Primeras Jornadas de Esquizoanalisis  -  2004 - Coord. Stella Maris Angel Villegas
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Primeras Jornadas Virtuales de Esquizoanalisis
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Roy Jacob. Estudiante de psicología. Comentarista. Argentina

 

Comentario de “Resistiendo a la perfecta Razón Médica” (Los olvidados de la medicina)

Para iniciar me gustaría hacer un recorte de la palabra Mal (dado que él mismo la resalta) así como la próxima del párrafo subsiguiente que es Desorden, partiendo de preguntas ¿no hay Mal? ¿no hay Desorden? ¿cómo se involucran éstas nociones dentro de su formación médica? ¿Le interesa el mismo Mal y el mismo Desorden que a sus colegas médicos? ¿Por qué los pone entre dudas al acentuarlos?

El comenta que los médicos renuncian a su humanidad, pero no hay renuncia en las relaciones humanas, siempre hay subjetividad, el núcleo problemático está en que a él no le es lícito mediar en lo subjetivo de la relación médico-paciente. El no se lo permite, la medicina no se lo permite. Hay como una suerte de atadura, su grito sería “¿Por qué no puedo intervenir si el Mal no está en el corazón, las arterias, la sangre, sino en otra dimensión? El quiero escuchar historias, afectos, y no poder hacerlo lo amarra, lo frustra. No es que el Mal orgánico, el Desorden orgánico no existan, es solo que eso no va con su deseo, quiere preguntar, escuchar historias, pero hay un título en la pared que le dice que eso no es de su incumbencia. Y no está avalado por nadie en su entorno, por eso la pelea, el enojo.

¿Por qué se frustra éste médico? Porque hay algo que desea y no lo tiene, algo que le es dado a otros y a él le es negado (Frustración, categoría de la falta).

Y esto se ven también en una segunda ruptura en su discurso, en la pérdida de decisión y voluntad, el hecho de que su posición, la de aquel que no produce los procedimientos, tanbién lo deja al margen, le es inaccesible. Le es dado a otros, quizás más doctos, y no a él. Demanda y no se le da, intenta encontrar salidas ya cerradas. Títulos, médicos, puntos por doquier.

La frustración deviene callejón sin salida tanto en la imposibilidad de ser nómade entre nómades, como en la imposibilidad de ser Rey entre súbditos. Porque aún sigue preso de ésa medicina jaula, porque no puede tomar las riendas de su deseo.

Freud habla de “un yo al cual le es designado el gobierno sobre la motilidad. Así con relación al ello se parece al jinete que debe enfrentar la fuerza superior de caballo... así como el jinete, si quiere permanecer sobre el caballo a menudo no le queda otro remedio que conducirlo a donde éste quiere ir, también el yo suele trasponer en acción la voluntad del ello como si fuera la suya propia...” (Freud, S. El yo y el ello)

Este ello del deseo es el que intenta escabullirse en su discurso, intenta perseguir una línea, y no es que él no pueda tomar las riendas de su vida, es solo que ha frenado mucho a un ello que en el fondo es indomesticable.

Por último destaco al paciente, aquel que no es olvidado, sino que desde su deseo (el de poder optar por un fármaco) contribuye a que él se sienta olvidado. El no puede ser paciente porque sería una forma de negar su propia función, pero desea serlo. Desea ser aquel que pueda elegir su cura, tal como lo hizo Nietzsche en sus momentos de aflicciones, entre vómitos biliosos e interminables dolores de cabeza.

El paciente no es un par homólogo a su yo médico (tal como lo dice él cuando habla de “los otros olvidados”) porque el paciente deja de estar sometido, puede elegir, él no.

Necesita ser curado de la Perfecta Razón Medica, eligiendo la cura de negarse a un estructuralismo biologicista y burocrático, optando entrar en el conocimiento de las historias, la sociedad, los afectos, pero sin el valor suficiente como para imponerse jinete de su propio deseo.

 





 

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