Primeras Jornadas Virtuales de Esquizoanalisis - 2004
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Cuentos

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José

 

De ninguna manera podía oír lo que el maestro decía. Esa noche con sus amigos había dormido en lo de "el Gavilán", un extraño hombre que les conseguía comida y les daba un lugar donde dormir. El postre siempre era pegamento. De ahí salían a "hacer la noche" hasta las 4 de la mañana. De lo que sacaban el Gavilán les daba algo .¿Cómo se había metido en ésto? No lo entendía, pero ahí estaba. Quizás fue aquel día de lluvia que peleó con el amigo de su madre. Le había querido sacar el sueldo que ganaba con las propinas en el supermercado, acompañando a las personas a llevar los carros hasta el auto y colaborando con el arreglo de los mismos en su lugar. No era mucho, pero para su comida y algún cuaderno le alcanzaba.

Después de unas cuantas golpizas no dormía en su casa, salía de noche y deambulaba por las calles. A veces quedaba dormido en una entrada de apartamentos o en algún rincón donde el viento no hiciera sentir mucho el frío. Ahí, en las calles conoció al Tato, un moreno mayor que él que lo escuchaba y lo entendía. El Tato le enseñó la otra escuela y fue aprendiendo. Claro, los encontraba alrededor de las 6 de la tarde porque no dejaba de ir a la escuela.

Muchas veces habló con el maestro y le contó algo. Llamaron de la escuela a su madre. Ella nunca acudió más que el primer día. La comida caliente para el muchacho era segura. Y además ella recibía una indemnización por mandarlo a la escuela.

José tenía 11 años pero estaba en 4to.Si bien tenía una conducta que dejaba mucho que desear, el muchacho iba aprendiendo y era controlable y bueno.

Pero ese día no podía oír al maestro. Sus pensamientos estaban en otro lado. En la noche con el Tato, el Gavilán y otros se habían enfrentado a los guardias en un atraco a una panadería. A la hora de cerrar cuando la caja se estaba por hacer, entraron drogados y armados. El Gavilán les había dicho que ese atraco era una "papa"; que las muchachas que estaban eran unos flanes y que los revólveres eran para intimidar y nada más.

Cuando vieron a los policías que por casualidad pasaban por el lugar se pusieron muy nerviosos. No pensaban bien, esa noche hasta porros tuvieron de postre. Con el miedo y la confusión solo las palabras del Gavilán sonaban en sus oídos - Defiéndanse carajo y rajen separados- José miró al hombre uniformado, ni se percató que le dio la voz de alto. Solo vio el arma que tenía en la mano, entonces tiró del gatillo. Salió corriendo hacia la esquina. Para saber si lo seguían miró hacia atrás y lo vio caído.

Pasó por un boliche abierto y entró al baño; un dolor fuerte de estómago lo doblaba.

El Gavilán le había contado muchas de esas historias, de casos parecidos pero para el era el primero.

A la salida de la escuela un auto policial estaba parado. El maestro y la directora hablaban con un oficial.

El maestro lo miró. Pasó la mano por su cabeza despeinada, lo tomó del hombro y con lágrimas en los ojos le dijo - Mírame, estas cosas son las que no te enseñamos acá ¿Qué pretendes hacer de tu vida José?

José no contestó. Quizás porque había preguntas que él había hecho muchas veces y nadie las había contestado.

 


Alba Marina Riverón
Inédito

 

 

 

 

 

 

 

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