1965 lo hizo en la Escuela Normal Superior. En 1967 introdujo la deconstrucción a partir del estudio del lenguaje. Aunque Derrida se resistió siempre a definirla de manera precisa -"si existe algo así, se desarrolla en la experiencia de lo imposible", dijo en 1993-, en su base está la idea de que los textos no tienen un sentido unívoco, sino que admiten una variedad de interpretaciones y que ningún pensamiento puede ser comprendido de manera absoluta. Del lenguaje, la deconstrucción se independizó como concepto y avanzó a los campos más diversos, en algunos con menos rigor que el que su creador buscaba en su trabajo.
A partir de los años 70 creció su fama en Estados Unidos -donde fue profesor en varias universidades-, mientras muchas puertas se le cerraban en Francia.
"Nunca estuve durante mucho tiempo en Estados Unidos. Sin embargo, la
acogida de mi trabajo fue más generosa, más atenta allí, donde tuve menos censura, barreras y conflictos que en Francia", dijo en una entrevista reciente.
Desde los 80, Derrida -que cambió su disgusto por la exposición pública por una progresiva presencia en los medios- se transformó en un activo defensor de causas políticas: se opuso al apartheid en Sudáfrica, defendió a disidentes checos y los derechos de los inmigrantes norafricanos en Francia.
En 2003, tras la ocupación de Irak, se pronunció junto a otros intelectuales europeos por una política exterior europea con identidad propia.
Desde sus primeros textos, su marca fue una prosa difícil, iluminadora para muchos, pretensiosa y vacía para otros. "Nadie se enoja con un matemático o un físico a quien no se le comprende (...). La deconstrucción requiere trabajo. Si es tan oscura ¿por qué la gente que asiste a mis clases se cuenta por miles?", dijo.
 
Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION

Los imperdibles
 
"De la gramatología" (Siglo XXI, Buenos Aires, 1971).
"La tarjeta postal. De Freud a Lacán y más allá" (Siglo XXI, México, 1986).
"La escritura y la diferencia" (Anthropos, Barcelona, 1989).
"Memorias" (Gedisa, Barcelona, 1989).
"Ecografías de la televisión" (Eudeba, Buenos Aires, 1998).
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Domingo 10 de Octubre de 2004 - Palabras incómodas de un hombre provocador
 

Fragmentos de un reportaje en Le Monde
 
"Deconstruir es a la vez un gesto estructuralista y  ntiestructuralista: se desmonta una edificación, un artefacto, para hacer que aparezcan sus estructuras, sus nervaduras o su esqueleto, pero también, simultáneamente, la precariedad ruinosa de una estructura formal que no explicaba nada, ya que no era ni un centro, ni un principio, ni una fuerza, ni siquiera la ley de los acontecimientos, en el sentido más general de esa palabra. La deconstrucción como tal no se reduce ni a un método (reducción a lo simple) ni a un análisis; va más allá de la decisión crítica, de la idea crítica misma. Justamente, por eso no es negativa, aunque, a pesar de tantas precauciones, se la haya interpretado así frecuentemente. Para mí, va siempre junto con una exigencia afirmativa. Diría, incluso, que no tiene lugar nunca sin amor..."

"Los modelos que ahora se están viniendo abajo son, en líneas generales, aquellos mismos sobre los que tomaron partido, desde el comienzo de la sociedad industrial, los «grandes filósofos» alemanes, de Kant a Heidegger, pasando por Hegel, Schelling, Humboldt, Schleiermacher, Nietzsche, antes y después de la fundación de la Universidad de Berlín. ¿Por qué no releerlos, pensar con ellos, contra ellos, pero tomando en cuenta la filosofía? Es indispensable, si es que se quieren crear otras relaciones entre la racionalización del Estado y el saber, la técnica, el pensamiento, establecer nuevas formas de contrato o, incluso, disociar radicalmente los deberes, los poderes y las responsabilidades. ¿Habría ahora quizá que intentar inventar lugares de enseñanza y de investigación fuera de las instituciones universitarias?"
(De una entrevista de Christian Descamps, publicada en Le Monde, en 1982.)
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Los fantasmas de Marx
Jacques Derrida

En noviembre de 1995, Jacques Derrida, viajo a Santiago de Chile y sostuvo un debate publico con especialistas en su obra. El acto fue organizado por Nelly Richard, directora de la Revista de Critica Cultural, que recogió en su numero 12 las opiniones del autor de Espectros de Marx.
Hemos seleccionado las respuestas mas sugerentes del filosofo francés.
Quisiera empezar con un saludo a la memoria de Gilles Deleuze, cuya muerte me ha afectado de manera particularmente dolorosa. Me afecta su muerte y las condiciones en que ocurrió, ya que muchos filósofos franceses de esa generación que fueron mis amigos (Deleuze, Althusser, Foucault y Barthes) comparten el hecho de haber muerto en circunstancias poco comunes.
Me siento un solitario, casi un sobreviviente. Pertenezco a la misma generación que Deleuze y, desde el comienzo, su pensamiento fue muy importante para mi. En cuanto a Mayo de "68, Deleuze decía, en una entrevista que releí hace poco, que fue un profundo sísmico cuyas ondas siguieron repercutiendo mucho tiempo después. En mi caso, aunque simpatizaba con la insurrección de Mayo de "68, confieso que experimentaba entonces una cierta reticencia frente a su euforia "espontaneista". Desconfiaba un poco de un cierto pathos de la emoción, de esa especie de facilidad de la palabra liberada y transparente.
Pero en los años que siguieron asistimos en Francia a una reacción política que se tradujo, desde el punto de vista parlamentario y electoral, en una insólita afluencia masiva de la derecha, y desde el punto de vista universitario, en un retorno violento del conservadorismo. Fue entonces cuando yo comencé a emprender un trabajo militante en el interior de la Universidad para protestar contra las fuerzas retrogradas.
En lo personal, había ya decidido no hacer una carrera universitaria y, de hecho, había renunciado a presentar una tesis. Comencé entonces a militar en un grupo creado en 1974 por el GREPH (Groupe de Recherche sur I"Enseignement Philosophique). Para nosotros ese grupo represento la oportunidad de emprender un análisis de los modelos institucionales de enseñanza de la filosofía, así como de los medios para transformar esos modelos.
Una de mis experiencias decisivas en el curso de esos años de militancia académica e institucional, fue descubrir que la resistencia mas tenaz al cambio no provenía del Estado ni del Ministerio, sino del mismo cuerpo docente. Nosotros protestábamos entonces contra un proyecto gubernamental que prácticamente buscaba suprimir la enseñanza de la filosofía, anular los alcances políticos de la critica filosófica.
Debo decir que cuando en los años ochenta se instaló el gobierno de izquierda en Francia, nuestras esperanzas se vieron igualmente defraudadas.
En ese sentido, la línea de combate que mantuvimos a lo largo de todos esos años termino en un fracaso. Pero ningún fracaso es puro y simple.
Revisando las huellas de ese fracaso se creó, en 1983, el Colegio Internacional de Filosofía, que ha intentado hacer fuera de la Universidad lo que no se pudo hacer ni podrá hacerse en su interior. La memoria del GREPH permanece viva en el proyecto del Colegio Internacional de Filosofía, una institución singular y frágil que sin embargo nos ha permitido, por ejemplo, crear nexos con los filósofos latinoamericanos.
Creo que el desarrollo de esa relación ha sido muy interesante y representa una victoria.

 
Espectros de Marx
 
Si escribí tan tarde un libro sobre Marx, un libro afirmativo que saluda a Marx y a los que todavía militan en su nombre (el libro esta dedicado a un comunista sudafricano), es precisamente porque resultaba anacrónico hacerlo o, mejor dicho, intempestivo. Creo que la responsabilidad del pensamiento critico consiste también en calcular una justa irrupción: debemos decir lo que se cree que no debe decirse.
Hoy el discurso dominante en el mundo entero nos dice que el marxismo ha muerto y que el comunismo quedo enterrado. Precisamente porque nunca fui un militante marxista, en un periodo en el que era muy tentador serlo, y porque me resistí a su ortodoxia, hoy creo urgente oponer una voz discordante frente al actual consenso sobre el capitalismo de libre mercado y la democracia parlamentaria.
Lo hago, por supuesto, a mi manera, y esa manera consiste en analizar, en Espectros de Marx, el duelo político que habla a través del actual discurso antimarxista, un discurso maniaco-triunfante, como diría Freud, que canta victoria demasiado fuerte. Es un canto que hace ruido para acallar la inquietud, la angustia que surge al descubrir que no todo va tan bien en el
supuesto triunfo.
En Espectros de Marx trato de analizar la función del duelo en el discurso marxista. El discurso de Marx esta lleno de fantasmas, pero también busca eliminarlos, deshacerse de ellos. Hay propuestas en el que no solo no han muerto sino que siguen abiertas al futuro, así como hay ideas que pertenecen a la tradición. Mi libro es un saludo al Marx de ayer y de mañana, y es también su deconstrucción.
La deconstrucción es heredera de uno de los espíritus de Marx, aunque no de todos: como en toda herencia (lo mismo sucede con Heidegger, Freud o Nietzsche), no se trata de recibir globalmente un corpus homogéneo sino de operar un rescate selectivo que permea lo que el heredero busca reafirmar del texto heredado.

 
El papel del intelectual
 
Creo que es cada vez menos posible definir a "un intelectual". Siempre fue difícil pero hoy, en las sociedades que se dicen "desarrolladas", con sus nuevas relaciones de trabajo, es casi imposible porque en cierta forma todo trabajo es necesariamente intelectual. La antigua división marxista, que alimentó tantos discursos, entre trabajo manual y trabajo intelectual, ha sido rebasada por los nuevos criterios de competencia técnica y científica que le exigen a cada uno, en cualquier nivel, poseer un cierto saber tecnocientífico, aunque solo sea para algo tan común como manejar una computadora.
 Hoy, cuando nos referimos desde la tradición a la figura del intelectual hablamos de aquellos que, mas allá de toda profesión u oficio, ejercen un discurso publico y opinan sobre los grandes temas de interés general. Yo guardo un gran respeto por las grandes figuras de intelectuales, que en Francia, por ejemplo, van de Voltaire a Sartre, personajes que tomaban la palabra para pronunciarse sobre las grandes causas morales, sociales y políticas. Pero las situaciones cambian y la responsabilidad nos llama de maneras distintas.
Para mi, la responsabilidad de un intelectual debe llevarlo mas allá del lugar en que lo coloca su condición de experto, pero a la vez creo que los intelectuales deben ser expertos. Creo en la necesidad de la competencia especializada para el intelectual responsable, quien debe hacer todo lo posible para justificar sus posiciones y llamados a través de un conocimiento especifico. La contradicción que habita la responsabilidad del intelectual surge de la necesidad de que sea alguien con una formación especializada, y a la vez alguien cuyo discurso excede la especialización.
Si un intelectual habla solo como experto, no puede hacer otra cosa que desplegar en el orden del saber propuestas técnicas que no implican decisiones ni tomas de posición.
Un experto puede explicar las condiciones en las que actuamos, pero no decir como actuar. La responsabilidad no pertenece al orden del saber competente.
Depende de la heterogeneidad existente entre el conocimiento y la acción, entre el juicio teórico que analiza y la norma política y ética que funda las tomas de decisiones y de posición.

 
Fantasmas sociales
 
El titulo Espectros de Marx alude a la vez los fantasmas de los que habla Marx en su obra y a los diferentes "espectros" del propio Marx, que hoy reaparecen por todas partes.
Mi interés por lo espectral es muy antiguo: aparece desde mis primeros textos y es inseparable de mi interés por la técnica. El desarrollo de las tecnologías y las telecomunicaciones abre hoy el territorio de una realidad espectral. Creo que estas nuevas tecnologías, en lugar de alejar fantasmas !tal como se piensa que la ciencia se desplaza a la fantasía! abren el campo a una experiencia en la que la imagen no es ni visible ni invisible, ni perceptible ni imperceptible.
Insisto mucho en el asunto de los medios y de la transformación del espacio publico a través de las nuevas tecnologías multimedia, conformadas por maquinas de producción de espectros. No hay sociedad que se pueda comprender hoy sin entender esa condición espectral de los medios y su relación con los muertos, las víctimas, los desaparecidos que forman parte de nuestro imaginario social.
No hay ningún análisis político ni social que no esté determinado por esas desapariciones. La apertura hacia el porvenir y hacia "el otro" supone esa relación con los desaparecidos a través de las obsesiones y fantasmas de una cultura.

 
La mentira
 
La definición clásica de la mentira afirma que el mentiroso sabe que miente, sabe cual es la verdad y decide en forma deliberada disimularla. Una mentira de ese tipo es, por supuesto, cínica. A diferencia de lo que opina H. Arendt, el mentiroso no se miente a si mismo; y si lo hace, se miente a si mismo como a un otro, lo que nos obliga a introducir categorías bastantes
más refinadas que provienen del psicoanálisis, a través de términos como desplazamiento, denegación, etcétera. Pero en estos casos el concepto de mentira se vuelve inadecuado, tanto en el orden de la psicología del individuo como en el orden político, para describir ciertos tipos
específicos de falsificación de los hechos. Hay mentiras políticas en el sentido clásico, donde el político conoce la verdad y elige disimularla en forma intencional, pero hay también procesos bastante mas complejos de comunicación, en los que una estructura política muy diferenciada puede, a través de una multiplicidad de instancias, disimular o falsificar la verdad sin que haya una sola persona o un solo "espacio de conciencia" que decida cínicamente deformar los hechos.
Hay fantasmagorizaciones colectivas muy complejas que no tienen que ver directamente con la mentira, y creo que la responsabilidad política del intelectual consiste en hacerse de los instrumentos necesarios para analizar y denunciar, junto a la mentira clásica, estas formas de manipulación que aparecen particularmente dentro del campo mediático, un campo que, como sabemos, no es sino una dimensión que puede extenderse a todo campo social.

 
La traducción
 
La traducción no puede ni debe ser recepción pasiva.
Es siempre una transformación, puesto que no se trata solo de trasladar un pensamiento de un lugar a otro sino de recontextualizarlo en términos de lenguaje, pero también políticos y sociales. Las traducciones deben ser siempre interpretaciones activas, versiones. La traducción no es nunca simplemente una operación linguística que va de un idioma a otro. Se trata de multiplicar, alrededor del texto, iniciativas de diversos tipos, políticas e institucionales, que afecten el conjunto del sentido. Una traducción meramente linguística es del todo insuficiente.
Para remitirnos a una categoría hoy canónica, tomada de Jakobson, existe la traducción interlinguística, en que se traduce al interior de una misma lengua.
Toda sociedad diferenciada contempla personas que no hablan igual según los sexos, las edades, las regiones y las competencias sociales de cada uno. Jakobson distingue también otro tipo de traducción: la intersemiótica, que aparece cuando traducimos de la pintura a la escritura o del cuerpo al discurso, es decir, de un medio o soporte a otro.
Todas estas operaciones definen el campo de la experiencia social en tanto intersubjetividad donde todo es traducción. Nunca como hoy el asunto de la traducción ha reunido tantas apuestas y desafíos.
Para volver una vez mas al problema de los nuevos aportes mediáticos, todo lo que ahí ocurre pertenece a la inagotable problemática de la traducción.

 
Lacan y la mujer
 
Lacan ha propuesto una nueva teoría del sujeto que no es la de la metafísica clásica, aunque en cierta forma conserva de ella ciertos rasgos fundamentales. Hay a la vez en el una subversión del sujeto clásico y una reafirmación del sujeto cartesiano. Y hay efectivamente entre el discurso de
Lacan y lo que he intentado hacer, una tensión, una tensión compleja y móvil a la vez.
La teoría lacaniana del sujeto es una teoría de la castración que habla de la mujer como figura de esa castración.
Lo que intenté cuestionar en Lacan en general, en algunos textos como el Seminario sobre La carta robada! son dos o tres cosas que van juntas: esa hegemonía de la figura de la castración y de la mujer como carencia del falo y, sobre todo, la idea de que todo giraba en torno a una carencia y que esa carencia tenia un lugar determinable, discernible mediante un contorno.
La mujer! y, mas precisamente, la madre! es definible en Lacan como un lugar (el de la castración) que tiene bordes.
El "tener lugar" de la castración seria ese hueco donde falta el falo. Lo primero que me parecía cuestionable es la idea de la carencia que, en esa parte de Lacan, sigue marcando un pensamiento de la negatividad en la tradición hegeliana.
La deconstrucción opone a ese pensamiento de la falta o carencia, el pensamiento afirmativo de la diseminación.
A diferencia de Lacan, que muestra que la carta robada vuelve a su lugar como un lugar propio, para mi, no se podrían dibujar los contornos de ese lugar ni tampoco de lo femenino a partir de lo propio.
Confieso que el enunciado de Lacan según el cual el goce que experimenta la mujer no podría ser referido por ella y que ésta seria su verdad siempre me ha dejado algo perplejo.
Creo que Lacan repite sutilmente afirmaciones tradicionalmente falo(logo)céntricas. Cuando digo "la mujer será mi tema", trato indirectamente de volver a poner en cuestión una identificación de la mujer como esencia de lo femenino, que es un gesto por lo demás común a un discurso que yo considero falo(logo)céntrico como el de Lacan y a un cierto feminismo esencialista. Ese esencialismo consiste en identificar a la mujer con la verdad de lo femenino y en hacer de ella el lugar de esa verdad.
A partir de Nietzsche, yo quise marcar que no hay tal esencia de la mujer. Pero estoy consciente de que tal enunciado puede tener efectos políticos bastante inquietantes desde el punto de vista de las luchas feministas. Por lo tanto, ahí también, en el interior de las luchas de las mujeres, se deben combinar estratégicamente dos gestos contradictorios: se debe poner en cuestión el esencialismo como efecto falocéntrico de la hegemonía masculina, y se debe a la vez militar para que la identidad de la mujer y la igualdad de sus derechos sean reconocidos.
Ambos gestos deberían negociarse según las circunstancias, en el interior de la practica feminista.
 
 
 

Réaffirmer la philosophie
Par Patrice Vermeren

Professeur de philosophie à l’Université de Paris 8
 
Notre génération de professeurs de philosophie a entretenu avec Jacques Derrida un dialogue ininterrompu. Etudiants, notre horizon avait été celui de la fin de la métaphysique, et nos aînés nous avaient fait lire Nietzsche, Marx et Freud, avec pour perspective un même diagnostic: il est désormais impossible de penser l'être comme un principe unique à partir duquel tout ce qui se manifeste pourrait devenir transparent et intelligible. Nous étions partagés entre la science et la révolte, nous revendiquions l'impureté nécessaire de la philosophie  dans l'affirmation de son rapport boiteux avec ce qui n'est pas elle, singulièrement avec le politique, nous nous étions engagés avec mai 68 dans un rêve d'émancipation radicale, de contestation du savoir lui-même et de résistance a tout ce qui qualifiait institutionnellement ce savoir ( position de maîtrise, partage des rôles, reconnaissance académique, contrôle de la hiérarchie, certitude du vrai). Et
finalement nous étions devenus professeurs, et  il nous fallait, á notre tour, enseigner la philosophie.
Derrida a été de tous nos combats. D'abord celui de la défense de l'enseignement philosophique, avec le Greph, dans l'idée régulatrice de faire de cette lutte  un acte proprement philosophique, et l'occasion de repenser la transmission de la philosophie, dans la destitution de sa position de couronnement des études secondaires, et dans son extension  á destination d’élèves d'autres filières, et des plus jeunes. Dans cette logique, il pouvait descendre dans la rue accompagné de François Châtelet, sous une bannière peinte par Stéphane Douailler : "Connais-toi toi-même", aux côtés des professeurs de philosophie des écoles normales d'instituteurs, les plus radicaux de l'époque, qui publiaient, outre la revue Le Doctrinal de Sapience, La philosophie dans le mouroir, Les Crimes de la Philosophie et La grève des philosophes. Il avait même préfacé ce dernier pamphlet, avec un texte-manifeste : Les antinomies de la discipline philosophique. Il s'y
interrogeait, avec nous, sur le lien entre le philosopher, la philosophie et leur discipline, ou le lien entre la nécessité d'une écriture dé constructrice et d'autre part  la  ré-affirmation de la philosophie. Une réaffirmation qui avait fait en 1978  les beaux jours des Etats-Généraux de la Philosophie, cet improbable événement historique qui  rassembla á la Sorbonne et dans le polémos notre communauté philosophique certes pour la philosophie, et aussi pour une interrogation inédite d'elle-même sur elle-même.
Plus encore que les Etats-Généraux, c'est d'une inspiration derridienne que procède la fondation du Collège international de Philosophie en 1983. En témoignera un jour si elle est narrée la chronique des controverses philosophique du Collège provisoire, dont les membres (Christine Buci-Glucksmann, Francoise Carasso, François Châtelet,  Elisabeth de Fontenay, Jacques Derrida, Pierre-Jean Labarriére, Dominique Lecourt, Marie-Louise Mallet, Francine Markovits, Jean-Claude Milner, Jean-Luc Nancy, Patrice Vermeren) élaborèrent pendant deux ans les statuts de la nouvelle institution,  contre d'autres paradigmes tel celui de Jean-Pierre Faye.
C'est Derrida qui revient sans cesse sur une collégialité sous condition de l'égalité, sur une internationalité qui abolisse les frontières de la tradition universitaire francaise et sur une philosophie qui se tienne sur les bords de ce qui n'est pas elle et n'empêche personne, donc autorise chacun, á contribuer aux débats de cette scène philosophique inédite.
Derrida n'a jamais cessé de réitérer l'impératif du droit á la philosophie, dans une interrogation sur les lieux, assignés ou in assignables,  pour en déployer la question - depuis la ville ouvrière de Le Creusot en grève[1] jusqu' á la tribune de l'UNESCO[2] -, et  sur son actualité: "Comme quiconque essaie d’être philosophe, je voudrais bien ne renoncer ni au présent ni á penser la présence du présent - ni á l'expérience de ce qui nous les dérobe, en nous les donnant[3]-". C'est aussi en cela qu'il ne cessera d'accompagner, sinon de précéder, en fidèle amitié,  notre génération de philosophes et les suivantes, pour reposer sans cesse la question de la philosophie vivante, destinée á demeurer question, de l’émancipation.

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[1] Jacques Derrida : Popularités, dans Les Sauvages dans la cité.
Auto-èmancipation du peuple et instruction des prolétaires au XIXème siècle,
préface de Jean Borreil, Champ Vallon, 1985
[2] Jacques Derrida : Du droit á la philosophie du point de vue
cosmopolitique, Verdier, 1991
[3] Entretien avec Jacques Derrida: La déconstruction de l'actualité,  dans
la revue Passages, septembre 1993.

 

 

 

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Entrevista a Jacques Derrida
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Entrevista a Philippe Sollers
www.medicinayarte.com/libros-digitales/micropolitica/sollers1.htm

 

 

 

 

 

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Texto e imagen
Stella Maris Angel Villegas

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