Diálogos. Editorial Pretextos. Paris 1977, trad. 1980.
Gilles Deleuze - Claire Parnet

Diálogos 3  

Primera parte

Hay todo un sistema social que podríamos llamar sistema pared blanca - agujero negro. Siempre estamos prendidos con alfileres en la pared de las significaciones dominantes, hundidos en el agujero de nuestra subjetividad, en el agujero negro de nuestro querido Yo. Pared en la que se inscriben todas las determinaciones objetivas que nos fijan, que nos cuadriculan, que nos identifican y nos obligan a reconocer: agujero en el que habitamos con nuestra conciencia, nuestros sentimientos, nuestras pasiones, nuestros secretitos demasiado conocidos, nuestro deseo de darlos a conocer. El rostro además de ser producto de nuestro sistema, es una producción social. Ancho rostro de mejillas blancas con el agujero negro de los ojos. Nuestras sociedades tienen necesidad de producir rostro.


Segunda parte

La unidad real mínima no es la palabra, ni la idea o el concepto, ni tampoco el significante. La unidad real mínima es el agenciamiento. Siempre es un agenciamiento el que produce los enunciados. Los enunciados no tienen como causa un sujeto que actuaría como sujeto de la enunciación, ni tampoco se relacionan con los sujetos como sujetos de enunciado. El enunciado es un producto de un agenciamiento, que siempre es colectivo y que pone en juego, en nosotros y fuera de nosotros, poblaciones, multiplicidades, territorios, devenires, afectos, acontecimientos. El nombre propio no designa un sujeto, designa algo que ocurre cuando menos entre dos términos, que no son sujetos, sino agentes, elementos. Los nombres propios no son nombres de personas, son nombres de pueblos y de tribus, de faunas y de floras, de operaciones militares o de tifones, de colectivos, de sociedades anónimas y de oficinas de producción. El autor es un sujeto de enunciación, pero el escritor no, el escritor no es un autor. El escritor inventa agenciamientos a partir de agenciamientos que le han inventado, hace que una multiplicidad pase a formar parte de otra. Las estructuras....

Diálogos 4

El autor como sujeto de enunciación es fundamentalmente un espíritu. Crea un mundo pero no existe mundo alguno que espere por nosotros para ser creado. Hay que hablar con, escribir con. Es el mismo mundo el que nos tiende las dos trampas, la de la distancia y la de identificación.
La historia de la filosofía está recargada del problema del ser, del ES. Se discute sobre el juicio de atribución (el cielo es azul) y el juicio de existencia (Dios es) que a su vez supone el otro. En realidad se trata del verbo ser y de la cuestión del primer principio. No basta con crear una lógica de relaciones. Hay que ir mas lejos, hacer que el encuentro con las relaciones penetre y corrompa todo, mine el ser, lo haga bascular. Sustituir el es por el Y. A. y B. El Y ni siquiera es una relación o una conjunción particular, es lo que sustenta todas las relaciones, el camino de todas ella, lo que hace que las relaciones se escapen de sus términos y del conjunto de ellos y de todo lo que podría determinarse como ser, un todo. El Y como extra-ser inter-ser. Aún así las relaciones podrían establecerse entre sus términos, o entre dos conjuntos, de uno a otro, pero el Y da otra dirección a las relaciones y hace que los términos y los conjuntos huyan siguiendo la línea de fuga que activamente él mismo ha creado. Se trata de una multiplicidad que solo está en el Y, que no tiene la misma naturaleza que los elementos, los conjuntos e incluso sus relaciones. Y aunque pueda crearse entre dos elementos, no por ello se aparta menos del dualismo. Aparte de Sartre que permaneció a pesar de todo atrapado en las garras del ser, Jena Wahl nos permitió pensar el Y, ese tartamudeo propio del lenguaje.
SPINOZA: no quiere convertir el cuerpo en un modelo y el alma en una simple deficiencia de él. Quiere eliminar la pseudo-superioridad del alma sobre el cuerpo. Hay el alma Y el cuerpo y los dos expresan una única y misma cosa. Un atributo del cuerpo es también un sentido del alma. Enseñar al alma a vivir su vida no a salvarla.
ESTOICOS: su importancia reside en que se ha sabido marcar una línea de demarcación que no pasa por lo sensible y lo inteligible, por el alma y el cuerpo sino por donde a nadie se le había ocurrido: entre la profundidad física y la superficie metafísica. Entre las cosas y los acontecimiento. Una nueva forma de destituir el ES. El acontecimiento siempre es producido por cuerpos que chocan entre sí, se cortan o se penetran, la carne y la espada: el efecto no es del orden de los cuerpos: batalla imposible, incorporal, impenetrable que vigila su cumplimiento y domina su efectuación. Uno siempre se ha preguntado, ¿dónde está la batalla?, ¿dónde el acontecimiento? Todo acontecimiento es una llovizna. Si los infinitivos "morir", "amar", "moverse", "sonreír", etc., son acontecimiento, es porque hay algo de ellos que su cumplimiento no logra realizar, un devenir que no cesa de alcanzarnos a la vez y precedernos, como una tercera persona del infinitivo, una cuarta persona del singular. El amor está en el fondo de los cuerpos pero también está sobre esa superficie incorporal que lo hace surgir.
Es muy difícil hablar de la ciencia actual, de lo que hacen los científicos, pero, en la en la medida en que uno puede comprender, se tiene la impresión de que el ideal de la ciencia ya no es ni axiomático ni estructural. Una axiomática consistiría en aislar una estructura que hacía homogéneos u homólogos los elementos variables a los que se aplicaba. Era operación de recodificación, de reordenación de la ciencia. Y es que la ciencia nunca ha dejado de delirar, de hacer pasar flujos de conocimiento y de objetos totalmente descodificados siguiendo líneas de fuga que van cada vez más lejos. Pero hay toda una política que exige que esas líneas sean bloqueadas, que se establezca un orden. Piensesé el papel que ha jugado en la física Luis de Broglie, impidiendo que el indeterminismo fuera demasiado lejos, frenando la locura de las partículas: toda una reordenación. En la actualidad da la sensación de que en la ciencia se produce un nuevo brote de delirio. Y no solo por la búsqueda desenfrenada de partículas raras, sino porque la ciencia se convierte cada vez mas en ciencia de acontecimientos, y deja de ser estructural. Mas que construir axiomáticas traza líneas y caminos, da saltos. Ya no se trata de una estructura que encuadra dominios isomorfos, sino de un acontecimiento que atraviesa dominios irreductibles. Por ejemplo el acontecimiento "catástrofe" tal y como lo estudia René Thom. O bien el acontecimiento-propagación, ¿propagarse?, que se efectúa en un gel, pero también en una epidemia, en una información. Ya no se extrae una estructura común a diversos elementos, sino que se expone un acontecimiento, se contraefectúa un acontecimiento que corta diferentes cuerpos y que se efectúa en diversas estructuras. Algo así como verbos en infinitivo, líneas de devenir, líneas que pasan entre dominios y saltan de un dominio a otro, interreinos. La ciencia cada vez se parecerá mas a la hierba, estará en el medio, entre unas cosas y otras, acompañando su fuga (aunque bien es cierto que los aparatos de poder exigirán cada vez más una reordenación, una recodificación de las ciencias).

 

 

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