Primer Foro de Esquizoanalisis Virtual - Argentina                           
 
Primeras Jornadas Virtuales de Esquizoanalisis. Argentina 2004      
 
Stella Maris Angel Villegas

 
 
 
 
 
 
Presentación
 
 
 
Vector o posición I.  Biblioteca de las Jornadas          

Autor:  Ed
gardo Perez        

Ponencia:  Gilles Deleuze: Lo filosófico
                y la fuerza de la costumbre
 
Pais: Uruguay                     
 
Actividad: Licenciado en Filosofía         
 
Institución a la que pertenece: ex-colaborador de la Facultad de Humanidades    
                              y Ciencias de la Educación. Uruguay
 
Año: 2004                         
 
 

 

                  

 

Ponencia
 

 

 

Gilles Deleuze: Lo filosófico y la fuerza de la costumbre

                                                            por Licenciado Edgardo Pérez

  

Resumen


Nuestro trabajo continúa la línea de Gilles Deleuze quien afirma que cuando alguien pregunta para que sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía.
Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las victimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quien, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto?.
La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma: empresa de desmitificación. Y , a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran...pero ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?

Introducción

Los filósofos tienen en su agenda la reflexión sobre un conjunto de nociones o, mejor dicho, puntos problemáticos que de alguna manera determinan los nuevos caminos a transitar. Sin renunciar a reconocer la importancia de los conceptos-objetos clásicos existen quienes han sugerido poner como problema a “lo filosófico” que, sin duda, debe ser re-semantizado en acuerdo a los nuevos derroteros del pensamiento de los filósofos. Claro está que, quizás, el meollo de la filosofía se desplace hacia lo no-filosófico o, inevitablemente, hacia los no filósofos. Uno de los tópicos clásicos es el problema de la creación de conceptos (sujetos-objetos). Si la filosofía consiste en eso entonces se deslinda de ese substrato al cual no puede acceder. Por tanto la filosofía debe ser comprendida como ejercicio de creación entre otras muchas cosas. La enseñanza académica en Uruguay distingue entre ética, metafísica, epistemología, estética, etc. en las que no hacemos más que adentrarnos en los discursos sobre el tema. Es en ese sentido que se instala nuestra crítica, en la ausencia de creación filosófica y en el prejuicio de los docentes de al proporcionar discursos elaborados fuera de nuestro contexto. La creatividad como es natural opera con los elementos que le son familiares a la vez que se presenta como síntesis. La apuesta a lo creativo ayuda a dejar de lado discursos relativos a otros problemas, otras situaciones. La función creadora de la filosofía es necesaria para proponer un reflejo más adecuado de nuestras circunstancias y por tanto podríamos lograr un tipo de pensamiento particular. Claro está que con ser creativos no alcanza, un estudio riguroso de nuestra cultura es necesario así como también los discursos sobre ella. Lo creativo indicaría solamente un primer sacudón en la relación de dependencia cultural y no es garantía de nuevas formas discursivas tan solo sugiere la posibilidad de nuevos caminos, de un discurso estimulado por nuevas fuerzas, contrapuestas, colisionando y remodelándose continuamente.

Tenemos pues tres aspectos del ejercicio filosófico, crear conceptos, desvelar esencias y reflexionar (sobre los dos primeros).

La filosofía analítica imperante, hegemónica (no por su nivel de aceptación sino por poseer un extenso y profuso aparato que involucra a docentes con poder, instituciones que desean participar del fenómeno globalizador, editoriales sobre las que monopoliza la producción, y, lo que es más importante, estructuras que presentan cierta familiaridad con su discurso como lo son la jurisprudencia y el ejercicio de la ley, la ciencia y la producción científica, o el Estado y la burocracia pero no la política) ha deslindado en la reflexión sobre los primeros dos. Muy vinculada a las tesis que entienden a la filosofía como errores en el lenguaje ha olvidado la reflexión sobre aquello que provoca el concepto. El rigor y la sencillez en la presentación se tornan metodología estableciendo, como es de esperar, taxonomías y taxaciones sobre lo filosófico. Forzar de esta manera al orden de lo real implica no sólo la asunción de que lo real puede constituir un mundo inmóvil sino que también enuncia un modo de filosofar que considera método y objeto como formas estáticas y por tanto definibles de una vez para siempre. Es por eso que se advierte esa dedicación tan tenaz al encuentro de contradicciones. Porque se asume cierta preconcepción del objeto filosófico profundo como algo de lo que todos los interesados en el tema tienen alguna noción válida. Nada más apropiado que el concepto wittgensteniano de “parecido de familia” porque el mismo instaura una posibilidad cierta de dar por descontada la reflexión sobre el ser, el plano que posibilita la reflexión, lo real, la materia, la naturaleza del lenguaje, etc.

Tal vez sea necesario mostrar las prácticas del filosofar o mejor dicho del ejercicio filosófico. Cuando no se aboca a la enumeración de los distintos usos de los conceptos procede al encuentro de contradicciones dentro del discurso, o con otros del mismo autor, o con otros pertenecientes a esa corriente pensamiento. Es necesario reconocer que ésta constituye una forma de leer. Pero ello nos debe llevar a la investigación de todo aquello que implica. En Uruguay tiene connotaciones bastante particulares. En un país en que el Estado (racional, lógico, burocrático, basado fuertemente en el hábitus jurídico como preceptor de la moralidad) es anterior a cualquier manifestación consistente de la cultura sería muy interesante investigar la relación entre el Estado (aceptado por raciocinio, Hegel) y los estilos de hacer filosofía (o de pensar). Y no solo la filosofía asume este estilo hablemos de la sociología, de la historia, o la didáctica. Es difícil presenciar la discusión sobre qué es un “hecho” o un “documento”, se discute sobre los discursos que hay sobre él. Nadie pone en cuestión esto y cuando se sienten aludidos por este tipo de crítica acusan al filósofo de operar sin documentación, sin pruebas, sin hechos, de ser solo especulación. Al no poder acusarlo de acriticidad aduce su apriorismo intelectual. Pero, qué científico no configura una teoría antes de corroborarla, eso es sin duda introducir una confianza casi metafísica en el poder del experimento. Este tan sólo presta una función cuantitativa.

Es el apriorismo quien introduce lo creativo. Tan sólo ello resignifica a los datos, los hechos, y los documentos. Lo metodológico como pensamiento mecanizado, sistematizado, es apriorístico y no por ello cuestionado por los operadores. Sin embargo ha logrado cierta legitimidad fundada en su “uso” por la idea de “parecido de familia” puesto que todos piensan que utilizan el mismo método y en realidad no lo hacen. Esto nos indica la fuerza de la costumbre y nada más favorable para ello que el pensamiento hegemónico. Con todo deseamos hacer hincapié en que no es nocivo para el pensar la presencia de este tipo de corriente, lo que sí es sumamente incómodo para el pensar es su vinculación con ciertos actores políticos (institucionales e institucionalizados) que desean prorrogar su poder y ello es lo que hoy también deseamos discutir.

Todo lo anterior denota una cosa: su vinculación con el Estado racional, calculado, estructurado y lógico no solo ha generado modos de pensar y de lectura sino que también ha generado espíritus muy poco proclives al esfuerzo reflexivo. Y eso es a la hora de hablar de pensar en filosofía latinoamericana una posible explicación de su estado. Quedan, felizmente, muchos espíritus inquietos e inconformes entre nuestros pensadores.

Pero si bien discutimos sobre conceptos olvidamos muchas veces la reflexión sobre aquello que provoca al concepto y lo que es provocado por el concepto. No hablamos de lo real o de la materia u otras cosas, nos referimos al inefable dualismo instituido entre el plano y los conceptos y su relación con el análisis esquizo en el siglo XXI.

Lo esquizo descansa sobre una comprensión del yo como multiplicidad por sus diversos órdenes de desplazamiento. Ya no multiplicidad de formas del yo sino también como multiplicidad de los contextos de acción del yo hacia los cuales se dirige. En realidad el esquizoanálisis  se basa en el ejercicio reflexivo sobre sujetos que se presentan como esquizosíntesis al incorporar de alguna forma una fuerte presencia del mundo exterior en su yo. El efecto de un análisis esquizo sobre una performance (síntesis esquizo) no hace más que multiplicar las posibilidades o espacios de análisis que siempre permanecen en el plano del yo y el superyo por para utilizar términos del psicoanálisis. Queda claro que no se alude aquí a ninguna idea del yo como conciencia o inconciencia separadamente. El análisis esquizo debería revertir la relación instalando la presencia de lo consciente en lo inconsciente así como su compartimentalización, división, operatividad y acción. El yo, el ello y el superyo no hablan de un solo sujeto sino de muchos sujetos a la vez. Un análisis de la sociedad uruguaya del siglo XXI nos brinda pruebas acerca de la pertinencia del uso del concepto.

 

 EL PLANO COMO ORDEN DE DESPLAZAMIENTO

 

Los conceptos siempre son fragmentarios, incompletos, difíciles de ensamblar puesto que sus bordes tienen naturalezas distintas. Aún así sentimos que debemos y, por tanto, podemos utilizarlos siempre y cuando se declare a través de la acción la necesidad de un todo o un Ser como principio ordenador. A ese plano que demanda un determinado orden le podríamos denominar de inmanencia, un plano que confiere consistencia. Otra vez la dicotomía deleuziana, el plano y los conceptos. Pero no funciona aquí el plano como contenedor de los conceptos como campo de operatividad sino más bien como orden estructurante de los conceptos.

La filosofía es acción de construir sobre la base de estos dos puntos, el plano y los conceptos nuevos conceptos y un nuevo plano. Los conceptos son movibles (como olas que suben y bajan) pero el plano es solo una ola que en su movimiento hace visible en su superficie a los conceptos. Es así que el plano contiene los movimientos finitos e infinitos de los conceptos pero los posibles movimientos infinitos de los conceptos pueden ser contenidos por otros planos. La filosofía es pues la posibilidad de visualizar el movimiento infinitos de los conceptos, su generación y su corrupción, su inercia, su supervivencia, su extrapolación hacia otros planos y/o su retroalimentación.

Es el plano quien anuncia a los conceptos y por ello podemos determinan su elasticidad su potencialidad o su capacidad para albergar.

No es inteligible el plano en la ausencia de los conceptos. Constituye éste una masa amorfa o quizá y por qué no podríamos recurrir a la imagen propia de lo cinematográfico donde a través de una acción se desencadena todo un proceso simultáneo donde en cuestión de segundos comenzamos a reconocer un mundo o cuando el personaje enciende un interruptor e instantáneamente nota que se encuentra en una nave (o mejor dicho un lugar complejo, ordenado, planificado para después comprender que está contenido en un desorden estructural). A primera vista sus sentidos le inclinan a entender un orden, su reflexión le advierte sobre el desorden. De esta forma se contradice a Kant que establece que el pensamiento se mimetiza con el orden de la naturaleza. Para nosotros el pensamiento tiende a pensar que todo es ordenado pero la realidad muestra que no. La lógica es pues una impostura. La crítica de los historiadores a Hegel sigue vigente en parte. La historia o la naturaleza son sometidas a nuestras estructuras pero hay algo más no sólo es sometida al orden lógico sino también al orden irracional.

Este es el plano, pero: ¿cuáles son los conceptos? Pues son los dispositivos que permiten su puesta en marcha, son los comandos, los controles que vuelven máquina o forma a esa masa informe. A medida que accionamos los controles notamos la aparición de nuevos controles en relación de sub-ordinación o super-ordinación o co-ordinación. Estos controles constituyen los adoquines que pavimentan el camino de nuestro entendimiento hacia la comprensión de lo irracional. No constituyen al entendimiento sino que constituye los lugares por donde aquel debe transcurrir. Todo posible pensamiento adquiere forma por aquellos puntos por los cuales ha transcurrido. Siempre quedan posibles caminos, siempre sabemos que alguien transcurre por caminos paralelos u opuestos puesto que los movimientos dentro del plano son infinitos.

Este es un modo constituirnos una imagen de nuestro propio pensar. Plano y conceptos nos permiten tener una escena de la trayectoria del pensar, de las fuerzas que lo gobiernan presentes quizá con anterioridad a nuestro modo de ser pero materializadas o materializables mejor dicho al momento del touch entre el pensar y su objeto. Siempre el pensamiento se materializa en un orden establecido virtualmente o sea como potencialidad. Ese orden resiste al pensamiento, a la calculabilidad leibniziana porque no programa desde un punto de certeza. No hay certeza ni siquiera de ese punto de apoyo desde el cual el ajedrecista calcula los posibles movimientos de su oponente que provocan y son provocados por los suyos propios. En nuestro caso cuando advertimos el lugar o la pieza que manipulamos allí mismo, en ese momento comenzamos a conocer el tablero.

Con todo el plano permite la orientación porque acerca u ofrece caminos afines sobre los cuales se puede transitar sin sentir esa sensación de extrañamiento. El plano no es un mapa. Quien utiliza un mapa anuncia ya su desconocimiento del lugar hacia donde desea llegar. Todo en su caminar le resulta extraño, lo va conociendo. El mapa le permite acceder a un lugar para el cual no está preparado. El conocimiento llega a darse cuando el caminante y su meta son uno solo. Pero el plano está antes y después del caminante en la medida en que le presta su ser. Los espacios y los puntos del plano en la medida de su cercanía no solo orientan sino que también conforman en cuanto su tránsito y un recorte o porción de ese plano es nuestro pensamiento.

Deleuze y Guattari hacen hincapié entre lo que corresponde al pensamiento y lo que corresponde a la materia por decirlo de alguna forma. (Deleuze y Guattari, 1993:41). Tanto los hechos, los objetos materiales (la geología y la biología), las historias (las narrativas), y aún las teorías corresponden al plano materializable. Para el pensamiento solo el transito del movimiento infinito de lo infinito. Es verdad el movimiento de alguna manera solo es percibible por la contemplación o la reflexión sobre objetuidades, pero ellas en tanto son pertenecen a la historia solo cuando son en cuanto pensadas corresponden al orden del pensamiento. ¿Qué es pensamiento entonces? Es pues la constatación mediante la reflexión o la percepción del movimiento de lo pasible de constituir un ob-jeto. Su direccionalidad o sentido, las fuerzas entre las que se encuentra determinado lo objetificable (fuerzas internas u externas) por ejemplo cuando un objeto de pensamiento se encuentra en relación teórica o lógica con otros esta misma relación constituye una fuerza aplicada sobre el objeto-concepto. Una relación lógica (la conclusión por ejemplo) es la aplicación de una fuerza sobre las premisas que establecen una estasis. La filosofía por tanto compuesta por el plano y los conceptos está determinada históricamente (plano de inmanencia) y por el orden de los conceptos significados por el acto y el momento del pensar. Sujeto y objeto se difuminan en el orden del plano de los conceptos. El sujeto se hace carne a través del touch en el algún punto de la red de la historia y el objeto se materializa al momento de ser pensado. Sujeto y objeto, una de esas dicotomías que fundan a la modernidad se ven desestabilizados cuando la razón ya no constituye orden fundante de la historia. La razón necesita de un punto claro o fijo para operar, cuando este se diluye ella se transforma en un objeto más del plano. Sólo le queda su megalomanía. A Hegel sólo le basta ubicarse el final de la historia para poder construir el relato de la misma, punto cierto o punto imaginado-construido le sirve a la vez de punto de llegada y de partida del ejercicio del pensamiento. Pero preguntar en que lugar se posiciona Hegel para lanzar al mundo su cierre del camino del pensamiento mediante el triunfo de la razón puede parecer de perogrullo pero hay que decirlo, el triunfo de la razón sólo nos permite hoy siglo XXI (el siglo comenzó el 11 de setiembre del 2001) pensar que es el espíritu de la época el que ha triunfado sobre Hegel. Obviamente la máquina funciona aún cuando ya no está de moda. Pensemos en un tocadiscos que puede seguir reproduciendo la música de los discos de vinilo en la época de los CD o de la digitalización. Este artefacto representa un momento culminante lo que no quiere decir que no funciona, funciona, pero para representar sólo lo representable (discos de vinilo). La máquina, lo maquínico tiende a funcionar aún fuera de su momento de pertinencia. Constituye una inercia, una direccionalidad o una vectorialización múltiple.

Esa máquina su inercia ha sido testada a Marx. Heredero de varios discursos (Fourier, Smith-Ricardo; Rousseau) la máquina hegeliana prevalecía por su fuerza y por su sentido o dirección. Es por eso que existen quienes sostienen a la diferentes filosofías de Marx como Etienne Balibar por ejemplo o más precisamente Derrida (“Espectros de Marx”). Porque muchas son las máquinas en un clima de estasis por la determinación de un momento preciso debe indicar a aquellas en conflicto (entre las que están inevitablemente las más poderosos, potentes o fuertes) y las que están latentes.

Sujeto y objeto solo pueden ser conceptos y su movimiento es infinito dentro del plano de inmanencia. Existe una distinción establecida por Deleuze Guattari; Aquella que diferencia entre los horizontes de posibilidad o de mirada. Horizonte relativo o absoluto donde relativo significa avanzar pero sin llegar nunca a la meta, reconocer y reflexionar sobre lo adquirido pero la meta permanece aún lejana. Por supuesto que la meta puede ser siempre cambiante aunque haya que reconocer avances. El horizonte (que contiene las posibles metas) se aleja a medida que nos interesamos en él. El horizonte absoluto contiene todos los horizontes relativos porque es aquel en el que se está siempre. Nuevamente podemos ver que pensamiento y objeto (aquí como verdad) presentan una relación ambigua, un doble movimiento o en un instante presididos por vectores contrapuestos. El pensamiento va a hacia el objeto y el objeto avanza hacia el pensamiento. Muchas veces se da lo contrario el pensamiento se aleja del objeto y el objeto lo hace del pensamiento. El movimiento es doble e infinito dentro del plano y por tanto señalan dos cualidades del ser o del Uno-Todo.

Sin embargo el plano de inmanencia que, recordemos, presenta un horizonte absoluto no es ni ha sido el mismo siempre. El plano es siempre variable, se puede recortar, plegar y en ello a los conceptos que se mueven generando conexiones con otros movimientos o generando nuevos conceptos que nacen en los nodos de la urdimbre del ser. Por eso el plano es prefilosófico aunque siempre variable debe suponerse como anterior a la filosofía algo así como la idea heideggeriana de una “comprensión preontológica del ser” o preconceptual. Prefilosófico no quiere decir existente antes de la filosofía porque nada no es pensable fuera de la filosofía y la ventaja está en que no funciona ya con conceptos y por tanto se ubica fuera de lo razonable o de la razón.

Los conceptos recorren el plano (que es caótico) pero al ser el espacio infinito el desafío es mantener la integridad de los conceptos en el movimiento infinito porque toda infinitud envanece toda determinación. Por tanto el plano caotiza más que ser un caos y en mantener la consistencia de los conceptos (y la creación de los mismos) se encuentra la tarea fundamental del análisis esquizo.

Deleuze y Guattari sostienen que los primeros filósofos griegos instauraron el plano de inmanencia frente al plano de trascendencia al instalar el caos en el ámbito del orden promovido por los “sabios” representantes de las religiones. Pero que pasa hoy con la filosofía. (Deleuze y Guattari, 1993:47)¿No será el momento de instalar el plano de inmanencia frente e los modelos provistos por las disciplinas? ¿O actuar en él frente a la apabullante tecnocracia? No hablamos de trascendente en el sentido de una realidad existente más allá de nuestro campo de intervención, ni siquiera de un trascendentalismo nouménico como el Kant, hablamos de un nuevo orden trascendente dentro del plano de la inmanencia estructurado por el desarrollo e institucionalización de la ciencia. Quizá recurrir al plano de inmanencia signifique que la filosofía deba atender lo no-filosófico y al contrario de lo sustentado por Deleuze y de Guattari el filósofo en algún momento debería dejar que se envanezcan los conceptos inmóviles (no los móviles) de la ciencia en el infinito del plano.

 

LOS CONCEPTOS COMO EVANESCENCIA MEDIANTE LA CONDENSACIÒN

 

El concepto es una forma. Tiene límites y se distingue de otros. Por tanto en esa interacción con otros se torna múltiple. Tiene muchos componentes porque es múltiple. El análisis del filósofo debe entonces provocar nuevas articulaciones o nuevos cortes en el concepto. Así, por tanto, todo concepto es un sujeto ya que su naturaleza de otreidad lo hace objeto. Y yo (sujeto) puedo ser un objeto para Otro. El otro siempre es posibilidad y sólo se accede a su conocimiento en la medida en que lo experienciamos (rostro que lo expresa) y cuando se expresa en medio de un lenguaje que lo hace real. Sucintamente diremos que el Otro se hace comprensible cuando presenta estas tres características: a) es posible; b) posee un rostro; y c) se expresa en un lenguaje. (Deleuze y Guattari, 1993:24).

Objeto y Sujeto es un concepto que se mueve, se bifurca, genera afinidades con otros o rechazos, se fractaliza para co-crear el plano. Así, cuando hablamos de conceptos tal vez sea necesario una puesta entre paréntesis a la ontología del mismo y dirigir su mirada hacia sus movimientos, la longitud, la figura, la profundidad, el contexto (lo que rodea al objeto), la fuerza, etc. Es el Otro quien hace posible la percepción (el touch) y por tanto nos hace posibles a nosotros. El Otro introduce el mundo en nuestra percepción al sacudirnos la modorra de un mundo que más que conocido se presenta como un ámbito al que nos hemos acostumbrado o nos hemos amoldado.

Un concepto se crea por otro en el espacio provisto por un plano. Los que existen han sido creados y van a crear nuevos conceptos hasta el infinito. La función del concepto es crear (o recrear) las consistencias. Y el concepto no se define propiamente por sus particularidades generales y específicas sino por el punto o el momento de su trayectoria dentro del plano. Por eso no hay relación icónica con lo definido pues si bien constituye un momento del plano no consiste en una relación de ubicación sino de un efecto intensivo. Tampoco hay una relación de esencialidad porque el concepto manifiesta un momento de una trayectoria y por tanto no manifiesta a la cosa en una relación de correspondencia. Es acontecimiento sumado a un acto de pensamiento.

Así es que se torna necesario que un filósofo reajuste sus ideas o cambiarlas puesto que el plano al ser infinito y por tanto los conceptos presentan siempre nuevos desafíos al pensamiento. Seguir al concepto para algunos filósofos ha sido difícil. En un mundo intelectual donde prima la no-contradicción es muy difícil sobrevivir de este modo. Sin embargo el concepto asume nuevos estados y su captación es siempre efímera. Seguir al concepto implica la aceptación de que nuestro pensar debe ser múltiple fácil de condensar.

Lo anterior no los hace relativos. Existe cierta absolutidad que es la de la forma o el modo que asume aquel concepto creado. Es así que en la construcción de conceptos se une lo absoluto y la relativo, la materia y la idea, etc. al igual que en el marxismo clásico la noción de “producto” une dos ontologías, dos mundos distintos, el de la idea y el de la materia. La síntesis entre el hombre y la naturaleza la constituía el producto. Porque si bien en la mitología griega los semidioses unían cielo y tierra, y Jesús hace lo mismo en la religión cristiana la idea de síntesis construida puede decirse que bien pertenece a la filosofía marxista.

Existe algo interesante en estas imágenes. Nuevamente el plano de inmanencia y el de trascendencia. Porque el dios siempre desea confundir los planos. Porqué la promesa de un mundo que no se muestra como familiaridad  sino todo lo contrario. Existe una relación inexplicable de cierta alienación en la promesa. ¿Por qué se desea algo que no se sabe como es? ¿No es eso señal de la inconsistencia de nuestras ambiciones más íntimas? Pero la promesa quizá sea la de un mundo no tan lógico, no tan ordenado, con los conceptos a construir y quizá en la lectura del mensaje es que se deba buscar la verdadera naturaleza del yo, de sus verdaderas aspiraciones.

Una última observación. El concepto no pertenece al orden del lenguaje porque no es proposición y por tanto no tiene referente. Hablamos de acontecimientos, de estados y de coordenadas y de constructivismo. No nos referimos, como sería natural para muchos, a conceptos impuestos de modo dogmático para su uso, los discursos elaborados por los filósofos oficiales prisioneros de lo institucional. Y es por eso que cuando se afecta a un concepto se obtiene resonancia en todos los demás. Con la proposición no sucedería lo mismo porque los términos proceden a congelar su relación con el todo. Por tanto, en esa inmovilidad es sencillo realizar los cortes de forma duradera.

Los conceptos son partes totales que no se pueden separar. ¿Por qué no se pueden separar? Porque es imposible discriminar sus límites, no tienen perímetro.

La filosofía debe utilizar la proposición pero no buscando dominar al concepto. Debe dejarse atravesar por los conceptos y liberarse de ese estado fijo que tiene. De esta manera podríamos contar con una forma de hacer comprensibles los conceptos.

Un concepto tiene la verdad o el sentido que le corresponde de acuerdo a las posibilidades del contexto de su creación. Por eso para escapar al contexto se hace necesario crear, plantear. Por supuesto que aquello creado debe estar relacionado con problemas reales. Pero, sostiene, Deleuze, que los que hoy existen responden y han respondido a problemas reales por lo cual deben seguir siendo utilizados no deben seguir “sobrevolando” (pp. 33); op. cit). ¿Qué es lo que hace a un buen filósofo? ¿Repetir lo que otros dijeron o hacer los que otros hicieron? Crear conceptos para problemas siempre cambiantes. (pp. 33)

 

 

 

Bibliografía

Deleuze, Gilles.¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona, 1993.  


 

 
 
 
 
 
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