Primeras Jornadas de Esquizoanalisis  -  2004 - Coord. Stella Maris Angel Villegas
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Primeras Jornadas Virtuales de Esquizoanalisis - 2004

 

 

 

Máquina Expositora Real

Foro de poesía

 

 

 

Contraluz

Ella insistía en que añil era el color de la fortuna. Yo cauto, la veía parda. Su potente voz no fue suficiente para convencerme, ni sus racionales argumentos matizaron el tono. De pronto, ella me condujo con sutileza hacia la luz y entonces mis ojos, acostumbrados a las sombras, vieron por una milésima de segundo la claridad directa que los tornó ciegos.

 



Anhelo

Con dulce voz, la hada dijo: “pide un deseo, sopla las velas y cierra los ojos para cumplirlo”. Cerró los ojos, sopló las velas, pidió el deseo y no había hada, después de abrirlos.

 



Prisionero del miedo

Los férreos barrotes de las ventanas dejaban entrar la luz, sin permitirle una digna salida luego. Las cuatro paredes de color aguado contenían el pánico de los veinte cautivos. Parado frente a sus compañeros de encierro, el temeroso Julián intentaba contener el goteo persistente que ya evidenciaba un charco ambarino en las baldosas. Muy tarde escuchó la voz que le absolvía de culpa, le ordenaba borrar el tablero y le enviaba de nuevo a su pupitre para continuar la clase.

 

 

Inapetencia

Indiferente ante el teclado de su máquina de escribir, toma su lápiz, pero tampoco logra manchar la inocencia del papel. Desganado, enciende el computador y el cursor titilante le invita a pulsar alguna tecla, pero lo apaga, apático. Impasible, abre su cuaderno de notas buscando pasión pero no la encuentra. Vencido, va a la nevera y no toma nada, agotado se acuesta al lado de su amada, pero allí tampoco despiertan sus ganas. Bosteza entonces, sin preguntarse cuál apetito perdió primero.

 

 

Arqueólogo

Cavó toda la noche para encontrar que el otro lado solo ocultaba el día

 

 

Escuelita

Pinocho resolvió la compleja ecuación con integral, usando el truco del logaritmo de e. Detrás de su pupitre la acusadora Cenicienta, enredada entre tangentes, decidió envidiosa pedir un deseo a su hada: mal de gorgojo para el niño de madera.

 

 

Tela de juicio

Los sastres de palacio no lo engañaron con lo del traje nuevo, tenía claro que el vestido no lo verían los estúpidos e ineptos; tampoco el resto de la corte. Todo resultó ser un ardid del exhibicionista emperador.

 

 

Ropa sucia

La abuela cogió el cesto de la ropa sucia y lo cargó hasta el lavadero, una vez allí, sacó el jabón azul rey y empezó a lavar la ropa interior de su adorada nieta. Las diminutas tangas llenas de pavesa de chimenea no la llevaron a sospechar siquiera, de aquella relación tormentosa de Caperuza con la Cenicienta, surgida por la sombría influencia desplegada desde Hollywood.

 

 

Mapache

Gira el mapache sobre su cuerpo, para escurrirse del clandestino cazador que lo acecha tras la mirilla del a-que-te-cojo-ratón; su cola traza la respuesta entre los protectores arbustos. Oculto, trepa al árbol buscando contemplar al derrotado desde arriba. A salvo, su temor se evapora como gas sin pasar por estado líquido. Furtivo, asoma su nariz para cerciorarse que el trampero aceptó de nuevo su fracaso; al no verlo aguza las orejas solamente para que lo aturda la detonación. Entre plumas ve caer al ángel. El cielo… había dejado de estar arriba.

 

Gargantua

Me engullen de un solo bocado en la garganta del delirio y pasan mis espinas hacia el desfiladero del olvido sin dar excesivas punzadas en los pescuezos.

 

Sión

Beduino de tu sed, amplío nuestro desierto con la quijada de mis mentiras.






 

 

 

Aymer Waldir Zuluaga Miranda
Envigado, Colombia

 

 

 

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Stella Maris Angel Villegas

medicinayarte@hotmail.com