Primeras Jornadas de Esquizoanalisis  -  2004 - Coord. Stella Maris Angel Villegas
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Primeras Jornadas Virtuales de Esquizoanalisis - 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

Salud, una visión ecopicológica

 

 

 

 

 

El profeta despierta,

vive sueños sin tiempo

realidades extremas.

El profeta en azoica soledad deambula;

ruinas de ciudades de lo que fue,

de lo que será.

El profeta camina y atraviesa muros, personas,

con su mirada perfora cielos.

El profeta ve y ese ver lo compromete

con augurantes presentes.

Toma y ofrece el elixir de la memoria.

Ritual de la sangre.

Ritual de la danza.

Ritual de la vida.

El profeta vive ensoñado:

realidad de la libertad primera y última.

eligiendo la vida como maestro

la historia sigue sus pasos.

El silencio habla.

La luz se desparrama dando cabriolas,

los astros sonríen al ver cumplidas profesías

y

cuando la voz se hace carne se garabatea la esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

Salud, una visión ecopsicológica

 

Introducción

Para comenzar esta exposición referida a Salud y esta particular visión ecopsicológica, se me hace necesario poder determinar a modo de meseta [1] el alcance de este término que llamo ecopsicología.

En torno a esto dedicaré esta parte del escrito a entrar en la dimensión cuerpo.

 

El siglo que hemos comenzado a transitar trae consigo los efectos de la modernidad, poder reflexionar acerca de esto dará pautas de comprensión de manera de ir abriendo puertas a nuevas dimensiones de percepción y así tomar posición en torno al tema. Abocado entonces, a desandar –un tramo- de esta  compleja y multifacética madeja de conceptos, metáforas que han organizado la concepción moderna del mundo, desde diversas disciplinas entre ellas la filosofía, la psicología, la teoría literaria y crítica del arte, entre otras, han puesto la mirada sobre el discurso moderno referente al sujeto.

Señalando de manera epistemológica el cuestionamiento de la distinción clásica sujeto-objeto, su relación cuerpo-mente. Cuestionando en el pensamiento moderno la supuesta independencia de cada uno de los términos planteados de manera polar, segmentado y necesitado de certezas en que han sido pensados como separados y desconectados entre sí.

Planteando esto, nos adentramos hacia la experiencia de transitar un nuevo espacio cognitivo donde la polaridad binaria planteada en un momento entre cuerpo-mente; sujeto-objeto; materia-energía como dicotomías, es aborda desde la paridad independiente y multicorrelacionadora. Sujeto en un devenir heterogéneo de otro, no capturado por la sobrecodificación.

 

 

 

Se hace necesario, imprescindible –dado el momento- redescubrir el significado fundamental de la relación sujeto-mundo, y en este sentido comunicar la experiencia humana.

Las relaciones entre las personas y las de los individuos con el universo, pueden alcanzar una conciencia depurada de datos muertos en compartimientos estancos, a fin de abordar un mundo cada vez más complejo y más necesitados de seres que en actitud multidimensional se desenvuelvan confluyentemente.

 

Para comenzar este desarrollo, tomaré, al “todo”, de manera de aportar a un contexto donde en el cual  las partes a medida que se van relacionando, pueden ser comprendidas desde una perspectiva diferente, es decir, en relación unas con otras y con el todo. Ir arrimando, sumando, deviniendo que la suma de estas partes es más que el todo.

Para eso –a modo de planteo de camino- pautemos un recorrido que además de denunciar y anunciar nuestros pasos, permita en un juego infinito abrir líneas de fuga. Pues, en este sentido considero el no caer en el enfoque lineal o secuencial para favorecer otro que permita cuantas veces sea necesario el volver atrás, aunque a diferentes niveles, sobre lo plasmado como material de trabajo y que por otro lado de una u otra manera ha sido asimilado, comprendido.

De tal modo que la geografía se tornará e irá cubriendo con material permeable, con accesos en aproximaciones sucesivas siguiendo un camino en espiral-laberíntico multiaccesible.

 

La sociedad –tal como la conocemos- no es un cuerpo aislado que pueda o deba ser mirado en forma unidimensional, en tal sentido lo dicho líneas arriba lleva al encuentro de tomar a la misma como una totalidad donde tienen cabida y se integran diferentes disciplinas con múltiples niveles de complejidad. Poniéndose de relieve la multiplicidad de los valores culturales e individuales, lo relativo a lo que concierne a la concepción del mundo y de la manera en que cada situación social se expresa en cada individuo. Esto pone de relieve conceptos de límite, causalidad recíproca, interdependencia y equilibrio dinámico en el estudio de los sistemas complejos, integrando noción de tiempo, biología, economía, ecología. Para ello, lo natural y sus reinos pueden propiciar un momento para preguntarse ¿Qué animales viven en relación simbiótica? ¿Qué se puede decir del ciclo del agua en la tierra? ¿Tiene alguna relación con otros sistemas? ¿Cuál es la impronta humana?

A escala individual este proceso debería examinarse desde una perspectiva histórica trazando su desarrollo a través de las etapas de industrialización y de los nuevos avances científicos, todo en relación con la época actual en que el contexto global, especialmente el referido al medio ambiente y recursos naturales ya que exigen nuevas definiciones y el diseño de alternativas. Llevando al mundo de lo cotidiano la cuestión de calidad de vida y qué se quiere decir con ello y la implicancia del sujeto en todo esto, a modo de aprendizaje se tornará una real actividad perenne de toda acción siendo un medio para disfrutar, sentir, producir, objetivar y contribuir, como así también una oportunidad para alcanzar una conciencia más profunda de las relaciones del ser humano con su mundo. Jugándose en lo social lo multidimensional tendiendo a plantear en las más amplias implicancias de las acciones personales, la manera de enfrentar y concretar un mundo cada vez más complejo en el que cada dimensión con sus diferentes áreas está inextricablemente conectada a otras.

 

 

Para abordar este entramado social gestado en fin de siglo, es importante agenciar un nuevo espacio cognitivo donde se tenga en cuenta el cuerpo emocional y la mente corporalizada, me atrevo a incluir también al espíritu imprimiendo sentido.

En este aspecto, el cuerpo entra en escena desde una experiencia social e histórica-comunitaria atravesando dialécticamente multiplicidades del imaginario colectivo.

Es decir, cuando hablo de cuerpo doy cuenta de lo encarnado en rol y función. Cuerpo de padre, madre, desde lo epistemológico, como cibernauta, como psiconauta, amantes etc. Y es así que se podrá producir sentido con relación al cuerpo desde lenguajes como la pintura, escultura, fotografía, computación animada, la danza, los rituales ancestrales ya algunos de ellos olvidados. Cuerpo que al roce de epidermis conjuga suma de deseo... línea de fuga.

 

Si salimos del mundo positivista, que ha sostenido la distinción entre un cuerpo material e independiente, las cosas dejan de ser objetos puros del mundo físico y pasan a ser objetos de experiencia. De una experiencia humana de interacción en contexto, constantemente atravesada por la peculiar corporalidad, la peculiar cultura, emociones y hasta el propio lenguaje: lo heterogéneo produciendo subjetividad.

Al respecto, quisiera destacar la importancia de la construcción de paradigmas que abran puertas a un importante campo donde no sea separada la experiencia, la cultura, la biología y el lenguaje. Dando paso e inaugurando un camino donde tenga lugar el pensamiento complejo, permitiendo producir herramientas para lo diverso estableciendo diferencia desde el pensamiento contextual.

Comprendiendo la inteligencia en dimensión a reconocer la transmultidimensionalidad y su misma dimensión compleja de este modo de interacción en el ambiente humano y su mundo, generando herramientas que permitan poner en relieve la importancia de lo diverso.

 

 

 

Sujeto encarnado... el verbo habita entre nosotros

 

El hombre en lo referente a su cuerpo y sus funciones fisiológicas pertenece al reino animal y se mueve en un medio que le es propio de acuerdo a una historia que tendrá que ver con lo hereditario.

Este animal se mueve y forma parte de la naturaleza, obedece a leyes biológicas que le son naturales y vive en completa interdependencia con el medio que le es natural.

Cuando el animal trasciende la naturaleza y se posesiona en la misma se emancipa, la vida adquiere conciencia de sí misma y con su razón e imaginación rompe una armonía, característica, por otro lado, de la existencia animal.

Y aunque forma parte de la naturaleza es extraño a ella, aún compartiendo el medio en el que otras criaturas se desarrollan. Al tener conciencia de sí mismo se da cuenta de la importancia de acceder a su lugar y descubrir como éste cargado de limitaciones lo obliga a no detenerse en resolver la eterna dicotomía de su existencia, entrando y saliendo de situaciones, permaneciendo por añadidura en un estado de desequilibrio constante; inevitable y signo de movimiento constante en un medio que  -también- cambia constantemente. En ese sentido la especie humana no puede repetir un patrón predeterminado que marque cómo tiene que ser vivida la vida..., ésta se va encontrando en su mismo caminar.

El nacimiento del hombre ontológica y filogénicamente hablando lo carga en su intimidad más profunda de negatividad. Pierde su unidad con una naturaleza que lo acosa como cuerpo extraño a sí misma, sintiendo la “ira de Dios” en palabras de Rodolfo Kusch. Tiene que construir nuevos instrumentos que sustituyan al instinto, naciendo y dando nacimiento de esta manera al sí mismo; acontecimiento fundante de la humanidad. Cuando el hombre trasciende el umbral de lo instintivo deja de ser animal y comienza a escribir la historia de la especie Homo Sapiens. Esto coloca al humano en la cuestión que el nacimiento no es cosa fácil, implicando todo un proceso complejo e interdependiente en lo ecosocial.

Cada movimiento está implicado en un juego de renuncia que abre puertas pero también imprime temor a lo desconocido. Karl Marx partió de la idea de que el hombre es un ser reconocible y determinable pudiéndose definir como tal biológica, anatómica y fisiológicamente mas psicológicamente.

Y distingue dos tipos de impulsos los constantes, que obedecen a mantener a la especie: la reproducción y el hambre. Los instintos que deben a su origen a ciertas estructuras sociales y a ciertas condiciones de producción y comunicación. Dando como ejemplo la necesidad de dinero como la necesidad creada por la economía de mercado, como la necesidad que este tipo de modelo crea.

El hombre, ya inserto en la historia conoce al mundo y varía su curso en la historia, se automatiza a través del proceso de su trabajo y su producción y para que esto tenga lugar, es decir: conocer al mundo, el hombre tiene necesariamente que apropiárselo.

 

Cuando el hombre no puede captar al mundo y éste permanece ajeno a él, se experimenta al mundo y a sí mismo pasivamente, decir como sujeto separado y alienado del objeto. Muy especialmente en el proceso del trabajo en la sociedad capitalista el hombre se enajena de sus facultades creadoras, constituyéndose los objetos fruto de su trabajo, en ajenos e independientes del productor, descubriendo la condición del hombre como un engranaje mas que sirve solo al sistema de producción y no éste al hombre.

 

El cuerpo aparece como central situándose en medio del torbellino expresando el malestar y el desequilibrio, lo que no funciona poniendo en tela de juicio en su concepción más abarcativa a la Oikoumene.

 

De esto depende la salud y ésta del concepto que se tenga de la naturaleza humana. Las necesidades que el hombre comparte con el animal son por supuesto importantes ya que de ellas depende que perdure y se proyecte como especie en tiempo y espacio, estas necesidades adquieren cierta dificultad ya que el camino a transitar para encontrar, al menos la punta del ovillo, la encontramos en el modo en que esta sociedad está organizada y de cómo esa organización determina las relaciones de los hombres que viven en ella.

Transitando la transmultidisciplinaridad el conocimiento implica interacción, relación, transformación, interdependencia y co-evolución. Implica una ética-estética del estar.

Es en este punto que desde lo contemporáneo se lleve a pensar en un cuerpo multidimensional es decir: un cuerpo material y energético, racional y emocional, sensible y mensurable, personal y vincular, real y virtual atravesado por www,  lo llamaría un “hiper-cuerpo-vincular”. Y en este sentido abriendo posibilidades a “ver”, “escuchar”, “sentir” con todos los sentidos y organos vinculantes a un espacio propio donde se vive –espacio nave Gaia-, entorno cambiante y propiciatorio a la experiencia mutatis mutandis en la relación de este sujeto encarnado y su mundo, que a diferencia de los presupuestos de la modernidad (cuerpo máquina), este cuerpo vivencial no es abstracto ni ajeno de la experiencia como sujeto ético-estético-político.

Cuerpo vivencial que en tanto entramado, constitutivo de un territorio autónomo y ligado al entorno con el que produce permanente intercambio de conocimiento, miríadas de datos a procesar. Participando así el sujeto de cambios y transformaciones.

Como sujeto encarnado en un estar (bien-estar) diferenciado profundamente del sujeto fragmentado y polarizado, se desarrolla en una trama evolutiva y está ligado a experiencias sociales y personales, a agenciamiento de nuevas tecnologías, a complejas relaciones físico-químicas, biológicas y su comunicación en sistemas abiertos. Relacionado con la riqueza de perspectivas geográficas donde convivir y que otro mundo es posible, el sujeto encarnado (reconocido como tal) disfruta del poder de la co-creatividad y de la elección. Pero debe dar cuenta del mundo que ha co-creado y esto lo coloca en el estar ético-estético-político... comprometido.

 

Salud ancestral... salud

 

La psicología es social y como tal, incluida en una compleja trama de relaciones transdisciplinarias. Es de este modo que tomo como tema la salud en tanto que atañe a terapeutas que actúan a favor de la salud y en calidad de elevar de manera solidaria la calidad de vida. Salud que se determinará en tanto y en cuanto tengamos presente el dimensionamiento de sujeto, éste tomado como una unidad Bio- Psico-Social-Espiritual, interactuando en sistemas solidarios y de relaciones abiertas en permanente intercambio con otros sistemas.

¿Por qué se hace –desde esta ponencia- dimensionar al sujeto y su relación con la salud? Pues estamos viviendo en un mundo que cambia de manera avasalladora, tal es como suceden estos cambios que por momentos no se llega a tener parámetros para redimensionar lo que es. Y esto está íntimamente ligado a la salud. Como forma de estar como manera de posicionarse en una determinada dimensión, por lo tanto como una manera de ser que deviene ética.

Entonces de esto se trata la visión ecopsicológica de la salud. De la manera en que reconocidos ya como sujetos tomamos relación y posición en un sistema determinado. Oikos que en griego determina el lugar de hábitat, casa y en su acepción ecológica de ecología profunda, social donde el sujeto se cuestiona acerca del derecho a existir dentro del entramado de los miles de miríadas de posibles estéticas que a diario se presentan.

Esto requiere de un ejercicio que a diario se presenta y que no siempre se está a la altura de la circunstancia y es el de abrirse de certezas estableciendo diferencia y descubrir o redescubrir nuevos y múltiples decires en nuevas expresiones de subjetividades.

El sujeto cartesiano se enfrenta a un mundo donde las certezas lo llevan a perderse para, en ese ejercicio, la posibilidad de encontrar-se en su ser y estar, mas junto a otros en lo comunitario poder dar forma al deseo y co-crear junto a Gaia. Concepto que relaciona al sujeto con el lugar donde vive y se recrea de manera infinita, para los griegos la tierra –Gaia- es un órgano viviente y todo lo viviente en todos los reinos de la naturaleza, somos el canal, los nervios y órganos de ésta

Pacha-órgano, de ahí la importancia de poder establecer elementos que permitan un abordaje transdiscipliario en torno a la manera de poder restañar la unidad en la biodiversidad, unidad perdida en cada certeza que estratifique el conocimiento del sí mismo y su medio ambiente. Unidad que dista de la uniformidad.

Así las relaciones sociales, el ambiente y la suma de subjetividades tienen clara influencia sobre la salud y si tomamos el término salud como la posibilidad de adaptarse creativamente al cambio

–llamemos crisis a modo de peligro y oportunidad- éste amplía su dimensión cartográfica permitiendo un abordaje abierto, estableciendo y diferenciando sistemas para poder así desde la diferencia relacionarlos en torno al proceso de salud. Tema íntimamente ligado al respeto por la Pachamama y todas las manifestaciones de vida. En este estado de cosas se establece que la relación con el medio ambiente –Pachamama, Gaia- está estrechamente ligado a una sutil, profunda e íntima relación con la propia naturaleza humana.

 

Lo ancestral de la salud

 

Los pueblos originarios han establecido códigos relacionales con los elementos de la naturaleza, los ríos, las plantas, los animales, los astros, etc.

En esta cosmovisión el ser humano, el habitante de Gaia, está inmerso en un mundo poblado de seres vivos, donde él como ser vivo y humano forma parte de una cadena vital con la que tiene intercambios benéficos o maléficos. Y es con estas fuerzas que se intenta establecer relaciones que favorezcan la salud, individual que se manifiesta de manera comunitaria en sus variadas formas de desarrollo... en suma un bien-estar en contraposición al malestar caótico de las fuerzas de la naturaleza.

Así la salud no es solamente un buen estado físico sino armonía con el entorno visible e invisible. Somos naturaleza, cuando se habla de peligro llamando la atención a que la tierra va a desaparecer debemos preguntarnos si es así y si quienes están en peligro no son estructuras que sostienen formas dicotómicas de relaciones, fragmentando la bio-unidad natural capturando deseo.

La tierra, a cada momento y en todo lugar está recreando o creando y ampliando su forma de relacionarse entre los múltiples sistemas que la componen. Cuando el hombre confundido creyéndose ajeno a la tierra, algo diferente a ella establece una distancia no favorable a su comprensión establece relaciones desde el mal-estar. Un estado no saludable complicando su manera de estar y por lo tanto de ser en la Pachamama.

El legado de los pueblos originarios nos presenta el término salud emparentada con un “estar” integral y comprometido con el momento histórico y de ésta manera una postura existencial, comprometidamente política (ver anexo)

 

Planteado esto, la manera de agenciarse del conocimiento compromete desligar representaciones preestablecidas en pos de mapas de subjetividad. En su cosmovisión los pueblos originarios nos remiten a una manera particular de establecer el parámetro de adquisición de conocimiento por lo tanto la manera de establecer un bien-estar (salud), que siempre –repito- es comunitaria. Se bien-está cuando la tierra devuelve en frutos benéficos su interacción con el hombre que la orada.

Para quien experimenta este tipo de relación con la naturaleza, con el entorno en el que está inserto en el colectivo social, puede comprobar que la experiencia es personal y que hay una forma especial con la que el individuo se relaciona, pero su edificación será comunitaria-colectiva.

Sólo si se es capaz de tener una fuerte experiencia comunitaria se es capaz de aprender a aprenderse, de mutar junto al tiempo y poder ser un co-creador junto a quien constantemente está estableciendo nuevas formas de vinculación; la tierra cambia y hasta la tierra reclama por esa unidad

El grupo, la comunidad como forma de expresión de ese bien-estar pasa a transrelacionar elementos que en su aparente forma no lo están.  Cuando se “sana”, se sana y se cura al cuerpo social en el que se está. Se restaña la forma de poder proveerse de alimento, de obtención de caza y pesca, la manera de poder cultivar mejor el campo, la mejor forma de encarar un trabajo que tenga en cuenta la armonía del medio ambiente cualquiera sea éste, la manera de poder ser generadores de proyectos que tenga por actor a quienes busquen verdades a partir de relacionar signos. O, la mejor manera de encarar el futuro en lo colectivo, recontratando la suma de subjetividades.

Es aquí donde este estar o bien-estar se emparienta con el derecho a la salud, el derecho a levantarse y ser levantado del estado de captura en que se encuentra quien presa del autoritarismo es cargado con falsos dioses que como en la histórica conquista traen objetos que intentan llenar un vacío alejando al sujeto de su relación con su medio y su naturaleza, alienando y fragmentándolo en un salto de tiempo sacado de su devenir histórico, capturando al deseo (momento reproducido en la revolución industrial).                                                                                        

Cuando esto sucede, deviene máquina de guerra, resistencia micropolítica que enfrenta en línea de fuga la usurpación de la sobrecodificación y la captura.

Es en este sentido que los pueblos originarios son máquina de guerra, fluyendo en el río, el aire la montaña, al construir terrazas para sembrar. Siempre mutando siendo ser. Otro posible, propiciando encuentros con lo inconsciente en la producción de deseo. Sentando precedente en una particular manera de hacer camino al andar.

 

Corte de ruta para transitar otros caminos

 

También podría decir la imaginación al poder. El “estar” de estas páginas intenta establecer una dimensión de lectura estableciendo la diferencia, de presentarse ante lo hegemónico y homogéneo que en su afán de llenar el vacío existencial intenta tapar con objetos que ponen en funcionamiento la máquina abstracta; la pregunta que se me presenta es ¿Cómo poder hacer de esto un devenir de nuevas y múltiples posibilidades?

 

 

Excitar los sentidos, ver con las manos, con los pies con la vida que bulle y se agita en cuerpos que se balancean al compás del kultrun. De danzas que dibujan nuevo mirar en nueva canción

 

Somos este estar, la naturaleza salvaje y primitiva que forma parte de este andar, de esta afanosa búsqueda por cierto interminable, nunca acabada e imposible de colocar en la vidriera de un talk show para su venta a modo de easy ready de respuestas rápidas y prefabricadas. Parte del encuentro y confluencia de la vocación del hombre por ser, descubrirse co-creador y testigo válido del devenir colectivo.

Somos, decía, el lugar de lo que no existe... el lugar del deseo como presencia de este estar en lo que no existe; de aquí que ante la arrogancia de la certeza se corte la ruta trazada (impuesta) donde se enarbolan y sobrecodifican subjetividades. Para, así, descubrir otros caminos posibles abierto al otro distinto y al colectivo heterogéneo convocando e invocando la multiplicidad en el nosotros.

Postura de vida, íntimamente vinculado al “estar” al culto a la Tierra al Sol a todos los elementos, legado de los pueblos originarios en orden a la cultura del disfrute. Pues las cosas no tienen que ser útiles sino dar placer, que en su infinita creatividad deviene máquina mutante cambiando el ya –hoy- que es mañana.

Por supuesto que todo esto es vida ya que la vida no es o no existe solo por ser práctico el vivir, sino que tiene que ver con la forma de estar y ser feliz.

 

Lo práctico –según San Agustín- tiene que ver con del des-frute, lo útil como medio para un fin, los objetos carentes de espíritu y que capturan a la máquina de guerra en el intento de reemplazar a la naturaleza y de arrancar al hombre de la cosmogonía mítico-mágica donde todo tiene vida y en este espíritu todo en fulminante y poética relación. Objetos que responden a necesidades y a la cosa útil.

Disfrutar viene de fruto y éste del verbo latino frui que es gozar de un bien deseado por el gusto y la promesa del goce prometido. De la herramienta que, es utensilio y determina la forma en que el hombre se relaciona con su mundo y expresándolo a éste.

Invitación al fluir en la reterritorialización de nuevos amaneceres,

Con la luna,

Con el sol pintado de estrellas...

Amando, mientras se juega el gran juego.

 

 

 

 

 

 

Anexo

Wiphala, unidad en la diversidad

 

 

 

La patria ancestral de los Qhishwa-Aymaras cuenta entre sus emblemas más importantes a la sagrada Wiphala, compuesta por los siete colores del arco iris. La Wiphala es el símbolo de identificación nacional y cultural de los andes amazónicos, es el emblema de la nación colectivista y armónico, la representación de las actividades diarias del hombre andino en el tiempo y en el espacio. La Wiphala es el emblema nacional de la civilización andina, antes, durante el periodo inca y hasta nuestros días.
La Wiphala era utilizada desde muchos siglos en los trabajos agrícolas, fiestas solemnes, actos ceremoniales y culturales y en todo acontecimiento social del hombre andino. De acuerdo a las costumbres y tradiciones andinas, siempre está izada en todos los acontecimientos sociales y culturales, como ser: encuentros comunales, matrimonios, cuando nace un niño, cuando se realiza el ceremonial de bautismo de un niño cortándole el cabello, en los entierros. Luego de la derrota a los comunarios, las autoridades de la corona española prohibieron el uso de este emblema. Las Wiphalas fueron quemadas en todas partes y quienes las enarbolaban fueron perseguidos y desterrada la palabra de diccionarios bilingües.
Así, Wiphala es un símbolo de resistencia y rebelión durante el periodo colonial.
Expresa hoy en día, la recuperación del patrimonio y soberanía territorial, autodeterminación de los pueblos y el colectivo social, superando el actual sistema individualista y egoísta.


La estructura y composición de los colores de la Wiphala constituye una forma simétrica y orgánica. La formación de siete colores del arco iris, es el reflejo cósmico que representa a la organización del sistema comunitario de los Qhishwua-Aymara.
Es la expresión de las relaciones socioeconómicas dentro del sistema de existencia de hermandad en reciprocidad y solidaridad humana.

Por tal motivo la Wiphala tiene cuatro lados y siete colores de proporción igual, significando la igualdad en la diversidad de los pueblos andinos. Representa los medios de producción y distribución de los mismos a cada uno según su necesidad y capacidad.
Tiene 49 cuadros y siete colores unidos, que representan a las markas y suyus: unidad en la diversidad geográfica de los Andes.

 La figura ajedrezada de la Wiphala lo leemos de izquierda a derecha, de abajo hacia arriba en su posición vertical, horizontal, diagonal y oblicuo, para comprender nuestra relación de la sociedad con la naturaleza.

 

 

 

 

 

 

Significados de los colores de la Wiphala

 

Rojo:
Representa al planeta tierra (aka-pacha), expresión del hombre andino en el desarrollo intelectual, es la filosofía cósmica.

 

Naranja:
Representa la sociedad y la cultura. También representa la preservación y procreación de la especie humana, considerada la más preciada riqueza patrimonial de la nación. Es la salud, medicina, educación.

 

Amarillo:
Es la energía y fuerza (ch’ama-pacha) expresión de los principios morales del hombre andino, es la doctrina del Pacha-kama y Pacha-mama: la dualidad (chacha-warmi), las leyes y normas, la práctica colectivista de hermandad y solidaridad.

 

Blanco:
Representa al tiempo y a la dialéctica (jaya-pacha), expresión del desarrollo y la transformación permanente. El desarrollo de la ciencia y la tecnología, el arte, el trabajo intelectual y manual que genera la reciprocidad y armonía dentro de la estructura comunitaria.

 

Verde:
Representa la economía y la producción andina, es el símbolo de las riquezas naturales, de la superficie y el subsuelo. Tierra y territorio, asimismo la producción agropecuaria, la flora y fauna, los yacimientos hidrológicos y mineralógicos.

 

Azul:
Representa al espacio cósmico, al infinito (araxa-pacha), es la expresión de los sistemas estelares del universo y los efectos naturales que se sienten sobre la tierra, es la astronomía y la física, la organización socio económica, político y cultural. Es la ley de gravedad, de las dimensiones y los fenómenos naturales.

 

Violeta:
Representa a la política y la ideología andina, es la expresión del poder comunitario y armónico de los Andes; el instrumento del estado como una instancia superior, las organizaciones sociales, económicas y culturales, la administración del pueblo y el país.

 

 

Wiphala propiedad de la nación originaria, es decir de los Qhiswa-Aymaras, Guaraníes... de todo el pueblo. Símbolo de las clases explotadas, oprimidas y marginadas, es la representación de las mayorías nacionales.
La Wiphala es la bandera del Pueblo Aymara que por más de 1000 años ha estado presente en trabajos agrícolas, en fiestas solemnes, en actos ceremoniales y en forma posterior como símbolo de resistencia al invasor. Actualmente, continúa siendo izada en todo acontecimiento social, en los actos cívicos y en los trabajos comunitarios.

Por lo tanto, la Wiphala es la manifestación de la filosofía y cosmovisión andina. Su diagonal blanca representa la conjunción de dos partes distintas u opuestas pero complementarias y armónicas entre sí. De esta dualidad se conforma la unidad, como el chacha-warmi (matrimonio).

Asimismo, esta bandera es la expresión del calendario cósmico y constituye un instrumento de medición astronómico y matemático que los antepasados usaron para controlar y registrar los movimientos de la tierra en relación al Tata Inti (sol) y la phax’i (luna).

En conclusión, por la disposición de sus siete colores unidos en la misma proporción la Wiphala es la expresión genuina de la unidad e igualdad en la diversidad, es la armonía en la diferencia de los pueblos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tierra tiene poder

Cambia

con sereno movimiento navega

destaca su presencia,

interpolando sonidos silenciosos

presencias mudas de otras miradas.

Luz.

Color

La rueda gira.

Torbellino salvaje.

Emociona sentidos.

Extrema prudencia.

Lo femenino escenifica su presencia

Mostrando luz.

Lo masculino se muestra sol

Para ser luna.

La tierra gira y da mas vueltas.

Tiene poder.

Cósmica danza.

Marcando sístoles y diástoles puedes verlo.

Con ella danzamos

En ella soñamos.

 

Wamani

 

 

 

Bibliografía

 

América Profunda. Rodolfo Kusch. Editorial Biblos, 1999.

Chaosmosis, an ethico-aesthetic paradigm. Felix Guattari. Indiana University Press, 1995.

A thousand plateaus –Capitalism and schizophrenia. Felix Guattari, Giles Deleuze. University of Minnesota Press, eighth printing 2000.



[1] Meseta sin principio ni final, multiplicidad conectable que forma rizoma.