Primeras Jornadas de Esquizoanalisis  -  2004 - Coord. Stella Maris Angel Villegas
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Primeras Jornadas Virtuales de Esquizoanalisis - 2004

 

 

Aria a los analistas *

 

                                  por José Miguel Zelaya **

 

 

 

“Nos recorre un intenso terror toda vez que pensamos

en esos seres automatizados, símbolos de antiguos ritos,

 cargando alegrías y dolores que no son de su pertenencia

particular, como si hubieran sido dictadas por tremendas

                                                              fuerzas superiores.

                                                                                                    Antonin Artaud, “El teatro y su doble”

 

 

 Franz Kafka fraseó manuscritamente a su padre el porque de su negativa al proyecto matrimonial; entre tantos reproches y culpas, por ese sentimiento de inferioridad que sentía y que así nombraba, le explica que el casarse hubiese sido como fugarse de la carcel para construir un lujoso castillo donde vivir. “Pretender salir de ahí, dice Kafka, tenía algo de locos, y cada tentativa se veía castigada por la locura”. Evidentemente un poeta, y unos de los primeros pensadores deleuzeanos. Interpretar edipicamente la obra de Kafka es condenarla a la locura, encerrarla en la carcel triangular de Edipo. Es mostrarse intensivamente nulo, extensivamente racional. Es cumplir el deseo del propio Kafka: destrozar su producción.

 

 ¿Qué es el Esquizoanálisis?

 No hay definición para las multiplicidades, lo hay para lo Uno, lo hay para lo múltiple. Pero es Esquizoanálisis es un paisaje, un cuadro, una película, una flor; es una caminata, un viaje. El viaje del esquizo ante el encierro en el diván neurótico. Una experiencia en la inmanencia de lo real, opuesto a la trascendencia interpretante. El esquizo huye de los fantasmas.

 

¿Cómo se llega al Esquizoanálisis?

 Cuando uno deja de buscar y siente que encuentra, encontrado se siente uno; no son conceptos a incorporar, ellos brotan por todos lados en aquellos paseos. Les cuento mi experiencia personal: cierta noche, de luna larga y volteretas en la cama, de repente me asaltó la idea de escribir a los analistas esto que ahora leen; pues el Esquizoanálisis es de la noche, mil y unas, lunático decía recién Kafka. En ese suceso noctámbulo y  amanecido, se puede cartografiar un acercamiento. El insomnio es de repente “ganas de estar despierto”, el síntoma deviene deseo. Se verá que lo patológico es inseparable del concepto de salud.

 Carezco de sueño, aparece la imagen de Dalí y sus relojes en el desierto. A Edipo le faltan sus ojos, carencia ocular; culpable de antemano, siempre en falta, siempre en deuda. Como en “El Proceso” kafkiano.

 

¿Qué es la carencia? ¿Porqué la carencia? Legalmente carecidos, moralmente deshonrados. Procesos tristeros.

 Edipo nace culpado, procesado diría Kafka; Tiresias ,el adivino, le revela su destino ¿será el de la neurosis? Edipo cree en él, pues lo que esta en la base de toda divinidad y de toda ley es la creencia. Virtualizaciòn de lo real. Edipo aspiraba a grande: era Rey, verdadera máquina despótica; pero la divinidad le indicó que ese no era su deseo, sino que este estaba determinado por la fuerzas celestiales: el desearía lo prohibido. En el mismo movimiento virtual la Ley prohíbe y conduce a desear lo prohibido. Suma que resta, el resultado: la carencia. Edipo ciego por una transgresión impuesta. Dice Deleuze: “Los deseos edìpicos son la imagen desfigurada mediante la cual la represión caza al deseo en la trampa. Si el deseo está reprimido no es porque sea deseo de la madre o de la muerte del padre; al contrario si se convierte en este tipo de deseo es debido a que está reprimido.” La Ley se erige en las alturas, como lo Uno de la metafísica que reúne las partes, a partir de ese momento las partes carecen del todo, no sólo “carecen” sino que se “deben” al todo. Es el primer movimiento de territorializaciòn, parcelación de la tierra y de las personas. La extensión filiativa incursiona en el modelo familiarista; como partes de un Todo trascendente, donde la prohibición asegura la reproducción de la casta. Edipo asegura esta codificación ¡No matarás a tu padre, y no te acostarás con tu madre! La filiación se produce por el cruce de castas, movimiento infinito. Así lo múltiple se relaciona, pero en una conexión unívoca, de Uno: el varón reproduce el apellido en el cruce con otra casta, la mujer como mercancía.

 El concepto de Falo hace las veces de lo Uno en la metafísica; “no hay nada como la primera vez”, la tierra perdida y anhelada, como un tango. Pero en el mismo movimiento milonguea una resistencia, porque lo único que se repite es la diferencia; sólo hace falta un poco de imaginación. Es la estructura imaginaria y su antecesora: la simbólica, la que conducen al deseo siempre al mismo lugar, y le introducen la carencia. El niño carente respecto a su padre, el padre carente respecto a su abuelo; “ir más allá del padre” es interiorizar la deuda infinita. Kafka se opone a este proceso, no acepta la reproducción abstracta de un objeto trascendente; y en cambio elige producir. Es la producción real en sí misma, sujeto y objeto como partes del mismo proceso.

 El Falo, como el Capital en la teoría económica descripta por Marx; produce un movimiento que separa al productor de su producto, la mujer carece de aquello que la estructura patriarcal ordena que debería tener, debe subsumirse al hombre en un segundo movimiento que la resigna y le hace creer que su producción es la mera reproducción de la misma estructura que la oprime. El Falo es el principio por el cual el deseo se hunde en la nada de la angustia, sangre fresca para el Mercado, se hunde en el hueco de la estructura simbólica que le dibuja su recorrido, lo predice y lo canaliza. Lo conduce al incesto, a la trasgresión  de la prohibición, que vale decirlo una y otra vez: es ya en el mismo movimiento una represión. Deseo de la madre y deseo de la muerte del padre; deseo imaginario; en el segundo movimiento aparece la madre y el padre por todos lados, todas las mujeres son mamá y todos los jefes papá. El presidente, el cura, el militar, aparecen como extensiones edìpicas. Es el egocentrismo propio del capitalismo, que lleva al hombre a ver en el otro su propia imagen, que ve la diferencia como oposición y exclusión. Pues, en verdad, la familia es la última territorialidad del capitalismo y es el padre quien se configura a imagen y semejanza de la otrora figura Feudal, y de la deteriorada figura estatal. Es la última privatización del capitalismo, deseo de hijo en la mujer, deseo patriarcal en el hombre; deseos reprimidos en la reproducción alienante de la privatización del ser. Ser carente agujereado por la estructura simbólica de “- Uno”. El trabajador produce un objeto que le es ajeno, y en el mismo movimiento reproduce el sistema, produciendo para un principio trascendente acumulativo; es el axioma del Capital abstracto, obrero castrado y alienado.

 Podríamos preguntarnos ¿qué es desear un hijo? ¿qué es desear ser padre?; o mejor: ¿sólo deseamos hijos? ¿solamente deseamos ser padres?; o sintetizando: ¿porqué deseamos la represión del deseo, su simbolización, nuestra alineación?  

 

 

 

* Pieza de Operita “ Marìa de Buenos Aires”, Astor Piazzola y Horacio Ferrer

** José Miguel Zelaya. Rosario. Argentina. Residente de Psicología

 

 

 

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