Diálogos. Editorial Pretextos. Paris 1977, trad. 1980.
Gilles Deleuze - Claire Parnet

Diálogos 5  (continuación)

CONTRA EL PSICOANALISIS tan sólo hemos dicho dos cosas: que corta todas las producciones de deseo, que aplasta todas las formaciones de enunciados, rompiendo así las dos vertientes del agenciamiento maquínico de deseo y el agenciamiento colectivo de enunciación.

El psicoanálisis habla mucho del inconsciente, incluso lo ha descubierto: pero en la práctica es para reducirlo, destruirlo, conjurarlo.

Os meterán en la cabeza la Carencia, la Cultura y la Ley.

Pero conste que no se trata de la teoría sino del famoso arte práctico del psicoanálisis, el arte de interpretar.

Ni hay sujeto del deseo ni hay objeto.

El sujeto de enunciación no existe. .

La única objetividad del deseo son los flujos de inconsciente en un campo social..

El deseo es el sistema de signos a-significantes con los que se producen flujos de inconsciente en un campo social.

Que la eclosión del deseo se produzca en la célula familiar o en una escuela de barrio, poco importa, lo cierto es que siempre cuestionará las estructuras establecidas.

El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos.

Pero el psicoanálisis corta, aplasta todas las conexiones; odia el deseo, odia la política.


FOUCAULT: toda formación de poder tiene necesidad de un saber del que sin embargo no depende, pero que no tendría eficiencia sin ella.

Ahora bien, ese saber utilizable puede adquirir dos formas: una forma oficiosa como cuando se instala en los "poros"para tapar tal o cual fallo en el orden establecido; o bien una forma oficial, cuando constituye por si mismo un orden simbólico que proporciona a los poderes establecidos una axiomática generalizada.

Por ejemplo la complementariedad ciudad griega - geometría euclideana.

Y no porque los geómetras tengan el poder sino porque la geometría euclideana constituye el saber o la máquina abstracta que la ciudad necesita para su organización de poder, de espacio y de tiempo.

No hay estado que no tenga necesidad de una imagen de pensamiento que le sirva de axiomática o de máquina abstracta y a la que le proporcionará, como contrapartida la fuerza necesaria para funcionar.

De ahí la insuficiencia del concepto de ideología que no da cuenta en absoluto de esta relación.

Así el enojoso papel de la filosofía clásica fue el de proporcionar a los aparatos de poder el saber que les convenía (Iglesia o Estado).

El psicoanálisis ha hecho sus ofertas, convertirse en una lengua y un saber oficiales que sustituyan a la filosofía, proporcionar una axiomática del hombre que sustituya a las matemáticas, invocar el Honestas y una función de masa.

Pero es dudoso que lo consiga: los aparatos de poder se inclinan con mayor facilidad hacia la física, la biología o la informática.


ANTI-EDIPO: el deseo no está ligado a la ley en absoluto, y no se define por ninguna carencia esencial.

La santa castración, el sujeto escindido, la pulsión de muerte, la extraña cultura de la muerte.

¿Qué duda cabe que es así cada vez que se piensa al deseo como a un puente entre un sujeto y un objeto: en ese caso el sujeto del deseo solo puede estar escindido, y el objeto perdido de antemano.

Nosotros intentamos demostrar como el deseo está fuera de esas coordenadas personológicas y objetales.

Nos parecía que el deseo era un proceso, y que desarrollaba un plano de consistencia, un campo de inmanencia, un "cuerpo sin órganos" como decía Artaud, recorrido por partículas y flujos que se escapan tanto de los objetos como de los sujetos.

El deseo no es pues interior a un sujeto ni tampoco tiende hacia un objeto: es estrictamente inmanente a un plano al que no preexiste, a un plano que es necesario construir, y en el que las partículas se emiten y los flujos se conjugan.

Lejos de suponer un sujeto el deseo sólo puede alcanzarse en el momento en que uno pierde la posibilidad de decir yo (Je).

 

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