Anti-Edipo y Mil
mesetas. 08/10/2003
Los códigos. El
capitalismo. Los flujos. Descodificación de los flujos. Capitalismo y esquizofrenia.
El psicoanálisis.
¿Qué pasa sobre el cuerpo
de una sociedad? Flujos, siempre flujos, y una persona siempre es un corte
de flujo. Una persona, es un punto de partida para una producción de flujos,
un punto de llegada para una recepción de flujos, de flujos de todo tipo;
o bien una intersección de muchos flujos.
Si una persona tiene cabellos,
esos cabellos pueden atravesar muchas etapas: el peinado de la joven no es
el mismo que el de la mujer casada, no es el mismo que el de la viuda: hay
todo un código del peinado. La persona ¿En tanto que qué lleva esos cabellos?
Se presenta típicamente como interceptora con relación a los flujos de cabellos
que van más allá, y más allá su caso y sus flujos de cabellos están ellos
mismos codificados según códigos muy diferentes: código de la viuda, código
de la joven, código de la mujer casada, etc. Finalmente ese es siempre el
problema esencial de la codificación y de la territorialización, codificar
los flujos con, y como medio fundamental: marcar a las personas, (porque las
personas están en la intersección y el corte de los flujos, las personas existen
en los puntos de corte de los flujos).
Pero, entonces, más que
para marcar a las personas -marcar a las personas es el medio aparente-, lo
es para la función más profunda, a saber: una sociedad solo le teme a una
cosa: el torrente; no le teme al vacío, no le teme a la penuria, a la rareza.
Sobre ella, sobre su cuerpo social, algo chorrea y no se sabe qué es, algo
chorrea y no está codificado, al igual que, con relación a esta sociedad,
aparece como no codificable. Algo que chorrea y que arrastra a esta sociedad
en una especie de desterritorialización, que hace disolver la tierra sobre
la que se instala: entonces es el drama. Encontramos algo que se derrumba
y que no se sabe lo que es, no responde a ningún código, rompe el campo bajo
los códigos; y también es verdad, en este sentido, para el capitalismo, que
cree, desde hace mucho tiempo, haber asegurado por siempre los simili-códigos.
Es lo que se llama la famosa potencia de recuperación en el capitalismo -se
dice recuperado cada vez que algo parece escapársele, parece pasar por debajo
de esos simili-códigos; retampona todo, añade un axioma de más y la máquina
vuelve a partir; piensen en el capitalismo del siglo XIX: ve manar un polo
de flujo que es, literalmente, el flujo, el flujo de trabajadores, el flujo
del proletariado; y bien, ¿qué es lo que fluye, lo que mana desagradablemente
y arrastra nuestra tierra, a dónde va? Los pensadores del siglo XIX tienen
una reacción muy rara, principalmente la escuela histórica francesa: es la
primera en haber pensado al siglo XIX en términos de clases, inventan la noción
teórica de clases y la inventan precisamente como una pieza esencial del código
capitalista, a saber: la legitimidad del capitalismo viene de esto: la victoria
de la burguesía como clase contra la aristocracia.
El sistema que aparece en
Saint Simon, A. Thierry, E. Quinet, es la toma de conciencia radical de la
burguesía como clase y ellos interpretan toda la historia como lucha de clases,
es la escuela histórica burguesa del siglo XIX: 1789, si, es la lucha de clases,
se enceguecen cuando ven fluir en la superficie actual del cuerpo social,
ese extraño flujo que no conocen, el flujo proletariado. No es posible la
idea de que sea una clase, no lo es en ese momento. El día en que el capitalismo
ya no pudo negar que el proletariado fuera una clase, ese día coincidió con
el momento en que, en su cabeza, encontró el momento para recodificarlo enteramente.
¿Qué es eso que se llama la potencia de recuperación del capitalismo?
Y es que el capitalismo
dispone de una especie de axiomática, dispone entonces de algo nuevo que no
se conocía. Y esta es, como sucede con todas las axiomáticas, una axiomática,
al límite, no saturable; lista para añadir siempre un axioma de más que hace
que todo vuelva a funcionar.
Cuando el capitalismo ya
no puede negar que el proletariado sea una clase, entonces llega a reconocer
una especie de bipolaridad de clase, bajo la influencia de las luchas obreras
en el siglo XIX, y bajo la influencia de la revolución. Ese momento es extraordinariamente
ambiguo, pues es un momento importante en la lucha revolucionaria, pero también
es un momento esencial en la recuperación capitalista: yo te elaboro un axioma
adicional, te hago los axiomas para la clase obrera y para la potencia sindical
que la representa; y la máquina capitalista vuelve a partir chirriando, ha
colmado la brecha. En otros términos, para todos los cuerpos de una sociedad
lo esencial es impedir que sobre ella, sobre sus espaldas, sobre su cuerpo,
fluyan flujos que ella no pueda codificar y a los cuales no les pueda asignar
una territorialidad.
Una sociedad puede codificar
la pobreza, la penuria, el hambre; lo que no puede codificar, es cuándo aparece
esa cosa, entonces se dice: ¡¿qué es esa gente?! Entonces, en un primer momento,
se agita el aparato represivo, si no se los puede codificar, se intenta aniquilarlos.
En un segundo momento, se intenta encontrar nuevos axiomas que permitan, bien
que mal, recodificarlos.
Un cuerpo social, se define
así: perpetuamente las cosas, los flujos chorreando sobre el, chorreando de
un polo a otro, y perpetuamente codificando; y hay flujos que escapan a los
códigos, y después hay un esfuerzo social para recuperarlos, para axiomatizarlos,
para rehacer un poco el código, a fin de darle un lugar a flujos tan peligrosos;
y todo a la vez. Hay gente joven que no responde a los códigos, empiezan a
tener un flujo de cabello que no estaba previsto, ¿qué se hará con ellos?
Se intenta recodificarlos, añadiendo un axioma, se intenta recuperarlos, o
bien hay algo más allá, que continua no dejándose codificar, ¿entonces qué?