EL MANANTIAL DE LA DONCELLA
1993

 

 

Manuscrito encontrado en un ánfora
en la ciudad de Alejandría data
del Siglo II ac.

Para el maestro Giovanni Quessep estas palabras



En el fondo se pulsan las cuerdas

Celestes que sostienen los pilares del mundo

Me sumerjo en la claridad del agua

Destinada a las abluciones de la doncella

Allí las criaturas brotan como signos

Y el manantial resplandece en hondas vivas

Mi noche es blanca en los altares del polvo

Cuando de las manos de la Gracia

Se vierten en lirios las músicas


 

 

SALMO I


El iniciado se entrega a la vida y a la muerte

Como si fueran un solo himno para el polvo

Toda danza se suspende en las músicas del madero

Que sostiene la fragilidad del mundo

En el vértigo dejo que todo cuervo, toda águila

Socaven mis entrañas, nada importa

Si la posesión es el alma, nada importa

Si muero fundiéndome en esplendores

Mis manos delirantes tejen su Rosa

 

 

 

 

SALMO II

Acércate hijo del hombre, atrae el viento

Que escribe las hojas

Enciéndete en el esplendor del cristal

Que corre a través del paisaje de la memoria

El alma pesa como la roca atada

Al cuello de suicida, el alma es solo llanto

Mariposa de cobre que sólo resplandece

Al pronunciar el nombre de quien me sueña

¿Beberé de su cisterna donde la levedad es vino?

 

 

 

 

SALMO III

Señor de las Noches

Sueño tu cuerpo cubierto de blanca seda

En el umbral donde te pierdes, solitario

Como el alba entre las nubes, pálido

Como el sol en los profundos estanques

Sé del rumor de los pájaros, de la caída

De sus alas sobre leves ramas

Como único testimonio de los cielos

Más nada sé de tu hermosura

 

 

 

 

SALMO IV


La noche es fría y deja flotar sobre la tierra

Tu piel desnuda, tu sombra. Es la hora

Del reposo cuando te busco, bebiendo el agua

Que sueña la fantasía, saboreando la palabra

Como fruto que revive los dones y los signos

¿Cómo preguntarle a lo obscuro tu Nombre?

Si la penumbra te envuelve, si sellados

Mis labios y cosidos mis ojos, sólo escucho

La voz del fuego en los recintos del alma

 

 

 

 

SALMO V

Busco la blancura astral de la Palabra

Que se ama en la canción como arco

Silencioso donde fluyen matices para el alma

De mis manos escapan delirantes alas

En la agonía beben de la divina copa

Encendida en reflejos que coronan la noche

Del espíritu. Vuelven a mi cuerpo nutriendo

Para la vida la joven sed de la Extranjera

Que pende de las ramas soñando nueve altares


 

 

 

SALMO IX

Adriana del Rocío Hernández Yasnó. Descendiente Paez


 

 

 

SALMO X

Contemplas el hilo del tiempo tejiendo la magnitud
De la noche para el alma abierta al otro color
De la vigilia. Agonías se instalan en la penumbra
Deseo de una presencia que encienda
En poderosa luz la soledad del cuerpo
- El pájaro a punto de desvanecerse-
En los sinuosos pasillos las manos del soñador
Auscultan la tranquilidad de la doncella
Que asomándose en el agua descifra arcanos


( Poema del Libro El manantial de la doncella, 1993. Mención de honor. Universidad del Cauca)
Adriana del Rocío Hernández Yasnó. Descendiente Paez

El altar del agua se abre a la vigilia

Y emana la Rosa suspendida del madero

Donde su silencio es el total encuentro

De las voces del mundo, árbol mágico

De las estaciones, jardín de la doncella

Puerta de los umbrales, flauta de oro

Para los cantos del exiliado. Temor y temblor

En los recuerdos de la infancia, hundidos

En las palabras en el perfume de sus misterios

( Poema del Libro El manantial de la doncella, 1993. Mención de honor. Universidad del Cauca)
Adriana del Rocío Hernández Yasnó. Descendiente Paez

 

 

 

 

SALMO XVIII

Escucho crecer las hojas de mi cuerpo

El sutil diálogo de los frutos en la semilla

El agua moja tiernamente mis labios

Alegrando la soledad de mis raíces

Siento al soñador que hila mis perfumes

Siento la lágrima de su voz ablandando

Las piedras que rodean mi santuario

Siento mis flores cuando encuentran el camino

De su música que las penetra, siento el exilio


( Poema del Libro El manantial de la doncella, 1993. Mención de honor. Universidad del Cauca)


 

 

 

SALMO XXIII

Pende del madero el alma
Que vigila la silenciosa pradera
Cierra lentamente sus ojos y escucha
En el fondo del árbol la voz del viento
Alguien se posa en su rama agónica
En la delicada penumbra
Basta un suspiro para romper
Las palabras que dibujan un rostro
En el verso esperado


 

 

 

SALMO XXV

Soy el aliento que no cesa en el desierto
La lluvia mágica pendiendo de las manos de la tierra
Como ofrenda en el altar del desasosiego
Las irónicas flores coronan la frente de la doncella
Tanto dolor y tanta belleza a merced
Del agua de las disipaciones
Toma mis riendas Señor de los Siglos
Transforma en oro la limpidez de sus aguas
Enciéndela en la voz del fuego


 

 

 

SALMO XXIII

Leteo es la profundidad cantora

Que dona sus voces a la corriente
Cadenciosa del mundo. Leteo es agua
Del alma agobiada por el viento
Que mana de los obscuros labios
De quien me sueña ¿Dónde perpetuar la magia
De los signos que nos atan a sus manos?
Es el anhelo de la blanca niña
Que ha perdido su nombre


 

 

 

SALMO XXXIII

Llévame alado barquero a la otra orilla
Donde se escuchan los delirantes ecos de la noche
Toca la flauta, convoca al viento del Anhelo
Mientras asciendo hacia los esplendores
He salido de los sepulcros a la unión con la Palabra
Ahora tus ojos me miran, allí la mano de la luna
Ha grabado mi nombre, llévame a los jardines
Donde ha de pronunciarme en sus colores
Algo sabré de su hermosura

 

 

 

 

SALMO XXXV


Próxima en los altares de la fantasía
Sueño con la llama
Que inundará mi cuerpo para el tránsito
Ya no del polvo al extravío sino de la ablución
A la majestad del Amor, como corriente encendida
Lavaré mis heridas. La terrible infancia se olvida
Tejiendo los frutos
Que la muerte roba a la palabra


 

 

 

SALMO XXXVI


Mi soñador es tierno como la hierba

Besada por las criaturas del agua
Corre por las blancas praderas donde
Las flores de la memoria penetran
Su rostro. Es tierno como la hierba
Encendida por el fuego
Camina en mis recintos ocultando
Su hermosura. Tal vez yace entre mi cuerpo
Cuando sus pájaros beben mis labios.

 

 

 

 

SALMO VENTURA

Placidez en la blancura de un joven rostro
Que frente al fulgor de mis ojos
Se abre como fruto luminoso
Que alimenta mi soledad en su celda
Quizás hace mucho tiempo mis manos
Soñador la tersura de tus manos
Quizás mi niñez te soñaba
En la blancura de nueve altares, algún día
Derramaré en tu blanca piel el exilio.


 

 

 

SALMO DE LA CONTEMPLACION

"Espérame en los ritmos del torrente
En el fulgor de la llama que arde
En las praderas interiores, mi cabellera
Blanda es el agua. Navega y luego
Reposa sobre la piedra donde te nombro
Sosegadamente cierra los ojos y escucha
El rumor de mis puertas por donde transita
La fatal hermosura del tiempo. Tu fe
Es niña ciega que se ofrenda en holocausto"


 

 

 

SALMO XXXVIII


Penumbra del alma en la magnitud
De la noche
Los labios de pálidos donceles
Ofrendan sus cantos
En el contorno de luz
Que fulmina sus ojos

Para el éxtasis. En el rostro

Del alado guardián
Florecen sus promesas


 

 

SALMO XLI

La voz del encendido altar cuenta
Desde su abismo al alma de la doncella
La suerte de su nombre en la patria
De los vuelos y el vino
Que corre por los blancos senderos
De la antigua memoria
Leve y silenciosa busca los jardines
De fuego, golpea la piedra donde el fulgor
Es el hálito de los mundos, de los signos.


 

 

SALMO XLII


Pasa el fuego besando los poros

Del aire, ahora la doncella corre
Por los surcos de la pradera
Besa la hierba, ama en la canción
El viento que aletea fuerte, llevando
Entre sus manos las voces
Penetra paisajes de oro donde la fantasía
Abre caminos a la vigilia de los signos
Donde la diosa es la madre de la memoria


 

 

 

SALMO XLIV

Escapan de tu armonioso cuerpo las luciérnagas

Que todo lo invaden como el fuego lustral que purifica el agua

La memoria. Escancias en la fluidez de las pieles
La rosa de la lluvia. En el interior se doblan
Los cristales del tiempo, las murallas cubiertas
Por negras agonías. Vislumbro tu rostro tejido
En imágenes que la vigilia entrega a la sed de la mirada
Todos los seres vibran en el agua. Milagro del amor
Que nos ofrenda la melodía de los mundos en la Palabra

 

 

 

 

SALMO XLVII

La luz yace momificada en lo profundo

Del cuerpo, déjame vertirla en tu copa

Señor de los Siglos. Teje mi carne

Al celeste fulgor de tu noche unánime...

Vuela del polvo la luz, se disuelve

En pájaros que auguran al alma

La magia de los encuentros. Inundan

La blancura del libro. Dibujarán

Tu rostro al caer la última página


 

 

 

SALMO III

Bosque antiguo como pétalo

De madera, que se abre al fondo
Donde aguarda la otra luna
El silencio ahoga
Los cantos de falsos amantes
La doncella espera
Al trovador que la sueña
Hilando el agua... En el límite
De su noche se teje el poema


 

 

 

SALMO XLIX

Cuando la ruta nace de las palabras

Alas cercanas ascienden raptando al elegido
Hacia los recintos del cielo donde los vientos
Desvanecen el vuelo de las palomas
En la penumbra bebe el blanco vino de los dioses
- Viaje de lo terrible al esplendor del polvo-
Que limita la belleza a las sombras-
Los signos se vierten en la copa, su fulgor ablanda
La piedra donde se teje la sed de los hombres


 

 

SALMO LI


La copa del alma donde rebosa la sed, los ojos ven
A través de la ceguera, el resplandor de su abismo
Que gime y ondula como el arco donde llueven plegarias
Claman los cielos el llanto de la muchacha, las constelaciones
se cierran y se abren como las anémonas en el agua
Diosa de las agonías envía la Gracia
Diosa del silencio acompasa el alma
Despósala en las bodas de tu hijo
Amado que convierte el agua en vino

 

 

SALMO LI

Llegas alado barquero a la isla donde las flores
Son de fuego, déjame beber en el agua que no cesa
Baja por los taciturno surcos de la pradera
Encuentra en la cisterna el arma de dos filos
Corta el espeso follaje de la culpa que cubre
la barca, prepara para el ritual mi desnudez
Blande la espada, busca el punto débil
Di la plegaria a la diosa lunar
Que va tañendo en sus manos mi Nombre

 

 

SALMO LIII


a doncella conoce los paisajes nocturnos al abrirse
Las puertas de la vigilia. Siente el vuelo de los pájaros
Y los peces que ahuyentan la ignominia del tiempo
El agua se detiene como el guerrero ante la muralla
Del fondo ascienden flores luminosas, conchas y espadas
La mano de las ondas acaricia sus cabellos
Le cuentan el secreto de la esfinge y como vencerla
Con sus mismas armas... La niña canta por la selva obscura
La bestia ciega se abisma en la luna


 

SALMO LIV


Flota en el agua del tránsito
La profunda canción de las pieles
La noche le entrega su diadema de ondas
A aquella que reina en el destierro
Mi mano graba un nombre en su frente
Con el diamante de las devociones
Peregrina que viajas por mis días
Abre las puertas con tu Rama de Oro
Ilumina la corriente del misterio".

 

SALMO LV


Alguien cae y se levanta
En los paraísos de la música
El vuelo es el canto de algunas aves
El viento gime entre sus dedos
Las ondas moldean su cuerpo...
La memoria en el sueño
De la niña y el pájaro naciendo
De las palabras, del agua y del fuego
Mezclándose en las transformaciones

 

SALMO LVI


La noche matizada de una blancura inasible nos ofrenda
El espejismo de antiguas barcas, de rostros moribundos
Que nacen de la sed en la memoria. Entre la niebla calla
El oficiante y la víctima, la doncella del cántaro
Recibe en su mano la última gota. Lo múltiple crea
Un solo rostro encendiendo el deseo de la Diosa Blanca
Que teje en sus manos el aliento de quien la sueña
Como ella vemos sombras desconocidas, pasos en nuestros
Pasos, otros labios nos pronuncian hondamente.


SALMO LVII


Vegetaciones se levantan
en el límite de los cuerpos
Recogemos el delicado fruto
Hallado a la orilla de la palabra
Alimenta la vida
Hermana la muerte
El soñador siega flores
Tenebrosas ¿Quién ofrenda
sus doradas espigas?


SALMO LIX

EL rumor del espíritu afantasma la cercanía del anhelo
En lo perdido. En las praderas de la memoria
Es aquella presencia. La profunda voz que gime
En los estertores de la inocencia. Es una música
Profunda en los recintos del cuerpo
En la textura amorosa de las pieles hierven
Las agonías. El sacrificio es lluvia en las manos
De la víctima. El cuerpo encuentra en la disolución
La unánime canción de los cielos

SALMO LXI


Dinos doncella el lugar exacto donde te impregnas
De perfumes, cuéntanos de la extraña piedra
Que separa el tenebroso umbral donde alguien
Nos pronuncia, bebiendo la sed de las agonías
Condúcenos en el hilo de los cantos al final
Del tiempo, donde se hunde el dolor y florecen
Las pieles del polvo. Entréganos al éxtasis
Déjanos rendidos bajo la perfecta sombra
De sus eternas alas.

SALMO LXII


Llegan los rumores del alba como viento fuerte deshojan
La vegetación del sueño. Desvanecen el frío de las agonías
Sus rostros taciturnos sollozan bajo la muralla
En los surcos de la memoria, afuera se han quedado
Los bufones de la culpa, las voces del extravío
Beben el obscuro fuego del olvido que devora
Tiernamente... Entrégate a la purificación que mana del fondo
De los altares, únete a las voces y a la preciosa ilusión
De sentirse nombrado por lo Divino

SALMO LXIV


Déjame beber en la pura extensión
De tus ondas, tu que imaginas las horas
Como agua de oro para la sed engendrada
En la vigilia. Entra en el divino claroscuro
Del alma, que encadena la luz a los abismos
Atrás queda el deseo, la duda... Todo lo hundes
En el manantial que brota de la herida
Ella se teje con el hilo fragante de los cantos
Tu cuerpo se levanta como santuario


SALMO LXVII

Doncella habitante de mi sombra
Cavilas en la forma de mi cuerpo
Piensa las torres que tocan los abismos
La vasta floración del crepúsculo, intenta
Soñar todas las montañas como escalas
Hacia mi nombre. Escancia el vino
De las granadas y nunca llenará mi copa
Cierra los ojos, y escucha la voz del viento
Su suave caricia te dirá de lo inasible.


SALMO LXVIII

Doncella pastorea las lunas de los abismos

Como unánimes rutas hacia los cielos